Pecados Capitales
by una ama de casa dignamente mediocre
diciembre 22, 2009
El mundo es de las mujeres vivas
Mi amiga Chachi envió el primer mensaje de texto a mi celular, a las 9 de la mañana:

"Sony, toy a full c compras de último momento. A las 11 sale el barco. Dejo al perro en la guardería, (no sé si dejar al perro o a mi marido) y t llamo para saludarte. T quiero".

Se va a pasar Navidad y Año Nuevo en altamar, sobre un crucero de lujo que tocará algunos puntos de Brasil y el Caribe. Es un regalo de su esposo para compensar aquel episodio "confuso" que les costó discusiones de alto contenido puteativo y la pérdida del mocasin de Bruni, caído en combate desde el andamio, sobre la cabeza de un albañil rebelde, consecuencias todas del sospechoso llamado telefónico de una oportunista señorita histórica.
Martin, su marido, supone que esta clase de homenajes servirá para atenuar su sentimiento de culpa y la bronca intestina de Chachi. Ella no estaba muy convencida de aceptar ese obsequio chantajista de su esposo. Debí intervenir para persuadirla.

-Boluda! Cómo vas a perder esta oportunidad? Estás loca?
-Es que siento que aceptando ir a ese crucero, sería el final de mis principios- Chachi es abogada y todo el tiempo habla como si estuviese redactando un escrito para la Corte Suprema de Justicia.
-Principios? Dejate de joder con esos argumentos idiológicos de libro de autoayuda! Las mujeres inteligentes, querida amiga, cuando tienen mucho que perder y, sobre todo, mucho que ganar, fingen desprenderse del orgullo para dar espacio a la compasividad en pos de la relación lisiada por elementos extraños.
-Vos sugerís que haga de cuenta que lo perdoné?
-No exactamente. Él no tiene que tener la seguridad de sentirse indultado; tiene que creer que estás dándole la gran oportunidad de recomenzar y que depende pura y exclusivamente de él que canceles, de la lista reproches, la canallada que "taaaanto te hizo sufrir". Que la reme mientras renueva la admiración que alguna vez sintió por vos, gracias a tu comportamiento misericordioso.
-En pocas palabras?
-Usalo, metele una correa de ahorque, como la que se le pone a los Rottweiller y conducilo adonde quieras. El mundo es todo tuyo, Chachi!

Le dije que cambiase esa postura feminista por la postura femenina, esa que le saca los calzones a cualquiera con una simple sonrisita. Le dije que, desde mi punto de vista, no es saludable mantener un enojo, que hay que resolverlos cuanto antes pues, si miramos alrededor, podremos ver que las personas que se enojan, siempre pierden. Que el mundo está repleto de mujeres infelices que no supieron aprovechar en beneficio propio el error cometido por su pareja. Que hay que ser viva pero parecer buena.

-Además, está bueno esto de que gaste mucho dinero para intentar hacerte olvidar su desacierto. Al hombre, que su mujer lo exima de un adulterio, tiene que costarle el doble de lo que le hubiese costado mantener a su amante y a toda su familia, de por vida.
-Y cómo hacen los hombres que no tienen dinero?
-Se separan y tienen que mantener a sus ex, a sus hijos y, eventualmente, a sus nuevas relaciones.

Chachi, finalmente, aceptó ir al crucero del amor. Se mostró entusiasmada en los preparativos y, de hecho, estoy segura, lo estaba. Fué el shooping y reventó la tarjeta de crédito, comprándose toda esa ropa que se usa en este tipo de viajes: pareos espléndidos, soleros blancos de lino lívidos, sombreros, vestidos para las megafiestas de las noches, esas, en las que un negro toca el piano vestido con frac y los mozos sirven el champán previamente escupido, copa por copa, dentro de la cocina.

El segundo mensaje de texto lo envió a las 11, 30.

"Por qué los italianos dicen hola cuando llegan y cuando se van? Esto está lleno de italianos! deberías estar acá!"

(Si; debería... Por qué mi marido no me meterá los cuernos?! No; mejor no. No podría, para compensar, regalarme un crucero, el cuero le da hasta el cruce, el cruce de Gaona y Fasola, adonde balearon al jugador de fútbol Cáceres. Acabaríamos separados...)

El tercer mensaje de texto llegó a las 15:

"Ya se armó el baile alrededor de la piscina. Maravilloso! Un tipo toca el piano y los tanos ya están en curda. Deberías estar acáaaaa!"

(Si, Chachi, si... ya lo dijiste y, cada vez que lo decís me clavas un estilete en la yugular que la tengo un tanto hinchada por la envidia).

El cuarto mensaje de texto, a las 15.30, decía:

"Esto es un quilombo! La gente baila, se refresca en la pileta. Hay mozos por todas partes que te corren para servirte bebida. Está el capitán, los marineros, toda la tripulación compartiendo en la terraza".

Le respondí, por responder algo:

"Fijate si está Di Caprio por ahí, sino buscalo en la bodega".

De inmediato contestó:

"No sé Di Caprio, pero hay muchos clones mejor logrados y están solos..."

(Y yo acá, asando las berenjenas para la reunión de Nochebuena...)

El último mensaje, lo recibí a las 21:

"Esto está buenísimo! Gracias, amiga, por aconsejarme siempre tan bien. T quiero y repito: deberías estar acá!".

Pero estoy acá y reflexionando sobre el asunto mientras pelo los dientes de ajo y lavo las hojas de albahaca. Y pienso que no es inteligente aquella mujer que sabe sacar logaritmos con números romanos sino aquella que, con su mejor cara de boluda, obtiene ganancias de los desengaños. Hay que aprender a pilotear las frustraciones y hay que saber separar las cosas que nos suceden, por peso de la consecuencia.
No fue tan grave que una minita llamase a su marido por teléfono. Si Chachi, aquella vez, hubiese logrado que Martincho se fuera de la casa, junto a los pintores y los andamios, llevándose el mocasin de Bruni, hoy, estaría la otra en el crucero y mi amiga llorando como una boluda sobre la cama matrimonial. Porque muchas veces es una la que empuja al otro a tomar decisiones equivocadas, por actuar sin recapacitar, por calentura, por arrebatada, por feminista orgullosa...

Me alegro de que Chachi la esté pasando fenómeno. Se lo merece.

Antes de apagar el teléfono le envié la conclusión:

" Este año fue de aprendizaje. Que el próximo sea de disfrute de todo lo aprendido. Y ahora dejate de mandar mensajes y andá con tu marido porque así como hay Di Caprios, también debe haber Kate Winslets y las Winslets mosquitamuertas son de lo más peligrosas! o todavía no aprendiste? Besos".


Chachi y su marido adúltero en el crucero y yo acá, con olor a ajo, preparando las berenjenas que tanto le gustan a mi fiel esposo...
diciembre 08, 2009
Confesión de mi torpeza selectiva involuntaria
Escena I- Volatilización de prendas de vestir

Fede toma la columna de remeras perfectamente acomodadas dentro de su placard metiendo, cuidadosamente, una mano por debajo de la pila y la otra por encima, como si fuesen prensas, sujetándola y descansándola contra su pera, hasta apoyarla sobre su escritorio. Comienza retirando aquella prenda que está en la parte superior, sin desdoblarla y la coloca al lado de la pila. Toma la segunda y la coloca sobre la primera. Toma la tercera y así, una a una, va apilándolas en orden inverso tal que resulta, finalmente, otra columna de remeras, parecida a la anterior solo que han cambiado de sitio, es decir, la que estaba por sobre todas las demás, ahora quedó debajo de todo.

-Ya revisé varias veces y no encuentro la remera azul de Levi's.
-Cual remera azul de Levi´s?
-Esa que me regalaron para mi cumpleaños. Hace mucho que no la veo.
-De qué color dijiste que es?
-Azul, mamá.
-Y de qué marca?
-Levi´s. Remera azul de Levi´s.
-No sabía que tenías una remera azul de Levi´s -miento
-Si, mamá! Me la puse una sola vez y después de eso, desapareció.
-Mirá vos...
-Mamá! Siempre desaparece mi ropa. Puede ser posible?
-Claro! Ahora, lo único que falta es que creas que la vendo en un mercado de pulgas- recurrir a la victimización a veces funciona para desplazar el eje de rotación del diálogo. En este caso, no funcionó.
-No, no creo eso, pero algo extraño está sucediendo que desaparecen mis camisas, mis remeras y algún que otro pantalón.
-Con el pantalón que te regaló Rocío yo no tengo nada que ver! Ese lo perdiste vos en alguna parte.
-Ahhh! Con ese no tenés nada que ver. Con lo demás si?
-No, no... No tengo nada que ver con nada-sigo mientiendo descaradamente - Buscá bien; debe estar por ahí esa remera. Seguramente en medio del quilombo que tenés en ese placard!
-Ya la busqué y no está.
-Lo que no está, no existe, por lo tanto, this conversation is over- aprendí cortar de este modo, con esta frase, las charlas dificultosas, hace años, cuando ví el Club de la Pelea. Me gustó y la adopté.

Escena II-La cromopatía de mi lavarropas

Mi marido se acerca adonde estoy y me señala el pantalón que lleva puesto con los dedos índice y mayor de ambas manos.

-Sonia; mirá el pantalón.
-Qué tiene el pantalón?
-Mirá! No ves?
-Noooou. No veo nada- miento.
-Ay, Sonia! Está rojo!
-Rojo? Para nada.
-Sonia; este pantalón lo metiste en el lavarropas con algo de color rojo que destiñó.
-Pero no, Marcelo!- camino hacia el lavadero. Él me sigue con su pantalón colorado- Cómo se te ocurre que voy a meter en el lavarropas un pantalón clarito con una remera roja de Valentina?
-Ahhhhh! Fue una remera roja de Valentina, entonces!!!
-Dije remera roja de Valentina por decir algo.
-Puede ser que siempre se arruine MI ropa?
-No está tan mal después de todo.
-Sonia, yo no puedo usar ésto.
-No hagas espamento! Te lo meto en lavandina para se blanquee.
-No, no...dejá nomas. Yo no me voy a meter un pantalón rojo y mucho menos un pantalón blanco. No soy puto!
-Bueno, ya que te pusiste grosero, entonces, this conversation is over.

Mea culpa

No encuentro explicación para esto que sucede con la ropa de mi hijo y mi marido legítimo, salvo una, que hay gnomos en mi lavadero (o en mi cabeza).
Todo aquello que se mancha, se colorea, se destiñe, pertenece a uno de ellos o a los dos. Con mi ropa o la de Valu, no sucede. No lo hago adrede. Solo sucede.

Federico está obligado a presentarse en su trabajo vistiendo camisa y tiene algunas que va alternando mientras espera a que, las ya usadas, regresen al placard, limpias y planchadas.
Blancas tenía tres. Ahora tiene dos porque una, quedó de un color fucsia rabioso a causa de haberse colado en el tambor del lavarropas, una remerita de su hermana.
Cómo es que entró esa prenda fucsia en el lavado de la ropa inmaculadamente blanca? Nadie lo sabe. La cosa es que todo lo incoloro quedó fucsia. Medias, calzones y la camisa alternativa que Fede tenía para ir a trabajar.
Cuando la saqué del lavarropas, me quería morir pero pensé que mi vida no valía una camisa blanca, y muchos menos fucsia, asi que me sobrepuse y la metí en un balde a remojar con agua y lavandina. Esperé tres días a que perdiera el color y recuperase el original, pero solo conseguí que bajase a un simpático rosa chicle. Pensé que tal vez, si le metía más cloro... y fuí a buscar el bidón de hipoclorito de sodio que mi marido usa para mantener la piscina. Le mandé un buen chorro dentro del balde, salpicando, obviamente el resto de la ropa que había alrededor, incluyendo la remera azul de Levi´s, la nuevita. Al día siguiente, pude comprobar, con fascinación lo que puede hacer el cloro puro con la tela de puro algodón: morfársela de a cachos! Maravilloso, no?
Como no había quedado del todo blanca y además, ahora, estaba destruida, la tiré a la basura. Aproveché y tiré también la remera azul de Levi´s que había quedado con pintitas marrones y algunas amarillas, por la salpicadura. Siempre hay que deshacerse del cuerpo del delito. Los calzoncillos no, esos no los tiré; se los doblé, así, fucsia como estaban, y se los guardé en el cajón de la ropa interior. Nunca se quejó por lo que deduzco que no los vió todavía o que le gustaron al muy trolo.

Asi es como va despareciendo la ropa de los hombres de la casa. La tiro a la mierda cuando veo, despues de varios intentos, que no la puedo salvar de los teñidos o desteñidos involuntarios.

El pantalón de Marcelo, beigecito, devenido en rojizo, se lo colgué en el pantalonero, después de plancharlo, absolutamente ex profeso. Él siempre se viste a oscuras, luego de bañarse, para no molestarme si estoy durmiendo, por lo que pensé que no repararía en el nuevo color y saldría de casa hacia su trabajo, llevando un lindo pantalón granate pálido. Es tan formal para vestir! Hubiese sido un buen desafío personal quebrar la barrera de la precisión, de lo correctoso. Siempre negro, beige, marroncito... Nunca un azul francia, una remera batik con mangas japonesas o una musculosa ballenera. Lo hice por él y sus prejuicios. En realidad lo hice porque no me dió el alma para tirar a la basura un pantalón entero porque, con una remera se hace un bollito y duele menos, pero un pantalón talle 40 y pico es un bulto grande y del mismo tamaño resulta la culpa al deshacerse de él.

Una vez, se ve que tomé un remerón de mi esposo con los guantes impregnados en lavandina, y lo colgué en el ténder. Marcelo se dió cuenta, cual perito criminalístico,que los pasos habían sido esos porque, a cada lado de los hombros, en la parte trasera, había dos circulitos. Eran las marcas de las puntitas de mis dedos índice y pulgar, esos que uso para agarrar las prendas y abrocharlas en la soga.
Estaban en la espalda! Pensé que jamás los descubriría, pero una empleada suya fue quien le advirtió sobre esas manchas en la parte posterior de la remera.

-Fuí a trabajar con ésto! Sabés el papelón que debo haber pasado?
-Ningún papelón, Mar... La gente no anda mirando los hombros de los hombres. Al menos yo no lo hago.
-Vos en el fondo me odias y lo manifestas de esta manera...
-Cómo podés decir eso? Yo te amo! en el fondo y en la superficie. Si te odiara, no lavaría tus remeras! Las guardaría roñosas en el cajón. Ma qué guardaría? Las dejaría amontonar sobre la silla, sucias y olorosas. Pensá antes de hablar-otra vez, intenté desplazar el eje de rotación pero mi marido me madrugó abandonando la conversación por considerarla estéril y lo escuché exclamar, desde el cuarto, algo asi como "Qué dejavú martirizante!".

Lo de dejavú lo dijo porque este mismo diálogo ha sido recurrente a lo largo de veintidós años enmatrimoniados.
Recordé cuando, hace algún tiempo, el lavarropas le arruinó un par de zapatillas. Se las había comprado en Nueva York y, además de ser preciosas, habían resultado carísimas, aunque estaban de oferta. Sé que las debí haber lavado a mano, frotándolas con un cepillo y dejándolas orear a la sombra. Pero mi coartada de entonces fué que la etiqueta aconsejadora, esa que cosen en la lengueta del calzado, estaba escrita íntegramente en idioma inglés.

-... y vos sabés que yo no comprendo el inglés...- le dije- Para la próxima vez, ya sé que no deben meterse en el lavarropas.
-No va a haber próxima vez! Nunca más tendré un par de zapatillas como esas!

No; seguramente nunca más tendrá un par de zapatillas como esas. Quedaron superoriginales luego del lavado! Debería haberle tomado una foto a Marcelo cuando se las calzó. Parecía un duende! No; parecía Miliki, el hijo de Fofó y el padre de Milikito, esos payasos españoles que usaban zapatotes con la punta hacia arriba.
Qué cómico! Las zapatillas estaban, básicamente, igual que como nuevas pero la suela había tomado un formato cóncavo y apuntaban hacia el cielo. Podría haberlas usado así, aunque sea de entrecasa, pero supongo que se le hubiesen acalambrado los dedos al cabo de unas horas.
Supongo que esa deformación fué causada por el agua caliente... Lavarropas puto! no regulaba la temperatura y por eso, lo cambié por otro que no presenta problemas de hipertermia pero parece que es daltónico; confunde los colores!
Todas las lavadoras defectuosas me tocan a mi, como si las fuese a comprar al cotolengo de electrodomésticos!

Qué difícil es ser ama de casa... Y después, tengo que soportar a algunas personas que sugieren que me rasco la cachufleta todo el día...
diciembre 01, 2009
Tips para sobrevivir en Buenos Aires
Todos los días cae alguno o varios. En Buenos Aires la gente común, la gente de laburo, esa que no molesta a nadie, siente paranoia, está asustada, despierta, cada día, con la sensación de que será el próximo en caer y que, ese que camina detrás suyo, es el que se la va a dar.
Nos matan por veinte pesos, por un celular viejo, por un par de zapatillas usadas y con olor a queso.
Nos matan pibitos quienes, en situaciones normales, deberían ponerse a llorar avergonzados en el rincón, zona universal para cumplir una penitencia por haberse querido pasar de listos.
Nos matan chiquitos, que deberían estar jugando al ring-raje u organizando carreras de camioncitos Duravit en la vereda.
Nos matan y nosotros, la gente común, la que labura, la que no jode a nadie, tenemos dos opciones ante esta situación: nos dejamos matar o intentamos evitar que nos maten.

Hay que echar mano a la Ley natural de adaptación.
Al menos yo, prefiero adaptarme a la situación a que me adapten a la forma de un cajón con manijas.

Por eso, estuve buscando algunos tips que puedan servir para ayudarme a conservar mi vida en caso de ser la próxima en caer en manos de estos mocodelincuentes que proliferan como mosquitos dengue en verano.
Me resultaron sumamente interesantes, los consejos de un criminalista reconocido acerca de qué se debe hacer si un pibito te sorprende mientras caminas distraído por la plaza u otro lugar público. Él expresa que lo más importante, cuando te apuntan con un arma, es que el único que debe sentirse amenzado debe ser uno y hacerse cargo y que, el delincuente, debe sentir que tiene el control absoluto de nuestros esfínteres.

Los movimientos

Jamás, cuando te piden el dinero, debemos meter la mano dentro del bolsillo como una acción mecánica porque el chorro puede asustarse y creer que vamos a sacar un revólver, un cuchillo o un Raid y ahí, es donde se produce la confusión en la cual el pobre muchachito, intenta defenderse y nos liquida con un balazo en la cabeza. Lo que hay que hacer en estos casos, es advertirle que el dinero está en el interior de nuestro saco o cartera:

-Mire, la plata que usted me está solicitando, está dentro del bolsillo interno del gabán- siempre mirando hacia abajo- Me la saca usted o quiere que la saque yo?
El ladrón sentirá tranquilidad con nuestra actitud y es posible que nos pida que le entreguemos el dinero nosotros mismos. El criminalista éste, remarca que, siempre hay que pedirle permiso antes de realizar cualquier movimiento:

-Mire señor, me pica el culo. Me lo rasca usted o puedo rascármelo yo?-

Rutina

La mayoría de los robos son aquellos a los que acostumbramos a llamar "al voleo", es decir, que el delincuente no ha hecho una inteligencia previa sino que agarra al primer gil desprevenido que sale o entra de su casa o camina de lo más campante con la bolsa del almacén o se detiene a atarse el cordón de los zapatos. Sin embargo, el criminalista aconseja cambiar todas las rutinas posibles, por si hemos estado siendo observados por algún reo un poco más organizado. Lo ideal, sería poder tomarlo por sorpresa y asi, malograr su plan.

Por ejemplo, si cada mañana, acostumbramos a tomar el colectivo de la línea 136, porque nos deja en Primera Junta, a dos cuadras del trabajo, pues deberíamos alternar y, cada tanto, subir al 135 que va a Merlo, para el lado opuesto o el 53 que termina en Lujan (pudiendo optar por el servicio diferencial si se puede), aunque nos quede a 25 km del lugar al que debemos presentarnos para cumplir con nuestras obligaciones laborales.
Lo importante, es despistar.
También, hay que modificar las rutinas dentro de nuestra casa. Si solemos tomar una ducha, todos los santos días antes de ir a dormir, pues habría que bañarse una vez a la semana, en días y horarios diferentes. El resto de las noches, en lugar de meternos en la bañera, donde presupone el ladrón que deberíamos estar, quedarse detrás de la puerta con un palo en la mano, por si entra convencido de que nos estamos duchando.
Para aquellos que tienen la dicha de evacuar cada día a la misma hora, deberán pensar en cómo van a cambiar esa rutina; quizás, la solución podría estar en ingerir pastillas de carbón para constiparse e intercalar con aceite de ricino para purgar y asi, desorganizar el ritmo evacuatorio para desconcertar al enemigo (y de paso, comprenden lo que yo padezco..)

Llegar a casa

Los asaltantes saben que el momento más vulnerable de una persona o una familia, es el momento de llegar al hogar. Generalmente, las mujeres, sacamos las llaves cuando estamos en la puerta. Craso error! Las llaves se deben tener en las manos desde el momento de salir hasta el preciso instante en que se llega a la casa, es decir, por las dudas, siempre hay que tener las llaves a mano, en la mano y no importa si debemos ir a jugar tenis (la raqueta deberá tomarse con la mano desocupada) o si tenemos que encontrarnos con un señor en un hotel alojamiento (con una mano es más que suficiente).

Dinero

Siempre hay que tener dinero para satisfacer las necesidades del ladrón. Es muy frustrante salir a robar y encontrarse con que, en la casa o en la cartera de la víctima, no hay un mango. El delincuente siente que su trabajo ha fracasado y, nosotros, no queremos eso porque sabemos que puede cundir el escarmiento.
Por eso, siempre hay que tener una buena cantidad de dinero encima o guardado en algún lugar de la casa para que el chorro sienta satisfacción.
Hay que buscar un sitio que no signifique mucho trabajo encontrar el botín. Nada de meterlo en el freezer ni en una bolsita de nylon adentro de la rejilla del baño. Primero, porque las bolsitas de nylon no son biodegradables y ya que se trata de cuidar nuestra integridad fisica, pensemos también en eso y, segundo, porque la idea es que el bandido, acabe rápido con su labor para que se vaya lo antes posible.
Hay que juntar bastante dinero para conformarlos y, si no tenemos capacidad de ahorro porque nos resulta imposible que haya un sobrante a fin de mes, hay que salir a robarlo, pero siempre tener platita para los mocochorros!

Taxis

Muchas veces, los taxistas son delincuentes rodados que esperan a que suba una víctima para despojarla de sus bienes y sus males. Otras veces, los taxistas están en connivencia con los asaltantes y entregan a su pasajero a cambio de una parte del botín. La mayoría de las veces, los taxistas son delincuentes en sí mismos pero por otras razones y con otras metodologías que no vienen al caso.
Cuando se sube a un auto de alquiler, antes que nada, fijarse si, en la habilitación municipal que va colgada detrás del respaldo del asiento delantero, su foto coincide con la del conductor. Si notamos que el chofer es un señor de bigotes, desdentado, con nariz aguileña y un ojo tapado con un parche y, en cambio,en la foto de la habilitación hay un recorte de la revista Gente con la cara de Ivo Cutzarida, hay que bajarse del auto inmediatamente y buscar un agente de policía. No, mejor no buscar un agente de policía; mejor salir corriendo y esconderse detrás de un palo.

En el taxi, una vez chequeada la coincidencia entre la cara del conductor y la de la foto de la habilitación, cerrar las puertas con el seguro y subir el vidrio de las ventanillas. Si hay olor dentro del habitáculo, a bancárselo.
Siempre hay que pactar el trayecto que uno quiere que el chofer realice para llegar a destino. Por ejemplo, si se sube en Av Nazca y Avellaneda y se quiere ir hasta Av Nazca y Rivadavia, hay que exigirle al conductor que agarre por Juan B Justo hasta Gaona y que doble en Lope de Vega hasta General Paz.
El viaje que debería haber acabado en cinco minutos, puede llegar a durar una hora y cien pesos pero, lo importante en este proceder, es que le quitamos la posibilidad de que el tipo nos lleve por el camino en donde, supuestamente, lo están esperando sus cómplices.
Si el tipo se niega y, a pesar de tu insistencia toma el trayecto que él quiere, relájate y goza. Nunca putees a un taxista!


Visitas inesperadas

Si algún integrante de tu familia, por ejemplo, tu marido, fué interceptado en la puerta de tu casa por un maleante que lo apunta con un arma y lo obliga a abrir para meterse junto con él, cerrá con siete llaves y, asomándote por la ventana gritale:

-Otra vez borracho, Carlos? Siempre que estás en pedo te equivocas de casa! Vos vivis al lado, pelotudo!- y escondete debajo de la cama tapándote los oídos.
Eso sí, si sobrevive, no abras nunca más la puerta porque en cuanto tu esposo se libere del ladrón...

Resistencia

El experto en crímenes aconseja también que jamás hay que resistirse ni negarse a la demanda del delincuente, de lo contrario, puede enojarlo mucho y es posible que tome represalias.
Uno tiene que entender que lo nuestro ya no es más nuestro; es de ellos y lo tenemos prestado por un rato. Comprendido éste punto fundamental, será más fácil desprendernos de los bienes materiales cuando debamos entregárselos.
Una buena salida, cuando estamos en plena escena delictuosa de la cual somos la víctima y se nos cruce por la cabeza la idea de negar la entrega de determinada cosa, insultarnos y pegarnos nosotros mismos para que el ladrón vea que estamos siendo colaboradores y que estamos incondicionalmente de su parte. También, podemos aprovechar y cagar a palos a nuestros cónyuges o a nuestros suegros o a cualquiera que esté presente y haya sido tomado como rehén:

-Tomá! No querés cooperar con el señor? Tomá hijueunagranperra! - y mirando al ladrón- Deje que de éste me encargo yo misma!- y asi, demostraremos al tipo que podemos ser más duros que él y le inspiramos confianza.


Hay que adaptarse a los tiempos que corren. Es el único modo de sobrevivir o, al menos, procurar sobrevivir.
Pienso poner en práctica cada uno de estos consejos. Es más, ahora mismo pienso comprar una cartulina y un fibrón indeleble color rojo para escribir un cartel que colgaré en la entrada de mi casa que diga:

"Usted es bienvenido. Siéntase como en su casa. Todo lo que hay, es suyo".

Y no voy a estar diciendo más que la verdad...
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