Hace muchos años, cuando mi esposo y yo usábamos los bancos para depositar dinero y no para pedirles, tuvimos una provocación de la vida, de esas, en las cuales pone a prueba la integridad de las personas o el grado de estupidez...
Mi cónyuge legítimo retiró un plazo fijo que acababa de vencer, de una entidad bancaria con la cual operábamos habitualmente. Hizo los trámites pertinenetes y se dirigió a la caja para cobrar su dinero (nuesssstro dinero. Cómo extraño aquellas épocas!). Ya que era una cantidad interesante, fue la tesorera en persona quien le entregó, discretamente, un sobre de esos grandes de papel madera conteniendo la guita en cuestión. Marcelo, confiado, decidió no contar los billetes allí mismo sino, hacerlo tranquilo en un sitio seguro.
El padre de mis hijos se calzó el paquete en la axila, como los colectiveros cuando andan con su cartera portadocumentos y, apretando bien el brazo contra el cuerpo, se vino para casa. Aquel que hubiese querido robarle el envoltorio, tendría que haberlo desmembrado con una sierra eléctrica luego de matarlo, claro.
Marcelo abrió la puerta, tiró el bulto sobre la mesa (cuando digo ¨bulto¨ me refiero al sobre de papel madera), y me pidió que lo ayudase a contar el dinero (nuesssstro dinero).
Separó dos fajos, uno me lo dió y otro se lo quedó.
-Acá hay más guita- dijo mirando ambos montoncitos, frunciendo el ceño- a simple vista, son más billetes de los que debería haber cobrado. Veamos si estoy en lo cierto- y comenzamos a contar.
Él es más rápido, sobre todo para manipular plata. Mientras Marce había acabado de repasar dos veces el fajo que le había tocado, yo seguía tratando de despegar dos o tres billetes mojándome las yemas de los dedos con saliva, sin éxito.
-Dejá, Sonia. No insistas con eso- Mi marido sudaba en la zona de la frente- Esto es de no creer! Solo en este fajo, el que yo conté, hay el doble de dinero de lo que debería haber habido. Con el tuyo, a grosso modo, deduzco que el total es de tres veces más.
-Mierrrda! Es mucha plata!
-Mucha, So. Mucha...
Nos miramos a los ojos. Nos quedamos mirándonos, sin hablar.
Creo que los dos estábamos esperando el puntapié inicial del otro con la sugerencia de qué hacer con eso que nos estaba sucediendo. Ni él ni yo quería asumir el costo político de haber sido quien tiró la primera piedra.
-En qué estas pensando?
-Y vos? En qué estás pensando vos?
-No se responde una pregunta con otra pregunta.
-Tampoco es obligación decir todo aquello que pasa por la cabeza de uno. Eso es privado.
Estábamos nerviosos, era mucho dinero... Y no pertenecía a nadie pues, no lo habíamos encontrado en el asiento de un colectivo, ni en el casillero de esos armarios que ponen los supermercados chinos a la entrada para dejar bolsos y carteras, ni tampoco lo se lo habíamos quitado a alguien de adentro del cajón de su escritorio.
No era de nadie! Era del banco y la plata del banco que no tiene nombre, no es de nadie. Porque él no la extrajo de una cuenta ajena del cajero automático ni había truchado una boleta de retiro ni había presentado un cheque falso.
Nosotros habíamos ido a retirar una cierta cantidad de billetes (nuesssssstros billetes) y nos dieron tres veces más.
No fué culpa nuestra.
Creo que los dos pensamos todo eso juntos, paralelamente, al unísono, pero con temperaturas diferentes. Me animo a representar la sensación térmica de nuestros pensamientos con distintas interjecciones: los de mi esposo legítimo con un ¨Arrrgggg!¨y los míos con un ¨Ayyyyy!¨
Marcelo tomó nuevamente el fajo que había estado contando y, con firmeza, separó la cantidad exacta del dinero que correspondía al plazo fijo y sus intereses devengados. El resto, volvió a guardarlos en el sobre de papel madera.
-Nadie quedará sin trabajo por nuestra culpa. Estás de acuerdo?
-Será por TU culpa! Vos trajiste esa plata. Claro que estoy de acuerdo!
Con el sobre de papel madera incrustado en su axila, regresó al banco, pidió hablar con la tesorera y le explicó lo sucedido. Como aún no habían hecho las cuentas que los empleados bancarios están obligados a realizar al cierre de los ejercicios diarios, ella aún no sabía que, en pocas horas, habría un negativo de mucho dinero. Sin embargo, impertérrita, sin media mueca, tomó el sobre con la plata (que por un rato fué nuesssstra plata), dió media vuelta sobre sus talones y se perdió adentro de una oficina.
Las gracias? Bien, gracias! Otra vez será...
Nosotros hicimos lo correcto y no nos arrepentimos hasta después de unos años, en que pintó la malaria para todos.
Marce, debió recurrir al banco para pedir un favor, un pequeño favor, como un gran cliente que había sido. Para nosotros un sí hubiese significado de gran ayuda, para ellos un trámite de nada, una pavada.
Aquella mujer a la que le habíamos salvado el pellejo, cubriéndola del gravísimo error cometido con la actitud correcta, había ascendido y en sus manos estaba la decisión de darnos una manito. Cuando mi cónyuge oficial acabó con la explicación y los detalles de la necesidad que lo había llevado hasta allí, ella simplemente lo miró y negó esa ayuda con un rotundo, antipático, agrio, desatento, descortés NO, luego del cual, giró sobre sus talones y volvió a perderse en una oficina, como aquella vez.
Muchísimas otras veces la vida nos puso a prueba con este tipo de jugarretas. Hemos devuelto billeteras encontradas por la calle, vueltos mal dados por un comerciante y hasta corregido una cuenta de productos comprados cuyo resultado era mayor al que nos pedían pagar. Se siente mucha paz haciendo lo correcto. Pero la próxima vez que un banco se equivoque a mi favor, MINGA que le voy a devolver la plata!
Bah! Qué se yo! Tendría que volverme a pasar. Lo más probable es que le incruste el sobre bajo la axila a mi marido y le diga ¨Andá, lleva la guita, antes de que me arrepienta...¨
A mi me paso algo parecido, un cajero automático me dió dinero de más del que le pedí, venian unos billetes pegados, no era mucho pero si doblaba la cantidad que habia pedido,agarré el dinero , me fui a la casa y le dije a mi marido lo que me había pasado, el me pidió el dinero y se lo llevó al banco, se lo dió al gerente del banco.
Un dia después fuimos al banco y le preguntamos a la cajera que si un cajero automático daba billetes de mas a quien se lo descontaban y nos dijo...a nadie, se considera una perdida, asi que si les llega a pasar quedence con el, porque si lo regresan, a la persona a la que se lo den del banco, no lo reporta, se queda con el y punto.
Alejandro y yo volteamos a vernos, el solo me dijo...no importa Linda, mi tranquilidad al dormir no tiene precio.
Pero sabes algo Sonia? cuando me dan el vuelto en alguna compra de mas y es el empleado el que se equivoca lo devuelvo, pero si es el dueño de la tienda que esta en la caja y le pasa lo mismo, me lo quedo, total quitarle un pelo a un gato, ni se nota, y claro no se lo digo a mi marido para que pueda dormir tranquilo.
Desde arriba el Nono te mira sonriendo y pensando para sí: nieta e´tigre, carajo!
porque encima uno quiere que lo recompensen.
Yo lo pensaría 2 veces y a esta altura de mi vida a veces me gustaría ser menos honesta, pero sin culpas eh¡
Esto para mi fué siempre una gran lección y después de 36 años cuando volvió a visitar su Municipio lo homenajearon con tantos honores.
ASI SE HACE .
Qué le vas a hacer Sonia, yo también haría lo mismo. Tendría que nacer de nuevo para poder quedarme con la plata, aparte me sentirí acosada por cientos de ojos acusadores y, de pasarme una desgracia, la atribuiría internamente a mi deshonestidad anterior, basándome en mi Ley Interna de las Compensaciones.
Para tu consuelo te cuento que mi cuñado es cajero del Banco y cuando le falta plata se la descuentan y es muy triste, una vez recordaba casi con seguridad con quién se había equivocado y como era cliente del Banco le preguntó, pero el tipo negó todo.
Cuando le terminan de descontar, hace una fiestita, y ahí vamos prendidos todos, jaja.
Y sí, a veces hacer lo correcto cuesta, pero si no se hace, luego lo que más cuesta es dormir...
Hoy me pasó de todo- no pasó el bus, llegue tarde a todos lados, perdí conecciones, se me quedaron cosas en la casa que eran fundamentales, llovió siempre que yo me podía mojar etcetcetc- y al comentarlo con una colombiana que encontré por ahí esperando un tren, veo a otra chilena y la saludo, pensando ahora se viene esta y nos reímos de todas las tonteras que hoy me han pasado las tres juntas: pues la tipa me hace hola con la mano y me deja ahí tirada... juajajajajaaaa la colombiana y yo más nos reímos, hoy no es mi día le digo, se me nota que estoy meá de perro... pero le agrego, no soy güeona, yo generalmente voy y vengo en auto y esta siempre se me cuela, cuando la próxima vez vaya en auto le hago chao con la manito y sigo de largo!!!
La colombiana me miró a me dijo: "no, tú no harás nunca eso..."
Y yo pensé, es verdad, no, no lo haría, pa'qué?... así es que mejor ni me amargo por no poder... son puras venganzas mentales y así lo asumo.
Asúmete tú también guachita, no eres todo lo mala que te gustaría ser y nunca lo serás.
Mejor no digo lo que pienso pero vos debés sospecharlo.
Besos y sobres
Hicieron lo correcto, y hacer lo correcto te da algo que nadie te puede quitar (te hace rico)
Y no me salgas con huevas!!! (ya te veo venir) :þ
BACCI.
beso
A
Petonets,besitos ,baci.
Yo nunca espero nada de los bancos, más que malos ratos e intereses.
Un beso
No es que me haya olvidado, estoy tratando de ponerme al día.
Gracia!
Un beso
Abulafia
Déjenme desentumecer los dedos y arranco, si?
Besotes para todos!
Los chanchos la pasan chancho ...
Los bestias se divierten a lo bestia ...
... etc. :)
... pero tú rompes el molde mi querida Sonietta.
Muchos besos a ladodelce,hemos expuesto dos puntos de mira ,de eso se trata,¿no?,ya sé que has mirado de una forma cariñosa-chistosa a Sonia.Hay que animarla,si no, nos va a dejar sin sus esperados posts.Petonets.
Si falta dinero lo pone de su bolsillo el responsable, y si sobra (más vale que no sobre tampoco) se le abre un expediente y se investiga, y seguro que le cae una sanción.
Y los créditos los da un programa informático, simplemente, el administrativo sólo le mete la información.
Mark Twain decía que un banco es un sitio donde te prestan un paraguas, para quitártelo en cuanto empieza a llover.
Si yo te contara historias bancarias... uuuuh.