Podría contarlo así: "Mi amiga, encontró un perrito perdido y se ganó un soberano quilombo".
Pero vos sabés que soy larguera, cotorrera, que me gusta contar los detalles porque, creo, las cosas abreviadas pierden encanto. Es como cuando le decis "te amo" a alguien y te responde "yo también", cuando, lo que uno espera es otro "te amo", con la misma intensidad, como devolución.
Lo mejor de un relato, por más soso que sea el asunto, es todo lo que lo abraza, concibiendo imagenes, impresiones, emociones y sentires.
Decidí contarlo bien, a mi modo.
Hay personas sumamente generosas que no dudan en brindar una mano a aquellos que lo necesitan. Gladys, es una. Todos recurren a ella cada vez que precisan algo urgente. Vecinos, amigos, parientes, gente que pasa por la puerta de su casa, enfermos, indigentes, desocupados, locos... Es como si tuviese un cartel en la frente que avisa al mundo en diferentes idiomas ¨ CONTÁ CONMIGO PA LO QUE SEA QUE YO TE BANCO¨.
Siempre pienso que debería poner un 0-800-Gladys, con líneas rotativas. Ella toda es una Asociación Filantrópica sin fines de lucro viviente.
El problema es que se involucra tanto con las causas ajenas, que siempre acaba metiéndose en apuros, es decir, ayuda a resolver el contratiempo del otro llevándose el conflicto a su casa; se lo transfieren y le cagan la vida.
Viste cuando una amiga entra en crisis porque descubre que su esposo es adúltero y te lo viene a contar entre irritada y afligida? Viste que uno intenta consolar a la amiga cornuda, dándole consejos, opinando sobre el asunto y sugiriéndole qué es lo que, a nuestro criterio, debería hacer al respecto, apoyándola y sosteniéndola? Viste que, si la pareja luego se arregla y se pone de acuerdo, vos, que arrimaste el hombro, la defendiste, la contuviste, quedás como el reverendo orto, como si la culpa de la cornamente hubiese sido tuya y ambos dejan de hablarte, por haber sido comedida? Lo mismo sucede con Gladys, siempre, pero con todos y cada uno de los problemas que los demás piden que les ayude a resolver. Siempre queda pegada.
Anteanoche, regresaba a su casa con su camioneta 4x4, hambrienta y cansada luego de un arduo día de trabajo. Se detuvo ante la barrera baja de un paso a nivel del Ferrocarril San Martin, a la altura de Devoto. La noche estaba fria y oscura. Oyó el silbato del tren que, a su derecha, avisaba que pronto, quizás en unos segundos, pasaría por allí a toda máquina. Por no desperdiciar la vista, miró cualquier cosa mientras esperaba: las vallas de madera de un lado y del otro del riel, un policía que pasaba caminando más allá y, de pronto, un perrito, solo, quietito, asustado, en la mitad de las vías, a punto de ser arrollado por el tren que iba llegando.
Gladys, sin pensar en nada, bajó de su camioneta, dejándola abierta y encendida y corrió a rescatar al can, salvándolo y salvándose por un pelito de que la locomotora le besase el upite, arrancándole, con suerte, una cacha.
Pasado el peligro, miró al perro que sostenía a upa, "Ufff! Casi, casi, eh?", y lo llevó a la camioneta. Entró por la puerta del conductor, se sentó apoyándolo en su falda y, de inmediato, el perrito hizo un movimiento con su cuerpo para liberarse de los brazos de la rescatista, y se mandó al asiento trasero donde se sentó prolijamente. "Se ve que está bien entrenado!", le dijo Gladys mientras atravesaba el paso a nivel. Estacionó el auto por ahí, miró al animal y le preguntó "Qué hago con vos, chiquito? Es evidente que tenés dueño. Sos muy lindo y muy educado, sabes?¨. Era un basset, de esos que son cabezones, con orejas largas y patas cortas.
Gladys no podía llevárselo a su casa; Eli y Sarah, sus perras entrenadas para asesinar intrusos, se lo morfarían de un bocado. Además, pensó que, tal vez, algún niño estaría sufriendo, extrañándolo y que el perro tenía derecho a volver a su lugar.
Eran las once de la noche, nadie vivo caminaba por esas calles oscuras y frias. Gladys dedujo que el basset no podría venir desde muy lejos; con esas patas breves, breve debía ser el trayecto andado, asi que tomó la decisión de timbrear casa por casa, en busca de su hogar o alguien que pudiese indicarle adonde pertenecía.
En varias puertas, nadie respondió, aunque ella sospechaba que la espiaban a través de las ventanas. Siguió insistiendo, hasta que, detrás de un portón, una voz masculina la atendió con cortesía y solidaridad:
- Quién carajo molesta a esta hora de la noche? Qué quiere?
-Disculpe, caballero- Gladys es sumamente respetuosa- Encontré un perrito a dos cuadras de aquí y...
-Y a mí qué corno me importa! No tiene reloj? Mándese a mudar, desubicada!
Lejos de contrariarse, Gladys continuó con su empresa, la de encontrar a sus dueños.
Volvió a subir a su camioneta y, mirándolo por el espejo retrovisor, le prometió que haría lo imposible para ayudarlo.
De pronto, se le ocurrió ir a la comisaría más cercana. Tal vez allí...
-Buenas noches, oficial. Mire, encontré un perrito que está perdido, lo tengo en el auto.
-Y que quiere que hagamos? Que lo pongamos en un calabozo?
-No, no. Quisiera preguntarles si ustedes, quizás... Si alguien reportó la pérdida de un perro.
-Señora! En qué pais vive usted? Acá la gente viene a denunciar violaciones, robos, hurtos, cagadas a palos de los cónyuges. Cosas serias!
-Pero esto es serio, señor! El perrito está sufriendo y seguramente su dueño tambien. Para quienes amamos a los animales, las mascotas son como hijos.
-Ahhhh, bueeeno. Y por qué no hace la denuncia en Missing Children?
Gladys, salió de la comisaría decepcionada y, cuando estaba atravesando el portal, alguien desde adentro, le gritó:
-Señora! Escuche, le comenté a mis compañeros y, después de cagarse de risa, a uno se le ocurrió que podría ir a la veterinaria 24hs que está sobre la calle Beiró. Por ahí, tiene suerte y el doctor sabe de quien es.
Eran ya las doce y veinte de la noche. Sonó su celular y, antes de atender, vió que había cuatro llamadas perdidas desde su casa.
-Me querés decir adonde estás metida, Gladys?
-Estoy tratando de ubicar al dueño de un perro perdido.
-Tratando de quéeeee? Pero vos te volviste loca? A esta hora, deambulando por la calle, sola?
-No estoy sola. Te dije que estoy con un perro.
-Si, claro...perro...perro...Mirá Gla, yo no sé en qué balurdo andás, con quién estás, qué haces... lo único que te digo es que acá estamos todos preocupados por vos. Hubieras tenido la deferencia de avisar, al menos, no?
Mientras manejaba, oía los reproches de su esposo en altavoz. "Ay, bassetito...quién me manda?".
Estacionó la camioneta justo delante de la veterinaria. Bajó y tocó el timbre. Un hombre con barba la atendió detrás de una reja.
-Buenas noches. Mire, encontré un perrito cerca de acá y quisiera saber si usted lo tiene visto, si conoce a los dueños.
El doctor, le sugirió que lo bajase para verlo, porque, por temor a una emboscada, el tipo no se animó a abrir la puerta. Gladys, con esfuerzo, bajó al basset del auto tomándolo por el collar y lo llevó lo más cerca posible.
-Nop. No es paciente mio.
-Usted no podría quedárselo y poner un cartel avisando que está aqui?
-No! Esto es una veterinaria donde se atienden urgencias.
-Esto es una urgencia!
-Señora...lo siento pero no. Lo único que se me ocurre es que vaya a la comisaría y pregunte allí.
-Vengo de ahí y me mandaron para acá.
-Entonces, no sé qué decirle. Disculpe, pero tengo cosas importantes que hacer. Buenas noches- y cerró la puerta dejando a Gladys y al basset, solitos y frustrados.
"Bassetito, creo que te llevaré a casa...". Y asi lo hizo.
Al llegar, sentados en un sillón, estaban su marido, su hija y las perras, todos con cara de culo.
-Traje al perrito. Está en la camioneta
-Ah, si? Y cual es el plan? Porque, te aclaro, ni bien lo entres a la casa, Eli y Sarah lo estropean.
-Yo pensaba dejarlo en el garage hasta mañana, en que lo llevaré adonde lo encontré y buscaré a sus dueños.
-Bueno, como quieras pero te advierto que no va a ser una noche sencilla. Vos sabés cómo son las perras.
Gladys ubicó al perrito perdido en el garage, en donde le puso comida y agua. Lo acarició unos minutos para que sintiera que estaba en un sitio amigo y se fue a su cuarto, para descansar.
Las perras ladraron por horas, aullaban, rasgando la puerta que las separaba de ese olor que les indicaba que, a unos metros, un animal extraño estaba poniendo en peligro a la familia. Fueron entrenadas para eso.
El ruido, el escándalo que hacían, era desmesurado. Un vecino, llamó por teléfono asustado, preguntando qué era lo que estaba sucediendo en esa casa y si era necesario llamar a la policía.
Es que las guardianas habían enloquecido: desgarraron la tela del sillón, arrastraron las sillas con sus cuerpos enajenados, tiraron jarrones, portarretratos, candelabros... Un escándalo!
-Glaaaaadyyyyys! Mirá el quilombo que hicieron las perras! Se volvieron locas; TE volviste loca trayendo a este perro a casa! Yo sabía que esto iba a suceder! Mirá cómo quedó todo! Mirá la puerta, está totalmente arruinada! Hacé algo!!!!
-Y qué querés que haga? Me voy a un hotel con el perro?
-NO-SÉ! Fijate vos qué haces, pero hacé algo YA.
Gladys se calzó pantuflas y, sobre el pijama se colocó un abrigo. Subió al perrito a la camioneta y se fué con rumbo incierto.
Eran las tres y media de la mañana. Manejaba en segunda velocidad, tan despacio, que, cada tanto, debía embragar para que el motor no se detuviese.
¨Qué hacemos, bassetito? Viste qué lio? La casa destrozada, los vecinos molestos, mi marido enojado, las perras enloquecidas, mi nena sin dormir... Qué hago con vos?¨.
Estuvo una hora dando vueltas y vueltas hasta que, su sentido común le indicó que debía dejar al perro en el mismo lugar en donde lo había encontrado. Así lo hizo, pero claro, no sobre las vías del tren sino, en una esquina que le pareció segura.
¨Chau, bassetito. Me duele en el alma hacer esto¨, decía llorando sobre sus pantuflas, ¨Pronto va a amanecer y con la luz del día, todo será más fácil, sabés?¨. Le dió un abrazo interminable y muchos besitos en su trompa y arrancó la camioneta sin mirar hacia atrás.
Pasó lo que quedaba de la noche como el reverendo culo, moqueando y maldiciéndose, sufriendo...
A las siete y media de la mañana, mientras bebía un café, antes de ir al trabajo, sonó el timbre de su casa. Asomó su cara por la celosía y pudo ver a una pareja, de unos treinta años cada uno, parados sobre la vereda.
-Si? Puedo ayudarlos?- era raro... a esa hora...
-Si, claro que puede ayudarnos. DEVUÉLVANOS A NUESTRO PERRO!- gritó el hombre que se mostró muy nervioso.
-Señor, de qué perro me habla? Yo no tengo ningún perro acá que no sea mio- Gladys se asustó, se abatató. No estaba lo suficientemente lúcida como para responder y explicar.
-No te hagas la pelotuda! Sabemos que levantaste a nuestro perro ayer a la noche en la barrera de Beiró. Te vieron!
-Y...ustedes...cómo supieron adonde vivo?
-Eso no importa! Devolvenos el perro!- gritó la mujer, asomándose por detrás del hombro del tipo.
-No lo tengo. Yo ya no lo tengo acá. Volví a dejarlo a metros de donde lo encontré...
-HIJA DE PUTA! Hija de remil putas! Mentirosa! Qué pretendés, hacerlo guita?
-Momento. Hablemos tranquilos, les voy a explicar.
-No quiero explicación, quiero al perro! El perro!!! Quiero al perro! Ladrona!- chillaba la mina.
-No robé nada! Ya les dije que no está acá. Lo dejé en...
-OK! No querés devolvernos a nuestro perro? Ya vas a tener noticias nuestras- Y se fueron, subiéndose a un auto importado.
Hace dos días que Gladys llora y llora sin parar. Siente una mezcla de culpa, bronca, impotencia, decepción, miedo, todo junto.
El marido, cada vez que la ve, porque se la cruza en algún ambiente de la casa, le reprocha por meterse y meterlos siempre en problemas. La hija, le reprocha por tomarse las cosas de modo tan personal. El vecino, le reprocha por el escándalo de la otra noche y el de la mañana siguiente.
El perro, desde el lugar en que está, también debe estar reprochándole algo, quizás, de haberlo salvado de ser arrollado por las ruedas del tren...
Siempre es mejor hacer las cosas con algún defecto que dejar de hacerlas por temor de no alcanzar la perfección. La pífia solo quien la hace...
No tengo suerte pal agradecimiento yo, todo lo que me pasa tiene que ser del género grotesco, jijiji
Es como digo! Palos porque bogas, palos porque no bogas.
Era asi?
Tal cual! El que tiene boca se equivoca y no por mucho madrugar se amanece más temprano.
Todos ahí tienen su parte de razón. Hasta el pobre perro!
El marido se enojó porque anduvo yirando por la madrugada, sola, por un perrito, con todos los peligros que implica eso acá, en este bendito pais. Los vecinos por el quilombo en plena madrugada y el susto!
Qué va ser! Si hacé, porque hacé y si no hacé porque no hacé, diría mi viejito.
Igual, yo solucioné ese problema casándome con uno que es idéntico, calcado a mi en eso.Nunca me diría que me meto en problemas.
Habríamos estado los dos despiertos la noche entera con los perros.
Así fue cuando tuvimos al gatito que atropelló el tren... y puteando que no hubiera un veterinario de urgencias en esa p... ciudad de veranéo donde estabamos.
Es que era España, lugar donde cuesta hacerle entender a los de la protectora de gatos- incluso- que un animal que sufre no puede esperar todo la noche con un pedazo de patqa colgando... lo arreglamos con un valium para el bichito ... que historias.
Mi mamá decía: "quien maltrata a un animal, no tiene buen don natural."
Linda frase: "primero salvamos, después pensamos..."
(El camino del infierno debe estar plagado de almas que dijeron esto, pero igual, riesgos hay que correr.Son elecciones.)
Soni y Nicté: A mí mamá le pasó también eso, (bueno, algo parecido):una vecina le pidió que le cuidara la nena un rato y se pintó hacia la frontera. Ella vivía en Madrid y fue tremendo rollo.
¡Gracias! :)
No hay que pasarse, ni de bueno.
Que lata que la beuna fe de tu amiga, no la entiendan los demás...
besos gordos
Gladys,chata,nos tenemos que espabilar y no ser tan benditas ni filantrópicas;hoy en día no se lleva eso,no está de moda y lo que es peor,siempre salimos escamadas y perdiendo y con las riñas de propios y extraños encima...
(Recuerda ,Sonia,un capítulo de mi vida que te conté con una vecina...(medio loquita ,la pobre)fue algo parecido a lo que tú has contado,me metí a ayudarla con sus peleas conyugales y salí tal como has descrito o casi...
¿¿??? Mira, la quería ahorcar!...
Yo, que me desvié de mi ruta, que no hice las compras que iba a hacer por llevarlos, que cargué la mugre caja, que intenté ser amable...No sirvió de nada querer ayudar o intentar ser útil. Cuando se largaron, me dejó tan mal sabor de boca...
Yo, de a poquito, comienzo a ser impermeable hacia las "desgracias" o necesidades de las personas que no me piden ayuda o me dicen nada...como veo doy...horroroso,pero se vive más tranquilo...y la fiesta en paz.
Luisa
Me miro a mi misma y seriamente me recuerdo que la decisión es mía, paso 2: me pregunto, "quiero dar?"
Si? entonces doy y no miro para atrás.
Eso si, a veces, por razones conocidas o desconocidas para mi, me respondo "No! no quiero dar." y a no ser que se trate de un caso de vida o muerte, digo no y me voy sin mirar para atrás.
(a ver que se va a interpretar con esta declaración mía... jejejeje)
Ejemplo de lo último es una vecina, super pero super desconsiderada- bota plástico en la basura biológica, pasa la aspiradora a las 4 de la mañana, estaciona en la salida del garage... etc etc- me preguntó que si podía usar mi lavadora- pero usarla siempre, para siempre...- por un módico precio y yo dije: NO.
Simplemente supe que podríamos tener problemas y no tengo ganas de riesgos.
Mi marido me dijo que era una poco solidaria y mi hijo que noentendía porque no había querido.
No quise.
ps la tipa tiene suficiente dinero para comprarse una. Es médico del hospital de la esquina y no se compra una porque no está mucho en casa, de hecho estuvo de vacaciones por dos meses en el Tibet... y si, acá también se sabe todo del vecino. Vivir en edificio.
Por cierto, me reí mucho cuando aclaraste que para siempre, siempre, jaja, qué tal caradura.
Curate ya, mujer.