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No es idea mía, ni deseo ni esperanza. Lo dicen las estadísticas:
- en proporción, nacen más mujeres que varones.
- los hombres mueren más jóvenes.
- de cada diez que pasan a mejor vida diariamente, ocho son hombres.
Con este panorama y a este paso, llegará el momento en que el planeta será habitado íntegramente por mujeres.
Inconcientemente, para eso nos estamos preparando.
El lesbianismo, crece día a día. La mujer ya sabe cómo es convivir con el sexo opuesto, fórmula clásica pero fallida. La gran cantidad de carpetas con trámites de divorcios, acusan la demanda. Las estanterías, se vienen abajo y los jueces, no dan abasto. Las ratas de tribunales civiles, agradecidas.
Ya no necesitaremos hombres para procrear. Los tradicionales bancos de depósito de dinero, serán reemplazados por bancos de semen. Espermatozoides a plazo fijo, créditos con bajísimo interés, cajas de seguridad para congelar los fluídos y hasta cotización en bolsa, será el negocio del futuro. Habrá suertudas que podrán tener cuentas en Suiza e Islas Caimán con materia prima para productos rubios de ojos celestes.
Nada mejor que una mujer para otra mujer. Definitivamente las minas podrán hacer lo que tanto les gusta y para lo que fuimos creadas: competir con pares. No es novedad que, a las mujeres, les importa un pito (permítanme la expresión reduntante) los hombres. Todo lo que hacemos, vestirnos, mejorarnos, arreglarnos, estar espléndidas y parecer inteligentes, es por pura rivalidad entre individuas del mismo género.
Desarme armantentístico, al fin! Las mujeres no usaremos armas de fuego en caso de conflictos entre países. Las armas serán femeninas: cremas deshidratantes, emulsiones para cutis seco cuando la enemiga sea poseedora de una piel áspera, tinturas para cabello vencidas, productos alergénicos y engordantes (esas serán consideradas armas químicas); entraremos a escondidas a sus placares munidas de serruchos dispuestas a cortar los tacos de los zapatos y las puntas de las botas. Pero la peor arma utilizada, será sin dudas, la palabra: ironías, sarcasmos que consigan ofender a la adversaria hasta hacerla llorar como "un maricón" y rendirse de rodillas.
En muchos años, existirá un museo de antepasados para que nuestras descendientes sepan qué cosa era un hombre. Habrá visitas guiadas y se advertirá que no es apto para mujeres impresionables.
No faltarán mingitorios con naftalina, reproducciones de baños de estación, escupitajos en las cerámicas (apretando un botón, se activará el sonido de la escupida masculina "Ajjjjjjjj Pftú!").
En la sección "Vestimenta", se podrán apreciar camisetas con olor a transpiración u "olor a chivo"y zapatos con el típico "olor a patas" que tanto los caracterizaba.
Alguna niña, parada frente a una reproducción perfecta de un hombre de cera, preguntará a su madre:
-"Mami, qué eso negro que tiene el tipo en la mano?"
su mamá, leerá el cartelito explicativo
- "Un control remoto, mi vida. Parece que era parte de sus cuerpos, una especie de extensión de la mano..."
-"Ahhh. Y eso que tiene al costado de la boca?"
la mamá buscará la referencia,
-"Acá dice que era baba y que era un líquido viscoso que producían cuando veían una cola y un par de pechos femeninos"
-"Qué asco, má!"
-"Sí, mi amor, un verdader asco..."