Pecados Capitales
by una ama de casa dignamente mediocre
julio 07, 2009
Lucy, la otra sfigata
Lucy no da más. Sus días transcurren tristes y negros como grupo de viejitas en cortejo fúnebre. Tristes pero traqueteados. Traqueteados pero vacíos. Vacíos pero ocupados. Ocupados pero sin grandes ni buenos resultados.

En pocas palabras, Lucy tiene una vida de mierda.

Se levanta cada mañana muy temprano, mucho antes de que los gallos ituzainguenses gorjeen su kirikikí matutino. Limpia su casa, le da la medicina a su hijo, el opa, trepa a su bicicleta y se va a cumplir con su trabajo de ayudante de peluquería en un local, cerca de acá. Regresa a mediodía, hace la comida para el opa y para el Loco, su marido. Limpia y ordena lo que ambos incapaces-cada uno por diferentes razones- ensuciaron y desacomodaron en el tiempo en que ella estuvo ausente y se prepara para atender a sus clientas en su improvisado"atelier", un garage pintadito y limpito que cuenta con una camilla, un sillón destartalado y un espejo distorsivo, mal enganchado, contra la pared. Depila, pone ruleros, hace planchitas, brushings, tocas, como puede, mal, como le sale. Más de una vez, sus clientas hemos tenido que retocar, en casa, su trabajo. La verdad, es que todas la elegimos por una cuestión de solidaridad más que por su destreza profesional. Lo necesita.
Cuando termina su labor en el atelier rasposo pero limpito, entra a su casa, vuelve a medicar a su opita, vuelve a ordenar y limpiar todo aquello ensuciado y desordenado por los dos incapaces con los que convive, vuelve a trepar en su bicicleta, cumple con algún trabajo a domicilio, regresa a su hogar, acomoda y limpia, suministra la medicina al opa, se ducha, se viste y se va a tomar el tren para cumplir con un trabajo que enganchó, hace unos seis meses, en lo de la psicóloga que trata a su hijo, como secretaria o anotaturnos y limpiabaño, en un departamento con uso profesional, en Ramos Mejía.
Regresa al fin, a las once de la noche, camina las cinco cuadras desde la estación hasta su casa, prepara la comida mientras limpia, ordena, medica a su hijo, riega las plantas, alimenta a los peces, lava la ropa y oye, de fondo, como el sonido de una gotera o el ruido de un viejo compresor de agua llenando el tanque, las puteadas de su marido quien, todavía, tiene el tupé de reprocharle cosas.

Todos los días de Lucy son exactamente iguales.
No, iguales no, a veces, entre trabajo y trabajo, debe llamar a una ambulancia porque su hijo se descompensa o intenta suicidarse; a veces vomita sangre y se retuerce por el dolor que le causa esa úlcera histórica que padece; a veces, sale corriendo a la casa de su madre o un vecino porque su marido la quiere cagar a palos.

-No sé por qué no te vas de acá, Lucy- hago mal en meterle ideas en la cabeza pero no puedo no opinar cuando la veo asi, sufrida, desdichada y, sobre todo, cansada de vivir.
-Adonde querés que me vaya, Sonia? Qué hago con mi hijo?
-Pero cómo haces para soportar a ese vago de mierda? - No sabe cómo ni porqué lo hace y por eso, no me responde esa pregunta pero a cambio, me confiesa un oscuro deseo.
-Lo mejor que me puede pasar es que muera.

Claro! Cómo no va a querer que muera?

El loco, mientras su mujer se va estropeando hora tras hora, hace nada. No, nada no, hace imbecilidades.
No trabaja, no atiende a su hijo enfermo, no colabora, siquiera, encarrilando el chorro de la orina cuando pisha, dejando toda la tabla meada, como un evidente acto de desprecio.

Cuando Lucy está afuera de casa, trabajando, él se mete en el improvisado atelier, de puntillas y revisa todo, da vuelta todo, en busca de dinero para comprar cigarrillos o cerveza. El vecino de enfrente siempre lo pesca espiándolo a traves de la ventana y avisa de inmediato a la pobre mujer, via mensajito de texto: ¨Lucy, tu marido está en la peluqueria buscando plata. Lo veo. Ahora está desarmando los cepillos para ver si encuentra monedas en los mangos¨.

Lucy sufre... Se avergüenza...

Eso sí, el Loco tiene una actividad altamente rentable: compra-vende-permuta autos del año del pedo que estaciona en la puerta de su casa y, cuando digo ¨del año del pedo¨, no estoy recurriendo a una metáfora o una exageración. Comenzó con un Ford Falcon del 63 (supimos que era un Falcon porque él nos lo dijo). Lo tuvo un año y medio detenido con un tacho en el techo, indicando que estaba a la venta. Quién corno podría comprarle esa porquería? Sin embargo, le encontró un novio que se lo cambió por un Fitito del 64. El loco estaba contento porque aseguraba, había hecho un gran negocio adquiriendo un auto más nuevo. La bolita decolorada también encontró el candidato, unos ocho meses después, que se lo cambió por un Siam Di Tella cuyo año de producción, no sabe, no contesta.
Hace tres meses que le pasa lijas, de esas que se usan para pulir paredes.

-Sabés qué me hizo?- me preguntó Lucy indignada el otro día, en la sesión depilatoria, pierna entera y cavado- Usó mi pintura que tenía guardada para las macetas y pintó esa mierrrrrrda que tiene en la puerta! Podés creer?

Si puedo. Lo he visto pintar la mierda con pintura sintética color ladrillo y reí tres días seguidos.
No le alcanzó el tarro para hacerlo bicapa...

Ayer, Lucy estaba llorando. Me la crucé en la esquina.

-Vos sabés, Sonia, que yo guardo mango tras mango para pagar deudas, comer y comprarle los remedios a mi hijo, no?
-Si, claro. Me consta.
-Tenía que pagar la boleta de la luz, que me vino un montón y venía juntando hacía dos semanas, para llegar, aunque sea, al segundo vencimiento. Dejé la plata debajo del jarrón del comedor, junto con la factura para ir hoy a cancelar la deuda. Anoche, cuando llegué del trabajo, a las once de la noche, sobre la mesa, había unas cajas de pizza vacías y unas botellas de cerveza. Desperté a mi marido para preguntarle qué era todo eso y me respondió que había invitado a un amigo a cenar porque se sentía solo...
-Ahá... Y?
-Se sentía solo el muy hijo de puta! solo! Mientras yo estaba trabajando! El tipo se da el lujo de invitar gente a cenar mientras yo me pelo el culo trabajando!
-Bueno, Lucy...
-Qué bueno ni bueno? Cuando esta mañana fui a buscar la factura de la luz y el dinero para pagarla, la plata había desaparecido. Me corrió un fríocalor por la espalda y pegué un grito. La plata!!! Adonde está la plata para pagar la luz??? Y sabés qué me respondió el muy canalla?
-Qué te respondió, Lucy?
-Que la había usado para comprar las pizzas y las cervezas...

Pobre mujer. Me parte el alma... Pero sin ellos, con quién me divertiría yo en este barrio de mediocres?
julio 02, 2009
Pago por Gripe A
-Si me contagiase el virus de la Gripe A y tuviese que permanecer internada en un sanatorio, por favor, Marcelo, te pido por favor que me prometas que no vas a venir ni vas a permitir que nadie venga a visitarme, mucho menos Fede y Valentina.
-Pero cómo se te ocurre que voy a dejarte sola en una clínica, internada, enferma?
-Vos no te preocupes por mi. Es altamente peligroso, lo sabemos, asi que prometeme que si me llegasen a internar, no vas a dejar que me visite nadie. Me lo prometes?
-Bueno... pero...
-Pst! Prometémelo...
-Ta bien, te lo prometo.

Lo que mi marido no sabe es que mi intención no es prevenir posibles contagios y la eventual propagación del virus. Eso me importaría un pito en el caso de enfermar. Lo que quiero asegurarme, es poder descansar, dormir, ser atendida, que me pongan la chata, que me traigan la comida y me laven los pies y las axilas, sin moverme de la cama y en soledad...

Necesito fallecer un rato!

Valentina, sigue pasándose a la cama grande cada noche. Dura una horita en la suya, como mucho, una horita y media luego de la cual, apaga su tele, se baja de su cama, abre la puerta de mi cuarto, la cierra despacito y, tranquila y desfachatadamente, se acomoda en cualquier rincón disponible del colchón conyugal.
No tiene vergüenza!
Desde el momento en el que se instala junto a nosotros, dejo de dormir. Se apodera de mi almohada; se apoya sobre mi cabello suelto haciendo que, cada movimiento que yo haga, pierda un mechón, un rulo, por arrancamiento de raiz; ligo patadas en la cara, en el riñón o el hígado... en fin, la historia de siempre...

Ahora, al tráfico nocturno y batalla literal (de litera, cama), la vida continúa castigándome con fatiga permanente. Algo muy malo habré hecho en algún momento para merecer esto!
Ahora, no solo no puedo disfrutar del reposo por las noches como todo buen cristiano, sino que además, se agregó la pandemia por la Gripe A, gracias a la cual, las clases en las escuelas están suspendidas hasta el 3 de agosto y la pendeja convive conmigo, bajo el mismo techo, las 1324 horas del día.

Reconozco públicamente que soy una de esas madres que utilizan el jardin de infantes como depósito de hijos. Dejarla a la una de la tarde y retirarla a las cinco y veinte, me garantizan ese espacio de tiempo libre para hacer cualquier cosa que podría hacer estando ella, pero EN SILENCIO!
Valentina habla hasta por los folículos pilosos, exige, desordena, reclama, acusa, pregunta, pregunta, pregunta y, cuando le respondés, te lleva la contraria.
Tengo la neurona inflamada desde que la gorda está en estado de sitio sanitario!
Y ni siquiera puedo permitirme desear a que llegue la noche para poder descansar pues, la noche implica un martirio aún peor.

El otro día, estando en una librería comprando pavadas, entró un agente de policía al cual miré y le supliqué que me llevase detenida al calabozo. Sorprendido, preguntó el motivo y le conté que estaba agotaba, que necesitaba dormir lejos de mi casa... y sola...

Cuando era chica, se acostumbraba a visitar a los compañeros enfermos de rubeola porque, se decía, era mejor pescársela a temprana edad para sacársela de encima pues el riesgo de padecerla estando embarazada, era muy peligroso.
Pues bien, creo que llegó el momento de visitar a aquellas personas que padecen Gripe A.
Quiero enfermar! Quiero que me internen! Quiero que todo el mundo se espante y se asuste de mi y que nadie venga a visitarme a la clínica o al hospital!
Quiero estar sola!
Quiero dormir!



Post Scriptum: Dejo de escribir el post porque Valentina quiere usar la computadora... LO ÚNICO QUE ME FALTABA!
junio 30, 2009
Adónde está el bebé que dejé acá, en la cuna, hace veinte años?
Mi bebé ha comenzado a preocuparme seriamente. Está teniendo actitudes raras.
No sé si consultar con algún profesional que pueda orientarme en cómo debo proceder y sugerirme respecto de qué postura debo tomar para que, sin invadirlo para no levantar la perdiz, lo encarrile sutilmente en la pista correcta.

Mi bebé cambió su conducta, su postura, su aspecto, de a poquito, casi de manera imperceptible y tengo miedo de que hoy sea demasiado tarde para recuperarlo.

Me pregunto qué hice de mal para que se me haya echado a perder de este modo!

Todo comenzó hace dos años y medio, cuando se encaprichó en relacionarse con un ejemplar femenino de nigromántica que me lo engatuzó y desde entonces, le chupa la energía y algunas otras cosas que ni quiero saber. En aquella oportunidad, cuando me ví venir el asunto, le ofrecí comprarle lo que quisiera a cambio de no meterse en esos líos que implica el amor y esas pavadas.

-No querés una súper cámara digital para utilizar el tiempo ocioso en tomar una fotos estupendas?
-......
-Necesitas despejar el bocho, bebé. Pedime lo que quieras pero sacate esas ideas raras de la cabeza! Ponerse de novio es para señores grandes y vos sos un nene todavía.
-Mamá! No molestes...

No molestes! Eso me decía! No-molestes! Pero si yo no quería molestarlo! Solo quería ubicarlo en tiempo y espacio! Si hasta hace poco, nada, podíamos negociar sin demasiado esfuerzo. Qué se yo! Por ejemplo, si él insistía en traer a dormir a un amiguito y yo no tenía ganas, le ofrecía a cambio llevarlo al cine o al shooping o al quiosco y todo era tan fácil...
Pero desde hace un tiempo no; desde hace un tiempo no encuentro manera de torcer su voluntad...

Todo comenzó allí, con el capricho de querer, a toda costa, ese juguete viviente.
Después vino el trabajo, la elección de la carrera, el salir con sus amiguitos y llegar a cualquier hora sin pedirme permiso, el irse de vacaciones sin sus padres...

Ahora quiere comprarse un auto.

-Te das cuenta, Marcelo? El nene está raro... tiene delirios de grandeza!
-Pero qué delirio de grandeza si se va a comprar un auto usado? Además, lo va a pagar con su dinero.
-No me refiero a ese tipo de delirio de grandeza. Me refiero a que se cree grande. Te das cuenta?
-Sonia... Fede ya es grande! Va a cumplir veintidós años...

Los hombres no entienden nada!

Qué va a ser grande? Si cuando se enferma, me pide que le lleve el tecito a la cama y si no me acuerdo yo de darle el medicamento a tiempo, se le pasa la hora!
Qué va a ser grande? Si cuando está triste, se me acerca y me abraza, haciéndose un bollito!
Qué va a ser grande! Si cuando tiene frio me llama para que le meta una frazada encima de las dicisiete que ya tiene, bien metidas debajo del colchón para que no le queden los pies afuera!
Qué va a ser grande! Si cuando le dan una buena noticia lo primero que hace es llamarme por teléfono desde donde esté, para compartirla conmigo!
Qué va a ser grande! Si no se sabe hacer un huevo duro!
Qué va a ser grande! Si no se sabe lavar los calzones, los cuales, todavía me deja tirados al lado de la bañera cuando se ducha!
Qué va a ser grande! Si cuando se mete en problemas debo solucionárselos yo.
Qué va ser grande! Si todavía le falta tanto por aprender...
Qué va a ser grande! Si cuando digo en voz alta, en tono de llamado ¨Bebéeeee?!¨, es él quien me responde, ¨Qué mamá?. Acá estoy¨.


Mi bebé está raro. Juega todo el tiempo a ser un hombre y, como no quiero que siga quemando etapas, voy a consultar con un pediatra o un psicopedagogo a ver qué me dicen...
junio 19, 2009
Lo que no es de nadie, es nuestro?
Hace muchos años, cuando mi esposo y yo usábamos los bancos para depositar dinero y no para pedirles, tuvimos una provocación de la vida, de esas, en las cuales pone a prueba la integridad de las personas o el grado de estupidez...

Mi cónyuge legítimo retiró un plazo fijo que acababa de vencer, de una entidad bancaria con la cual operábamos habitualmente. Hizo los trámites pertinenetes y se dirigió a la caja para cobrar su dinero (nuesssstro dinero. Cómo extraño aquellas épocas!). Ya que era una cantidad interesante, fue la tesorera en persona quien le entregó, discretamente, un sobre de esos grandes de papel madera conteniendo la guita en cuestión. Marcelo, confiado, decidió no contar los billetes allí mismo sino, hacerlo tranquilo en un sitio seguro.
El padre de mis hijos se calzó el paquete en la axila, como los colectiveros cuando andan con su cartera portadocumentos y, apretando bien el brazo contra el cuerpo, se vino para casa. Aquel que hubiese querido robarle el envoltorio, tendría que haberlo desmembrado con una sierra eléctrica luego de matarlo, claro.

Marcelo abrió la puerta, tiró el bulto sobre la mesa (cuando digo ¨bulto¨ me refiero al sobre de papel madera), y me pidió que lo ayudase a contar el dinero (nuesssstro dinero).
Separó dos fajos, uno me lo dió y otro se lo quedó.

-Acá hay más guita- dijo mirando ambos montoncitos, frunciendo el ceño- a simple vista, son más billetes de los que debería haber cobrado. Veamos si estoy en lo cierto- y comenzamos a contar.

Él es más rápido, sobre todo para manipular plata. Mientras Marce había acabado de repasar dos veces el fajo que le había tocado, yo seguía tratando de despegar dos o tres billetes mojándome las yemas de los dedos con saliva, sin éxito.

-Dejá, Sonia. No insistas con eso- Mi marido sudaba en la zona de la frente- Esto es de no creer! Solo en este fajo, el que yo conté, hay el doble de dinero de lo que debería haber habido. Con el tuyo, a grosso modo, deduzco que el total es de tres veces más.
-Mierrrda! Es mucha plata!
-Mucha, So. Mucha...

Nos miramos a los ojos. Nos quedamos mirándonos, sin hablar.
Creo que los dos estábamos esperando el puntapié inicial del otro con la sugerencia de qué hacer con eso que nos estaba sucediendo. Ni él ni yo quería asumir el costo político de haber sido quien tiró la primera piedra.

-En qué estas pensando?
-Y vos? En qué estás pensando vos?
-No se responde una pregunta con otra pregunta.
-Tampoco es obligación decir todo aquello que pasa por la cabeza de uno. Eso es privado.

Estábamos nerviosos, era mucho dinero... Y no pertenecía a nadie pues, no lo habíamos encontrado en el asiento de un colectivo, ni en el casillero de esos armarios que ponen los supermercados chinos a la entrada para dejar bolsos y carteras, ni tampoco lo se lo habíamos quitado a alguien de adentro del cajón de su escritorio.
No era de nadie! Era del banco y la plata del banco que no tiene nombre, no es de nadie. Porque él no la extrajo de una cuenta ajena del cajero automático ni había truchado una boleta de retiro ni había presentado un cheque falso.

Nosotros habíamos ido a retirar una cierta cantidad de billetes (nuesssssstros billetes) y nos dieron tres veces más.
No fué culpa nuestra.

Creo que los dos pensamos todo eso juntos, paralelamente, al unísono, pero con temperaturas diferentes. Me animo a representar la sensación térmica de nuestros pensamientos con distintas interjecciones: los de mi esposo legítimo con un ¨Arrrgggg!¨y los míos con un ¨Ayyyyy!¨

Marcelo tomó nuevamente el fajo que había estado contando y, con firmeza, separó la cantidad exacta del dinero que correspondía al plazo fijo y sus intereses devengados. El resto, volvió a guardarlos en el sobre de papel madera.

-Nadie quedará sin trabajo por nuestra culpa. Estás de acuerdo?
-Será por TU culpa! Vos trajiste esa plata. Claro que estoy de acuerdo!

Con el sobre de papel madera incrustado en su axila, regresó al banco, pidió hablar con la tesorera y le explicó lo sucedido. Como aún no habían hecho las cuentas que los empleados bancarios están obligados a realizar al cierre de los ejercicios diarios, ella aún no sabía que, en pocas horas, habría un negativo de mucho dinero. Sin embargo, impertérrita, sin media mueca, tomó el sobre con la plata (que por un rato fué nuesssstra plata), dió media vuelta sobre sus talones y se perdió adentro de una oficina.
Las gracias? Bien, gracias! Otra vez será...

Nosotros hicimos lo correcto y no nos arrepentimos hasta después de unos años, en que pintó la malaria para todos.
Marce, debió recurrir al banco para pedir un favor, un pequeño favor, como un gran cliente que había sido. Para nosotros un sí hubiese significado de gran ayuda, para ellos un trámite de nada, una pavada.
Aquella mujer a la que le habíamos salvado el pellejo, cubriéndola del gravísimo error cometido con la actitud correcta, había ascendido y en sus manos estaba la decisión de darnos una manito. Cuando mi cónyuge oficial acabó con la explicación y los detalles de la necesidad que lo había llevado hasta allí, ella simplemente lo miró y negó esa ayuda con un rotundo, antipático, agrio, desatento, descortés NO, luego del cual, giró sobre sus talones y volvió a perderse en una oficina, como aquella vez.

Muchísimas otras veces la vida nos puso a prueba con este tipo de jugarretas. Hemos devuelto billeteras encontradas por la calle, vueltos mal dados por un comerciante y hasta corregido una cuenta de productos comprados cuyo resultado era mayor al que nos pedían pagar. Se siente mucha paz haciendo lo correcto. Pero la próxima vez que un banco se equivoque a mi favor, MINGA que le voy a devolver la plata!


Bah! Qué se yo! Tendría que volverme a pasar. Lo más probable es que le incruste el sobre bajo la axila a mi marido y le diga ¨Andá, lleva la guita, antes de que me arrepienta...¨
junio 11, 2009
La tristeza también hace reír
¨Cuando te morí te lloran dó día...tré con suerte. Al cuarto, se empieza a pasar la tristeza y, un mé despué, ya nadie se acuerda de que una vé esististe¨.

Según el peón de albañil que colaboraba con mi viejo, esas fueron las últimas palabras que pronunció.
Estaban trabajando en casa de una vecina; habían sido contratados para hacer un baño a nuevo y en eso andaban. Mi papá, metido dentro de la bañera, colocando los cerámicos en la pared, hablaba solo, reflexionaba en voz alta.
El petiso, su ayudante, me contó que estaba triste y que de lo único que hablaba esa mañana era de la muerte. También me dijo que, cuando acabó de decir aquella frase, de pronto, comenzó a caer hacia atrás, de espaldas, tomámdose el pecho y que chau, no habló más, nunca más.

Si se mira bien, alrededor de la tragedia, bailan, como odaliscas socarronas, el patetismo y la comicidad.
Cuando una situación dramática nos sorprende los hombres somos capaces de cometer las acciones más absurdas...


Estaba bajo la ducha cuando sonó el teléfono. Fede, recuperándose de las paperas, corrió a atender. Le dijo a mi prima que yo no podía hablar con ella, que estaba bañándome, pero Patricia insistió en que debía pasarme el tubo inalámbrico. De inmediato supe que algo grave había sucedido porque, cuando alguien se empecina en que lo atiendas a pesar de haber sido oportunamente avisado de que estás enjabonado bajo el chorro de agua tibia, es porque es estúpido o porque lo que tiene para decir es sumamente importante. Así que accedí a atenderla.
Comenzó dando vueltas, diciendo que bueno, que mi papá estaba trabajando en lo de Marlene, que parece que había sucedido algo, que porqué mejor no me tomaba un remis e iba hasta allá porque...

-Patricia, vos intentas decirme que falleció mi viejo?- y no tuvo más remedio que contestar afirmativamente. Las cosas me gustan directas, sin circunloquios, al pan pan, para no perder el tiempo si total, no se puede modificar la realidad.

Corté con ella e, inmediatamente, marqué el número del trabajo de mi hermana. Me atendió centelleante, divertida; parece que había un ambiente dicharachero en la oficina y allí estaba yo, en el teléfono, para troncharle el cachondeo.

-Hola So! Cómo estas hermana? Qué hay de nuevo?
-Murió papá- le dije sin anestesia. El grito que pegó la Coca, me perforó el tímpano izquierdo.
-Quéeeeee????- ese "qué" sostenido y chillón, jamás lo olvidaré, sobre todo, porque fué el causante de mi sordera en ese oído- Vos estás loca? Cómo me vas a dar una noticia de ese tipo, de esa manera? Vos no me podés decir que murió papá asi, de sopetón!
-Bueeeeno, qué preferías que te lo dijera con rodeos como el viejo chiste del gato que se sube a la azotea?
- Y siiii! Claro que si!
- Bueno, está bien... Coca, papá se subió a la azotea...
-Sos una pelotuda!

Y nos pusimos de acuerdo para encontrarnos en el lugar del hecho.

Al llegar, unos cuantos vecinos ya estaban amontonados en la vereda, cogoteando hacia adentro de la casa de Marlene para ver si podían ver al muerto. Nos abrimos paso a los codazos y entramos por un pasillo directamente al baño.
Allí estaba él, con las piernas todavía metidas en la bañera y el cuerpo tirado en el piso, como quien hace abdominales con las rodillas flexionadas.
La dueña de casa, no paraba de persignarse y preguntar cuándo vendría la ambulancia que llevaría el cuerpo y si había llegado el cura.

-Gracias, Marlene, por haber tenido la prolijidad de llamar a un sacerdote para bendecir a mi padre.
-No!!! No es para bendecir a Duilio! Es para bendecir el hogar! Quiero que se lo lleven pronto de acá! No vamos a poder dormir esta noche si no viene el cura para limpiar la casa de espíritus!

Mi hermana cambió la puteada que creyó que la vieja merecía por una pregunta.

-Qué fué lo que pasó, Marlene? Cómo sucedió?
-Yo no tengo nada que ver! Yo solo le serví un cafecito a las once de la mañana porque hacía mucho frio, pero el café estaba bueno, eh? Todos tomamos y solo Don Duilio murió! Solo él. Y la taza estaba limpia, lo juro!. Yo no tengo nada que ver! Ay!! Cuándo se lo llevan?

Marelene solo estaba preocupada por desligarse de la responsabilidad de lo sucedido y porque se llevaran al muerto de su casa para poder echar, rituales cristianos mediante, al espíritu tremolante de su hogar.

Mientras tanto, mi viejo seguía tirado en el piso. Su ayudante no sabía qué hacer, si continuar con el trabajo para evitar que le reprochasen el tiempo ocioso y la demora pues, después de todo, había sido contratado para picar y sacar los viejos azulejos, o si quedarse a un costadito, maza en mano, esperando a recibir órdenes de alguien; pero de cual alguien?, si su único jefe se había visto en la obligación de renunciar súbitamente.

Entre mi hermana y yo, destrabamos las piernas de nuestro padre y lo colocamos en una posición digna, porque asi, como estaba, era un tanto chocante, parecía, más bien, que se hacía el muerto para descansar un rato.

Yo lo abracé, lo besé como nunca lo había hecho y le hablé como si me escuchase. Le pregunté cosas mías, que no vienen al caso pero que, de todos modos, no me respondió sino después de mucho tiempo a través de la reflexión, la deducción y el pensamiento.

Coca, mi hermana, comenzó con sus dudas estrafalarias: "Y si no está muerto?¨, ¨Y si no está del todo muerto?¨, ¨Y si tiene un ataque de catalepsia o algo asi?¨...

Más tarde, consiguió supererarse a sí misma, haciendo preguntas totalmente fuera de ubicación en espacio-tiempo, supongo que presa de la conmoción y el atontamiento que le había provocado la inesperada y tristísima noticia:

-Y si lo dejaron morir a propósito?
-Cómo que a propósito? No me asustes, Coca.
-Y si la vieja tardó en llamar a la ambulancia para no tener que pagarle el trabajo? O si el petiso que lo ayudaba avisó cuando ya había pasado un buen rato y no había nada que hacer, para llamar a la ambulancia?
-Para qué? Con qué motivo?
-Y... para quedarse con las herramientas de papá!
-Coca, andá a tomar aire. Yo me encargo...
-No me trates como loca! No es decabellado pensar que pudo haber sido un complot! Por algo la vieja está tan preocupada por ¨limpiar¨su conciencia con un cura!
-Andá, andá... Yo me encargo...


La ambulancia de la funeraria llegó justo en el momento en que entró el sacerdote.

-Gracias a Dios, padre! Llegó a tiempo! Espere a que se lleven al fallecido para comenzar a bendecir mi casa. Yo me anticipé y encendí velas blancas para ir adelantando trabajo. Quiere un cafecito?

La gente, afuera, había estado hablando pelotudeces mientras esperaba, ordenadamente, a que sacaran el cuerpo de mi viejo y verlo, aunque sea, tapado con una manta. Los morbosos sienten orgasmos cuando están cerca de la víctima.
Primero, pasaron los muchachos arrastrando la camilla hacia la ambulancia. Detrás de ellos, mi hermana y yo, caminamos a traves del corredor humano que habían hecho los vecinos chismosos, como esos que se arman cuando sale la novia de su casa, por última vez soltera, para ir a la iglesia a celebrar su matrimonio. Solo faltaron los aplausos y el arroz...

Dentro de la casa, Marlene y el cura echaban a los espíritus intrusos mientras el albañil, siempre con la maza en la mano, seguía esperando indicaciones de cómo seguir la cosa.

Lo que siguió, fue la noche más bizarra de mi vida, que ya relaté (acá), alguna vez.

Ese día aprendí que se puede estar muy, muy, muy triste y sin embargo tener ganas de reír...
junio 04, 2009
El lector
Quienes hayan visto la película ¨El Lector¨ no podrán impugnar mi opinión acerca de que el argumento es una gran tijera afilada con la que se puede cortar metros y metros de tela. Hay varios temas que coexisten en el guión: el papel de la obediencia debida en la Alemania nazi; el debut sexual de un pendejo de 15 años con una mujer que lo dobla en edad y la extraña relación que mantienen durante un buen tiempo; el amor; el orgullo; la soberbia; la vergüenza propia y la ajena; la solidaridad; la compasión;el estupro; los secretos que se llevan a la tumba...

Resulta necesario que sintetice, a mi modo, qué cuenta la película "El Lector" y qué se ve en sus escenas, para que, quienes no hayan tenido noticias sobre ella, comprendan por qué sucedieron los hechos que quiero relatar en el post de hoy.

La cosa gira en torno de una mina de mediana edad, secota, adusta, intrigante, antipática, malhumorada que enloquece a un pobre adolescente, dándole masa y masa a cambio de que antes, durante o después del acto sexual, éste le lea libros.
La jovata y el púber aparecen, en varios cuadros, desnudos, toquetéandose, bañándose, probando posiciones, siempre, con un libro como elemento condicionante para que haya fuqui fuqui.
Es que la mujer era analfabeta, además de analfabestia y, con el cuento de ¨me gusta cómo me lees¨, obligaba al pibe a leerle durante horas pagándole con sexo y él, que estaba achicharrado por tanta calentura, le leía hasta la guía telefónica con los números incluídos porque sabía que después, ligaba.

La Escuela enseña

Eliana es la mamá de una compañerita de Valu. Ella es maestra diferencial y enseña en una escuela de nivel primario estatal a personas que van desde los catorce a los cincuenta y cuatro años, todos ellos, con parecidas patologías de retraso madurativo.
Si no hay otro plan curricular más importante, los viernes, en esa escuela, se reúne a todos los alumnos y se les proyecta películas con el fin de crear un espacio recreativo que a su vez, les sirva para descubrir, comprender y debatir. Por lo general, se eligen films de poco compromiso, dibujitos animados o las típicas inocentonas de Disney, cuyos argumentos no impliquen dificultades intelectuales puesto que los muchachos pueden confundirse y angustiarse mucho.

El viernes pasado, la maestra encargada de traer la película de esa semana, cayó con una novedad en la mano:

- Chicas- les dijo a sus compañeras- se me ocurrió traer ésta, que dicen que es buenísima. Se llama El Lector y se trata de un chico que le lee durante toda la película a una señora que es analfabeta.
-Aha! Qué buen argumento!- exclamó otra cogoteando para ver la foto de la caja del dvd.
-Si! Brillante idea! Podemos trabajar el tema de la lectura, de la solidaridad entre quien sabe y quien no sabe leer...- opinó otra entusiasmada.

Las maestras acomodaron a los opitas frente a la pantalla y, advirtiéndoles que apenas se portaran mal, acabaría el recreo, metieron el play y se retiraron a un aula contígua para charlar sin molestar a los espectadores.
Las docentes estaban muy contentas y sorprendidas pues, los muchachos, del otro lado de la sala, se estaban comportando muy bien, en silencio y perfecto orden.

-Parece que se engancharon con la peli.
-Viste? Te dije que sería una buena idea. Ellos tienen que ver cosas un poco más exigidas! No se los puede tener a puro dibujo animado!

De pronto, Eliana, asoma su cabeza para controlar a los alumnos y descubre el descontrol. Todos, sin excepción, estaban masturbándose a dos manos y algunos, hasta le prestaban la propia a algun compañero que no daba a basto con las suyas.
Gira su rostro hacia la pantalla y comprende de inmediato el motivo de la paja en el ojo ajeno. La escena de la película era de un alto contenido erótico explícito por lo cual, corrió a desconectar de inmediato el reproductor de dvd.

-Se terminó- gritó Eliana- se terminó la proyección! Nada más que ver!

Los pibes, indignados, encolerizados, llenos de ira, pero, sobre todo, frustrados, comenzaron a expresar su rabia moviendo sillas, golpeándose la cabeza contra los respaldos duros de fórmica, pateando obstáculos y amenazándo a las docentes con que, si no continuaba la fiesta para pocos habría rebelión con efectos especiales.

No había manera de calmarlos. Los muchachos no entendían razones y las maestras comenzaron a temer por su integridad física.

-Qué hacemos? Se la ponemos de nuevo?
-Tas loca? De ninguna manera! Si es necesario, les echamos un baldazo de agua fria. Andá a buscar la manguera!- le indicó una de las maestras a otra que no paraba de llorar.

Por atrás, en el fondo de la sala, unos pocos continuaban con su tarea silenciosa prefiriendo no unirse a la turba embravecida.

-Aprendan de sus compañeros! Mírenlos; lo bien que se comportan. Deben comprender que cuando una cosa se acaba, se acaba!
-Si, pero nosotros no pudimos porque usted nos sacó la película!- acotó uno de los cincuentones revoltosos.

Las docentes, tardaron un buen rato en tranquilizar a los insurrectos quienes, por otra parte, tenían todo el derecho y toda la razón.

Menos mal que era viernes y había dos días para aplacar los ánimos, cada cual en su hogar.

En la escuela como en la vida, se aprende a fuerza de prueba y error.
Lo importante son las buenas intenciones.
mayo 27, 2009
El dia en que Valentina fue Miss Argentina
Hay días que vienen de culo...

Ayer, 26 de mayo, el colegio de supuestos capitales mormones al cual concurre Valentina, decidió festejar, en su campo de deportes, el Día de la Patria.

Hacía una semana que me habían comunicado que mi hija había sido la elegida para acompañar a la bandera de ceremonias y, desde entonces, no hice más que esperar a ese día, imaginando a mi nena entrar con la banda blanca y celeste atravesada en su pecho.

Estuve, todos estos días, sumamente orgullosa e ilusionada y esa emoción consiguió disipar por completo la gran frustración que vengo arrastrando desde el año pasado pues, en el acto de fin de ciclo, casi todos sus compañeros fueron destacados con algun premio al mejor desempeño en alguna actividad y Valu, brilló por su medianía. Muchos llevaban a sus casas un trofeo o un galardón al mejor alumno en la materia extranjera o al mejor deportista o al mas habilidoso en cuestones artísticas y mi hija no obtuvo siquiera el premio a la niña mejor peinada, con lo que me ha costado desenredarle esos rulos y producirla con unos chufos particularmente notorios. Lo único que consiguió traer, como premio consuelo, fué un diploma de egresada de salita amarilla y una tarjeta de su maestra expresando que era hermoso haberla conocido y que se la iba a extrañar, tarjeta que, por otra parte, no era personalizada ya que se la entregó a todos los demás alumnos de la salita.

Es por eso que, cuando supe que este año, justamente en el festejo del Dia de la Patria, ella sería la Miss Argentina del jardin, comencé a tener actitudes propias de una ama de casa mediocre, demostrando, presumida, mi orgullo y mi satisfacción.
Comencé atendiendo el teléfono cambiando el ¨Hola?¨ habitual por un ¨Habla la madre de la abanderada, quién es que llama?¨ y asi conseguí que todo el mundo, hasta los encuestadores que, en estas épocas electorales, joden para saber a quien votarán los bonaerenses, me felicitara.
Durante todos estos días, tampoco la reté por no querer recoger sus juguetes desparramados, ni la obligué a comer verduras y hasta le permití que durmiese en el medio de la cama grande, destapada y despatarrada, sin quejarme al día siguiente, por quedar contracturada y dolorida gracias a las posiciones extrañas e incómodas a las que me obliga a asumir por apoderarse a piacere del espacio colchonal. Lo merecía.

Todo fué, en las vísperas, felicidad y complacencia.
Con mi marido practimos los aplausos estrepitosos con que recibiríamos a la abanderada en el salón de actos, acompañados por vivas! y hurras! y ¨esa es nuestra hija, carajomierda!¨.

Una semana preparándonos para ESE momento histórico hasta que llegó...

Llevé la cámara de fotos digital que siempre me acompaña y Marcelo, la filmadora. Nos ubicamos en la cuarta fila de asientos y esperamos, agazapados, para saltar y gritar en cuanto la nena apareciera con la bandera de ceremonias. Estábamos desbocados por la alegría y no veíamos la hora de exteriorizarla.

De pronto, la directora del jardin se paró frente a todos los presentes, acercó el micrófono que ya tiene implantado en una de sus manos como una prótesis vital (nadie recuerda haberla visto jamás con las manos libres de micrófono) y comenzó a hablar. Mientras veía con el rabillo del ojo cómo mi marido se limpiaba la baba que iba cayéndole de a litros sobre sus rodillas, noté que la directora tenía un look especial en su cabello ensortijado: se le había desteñido la tintura del pelo o intentaron destacarle un mechón con un producto vencido.

-Señores padres, docentes, alumnos, vecinos, personal de maestranza, transeúntes...- cuando la petisa empieza a hablar hay que tirarle un balde de agua fria para que se calle- Debido al duelo que estamos atravesando como comunidad por la pérdida del papá de un alumno de salita verde, vamos a solidarizarnos con el dolor de la familia haciendo de este encuentro de conmemoración al día de la Patria, un homenaje a un servidor público caído en cumplimiento del deber. Es por eso, que vamos a recibir y a despedir a la bandera de ceremonias, en absoluta circunspección, sin aplausos y en silencio.

Marcelo y yo nos miramos.

- Me caaaaagoen dié!... Yo quería aplaudir a mi hija...- me dijo en voz baja mi marido, decepcionado.
-Me siento una miserable. Pobre hombre, pobre nene, pobre la esposa, pero estuve esperando una semana para esta fiesta y resultó ser un velorio. Qué suerte para la desgracia la nuestra!
-Si... qué lo parió! Una vez en la vida que un hijo nuestro es abanderado y ni sonreír se puede.
-Y bueh...después la vitoreamos en casa.
-Claro! y te aviso que pienso editar la filmación y agregarle aplausos de fondo en la parte en que entra la nena con la bandera, eh?

Hay días que vienen de culo...
mayo 14, 2009
Metiendo el perro
Podría contarlo así: "Mi amiga, encontró un perrito perdido y se ganó un soberano quilombo".
Pero vos sabés que soy larguera, cotorrera, que me gusta contar los detalles porque, creo, las cosas abreviadas pierden encanto. Es como cuando le decis "te amo" a alguien y te responde "yo también", cuando, lo que uno espera es otro "te amo", con la misma intensidad, como devolución.
Lo mejor de un relato, por más soso que sea el asunto, es todo lo que lo abraza, concibiendo imagenes, impresiones, emociones y sentires.

Decidí contarlo bien, a mi modo.

Hay personas sumamente generosas que no dudan en brindar una mano a aquellos que lo necesitan. Gladys, es una. Todos recurren a ella cada vez que precisan algo urgente. Vecinos, amigos, parientes, gente que pasa por la puerta de su casa, enfermos, indigentes, desocupados, locos... Es como si tuviese un cartel en la frente que avisa al mundo en diferentes idiomas ¨ CONTÁ CONMIGO PA LO QUE SEA QUE YO TE BANCO¨.
Siempre pienso que debería poner un 0-800-Gladys, con líneas rotativas. Ella toda es una Asociación Filantrópica sin fines de lucro viviente.
El problema es que se involucra tanto con las causas ajenas, que siempre acaba metiéndose en apuros, es decir, ayuda a resolver el contratiempo del otro llevándose el conflicto a su casa; se lo transfieren y le cagan la vida.

Viste cuando una amiga entra en crisis porque descubre que su esposo es adúltero y te lo viene a contar entre irritada y afligida? Viste que uno intenta consolar a la amiga cornuda, dándole consejos, opinando sobre el asunto y sugiriéndole qué es lo que, a nuestro criterio, debería hacer al respecto, apoyándola y sosteniéndola? Viste que, si la pareja luego se arregla y se pone de acuerdo, vos, que arrimaste el hombro, la defendiste, la contuviste, quedás como el reverendo orto, como si la culpa de la cornamente hubiese sido tuya y ambos dejan de hablarte, por haber sido comedida? Lo mismo sucede con Gladys, siempre, pero con todos y cada uno de los problemas que los demás piden que les ayude a resolver. Siempre queda pegada.

Anteanoche, regresaba a su casa con su camioneta 4x4, hambrienta y cansada luego de un arduo día de trabajo. Se detuvo ante la barrera baja de un paso a nivel del Ferrocarril San Martin, a la altura de Devoto. La noche estaba fria y oscura. Oyó el silbato del tren que, a su derecha, avisaba que pronto, quizás en unos segundos, pasaría por allí a toda máquina. Por no desperdiciar la vista, miró cualquier cosa mientras esperaba: las vallas de madera de un lado y del otro del riel, un policía que pasaba caminando más allá y, de pronto, un perrito, solo, quietito, asustado, en la mitad de las vías, a punto de ser arrollado por el tren que iba llegando.
Gladys, sin pensar en nada, bajó de su camioneta, dejándola abierta y encendida y corrió a rescatar al can, salvándolo y salvándose por un pelito de que la locomotora le besase el upite, arrancándole, con suerte, una cacha.
Pasado el peligro, miró al perro que sostenía a upa, "Ufff! Casi, casi, eh?", y lo llevó a la camioneta. Entró por la puerta del conductor, se sentó apoyándolo en su falda y, de inmediato, el perrito hizo un movimiento con su cuerpo para liberarse de los brazos de la rescatista, y se mandó al asiento trasero donde se sentó prolijamente. "Se ve que está bien entrenado!", le dijo Gladys mientras atravesaba el paso a nivel. Estacionó el auto por ahí, miró al animal y le preguntó "Qué hago con vos, chiquito? Es evidente que tenés dueño. Sos muy lindo y muy educado, sabes?¨. Era un basset, de esos que son cabezones, con orejas largas y patas cortas.
Gladys no podía llevárselo a su casa; Eli y Sarah, sus perras entrenadas para asesinar intrusos, se lo morfarían de un bocado. Además, pensó que, tal vez, algún niño estaría sufriendo, extrañándolo y que el perro tenía derecho a volver a su lugar.

Eran las once de la noche, nadie vivo caminaba por esas calles oscuras y frias. Gladys dedujo que el basset no podría venir desde muy lejos; con esas patas breves, breve debía ser el trayecto andado, asi que tomó la decisión de timbrear casa por casa, en busca de su hogar o alguien que pudiese indicarle adonde pertenecía.

En varias puertas, nadie respondió, aunque ella sospechaba que la espiaban a través de las ventanas. Siguió insistiendo, hasta que, detrás de un portón, una voz masculina la atendió con cortesía y solidaridad:

- Quién carajo molesta a esta hora de la noche? Qué quiere?
-Disculpe, caballero- Gladys es sumamente respetuosa- Encontré un perrito a dos cuadras de aquí y...
-Y a mí qué corno me importa! No tiene reloj? Mándese a mudar, desubicada!

Lejos de contrariarse, Gladys continuó con su empresa, la de encontrar a sus dueños.
Volvió a subir a su camioneta y, mirándolo por el espejo retrovisor, le prometió que haría lo imposible para ayudarlo.
De pronto, se le ocurrió ir a la comisaría más cercana. Tal vez allí...

-Buenas noches, oficial. Mire, encontré un perrito que está perdido, lo tengo en el auto.
-Y que quiere que hagamos? Que lo pongamos en un calabozo?
-No, no. Quisiera preguntarles si ustedes, quizás... Si alguien reportó la pérdida de un perro.
-Señora! En qué pais vive usted? Acá la gente viene a denunciar violaciones, robos, hurtos, cagadas a palos de los cónyuges. Cosas serias!
-Pero esto es serio, señor! El perrito está sufriendo y seguramente su dueño tambien. Para quienes amamos a los animales, las mascotas son como hijos.
-Ahhhh, bueeeno. Y por qué no hace la denuncia en Missing Children?

Gladys, salió de la comisaría decepcionada y, cuando estaba atravesando el portal, alguien desde adentro, le gritó:

-Señora! Escuche, le comenté a mis compañeros y, después de cagarse de risa, a uno se le ocurrió que podría ir a la veterinaria 24hs que está sobre la calle Beiró. Por ahí, tiene suerte y el doctor sabe de quien es.

Eran ya las doce y veinte de la noche. Sonó su celular y, antes de atender, vió que había cuatro llamadas perdidas desde su casa.

-Me querés decir adonde estás metida, Gladys?
-Estoy tratando de ubicar al dueño de un perro perdido.
-Tratando de quéeeee? Pero vos te volviste loca? A esta hora, deambulando por la calle, sola?
-No estoy sola. Te dije que estoy con un perro.
-Si, claro...perro...perro...Mirá Gla, yo no sé en qué balurdo andás, con quién estás, qué haces... lo único que te digo es que acá estamos todos preocupados por vos. Hubieras tenido la deferencia de avisar, al menos, no?

Mientras manejaba, oía los reproches de su esposo en altavoz. "Ay, bassetito...quién me manda?".

Estacionó la camioneta justo delante de la veterinaria. Bajó y tocó el timbre. Un hombre con barba la atendió detrás de una reja.

-Buenas noches. Mire, encontré un perrito cerca de acá y quisiera saber si usted lo tiene visto, si conoce a los dueños.

El doctor, le sugirió que lo bajase para verlo, porque, por temor a una emboscada, el tipo no se animó a abrir la puerta. Gladys, con esfuerzo, bajó al basset del auto tomándolo por el collar y lo llevó lo más cerca posible.

-Nop. No es paciente mio.
-Usted no podría quedárselo y poner un cartel avisando que está aqui?
-No! Esto es una veterinaria donde se atienden urgencias.
-Esto es una urgencia!
-Señora...lo siento pero no. Lo único que se me ocurre es que vaya a la comisaría y pregunte allí.
-Vengo de ahí y me mandaron para acá.
-Entonces, no sé qué decirle. Disculpe, pero tengo cosas importantes que hacer. Buenas noches- y cerró la puerta dejando a Gladys y al basset, solitos y frustrados.

"Bassetito, creo que te llevaré a casa...". Y asi lo hizo.

Al llegar, sentados en un sillón, estaban su marido, su hija y las perras, todos con cara de culo.

-Traje al perrito. Está en la camioneta
-Ah, si? Y cual es el plan? Porque, te aclaro, ni bien lo entres a la casa, Eli y Sarah lo estropean.
-Yo pensaba dejarlo en el garage hasta mañana, en que lo llevaré adonde lo encontré y buscaré a sus dueños.
-Bueno, como quieras pero te advierto que no va a ser una noche sencilla. Vos sabés cómo son las perras.

Gladys ubicó al perrito perdido en el garage, en donde le puso comida y agua. Lo acarició unos minutos para que sintiera que estaba en un sitio amigo y se fue a su cuarto, para descansar.

Las perras ladraron por horas, aullaban, rasgando la puerta que las separaba de ese olor que les indicaba que, a unos metros, un animal extraño estaba poniendo en peligro a la familia. Fueron entrenadas para eso.
El ruido, el escándalo que hacían, era desmesurado. Un vecino, llamó por teléfono asustado, preguntando qué era lo que estaba sucediendo en esa casa y si era necesario llamar a la policía.
Es que las guardianas habían enloquecido: desgarraron la tela del sillón, arrastraron las sillas con sus cuerpos enajenados, tiraron jarrones, portarretratos, candelabros... Un escándalo!

-Glaaaaadyyyyys! Mirá el quilombo que hicieron las perras! Se volvieron locas; TE volviste loca trayendo a este perro a casa! Yo sabía que esto iba a suceder! Mirá cómo quedó todo! Mirá la puerta, está totalmente arruinada! Hacé algo!!!!
-Y qué querés que haga? Me voy a un hotel con el perro?
-NO-SÉ! Fijate vos qué haces, pero hacé algo YA.

Gladys se calzó pantuflas y, sobre el pijama se colocó un abrigo. Subió al perrito a la camioneta y se fué con rumbo incierto.

Eran las tres y media de la mañana. Manejaba en segunda velocidad, tan despacio, que, cada tanto, debía embragar para que el motor no se detuviese.
¨Qué hacemos, bassetito? Viste qué lio? La casa destrozada, los vecinos molestos, mi marido enojado, las perras enloquecidas, mi nena sin dormir... Qué hago con vos?¨.

Estuvo una hora dando vueltas y vueltas hasta que, su sentido común le indicó que debía dejar al perro en el mismo lugar en donde lo había encontrado. Así lo hizo, pero claro, no sobre las vías del tren sino, en una esquina que le pareció segura.

¨Chau, bassetito. Me duele en el alma hacer esto¨, decía llorando sobre sus pantuflas, ¨Pronto va a amanecer y con la luz del día, todo será más fácil, sabés?¨. Le dió un abrazo interminable y muchos besitos en su trompa y arrancó la camioneta sin mirar hacia atrás.

Pasó lo que quedaba de la noche como el reverendo culo, moqueando y maldiciéndose, sufriendo...

A las siete y media de la mañana, mientras bebía un café, antes de ir al trabajo, sonó el timbre de su casa. Asomó su cara por la celosía y pudo ver a una pareja, de unos treinta años cada uno, parados sobre la vereda.

-Si? Puedo ayudarlos?- era raro... a esa hora...
-Si, claro que puede ayudarnos. DEVUÉLVANOS A NUESTRO PERRO!- gritó el hombre que se mostró muy nervioso.
-Señor, de qué perro me habla? Yo no tengo ningún perro acá que no sea mio- Gladys se asustó, se abatató. No estaba lo suficientemente lúcida como para responder y explicar.
-No te hagas la pelotuda! Sabemos que levantaste a nuestro perro ayer a la noche en la barrera de Beiró. Te vieron!
-Y...ustedes...cómo supieron adonde vivo?
-Eso no importa! Devolvenos el perro!- gritó la mujer, asomándose por detrás del hombro del tipo.
-No lo tengo. Yo ya no lo tengo acá. Volví a dejarlo a metros de donde lo encontré...
-HIJA DE PUTA! Hija de remil putas! Mentirosa! Qué pretendés, hacerlo guita?
-Momento. Hablemos tranquilos, les voy a explicar.
-No quiero explicación, quiero al perro! El perro!!! Quiero al perro! Ladrona!- chillaba la mina.
-No robé nada! Ya les dije que no está acá. Lo dejé en...
-OK! No querés devolvernos a nuestro perro? Ya vas a tener noticias nuestras- Y se fueron, subiéndose a un auto importado.

Hace dos días que Gladys llora y llora sin parar. Siente una mezcla de culpa, bronca, impotencia, decepción, miedo, todo junto.
El marido, cada vez que la ve, porque se la cruza en algún ambiente de la casa, le reprocha por meterse y meterlos siempre en problemas. La hija, le reprocha por tomarse las cosas de modo tan personal. El vecino, le reprocha por el escándalo de la otra noche y el de la mañana siguiente.
El perro, desde el lugar en que está, también debe estar reprochándole algo, quizás, de haberlo salvado de ser arrollado por las ruedas del tren...

Siempre es mejor hacer las cosas con algún defecto que dejar de hacerlas por temor de no alcanzar la perfección. La pífia solo quien la hace...
mayo 12, 2009
H=3b= (2b+)+(1b-)
Conseguir una cosa a la que se la pueda describir con tres adjetivos calificativos positivos, que comiencen con la letra b, es imposible. Algo jamás puede ser bueno, bonito y barato simultáneamente. Esos tres atributos resultan incompatibles entre sí pues, si algo es bonito y bueno nunca resulta barato, en cambio, si algo es barato y bonito, seguramente es berreta.

Lo mismo sucede con los hombres. Es imposible encontrar a uno que conviva con tres o más adjetivos positivos que comiencen con b.

Si un hombre es bonito y bonachón muy probablemente sea un bobo. También es utópico que un tipo bonito y billonario pueda, a su vez, ser bueno; siempre un hombre bello y burgués es un bellaco o un bribón (un hijoeputa). Asimismo, si alguien conoce algún hombre que sea billonario y bondadoso, no hay dudas, ese tipo es un bicho canasto.

A la hora de buscar un compañero para la vida, las mujeres deberíamos tener en cuenta esta fórmula-patrón irrefutable:

H=3b= (2b+)+(1b-)

Las mujeres soñamos con encontrar, desde niñas, el príncipe azul que sea portador de las tres b positivas, y si son más mejor. Nos lo inculcan, subrepticiamente a través de las publicidades de yogur o aspirinas, en las cuales, el padre de familia está representado por un tipo que pretende mostrarse bello, bueno, bacán, benevolente y blanco pero bronceado. No obstante, solo se consiguen hombres que combinen alguna de esas cualidades positivas descompensado por otras condiciones desagradables, todas con la letra inicial b.

La explicación de porqué no se consiguen hombres perfectos está en la formulita-patrón y no hay excepción a la regla. Es tan inexorable como que no existen mujeres tetonas que sean, además, inteligentes, expeditivas, ágiles y piolas (afirmación cuya fórmula es M=T>i).
El que es inmensamente bueno es boludo; el que es billonario también es básico y bandido; el bello, es un babieca o un bohemio pobretón; el bien dotado sexualmente, una brasa encendida, es baboso o bruto o borracho o un belitre o trabaja de barrendero público.

No se puede todo, chicas!, al menos, no se puede pretender conseguir todas la b positivas juntas en un solo hombre, pero, si por casualidad lo encuentran, les advierto, es bisexual.






mayo 06, 2009
Hijos y mascotas = cariño+problemas
Valentina es mujer, por lo cual, lo mejor que sabe hacer es hablar hasta por los folículos pilosos y reclamar hasta conseguir lo que se propone.

Desde hace algún tiempo viene exigiendo su derecho a tener una mascota. Ella quisiera un perrito, un gatito, un osito, un rinocerontito, una gallinita, un dengue, cualquier ser viviente que pueda acariciar y proteger.
Le expliqué una y mil veces que los animalitos son muy lindos, muy terapéuticos, muy compañeros y mimosos pero que tienen el mal hábito de cagar un rato después de comer y yo, honestamente, no tengo ganas ni tiempo de hacerme cargo de cacas nuevas y ajenas, agregándome más trabajo y más responsabilidad.
Pero la nena se ha puesto insistente, pesada con el tema y ya, después de haber agotado todos los métodos coercitivos posibles, ahora pretende convencerme suplicándome con lágrimas en los ojos y ahogando la congoja mientras, por lo bajo, susurra cosas como ¨en esta casa nadie me quiere...¨o ¨yo no puedo decidir porque soy chiquita...¨ o ¨si yo tuviese hijitos los haría feliz regalándole una mascotita. Una solita, pobrecitos...¨
Con estas maniobras de altísimo poder vulnerabilizante, podrá convencer a su papá, que con ella es un flojo o a su hermano, que es un mentecato, pero lo que esta pendeja no calcula es que yo también soy mujer y ya me conozco todos esos trucos con tacles y golpes bajos y que, como decía mi viejo, ¨cuando ella fué yo fuí y vine milquinientas veces¨.

Es por eso que, para neutralizarla, le propuse un negocio salomónico: cuando ella duerma toda la noche en su cama, sin pasarse a la grande, sin despertarme en la mitad de la noche, sin obligarme a deambular en las madrugadas, con mi almohada a cuestas, por cuanta cama, sillón o colchoneta libres encuentre para tirarme a dormir un poco, le compraré un perrito lindo y estoy dispuesta a recoger sus cacas con alegría.
La muy turra, pretendió contraofertar dando vuelta la propuesta y me formuló la misma alternativa pero al revés, "primero comprame el cachorrito y así después, duermo toda la noche en mi cama, con él".
No hubo arreglo. Dos mujeres con planteos opuestos e intereses encontrados jamás podrán ponerse de acuerdo. No hay negocio.

Un día, hace un mes, desperté con un gran sentimiento de culpa y pensé que, quizás, le estaba generando una frustración que se sumaría a las tantas que tendrá a lo largo de su vida por querer algo que no podrá obtener por diferentes razones, por ejemplo, un marido millonario y un auto descapotable. Me acordé que yo también, cuando niña, deseaba una mascota mía y que mi madre se encargaba de abortarme esos caprichos con el mismísimo argumento, el de las cacas y el trabajo extra.

Decidida a hacer feliz a mi hija, le anuncié que iríamos a comprar unas mascotas y ella radiante de felicidad, no dejaba de besarme y decirme lo linda y buena que soy (exactamente lo que yo quería escuchar).

Le compré cuatro peces, de diferentes colores y tamaños.

-Pero no lo voy a poder acariciar, mamá...
-Bueno, acariciarás la pecera que es lisita y fresquita.
-Pero yo quiero agarrarlos con la mano y enseñarles a hacer cosas...
-Yo también quisiera enseñarles a hacer cosas a vos y a tu hermano y ya ves, no aprenden nada. No se puede todo! Pero no te aflijas, Valu, vas a ver que te van a sorprender.

Nunca había tenido peces. No tenía la menor idea de cómo se deben cuidar, alimentar, limpiar, asi que lo sobrecargué de preguntas al empleado de la mascotería. Entre otras cosas, aprendí que si comen mucho pueden morir, que hay que cambiarles el agua de un modo particular y que, cuando están quititos es porque están durmiendo.

La mañana siguiente de haber adoptado a estos seres coloridos y silenciosos, Valentina despertó más temprano que nunca, excitada porque sabía que tenía a su cargo la responsabilidad de alimentar a sus nuevos amigos. Acercó una silla al desayunador de mármol en donde ubiqué la pecera y me contó, mientras yo limpiaba el baño, que tres de los cuatro, estaban durmiendo.

-A ver cómo duermen?- dije curiosa acercándome para compartir la novedad- Uy! siiii! Es como dijo el señor que nos los vendió; está quietitos... Shhhhh, no los despertemos...

Por la tarde, cuando Valentina y yo regresamos a casa, ella del jardín y yo de callejear comprando pelotudecitas, notamos que los tres pececitos seguían en estado de inmovilidad, flotando inertes mientras que el único que permanecía despierto, se movía frenéticamente, nadando como si estuviese escapando de un depredador.

-Mami. Siguen durmiendo!
-Pero! Qué vagonetas! Movelos con el dedito a ver si los despertás.

Valentina comenzó a agitar el agua, primero con un dedo y luego con la mano entera, pero los tres mamertos no reaccionaban. Me acerqué a mirarlos bien y deduje "están muertos..." Era la primera vez que veía cadáveres de pescados fuera de la pescadería o que no estuviesen siendo sostenidos por un gancho, como trofeo, por mi viejo o mi abuelo. También había visto varias veces, fotos de peces finados en una extensión de agua contaminada, muchos, todos juntitos. Pero tres, muertos, en una pecera, jamás.
"Ay!", pensé apenada, "cómo le explico a Valentina? Quise darle una alegría y le estoy por provocar una enorme tristeza! De qué me disfrazo? Los dejo seguir flotando y continúo con la parodia de los pececitos dormilones? Pero por cuánto tiempo podré sostener tres cadáveres flotando en el agua? Y si le digo a la nena de que pertenecen a una especie a los que les gusta hacer la plancha? Y si le miento diciéndole que son noctámbulos y solo se despiertan cuando todos estamos apoliyando? Qué horror! Qué situación de mierda!

-Mamá!! Pero estos tres están muertos! Mirá, los golpeo con la cuchara de madera y no se defienden!

Cuando le confirmé su presunción, se largó a llorar. Le expliqué lo que se me ocurrió en ese momento, que probablemente, los peces habían sufrido con el cambio de agua, que habían tenido un pico de estres, que los peces son muy delicados y que quizás, extrañaban a sus compañeros de pecera y habían muerto de tristeza. Cuanto más me esmeraba en inventar los motivos, más se angustiaba Valentina, sintiéndose culpable por el perecimiento de sus tres peces.

Para darle un punto final al asunto, decidí darles cristiana sepultura y le conté a la nena que, asi como los hombres son enterrados en un pozo porque ¨del polvo venimos y al polvo regresamos¨, los peces, deben volver al agua y, por eso, es que se los debe tirar al inodoro. Ma si!
Los despedimos diciendo pavaditas tales como ¨que encuentren la felicidad en el más allᨠy ¨que en el cielo acuachento de los pescaditos no haya tiburones ni buques factoría¨ y, antes de presionar el botón de la cadena, le echamos unos caracolitos, unas conchitas que sacamos de la pecera, para que se vayan acompañados con restos de su mismo hábitat.
Es que no sabía qué hacer, cómo comportarme pues, si minimizaba la cuestión, Valentina quedaba sin explicaciones ante la pérdida de sus mascotitas y, en consecuencia, con un inmenso vacío interior en su primer contacto con la muerte en forma directa. Pero me parece que me fuí de mambo...

Ahora, cada vez que se sienta en el inodoro para hacer lo primero o lo segundo, se lamenta porque siente que está por ofender la memoria de sus muertitos apenas echados por la cañería de la cloaca.
Lo que faltaba! Que la nena, ahora, no quiera hacer sus necesidades en solidaridad con los cuerpitos desechados por el inodoro y se me constipe!

Yo sabía que los hijos y las mascotas son para problemas... Quién me manda?
abril 30, 2009
Ese lunar que tienes cielito lindo...
Nací un 27 de Noviembre de milnovecientossentcinco, en el Sanatorio Segurola de Devoto.
Quienes me vieron el primer día, aseguran que era una nena preciosa, rubiecita, una regordeta besuqueable pero...

Siempre hubo un pero desdeñoso en mi vida que logró descalificar todo lo bueno, lo útil, lo beneficioso que pudo haberme concedido la madre natura.
¨Si, es simpática, es llamativa pero le faltan tetas¨. ¨Es piola, es muy sociable pero es muy bocona¨. ¨Es expeditiva, es ágil, es enérgica pero es es muy desorganizada¨. ¨Es franca, es sincera, es confiable pero es muy irónica¨. ¨Dice la verdad pero exagera¨. ¨Hace lo que siente pero no piensa antes de hacer o de sentir¨.

Siempre el pero al que espero cuando se refieren a mi. Ya estoy acostumbrada, desde que nací...

Todos, quienes venían a ver a la recién llegada a la vida, se acercaban a la cunita de barrotes de acero y, sin haberse puesto de acuerdo exclamaban ¨Ay! Qué bonita! Pero...¨.
Los primeros ¨peros¨desaprobadores, denigradores que escucharon mis oiditos vírgenes, fueron inspirados por el lunar negro, aquel que decoraba mi cabecita, justo en el medio del nacimiento de la frente, con el cual convivo desde entonces.

Mi mamá se avergonzaba de mi defecto y su única preocupación era si quedaría demasiado expuesto al crecer.
Ella siempre cuenta que, cuando se quedaba solita conmigo, en esa habitación del sanatorio, me contemplaba durmiendo en la cunita, desde su cama, intentando esconder el lunar tras uno de los barrotes. Iba moviendo su cuello y su cabeza hasta conseguir tapar la mancha y asi poder verme como si fuese normal.

- Qué linda sería asi, sin ese coso horrible en la cabeza...- decía entre sollozos.

También, cuando me alzaba a upa u otra persona lo hacía, de inmediato, cubría mi frente con un pañuelo, una servilleta, una bombacha sucia, cualquier cosa que encontrara a mano para ocultar ese capricho de la naturaleza.
Mi madre no paraba de llorar; se sentía frustrada, culpable de haber engendrado esa especie de fenómeno de circo.
Cuando me daba la teta jugaba a ponerme su mano como techito sobre mi frente para sentir que estaba alimentando a un ser humano pero, al momento de retirarla, se lamentaba diciendo que se sentía como la loba de Rómulo y Remo, pero al reves.

Mi madre se daba cuenta de que aquellos que se me acercaban, no sacaban su vista de mi lunar negro, al que le estaban comenzando a crecer algunos pelos. Yo comprendo perfectamente lo que le sucedía a la gente, porque siempre me pasa cuando estoy frente a alguien que tiene algo que no forma parte de las caras en general, como un forúnculo o un trozo de lechuga; no puedo dejar de mirar eso, se me van los ojos. Cuando ocurría, mi mamá se defendía explicando que ese mismo lunar, en ese exacto lugar, de ese mismo color, lo tenía mi nono, el abuelo de mi padre, y que lo había heredado de él.

-Ahhhhhh...mirá qué singularidad, no? Bueno! A no decaer, Romana! La nena es sanita después de todo- exclamaban las personas como para confortarla.

Cuando fui creciendo, también me acostumbré a que los otros nenes, señalando mi frente con un largo dedo índice, preguntasen ¨Qué es eso, mamá?¨ y sus madres, los tomaban de la mano y les susurraban al oído "Callate! Después te explico, cuando yo misma pueda saber de qué se trata".

Mi gran lunar negro hoy casi ni se distingue. Sigue estando sobre mi frente y, a veces, lo convierto en flequillo, luego de un previo tratamiento especial de estiramiento y alisado porque, el muy turro, insiste en dejar nacer y crecer pelos púbicos, enruladitos, gruesitos, ásperos, rebeldes, como si fuese una auténtica cachufleta en la cabeza. Con mi marido hemos probado pero, afortunadamente, no tengo la misma sensibilidad, sino estaría siempre despeinada, impresentable.

Aunque, al principio, mi madre se avergonzara de mi deformidad, hoy se enorgullece del distintivo que llevo en la cabeza. Cuando me presenta ante alguien dice: "Esta es mi Sonietta. Es simpática ella pero...", me levanta el flequillo con la palma de su mano, cosa que odio, y continúa, "tiene este lunar negro en la frente que me hizo llorar tanto cuando era un bebé..."

Si sufrió por una mancha en la cabeza qué hubiese sido de mí si me salía en la punta de la nariz, con pelos púbicos y todo, eh?
abril 22, 2009
El cliente tiene la razón?
En Piacenza nunca pasaba nada. Todo era muy prolijito, controlado, tranquilo. Era una ciudad monótona, inapetente por falta de esos estímulos adranalínicos que son provocados por los sucesos que amenazan la tranquilidad de una ciudad.

En Piacenza los jueces del Fuero Penal, pasaban sus horas jugando a la bríscola, sacándose los mocos y pegándolos debajo del escritorio, drogándose o durmiendo siestitas matutinas echados sobre un sofá o directamente sobre la alfombra. Se aburrían porque no había casos de delitos intrincados o crímenes de difícil resolución.

A veces, algunos fiscales honestos que pretendían sentirse realizados en su vocación, inventaban causas para justificar su sueldo, sus años de estudio y para no caer en una profunda depresión ocasionada por el tiempo ocioso por falta de trabajo activo. Entonces, se aprovechaban, con la mejor de las intenciones, de parejas en crisis y atravesando la peor etapa de su relación, incitando, mediante terceras personas contratadas para tal fin, al que sospechaban más vulnerable, a atacar físicamente a su cónyuge y, con suerte, obtenían como resultado un excelente caso de crimen pasional. De esta manera, se conseguían mover algunos papeles en el Ministerio Público y hacer que sus empleados sintieran que servían para algo.

Leer diarios piacentinos era más aburrido que leer el Antiguo Testamento o la guía telefónica. Como no tenían noticias nutritivas para alimentar el morbo popular, las inventaban o exageraban algún incidente pedorro:

"CANE IRRITATO ABBAIE SINDACO DI FIORENZUOLA CHE SI SENTE MINACCIATO E CORRE 20 QUILOMETRI A PIEDE FINO SENTIRSI SICURO"

("Perro enojado ladra al Intendente de Fiorenzuola quien se siente amenzado y corre 20 Km a pié hasta sentirse seguro").



Piacenza fue siempre asi, regularmente rutinaria y los ciudadanos se dedicaban a hablar de las infidelidades barriales, de las miserias privadas de algunas familias, a criticar las cirugías estéticas de las mujeres u hombres y, por supuesto, de enfermedades y fallecimientos.

Una vez, hubo una noticia que convulsionó la ciudad y de la cual, todos hablaron espantados durante un mes.
Se trató de un episodio sucedido entre una puta dominicana y un camionero italiano.
Los carabinieros debieron correr hacia la ruta Caorsana, acudiendo a un llamado de alguien que, desesperado, pedía la intervención policial, una ambulancia y los bomberos.
Al llegar, encontraron sentado en la banquina, a un hombre malherido, ensangrentado, quien, a pesar de su lamentable estado, sentía fuerzas para maldecir e insultar a los gritos. Unos metros más allá, una mujer en evidente estado de nerviosismo, era sostenida por otros dos señores quienes intentaban evitar que siguiera atacando al hombre lastimado.
Los policías vieron un camión estacionado en una zona permitida; sus vidrios estaban astillados y la pintura de su carrocería estropeada por rayones y golpes.

Cuando pudieron hacer callar a la mujer, que aullaba malas palabras en español y al hombre, quien seguía insultando en piacentino mientras escupía sangre y dientes, pudieron comprender al fin qué es lo que había sucedido.

La puta, estaba paradita, tranquila, ofreciendo sus servicios sexuales a todos quienes pasaban por la ruta. Un camionero estacionó prolijamente a un costado y le hizo una seña con la mano y la cabeza. La mujer se acercó. Se pusieron de acuerdo en el precio que él debía pagarle y en la asistencia que ella debía brindarle. Una felatio por 10 Euros.
Al terminar su trabajo, la dominicana mostró la palma de su mano, esperando recibir el dinero pactado y asi, poder bajarse del camión para poder continuar con su labor comunitaria.

-No te pago nada porque no me gustó cómo lo hiciste- le dijo el camionero rollizo.
-Que quéeeeeeeeeeee? Que no me vas a pagar?
-No. Me lo haces de nuevo, como corresponde o no te pago nada.
-Estás loco! Si te lo hago de nuevo me vas a pagar el doble.
-Ma qué doble? Yo me amparo en los derechos del consumidor que avalan que, cuando uno no está satisfecho con el producto, deberá devolverlo o pedir que se le de otro a cambio.

La puta dominicana entró en estado de histeria. Comenzó a pegarle; el gordo se defendió dándole un sopapo. La mujer bajó del camión, presa de furia, buscó una gran piedra y atacó la chapa del rodado, abollándola y rayándola. Luego, arremetió contra los vidrios con otras piedras más grandes mientras el camionero, quien no tenía mucha elasticidad debido al sobrepeso, intentaba bajar para cagarla a trompadas y detenerla.
La puta estaba loca, colérica, enfurecida, gritaba, aullaba, bramaba, chillaba como una gallina . Tanta era su ira que se le materializó corporalmente en fuerza bruta; se le abalanzó al cliente recién apeado con tanto vigor y solidez que logró tumbarlo y reducirlo para poder castigarlo a gusto y piacere.

-Me vas a pagar! Quiero mi dinero!!!
-No te pagaré nada; quiero otra felatio!
-Figlio di puttana!
-Estafadora!
-Ladrón!
-Sucia!
-Quiero mi dinero!
-Quiero mi felatio!

La mujer continuaba golpeándolo con un gran cascote y el hombre, medio desvanecido, continuaba reclamando su derecho a no pagar por el lamentable servicio.

Al oír el griterío, las otras putas largaron de inmediato sus trabajos a medio hacer y corrieron hacia el lugar del hecho para defender y ayudar a su compañera. Por otra parte, los camioneros con sus braguetas abiertas o sus pantalones caídos, también acudieron con prontitud para auxiliar al gordo quien, ensangrentado, no paraba de repetir "quiero otra felatio!".
Gracias a ellos, quienes decidieron involucrarse, se pudo impedir que la refriega acabase en un camionericidio o un putanicidio.

En Piacenza, no se habló de otra cosa durante un mes.
Todos sacaron sus conclusiones y opinaron sobre el asunto.
Los diarios exprimieron la noticia alrededor y gracias a la cual se tocaron temas como la prostitución, la infidelidad, la sanidad, la ley de protección al consumidor, el trabajo en negro, el abuso en los precios de trabajos de chapa y pintura de los camiones, la solidaridad colectiva, el cumplimiento de los pactos preexistentes, la intolerancia hacia los extracomunitarios, el nivel intelectual de los choferes de camiones, calidad versus precio, etc, etc, etc.

No siempre cuando no hay noticias es buena noticia.
abril 17, 2009
Federico experimentó el orgullo de florearse con una madre tan joven que parecía su hermana mayor. De hecho, aún hoy, cuando nos ven juntos, aquellos que recién nos conocen, no pueden creer que seamos madre e hijo.
Valentina, sufre todo lo contrario, la pobre.

En la puerta del jardin de infantes, cuando voy cada día a retirarla, se juntan decenas de personas que se amuchan en la vereda con la misma finalidad (no de retirar a Valentina sino la de llevarse a sus respectivos hijos, nietos, parientes, etc).
Si me tomase el trabajo de clasificar a toda esa gente que se amontona en esos veinticinco metros cuadrados y debiera hacerlo por grupo de edades o por presunciones de edades, quedaría algo asi:

-madres y padres obscenamente jóvenes
-madres y padres normalmente jóvenes
-mi marido y yo
-abuelas y abuelos

Es que, nosotros dos, estamos en esa brecha en la cual, somos demasiado viejos para tener una nenita en edad de jardin pero también, demasiado jóvenes como para tener una nieto o nieta en salita celeste.

El otro día, mientras esperábamos a que se hiciera la hora en que la reja de la escuela se abra y nos entregasen a nuestras criaturas, charlaba con la mamá de una compañerita de Valentina sobre bueyes perdidos y recordábamos nuestra época de colegio secundario.
Me preguntó a cual había ido y le respondí. A continuación, me preguntó si el colegio era laico o religioso y le respondí. Luego, me preguntó si era mixto y también, le contesté. Inmediatamente, llegó esa pregunta, la cual sabía que llegaría indefectiblemente y que resultó ser, como esperaba, un cagacazzo, es decir, me cagó el día.

-Y de qué promoción sos?
-Promo...? me podés repetir la pregunta?- le dije, haciéndome la boluda, cogoteando hacia la puerta del jardincito, deseando que se abra de una buena vez, para eludir la respuesta y poder gritar "Están saliendo los chicos!", agarrar a cualquier pendejo de la mano y huir rajando.
-De qué promoción. En qué año te recibiste?
-Ahhhh! Vos querés saber en qué año terminé los estudios secundarios, concretamente?- la puta puerta no se abría!
-Si!!! En qué año?
-Chentytré.
-Quéee? No te entendí.
-Chentytré- "Para cuándo la puertita de mierda?"
-Ochenta y tres?- me dijo vocalizando como una locutora de Radio Nacional- Mil novecientos ochenta y tres?
-Sé, nena! Eso dije. Me recibí en mil novecientos ochenta y tres.
-Ahhh! Mirá vos! Qué loco, no?
-QUÉ LOCO? Qué es lo que te parece loco de haberme recibido en mil novecientos ochenta y tres?- Justo en el momento en que se abría la reja y comenzaban a salir los pequeños demonios
-Terminaste en la escuela secundaria justo en el año en que nací...


Bueno, che! Qué culpa tiene una de haber nacido antes?
abril 16, 2009
Mi marido no quiere que lo mencione en este blog; no quiere que cuente nada que tenga que ver con él. Dice que si deseara ventilar intimidades abriría uno propio. Que sus asuntos personales y privados solo los comparte con amigos. Que él no está dispuesto a prestarse como "carne de cañón" para que me valga de sus historias, contadas a mi modo, dejándolo en ridículo, como hago con todo y con todos.

Ayer le pregunté si me permitía contar los últimos sucesos, que son el motivo de mi nueva diversión diaria, las que me inspiran esas bromas cargadas de ironía que tanto lo irritan, y me dijo que no, que de ninguna manera, que no era necesario; que apunte para otro lado:

-No! A ver si te queda claro? NO QUIERO QUE ME NOMBRES, ni para bien ni para mal. Contá cosas tuyas, de tu vida, de tu mundo, no del mío. NO-me-nombres!

No hizo falta que dijese una palabra de más. Comprendí perfectamente el derecho a mantener su anonimato emocional y es por eso que decidí no volver a aludirlo, pues, para que una pareja dure y funcione, antes que nada, se deben respetar las decisiones del compañero.

Él no quiere que lo mencione y, por lo tanto, el nombre propio "Marcelo" no será citado.

Dicho ésto, el post de hoy:

Tinta china

Hay uno que vive acá, conmigo, en mi casa, con el cual tengo una unión social mediante un contrato nupcial desde hace casi veintidós años, que sufre, desde hace mucho tiempo, una dolencia física bastante común. Se trata de un dolor, a veces intolerable, en la planta de uno de sus pies.

Cuando regresaba del trabajo, rengueando, luego de permanecer muchas horas sin poder sentarse un minuto, lamentándose, me imploraba unos masajitos en la zona afectada pues, aseguraba, el franeleo le mitigaba un poco el suplicio.
Un día, dicidió al fin a visitar a un especialista quien le explicó que se trataba de una inflamación en la fascia plantar, producida por "sarasasasa" (nunca entendí) y que esa afección se resolvería solo con cirugía.

De más está describir cuales son las reacciones masculinas ante la propuesta médica de un eventual tratamiento radical para solucionar cuestiones de salud.

-Ni en pedo!-dijo decidido- Ni loco me voy a someter a una operación en el pie!
-Pero si el doctor te dijo que era la única manera de terminar con ese suplicio, deberías razonarlo.
-No! En primer lugar, no quiero someterme a una carnicería y, en segundo, debería dejar de trabajar para hacer reposo y no es momento para eso.

Excusas...
El señor éste que vive acá, en mi casa, mi socio desde hace casi veintidós años, decidió que prefería una y mil veces soportar el calvario a entregar su dignidad plantar a un matarife matriculado.

Rengueando, pero con la cabeza erguida, siguió tolerando su dolor hasta que un buen día, alguien le sugirió visitar a una mujer que se dedicaba a curar, justamente, ese tipo de achaques. Y fué a verla.

-Qué es? Kinesióloga?- pregunté curiosa
-No. Es una mujer que cura con un método... excéntrico- respondió sin mirarme a los ojos pues sabía que atacaría con más preguntas incómodas.
-Qué significa "excéntrico"? Usa medicamentos exóticos? Aparatología monstruosa? Animales?
-Nop... usa... jehsjhdtintajdjdchina- y tragó saliva, preparado para lo que se le venía
-Quéeee? Tinta china? Usa tinta china??? - quise abortar la carcajada, pero no pude. Creo que hasta lo escupí de tanto reirme- Y qué se supone que hace con la tinta china?
-Pintarme el pie.

Yo no podía creer lo que estaba escuchando. Nunca algo me había provocado tanta risa. Yo reía, tosiendo, expectorando, convulsionando, casi vomitando mientras él me miraba fijamente, serio e indignado.

-Vos no podés someterte a semejante mamarracho! Vos no podés creer que una mujer, una chanta, va a resolver tu problema de inflamación de fascia, pintándote con tinta china! No podés...

Pretendió convencerme, mientras yo seguía riendo, explicándome las cualidades curativas de la tinta china. Que tiene propiedades antibióticas, desinflamatorias, que te hace más lindo, más alto y más rubio...

-Ni vos te lo creés!
-No sé... con probar, no pierdo nada.
-Sí perdés, tiempo y dinero
-Pero si no me va a cobrar ni un centavo! Solo tengo que llevarle la tinta marca Pelikan!- Otra vez, me atacó el carcajadazo. No pude contener la explosión de risa cuando me dijo que el tratamiento era gratuito. Además de chanta, esta mujer es pelotuda!

Hace cuatro días que ese señor que vive acá, en mi casa, conmigo, desde hace casi veintidós años, visita disciplinadamente a la "tintera".
Cada noche, regresa a casa, disimulando su renguera, y lo primero que hace es descalzarse y poner sus pies desnudos en posición de reposo.
Aprovecho ese momento para pispear ladinamente, cómo va llevando el tratamiento y, por lo que pude espiar, le embadurna la zona del talón con la tinta china y le escribe, cada día distintas, cuatro letras. Después de ojearle la planta del pie, corro al baño para cagarme de risa.

El muy turro ya casi ni se queja por el dolor pero para no tener que darme la razón de que se está sometiendo a una fantochada grotesca.

Pretender curarse la inflamación de la fascia pintarrajéandose con tinta china...

Prometí no mencionarlo, y no lo hice, pero si no quiere que divulgue sus intimidades, entonces que no me de letra, che!
abril 10, 2009
Parte VI (última graciadió)
De cómo Rosita ganó el título de Miss sfigata universal

Cuando la situación de Rosita estuvo blanqueada, se comenzó a organizar el operativo "filipinos come on" que consistía en estudiar el modo en que se podía traer a su familia.

Lo primero que hizo Paolo, el esposo de Anna, fué buscar un trabajo para Ramón. Rosita le había dicho que, a pesar de que lo único que había hecho su marido en su vida era ir buscar agua al pozo, destripar anguilas, juntar arroz y fornicar, él estaba dispuesto a hacer lo que sea necesario. Esas últimas palabras cayeron muy bien y fueron clave ya que, para los italianos un inmigrante debe someterse a hacer aquellas tareas que ellos no harían ni bajo tortura.
"Dispuesto a hacer lo que sea, eh?", pensó el amigo de un amigo de un amigo de Paolo, restregándose las manos y ofreció para Ramón, un puesto nocturno en una fábrica de nosequé y que era ese tipo de trabajo que solo un filipino puede hacer.

El tiempo pasaba inapelablemente y todo lo que se había conseguido hasta allí era la visa de trabajo y permanencia para la filipina y un puesto laboral para Ramón. Aún faltaban requisitos para poder traer a los niños de manera legítima; Rosita no quería exponerlos a una entrada y permanencia ilegal; su sacrificio se justificaba solo si sus hijos iban a estar mejor, no peor. Para arriesgarse a que los pesquen como inmigrantes ilegales y los lleven de regreso a patadas en el upite hasta su choza de origen, era mejor dejarlos allá, con todo lo que eso implicaba pues, al menos, estaban libres, hambrientos, roñosos pero libres. Por eso, decidió estirar la paciencia y esperar a que todo estuviese en orden y dentro de la legalidad.
Rosita será una sfigata pero no es ninguna estúpida!

Para que todos se pudiesen reunir, faltaba una casa. La ley exige una vivienda digna, con espacio suficiente para todos y eso era una verdadera utopía para una filipina que trabaja como sirvienta.

Anna y Paolo le ofrecieron su propia casa, al menos por un tiempo, para albergar a Ramón y a Jessi, a la que había que salvar de los cazadores de material nuevo para el negocio de la prostitución infantil y adolescente.

Asi fué como luego de presentar toda la documentación ante las autoridades, solictándoles el permiso para el ingreso de estos dos filipinos, cosa que demoró más tiempo y angustia que lo esperado, Ramón y Jessi, llegaron a Italia para reunirse con Rosita, luego de tres larguísimos años de separación.

Rosita, Ramón y Jessi padecían una felicidad incompleta y culposa: aún quedaban tres criaturas allá lejos, una de las cuales, no conocía a su mamá.

Supe que la inmensa bondad de Paolo y Anna parece no tener techo. Todos los días agradezco que la vida los haya metido en mi camino y estoy segura de que Rosita, también. Si creyera en los ángeles pensaría que ellos, los dos, son espíritus celestes.
Paolo y Anna ofrecieron a Rosita prestarle una gran cifra de dinero para comprar una casa a descontar de a poco, de su estipendio. Para el faltante, sacaron un préstamo bancario a nombre de los filipinos, que calificaron gracias a que exageraron su salario en los recibos de sueldo y arriesgaron la garantía de su propio palacete. Un verdadero acto de filantropía y humanidad sin ningún otro interés más que el de ayudar a esa pobre filipina que los había conmovido con su llanto desconsolado, mientras se limpiaba los mocos con el repasador de la cocina cuando secaba los platos.

A dos años de la llegada de Ramón y Jessi a Italia, ya tenían su propio departamento, humilde, viejito, a una cuadra de la estación de Piacenza, pero suyo!

En ese punto exacto fue cuando conocí a Rosita. En ese punto exacto fue cuando la senté para que me contase, con lujos de detalles, esta historia que relaté hasta aquí. Lo demás, lo ví yo misma, lo viví junto con ellos.

Hacía cuatro años que Rosita no veía a sus tres hijos varones. A Phil debió destetarlo cuando tenía tan solo dos meses, para irse muy lejos, para bien o para mal.
Presencié activamente todos los preparativos para la segunda etapa de la operación "filipinos come on".

Rosita, Ramón y Jessi, ya se comportaban como seres humanos occidentales. La nena, era sumamente dulce, dócil y disciplinada. Ramón también aunque, un par de veces, lo he pescado mirándome el culo cuando debía girar para buscar algo que estaba detrás de mi. "Pobre filipino!", pensaba yo, "que me lo mire y si quiere, que me lo toque, total, si Anna pudo hacer semejante obra de bien por qué yo debería negarme a darle una alegría?".

Cuando la casa estuvo lista y el gobierno italiano dió el ok tan esperado, los tres pibitos y su abuela partieron para Italia.

Nunca en mi vida vi ojos de madre tan asombrosamente fulgurantes! Siquiera cuando mi hijo Federico, bailaba como Michael Jackson sobre la tarima de Mama Concert, en Pinamar, y toda la gente de la playa se acercaba para aplaudirlo, he igualado ese brillo colosal que Rosita llevaba en sus ojos mientras se paseaba con sus cuatro hijos. A Phil, era como si lo conociera de toda la vida.

Qué no había hecho esta mujer para reunir a su familia y sacarlos de la miseria! Se merecía esa felicidad! Había llorado tanto, hasta ayer, hasta verlos a todos juntos y en una casa con paredes de cemento, inodoro y ventanas con persianas y mosquitero!

Rosita ya estaba en paz pero le faltaba algo todavía, una asignatura pendiente ( a este punto, tienen derecho a preguntar "Y ahora qué mierda quiere la filipina? Es insaciable!").
Quería volver a ver al resto de su familia ya que era imposible traérselos a vivir con ella.

Ya no dormía en casa de Anna; regresaba cada noche para estar con su familia recuperada después de un largo día de duro trabajo.
Con su sueldo hacían malabarismos cada mes para ahorrar unas moneditas que ponían en un frasco de Nutella vacío, con el fin de juntar dinero para visitar a sus filipinos, allá, en una de las 7107 islas perdidas en el glúteo del mundo. El sueldo de Ramón era entregado en su totalidad al banco para pagar la cuota mensual del préstamo otorgado por treinta años. Ella sabía que la paciencia y la constancia, la llevaría a cumplir su tercer objetivo, la operación "filipinos go home to visit".


Cuando comencé a relatar esta historia, decidí iniciarla explicando, antes que nada el significado de la palabra "sfigata". Quise escribirla en homenaje a Rosita, quien ganó por derecha e indiscutiblemente, el primer puesto de la Miss Sfigata Universal, con certificación de sfigatura plus, por recontrasfigata y es quien, a mi juicio, debería encabezar las Marchas del Orgullo Sfigato.

Hay personas que avanzan cinco pasos con gran esfuerzo y retroceden seis. Nunca llegan a ver el resultado de la marcha cuando miran hacia atrás y, sin embargo, siguen intentándolo, como en una cinta caminadora que no llega a ninguna parte y solo consigue cansarlas.

El 31 de marzo, recibí un mail de mi amiga Anna que decía algo asi, pero claro, en italiano:

"Sonia querida.

Desgraciadamente te escribo para darte una noticia que nos ha devastado. Rosita, después de tantos años de lucha y sacrificio, pudo volver junto a toda su familia a Filipinas, a pasar sus vacaciones, la primera que se toma desde que vino a Italia. Fueron a visitar a sus parientes.
Estaba tan feliz! Todos lo estaban.
Ramón y su hijo Josué fueron picados por una especie de insecto que no sabría decirte cual es y fallecieron después de dos días de agonía.
Rosita llegó ayer con Jessi, Mark y Phil, solitos, tristísimos y asustados.
Ojalá Dios la ayude. Qué mala suerte ha tenido esta chica en su vida!"

Y le respondí:

"Sí, Anna, es una pobre sfigata...!"
abril 08, 2009
Parte V
La absurda sensación reconfortante de saber que alguien que está peor que uno...

Mi amiga Anna padecía una rara enfermedad; tal vez, la gran depresión que estaba atravesando desde hacía un buen tiempo, había comenzado a manifestársele hacia afuera, había dejado de ser invisible. No podía moverse, tenía dificultades para hablar, casi no se levantaba de la cama. Dado que su esposo tenía un cargo importantísimo en la empresa automotriz más importante de Italia, daba el presente en su casa tan solo los fines de semana, siempre y cuando no se encontrase a miles de kilómetros por asuntos de trabajo.
Anna necesitaba una persona que estuviese las veinticuatro horas asistiéndola, cuidándola, observándola, además de limpiar su suntuoso departamento y encargarse de las compras y la comida.
Una amiga se acercó una tarde para sugerirle que contratase a una filipina que acababa de llegar a Italia, que buscaba trabajo y que no tenía adonde vivir. Era la prima de su mucama, Taga, otra filipina que hacía dos años y medio que dormía en su casa. "Chicas de confianza", le dijo para terminar de convencerla.

Rosita se instaló en el palacete de Anna al día siguiente. Llegó con un pequeño bolsito prestado con algo de ropa y los ojos hinchados por tanto, tanto llorar. No sabía hablar media palabra en italiano y tampoco lo comprendía, de modo que Anna, debió hacer un enorme esfuerzo, levantarse del sopor que la tenía entregada a la cama y, con inmensa paciencia, comenzó a explicarle con el lenguaje de las señas, cuales eran las tareas de las que debía encargarse.

Anna me contó que debió enseñarle todo, pero todo, todo, todo. A colocar la mesa, a utilizar los cubiertos, a diferenciar los cortes de carne, a cocinar, a usar la heladera, a elegir los productos de limpieza para saber cual convenía utilizar en cada sitio de la casa, a limpiarse el culo, a cerrar la puerta con llave y a girarla nuevamente, para poder destrabarla. La mandaba a hacer las compras con la listita que, por supuesto, Rosita entregaba al empleado del negocio, sin mediar palabra y sin saber qué es lo que estaba escrito allí. Todo debió indicarle.
Anna debió sugerirle que debía bañarse todos los días o día por medio, que no se preocupase por el agua, que la usara sin temor pues allí, no había pozo para ir a recogerla con baldes y que, abriendo la canilla, mágicamente el agüita fluía sin martirio. También la persuadió para que se acostumbrase a usar calzado pues, Rosita, estaba habituada a andar en patas aún por la calle.

Anna me contó que, por las noches, cuando ella estaba en su cuarto, la oía llorar con verdadera conjoga durante horas, sin parar, por lo que debía taparse la cabeza con la almohada para no escucharla y poder dormir un rato.
Anna me contó que, muchas veces, cuando cesaba el gimoteo y los lamentos, la espiaba en la oscuridad y la veía durmiendo, exhausta, abrazada a unas fotografías.

Anna me contó que, gracias a Rosita, ella pudo superar esa rara enfermedad que la tenía estacionada en su cama y su depresión pues, la llegada de una personita tan frágil, tan sufrida, tan limitada, tan desamparada, tan sola, la obligó a prestarle ayuda y, aquella situación que había convocado a la filipina a esa casa, se revirtió produciéndose un enroque de mártir/asistente. Fué una especie de zooterapia, como cuando se adopta un animal para interactuar con pacientes en la rehabilitación de diferentes patologías psíquicas.
Anna tenía dos alternativas: insistía en sostener su derecho a estar enferma y echaba a la mierda a la filipina, procurándose una colaboradora acorde a las circunstancias o se sobreponía para aupar a esa pobre sfigata...

Rosita estuvo dos años viviendo en condiciones ilegales en Italia motivo por el cual, no podía salir del país para visitar a sus seres queridos. Debían pasar, al menos, veinticuatro meses antes de que sus dadores de trabajo pudiesen blanquear su situación. Así y todo, las leyes impiden que los extranjeros importen a sus familiares directos, hasta tanto no cuenten con un sitio digno y propio para vivir, y eso, estaba muy lejos todavía.
Rosita se comunicaba con los filipinos a través de cartas, fríos sobres en donde les enviaba dinero y su inmensa tristeza.

Pasado el tiempo, Anna y su esposo, decidieron limpiar la situación laboral de Rosita para comenzar a trabajar en un solo objetivo: reunir a sus hijos con ella, allí, en la península.

A este punto, la filipina no estaba más tranquila, a pesar de que su abuelo había fallecido hacía unos meses; Jessi, había cumplido los once, pronto comenzaría a tener tetitas por lo que había entrado en la zona de peligro.

-Tengo que traer a mi Jessi, señora- le dijo una mañana a Anna en un pésimo italiano, luego de lo cual, no volvió a hablar por varios días. Pero lloraba, que es peor...
abril 06, 2009
Parte IV
(todavía recuerdan qué significa "sfigato?")

En las aldeas filipinas las mujeres nacen para colaborar con la familia en la primera infancia, para tener hijos y colaborar con la familia en la adolescencia y para seguir colaborando con la familia si llegan a la adultez y, eventualmente, a la vejez.
Si los padres quieren bien a su hija, al cumplir los doce años, comienzan a proyectar su casamiento con el mejor hombre que puedan encontrale. Es que, si para los trece, la niña no está convenientemente"ubicada" y oportunamente embarazada, es altamente probable que acabe siendo aprehendida por una red de proxenetas y termine trabajando como prostituta en zonas pesqueras o sea llevada al extranjero, cosificándola y obligándola a servir sexualmente a los degenerados en Tokio, Hong Kong, Malasia o Singapur.

Rosita zafó a tiempo de aquellos viajes sin retorno que muchas de sus compatriotas emprendieron sin aprobación y contra su voluntad, porque justo cuando había alcanzado los treinta y tres kilos, peso inferior límite que resulta única condición para la apropiación de niñas auxialiares del sexo, apareció Ramón.
Rosita aceptó casarse antes de ser cazada.

Ramón era un buen tipo, catorce años mayor que ella.
Durante los primeros años de vida conyugal, trabajó eviscerando las tripas de los pescados en una empresa que se dedicaba a manufacturar anguillas dieffenbachii. De las veinticuatro horas que tiene un día, al menos doce dedicaba a toquetear anguilas de todos los tamaños y grosores. Tan harto estaba de manosearlas, que para hacer pis, se agachaba apuntando a la letrina, como lo hacen las mujeres y las perras.
Cada noche, regresaba a su casa con dos bolsitas que resultaban la paga de la jornada laboral. En una, unas moneditas que sumaban unos 50 PHP (pesos filipinos), que equivalen a un roñoso dólar y, en la otra bolsita, las vísceras de los peces que le permitían rescatar de los tachos de basura, con las que preparaban la comida para la familia numerosa.
Todos dieron gracias a dios cuando Ramón quedó sin trabajo luego de cinco años. Un lustro con diarrea estuvieron!
Para compensar, fué a pedir un puesto de trabajo en el arrozal gracias al cual pudieron equilibrar sus organismos maltrechos, con cuatro años de constipación, a causa de una alimentación a base del arroz, que Ramón traía a casa cada noche. A los cuatro años, despidieron a todos los obreros, pues el dueño decidió dedicarse a la prostitución, negocio más rentable y menos condicionado por las temperaturas y los fenómenos meteorológicos, asi que Ramón se quedó, otra vez, de brazos cruzados y la familia sin ingresos y sin arroz.

Rosita y Ramón tuvieron dos hijos consecutivos, Jessi, Mark y, cuando engendraron a Josué, ya podían asegurar que terminaron de conocerse bien.

Una mañana, recibió la carta de su prima Taga; Rosita estaba cursando el séptimo mes de embarazo de su cuarto hijo:

"Rosita, acá en Italia hay trabajo de sobra y no de puta. Si quieres venirte, aprovecha ahora que están por viajar mis hermanos asi vienes con ellos para probar suerte. Ellos tomarán un barco hasta Djibouti, Somalia. Alli los esperarán con un camión para transportarlos hasta Tabarka, en Tunez, desde allí, una balsa los llevará hasta Kepi i Gjuhezes, en Albania, donde, harán un trasbordo a otro barquito que los cruzará hasta el taco de la bota del cual deberás cuidarte de que no te lo encajen en el culo si te descubren entrando ilegalmente.
Parten en cuatro meses. Si decides perder esta oportunidad, después no te quejes. De paso, viajas por el mundo y te tomas unas lindas vacaciones.


Tu prima Taga.


PD: Si pasás por un freeshop, traeme alfajores Havanna".

Todo esto, claro, escrito en filipino y también en filipino maldijo Rosita, por tener que dejar pasar esa gran oportunidad de salir de la pobreza pues llevaba, nada menos, que una vida en su vientre.

El parto de Phil fué presenciado por toda la familia, los veintisiete que vivían en la choza, no por ser un grupo familiar de avanzada sino, porque los mayores estaban desocupados y los menores estaban dentro, pues afuera llovía.

Rosita, estaba inmensamente feliz por el nacimiento de su nuevo retoño pero infinitamente preocupada y triste por la vida de mierda que, sabía, le estaba destinada a ese nuevo ser que ya amaba tanto.

A dos horas del parto, Rosita notó que su abuelito se acercaba al recién nacido con un frasco de mayonesa en la mano, un tenedor y un cuchillo y se dió cuenta de que esa situación de hambre extrema ya no daba para más, asi que convocó a su marido y a sus padres para comunicarles la decisión que acababa de tomar:

"Así no podemos seguir y visto que a nadie se le ocurre cómo salir de esta miseria, voy a probar si es cierto que hay otra vida mejor para todos nosotros. Me voy a Italia, en dos meses a reunirme con Taga. Ustedes deberán comprenderlo y ayudarme. Me sacrificaré hasta que me sangren las manos para poder enviarles dinero y les prometo que pronto, me reuniré, allá o acá, con todos otra vez".

Rosita partió un 15 de febrero dejando a Jessi, de nueve años, a Mark, de ocho, a Josué de seis y al pequeñin Phil, de tan solo dos meses de vida, al cuidado de su esposo Ramón y de los otros veintitres miembros de la familia, incluído el abuelo antropófago...



abril 03, 2009
Parte III

Rosita me mostró, un día, las fotos que había traido de Filipinas. Me contó que, cada noche, ya metida en la cama, las miraba, las tocaba, las abrazaba y así, se sentía un poco más cerca de sus seres queridos. Todas las mañanas, debía recogerlas del piso porque quedaban desparramadas cuando su cuerpo, ya relajado y sumido en el sueño, las liberaba involuntariamente.
Quedé impresionada con todas y, aprovechando su necesidad de hablar, evacué todas las dudas que despertaban mi curiosidad, ametrallándola con preguntas de todo tipo. No todos los días una se topa con una especie de indígena asiática, tan pintoresca, con una cultura tan diferente a la de los seres humanos.

Debo confesar que la imagen que más consiguió afectarme fue aquella que mostraba una choza de adobe y troncos y que ella presentó como su casa. Me contó que allí mismo, vivían las tres generaciones que componían su familia. No pude ver cómo era por dentro por lo que le pregunté cómo estaban divididos los ambientes a lo que respondió alzando los hombros.
En una de las fotos, había un grupo de personas de todas las edades. Eran como veinte o veinticinco. Todos eran tan flacuchentos y esmirriados que podían haber entrado en una foto carnet. Era la familia a pleno y era el último retrato tomado por Rosita, minutos antes de partir hacia Italia.

Entre las fotos había una muy llamativa: unos nenes que parecían estar jugando al fútbol, entre los que había uno, adolescente, a quien le faltaba una pierna y estaba parado entre dos ramas a modo de arco o portería.

-Y este nene?
-Es mi sobrino Reis. Le encanta jugar a la pelota pero le falta la piernita izquierda.
-Si...vi, pobre.
-Cuando juegan lo meten en el puesto de arquero, porque no puede correr.
-Y si, obvio.
-Ataja todas las pelotas que entran del lado derecho pero las que entran del lado izquierdo, siempre se convertían en gol, porque de ese lado se cae, asi que encontraron el modo de integrarlo y poder jugar todos sin dejar a ninguno afuera: los goles que entran por la izquierda, se anulan.

Se los veía tan anémicos a esos chicos, tan desnutridos que se me ocurrió pensar que, cuando arman un partido oficial, de una escuela contra la otra o del club de una de las 7107 islas contra el club de ese pueblito, cada vez que se lesiona un jugador, sería conveniente entrar con la camilla para los primeros auxilios pero también, tener preparado el ataúd afuera de la cancha. Esos chicos, en el estado en el que están, no resisten un partido completo dividido en dos partes de cuarenta y cinco minutos! Deberían adaptar el reglamento de fútbol a 45 tiempos de un minuto cada uno.
Pobrecitos! Qué vida de mierda!

-Y estos cuatro nenes? Quienes son?- Rosita comenzó a pucherear y respondió con un hilo de voz
-Son mis cuatro hijos...
-HIJOS??? Tenés cuatro hijos? Rosita... Tenés cuatro hijos?- Sorprendidísima, dejé todas las demás sobre el escritorio del negocio y me quedé sosteniendo esa foto, para poder estudiarla bien.

Sabía que Rosita había llegado a Italia hacía cuatro años y también sabía que jamás había podido volver a su pais por lo que pude deducir, in situ, espontáneamente y sin ayuda de mi marido, que hacía cuatro años que no veía a sus hijos.

Busqué una silla, invité a la filipina a sentarse, pasé del otro lado del escritorio, me senté también apoyando los codos sobre el mármol de la mesa, la miré fijamente y le dije:

-Contame todo, Rosita. Por favor, contame todo desde el principio... (sin sospechar que, algún día, tendría un blog).
marzo 31, 2009

En Filipinas, el sistema de educación debería dividirse en dos: una escuela primaria que conste de siete años, en los cuales, los niños aprendan matemáticas, historia, lengua y a sobrevivir procurándose sus propios alimentos o a soportar los largos ayunos provocados por la escasez de comida, y una escuela secundaria, con veintisiete años de estudio, en los que se dediquen exclusivamente a memorizar la geografía del país, pues Filipinas es una archipiélago constituído por 7107 islas, divididas en tres grupos que aportan 80 regiones y 79 provincias...


Parte II

Rosita tuvo la mala suerte de nacer en una de las 7107 islas que conforman el archipiélago de Filipinas, en un pueblo no muy lejos de la capital, Manila, que ni vale la pena mencionar pues, podría haber nacido en cualquier otro y su sfigatura hubiese sido la misma (además, no lo sé).

Rosita tuvo la mala suerte de nacer en el seno de una familia tan numerosa que ninguno llegaba a recordar el nombre de todos y tampoco estaban muy seguros del parentesco que había entre ellos, por lo que, alguna mujer del clan, había criado como propio al hijo de una desconocida que había llegado perdido, metiéndose en esa choza por error y quedándose a vivir allí para siempre.

Rosita tuvo la mala suerte de haber nacido en la pobreza más absoluta en donde la anormal era tener comida para todos. Ella y sus once hermanos salían corriendo siempre que la madre les pedía que dieran una mano porque sabían que no era para ayudar sino para comérsela.

Rosita tuvo la mala suerte de haber nacido y punto.

Su infancia fue muy feliz si la vemos en el contexto de los niños que no conocen otra vida.
Alternaba los juegos al aire libre con el trabajo colaborador que los chicos están obligados a cumplir desde el momento en que aprenden a asir un palito, momento oportuno para trabarles una rama entre los dedos y enseñarles a dispersar los insectos voladores.
A los seis años, Rosita y sus hermanos de seis y nueve meses, de siete años y un mes y de siete años y diez meses, eran los encargados de ir a buscar el agua potable para toda la familia. Cargaban dos baldes en cada punta de un largo palo que enganchaban en los hombros, detrás de la nuca y caminaban siete kilómetros para llegar al pozo frente al cual, se formaban filas con otros niños que habían ido a buscar lo mismo. A veces, se armaban trifulcas cuando alguno pretendía colarse, haciéndose el piola, y se armaban verdaderas batallas para las cuales, se atacaban a baldazos limpios, sin desengancharlos del palo ni los hombros, moviendo la cintura para un lado y para el otro consiguiendo bascular el arma para golpear al enemigo.
Si alguno de los niños regresaba a la choza con un hermanito menos, era gratificado por los mayores de la familia con un premio que podía ser tres días de descanso sin tener que ir a buscar el agua al pozo. Es que había, hay aún, tanta hambre, que uno menos, caído en cumplimiento del deber, significaba una bendición.

Rosita tuvo la suerte de ir a la escuela. Su madre siempre la alentaba a estudiar diciéndole "Hija, un ignorante pobre es un ignorante. Un ignorante rico es un rico. Nunca se sabe lo que te depara el destino por eso, hay que estar preparado para saber, al menos, leer el cartel de entrada y salida".
Rosita comprendió bien ese mensaje, mucho tiempo después, cuando tuvo la lucidez de aprovechar la oportunidad de su vida...
La Sfigata
Hay palabras que son irreemplazables. Serán vulgares, ordinarias, soeces, groseras, pero aún asi, son irreemplazables y necesarias cuando se quiere dar intensidad al alma de la descripción de una cosa.



En Italia, cuando se quiere decir que alguien es muy desafortunado, se suele decir, popularmente, que esa persona es un "Sfigato".


Para comprender ese adjetivo calificativo, es necesario saber que al órgano sexual femenino se lo llama burdamente "figa" y que la letra S ubicada delante del adjetivo calificativo resulta un prefijo privativo o negativo, por lo tanto, decir que alguien es un "sfigato" es algo así si en español dijésemos "es un desconchado".


No es lo mismo decir "Fulanita es una mujer con muy mala suerte en su vida" que "Fulanita es una sfigata". Si decimos que Fulanita tiene mala suerte, uno deja pasar la frase sin afectarle demasiado pues, tener mala suerte, es algo habitual, genérico y puede depender de las decisiones erradas que pudo haber tomado Fulanita, para tener esos resultados desacertados. Pero decir que es una "desconchada", significa mucho más que mala suerte, implica que, haga lo haga, el infortunio será el resultado siempre.



Parte I

Rosita

A principios de este siglo, en Italia, conocí a Rosita. Ella era, es, la sirvienta de Anna, la dueña del negocio en donde yo trabajaba y que luego resultó ser una de mis mejores amigas.

Rosita es filipina. Tendría unos treinta años y hacía cuatro que vivía en la península. Era una mujer calladita, circunspecta, exageradamente respetuosa, tanto, que se obligaba a agachar la cabeza apuntando su mirada al suelo cuando alguien, de condición social más elevada que la suya (por ejemplo, una mosca), le dirigía la palabra. Lo hacía también cuando los perros italianos le ladraban pues estaba convencida de que las mascotas de los habitantes del lugar, merecían su sumisión absoluta.
Así, precisamente, fue como le conocí la voz, luego de un mes de verla todos los días; ya había comenzado a sospechar que era muda. Estaba paseando a Ginevra, la arrogante y caprichosa caniche toy de su patrona, y se detuvo en la puerta del negocio para alcanzarme unas llaves. El can se molestó por la interrupción del paseo y se lo manifestó mordiéndole fuertemente los tobillos por lo que Rosita exclamó, al fin, un "Ay!", mientras se le deslizaba una lágrima por la mejilla, supongo que no tanto por el dolor pero sí por la humillación.

-Dale una patada en la cabeza! Cómo permitís que te haga eso esa perra de mierda?
-No, señora. Ya estoy acostumbrada- me respondió en un pésimo italiano y sin mirarme a los ojos.

Rosita me daba mucha pena pero también mucha bronca. Aunque en casa de Anna se la trataba como a una más de la familia, ella se autodiscriminaba, reduciéndose al lugar de una cosa que sirve únicamente para prestar servicios y complacer a quienes la habían acogido dándole un lugar digno para sobrevivir.

Con el tiempo, fuí ganándome su confianza y conseguí mantener charlas enriquecedoras para ambas, intentando que me sintiera una par.
Lo primero que hice fué tomarla del mentón y levantarle la cara.

-Mirame a los ojos cuando hablamos- le dije tratando de suavizar los míos para que encontrase un alma frente a la suya- No tenés que tener vergüenza, ni miedo. Soy una trabajadora como vos, una mujer como vos, como cualquiera de esas que están caminando allá afuera- acabé de decirlo justo en el momento en que pasó, caminando muy despatarrada, una dominicana que solía trabajar de prostituta en la Caorsana. Qué oportuno!
-Yo solo debo cumplir con mi trabajo- respondió automáticamente, como si hubiese tenido la frase preparada.
-Pero, Rosita, vos te comportás como si fueses una esclava!
-No soy esclava, soy sirvienta. No soy amiga ni pariente de los occidentales, soy sirvienta y cuanto más callada permanezca, más seguro es mi trabajo- Me costó un huevo entenderla. En qué mierda hablan los filipinos?

No era ninguna boluda esta Rosita! Comprendí que su mansedumbre, ese sometimiento fuera de época, era una postura para sobrevivir. La filipina, probablemente, sentía odio, asco, rechazo y fastidio pero convenía ocultarlo para pasar desapercibida.

Comencé a sospechar de Rosita; estudié sus gestos, su modo de caminar y hasta tuve el presentimiento de que Ginevra le mordía los talones para vengarse de las sendas patadas en la cabeza que ella le propinaba cuando nadie la veía, total, los perros no hablan.

Un día, pregunté a Anna si ella creía que Rosita era ángel o demonio a lo que me respondió "Ni siquiera el demonio ampara a esta criatura" y comenzó a relatarme su historia...
marzo 24, 2009
SMS (salame y más salame)
Tengo claro que no se debe hacer. Se muy bien que es invasivo, que viola el derecho a la privacidad y bla, bla, bla. Lo sé; no es necesario que alguien me lo recuerde. De hecho, después de hacerlo, no, después de hacerlo no, después de que se me clarifican las ideas y se evaporan los fantasmas, me siento culpable, ignominiosa, indigna. Además, porque no me gusta que me lo hagan y, aunque no tengo nada que ocultar, pondría el grito en el cielo, para no decir que mandaría a la putaqueloparió a quien se anime conmigo. Pero tengo esa habilidad dichosa de poder superar rápidamente el sentimiento de culpa y es por eso que siempre vuelvo a caer en la misma trastada, porque no me duele.

Pero, la verdad, es que lo hago. Me hago cargo de eso. Cada tanto, le espío los mensajes de texto que quedan registrados en la bandeja de entrada del teléfono celular de mi marido. Asumo la infracción. Quién no lo ha hecho?

Generalmente, aprovecho cuando entra al baño (deseando de que le cueste unos minutos el trámite, para lo cual, recurro a la virgencita de la constipación) o sube a su escritorio para ocuparse con algún trabajo pendiente en la computadora. Diez minutos me bastan para hacerle un seguimiento y comprobar si aquellos mensajes que han entrado fueron respondidos y cuántos de los que quedaron asentados corresponden a llamadas entrantes o salientes desde o hacia el mismo número sospechoso.

Hay una tal "Nancy" que ha conseguido generar un tsunami (o tusami, como diría mi suegro) de sombras de conjeturas.
Para empezar, una mujer honrada, no puede llamarse Nancy y, si los mensajitos de texto los escribe con palabras o frases de dudosa interpretación, más indecente resulta.

"Marce si venis ahora te entrego".

Qué le está ofreciendo a mi legítimo esposo, esta buscona rompehogares bien constituídos con hijos y plantitas en el fondo? Qué le ofrece entregar? El rosquete?
La seguí de cerca. LOS seguí de cerca...

"Tengo listo lo tuyo. Traeme más que estoy con tiempo para hacer lo q sea".

Cóooomoooo? Traeme más, dice? Estoy con tiempo para hacerlo? Para hacer lo que sea? Pero esta putarraca no tiene límites! Claaaaro! Por eso es que el fornicador infiel viene cansado y se duerme a las diez y media, los días de semana.

"Mar te mando por mi papá la cuenta. Está todo detallado salvo el último de ayer que entra para la próxima factura".

Lo manda al padre a cobrar? Qué familia de delincuentes! Y mi marido le paga? LE PAGA? Y yo lo hago gratis? Esto no es justo! La puta ésta le detalla cada una de las sesiones de indecencia? Qué bajeza! Pero mi marido es un bbbboludo! (marcando la letra b porque así es más boludo).


-Parece que tenés cuenta corriente con Nancy, eh?
-Si, claro!- me dijo distraído aunque, al segundo, cayó - Y vos qué sabés de Nancy?
-Ahhhhh!- le dije bravucona y, matona, me le acerqué a un milímetro de su cara, dispuesta a arrancarle un cachete a puros dientazos- Qué pasa? Descubrí el fato? Qué tenés para decirme? Dale! Dale! Dale! Estoy esperando! Claaaaro! Te quedás calladito porque no tenés coartada, no?
-CALLATE! Primero, alejate que me estás escupiendo la jeta. Segundo, qué se supone que está cavilando esa mente putrefacta que tenés?
-Mirá, nene. Si vos querés acabar como Freddie Mercury, por fiestero, es un problema y una decisión tuya. Pero al menos tené un poquito asi- le hice un gesto con el dedo índice y el pulgar, separándolo por apenas un centímetro- asi de dignidad y asumí que estás haciendo trampa!
-Trampa? Trampa con qué?
-Con Nancy! Y encima le pagás. Asqueroso!- Mi marido echó una carcajada estruendosa. Reía; reía; reía y tosía. Reía tanto que casi vomitó.
-Vos estás loca! LO CA! Nancy es la señora que tiene la estampería a la que mando los cortes de las prendas que llevan estampados, salame!
-Salame? Cornuda si, pero salame no, eh? SALAME NO!
-Y se puede saber de dónde sacaste esa estupidez? De dónde sacaste el nombre de Nancy?
-Se dice el pecado pero no el pecador. Me lo contó alguien que me quiere bien...- Esa nunca falla. Cuando el otro tiene cola de paja, asegurarle que hubo un buchón que lo delató, lo desestabiliza. Siempre hay un soplón que, por lo general, es soplona.
-Pero callate! Quién te va a contar? Vos debiste andar husmeando los mensajes del teléfono.- Me hice la pelotuda; es lo mejor que sé hacer. Miré para otro lado.- Es eso, no? Me revisaste los mensajes de texto?
-...
-Jodete, por meterte en donde no debés. Eso sucede a los fisgones y se potencia cuando el fisgón tiene la mente podrida. Además, me subestimas tanto como para creer que si tuviese una trampa dejaría registrados sus mensajes encendidos sabiendo que tarde o temprano podrías descubrirlos?

Las mujeres somos asi, cuánto más queremos hacernos las perspicaces más estúpidas parecemos.

A Nancy la conocí la semana pasada cuando, estando yo en el negocio gracias al cual puedo comprar mis cosméticos y pelotudecitas que tan dichosa me hacen, entró con su padre a entregar mercadería recién estampada, el remito y factura correspondientes. Si la hubiese visto antes!, no hubiese tenido la necesidad de quedar en ridículo. Obviamente, la saludé con mi mejor cara de infelí (sin zeta, porque el infelí sin zeta es más infelí), pensando que había malgastado una estrategia advirtiendo a mi marido de que le estaba fiscalizando los mensajes de texto. Soy una salame! Cornuda no, pero salame sí.

Al final, mi nono tenía razón: no vale la pena perder tiempo y energía revisándoles los bolsillos a nuestros hombres para ver qué encontramos de sospechoso, ni gastar dinero haciéndolos seguir por un detective con piloto y anteojos negros. Basta con esperar a que llegue a casa, abrirle la puerta, pegarle un buen sopapo filoso y, si se muestra sorprendido y exclama "Qué mierda te hice? Te volviste loca???!!!", sabremos que el marido está limpio, pero, si en cambio, el tipo se queda mudo, impertubable, circunspecto, apoyando la palma de su mano sobre la mejilla abofeteada, ese hombre tiene, sin dudas, una gran cola de paja.
Es el método más sencillo y económico de desenmascarar al adúltero.
marzo 18, 2009
bicipasillo
Valentina le está tomando el gusto a pedalear su bici. Se sube a ella, acomoda su culito en el asiento y atraviesa mi casa, yendo desde el living a la cocina, ida y vuelta, llevándose puesto todo lo que encuentra a su paso.

El domingo pasado, cumplí con la promesa de acompañarla a pasear por la calle, ella en su biciclo y yo caminando a su lado, atenta. Las veredas de mi barrio están en tan malas condiciones que no quedó alternativa más que la de permitirle que bajase a la calzada (podría haber escrito "asfalto" o "pavimento" pero recordé que me habían enseñado esa palabra en el colegio primario y decidí utilizarla. Quedó fina...).
No me gustaba mucho la idea de andar con la nena por la calle ya que, gracias a este país vertiginoso en el cual sobrevivimos, uno anda con miedo de todo y es imposible disfrutar de una tarde, relajado, en un espacio público, sin sentir el temor de que algo desagradable o, al menos, fastidioso, suceda y nos arruine el paseo.

Mientras ella circulaba como un aerolito, de acá para allá, feliz de la vida, con esa felicidad que disfrutan solo los ignorantes y desinformados quienes pueden divertirse sin prejuicios ni cuidados, yo desconfiaba de todo y de todos. Parecía un guardaespaldas corriendo a la par de la bicicleta, poniéndole cara de perra a todos los desconocidos que pasaban caminando o en auto por la calle de mi casa.
Ya sé que estoy paranóica; será por el exceso de información de las páginas policiales, que por otra parte cuentan la realidad. La cosa es que, mientras la nena gozaba yo sufría y pensaba "y si viene un mamado con su coche y la atropella?", "y si viene un caco y le roba la bicicleta?" "y si para robar, me da un cazote en la cabeza o un sopapo a Valentina quien, seguramente, se aferrará a su vehículo?". "y si nos cae una bala perdida?", "y si nos toman de rehenes unos ladrones que vienen escapando de la policía?"...

-Valu, vamos adentro.
-Uhh! Por qué mamá?
-Porque es peligroso estar acá afuera sin custodio.
-Pero yo me estoy divirtiendo...
-Pero yo no.
-Pero yo si.
-Yo no! Vamos adentro.
-Yo quiero andar en bicicleta!!!
-Bueno, podes andar en el pasillo del costado que es largo...- Y AHI ME ACORDÉ! La puta! Me acordé del "trauma del pasillo", aquel, que hizo que odiase a mi mamá durante tantos años y que superé (o aletargué, porque los traumas solo se superan con traumas peores), cuando obtuve mi registro de conducir y pude manejar un auto, siendo ya mayor de edad.

Mi mamá no permitía que anduviese en bicicleta por la calle. Tampoco por la vereda...
Tenía miedo, nunca supe a qué, porque entonces, no había tantos peligros en los barrios como los hay ahora. No se escuchaban casos de secuestros al voleo, ni de robos con agresión física (con suerte), ni de locos al volante que atropellaban a transeúntes y salían rajando. Pero mi mamá temía y porque ella temía restringía mi diversión para asegurarse su tranquilidad.

Mi casa era un PH, tenía entrada independiente pero estaba al fondo, en el corazón de la manzana. Para llegar, se debía caminar un largo y angosto pasillo. Ese pasaje entre la puerta de calle y la puerta de la casa, era el único trayecto que se me permitía hacer pedaleando mi bicicleta, mientras todos mis amigos, pedaleaban libres por las calles de Caseros.

Pasillo de mierda! En un rato, podía recorrerlo trecientas veces ida y trecientas veces vuelta. Iba y venía, raspándome los nudillos de las manos, contra las paredes enfrentadas que, cada vez, parecían estar más cerca.
Pasillo de mierda! Qué clase de diversión era esa, eh? Lo único que me quedaba por hacer, para no hartarme a los dos minutos de comenzar a transitarlo, era darle más o menos velocidad al pedaleo.
"Ahora voy más rápido", "ahora voy a ir tan lentamente que probaré cuánto puedo mantener el equilibrio". "Ahora pedaleo para atrás". "Ahora intentaré pedalear con las manos"... Pasillo de mierda!

Creo que hasta los quince años, ya con tetitas y menstruación, mi madre no permitió que saliera al mundo con mi bicicleta. Siempre debía meter una excusa, mentirle a mis amigos cuando organizaban una pedaleada por el barrio. Prefería decir "tengo hemorroides y no puedo apoyar el quetejedi en el asiento de la bici" que confesar la verdad: "mi mamá me deja andar solo por el pasillo".

Pasillo de mierda...

El domingo, cuando caí, cuando me di cuenta de que acababa de sugerirle a mi hija que anduviese por el pasillo de casa, ese que tengo como entrada o salida alternativa al costado, no podía creerlo. Acababa de escuchar a mi madre metida en mi cuerpo!
Cuándo comencé a sufrir esta enfermedad degenerativa? Cómo puedo estar pareciéndome tanto a ella?

Eutanasia, por favor!
Perdón, Valentina...
marzo 13, 2009
A veces me siento una hijaeputa!
Lucy, la mamá del opa, es mi depiladora oficial. No es que la haya elegido porque depile bien pues, para ser sincera, siempre que vuelvo de pelarme, debo sentarme a la luz del sol y darle una acabada a su trabajo valiéndome de la pincita de acero o la maquinita femenina, esa que nos recuerda que cada uno de los pelos del cuerpo tiene relación directa con el último tramo del recto ya que, por cada tirón, se nos frunce el "quetejedi".
Adopté a Lucy como mi service autorizada, por dos motivos: el primero, porque es una manera de ayudarla; ella es el único sostén económico de su casa y, con sus trabajitos de peluquera y depiladora, apenas si puede llegar a pagar los impuestos, comprar los medicamentos para su hijo y comer para matar el hambre, que no es lo mismo que alimentarse. Cuando voy a depilarme, siento que cumplo con la buena acción del día. El segundo motivo que me hace elegirla, y el más importante, es porque me toma como confesora y siempre que me tiene a tiro, se desahoga contándome las penurias que le hace pasar su marido, el Loco, y eso es superdivertido, sobre todo, porque no soy yo quien lo aguanta.

Estar recostada en la camilla, mientras me arranca la vida de un tirón, es una fiesta de chismes.

La semana pasada, se me puso a llorar y cada lágrima salina, iba cayendo sobre mis piernas recién depiladas, con los folículos pilosos bien abiertos y ardía como la mierda! Pero como sarna con gusto no pica, me la aguanté con tal de que largase prenda.
Me contó que el marido no trabaja desde hace años (eso ya lo sabíamos) y que, mientras ella está fuera de la casa, juntando el mango para vivir, él aprovecha para revisarle los bolsillos, los zapatos, cada uno de los huecos de la vivienda, para encontrar unos pesos escabullidos e ir a comprar cerveza o cigarrillos.
Lo que más le preocupa ese hijo tan limitado que tiene quien, durante el día, se queda al cuidado del infeliz del padre que jamás le dirige la palabra o, si lo hace, es para maltratarlo.
El loco no quiere al opa, no lo acepta. No asume que está enfermo y cree, después de treinta y pico de años, que es un malcriado, consentido y que es así por culpa de la madre.

Lucy sufre y sabe que su vida, tal como está, nunca va a modificarse. No tiene salida y si la hubiera, no tendría tiempo para probar pues trabaja treinta horas por dia, solo para sobrevivir.

Se me ocurrió preguntarle, aprovechando su necesidad de hacer catarsis, cual es la patología que padece su hijo. Yo lo bauticé "el opa" hace muchos años ya, pero no tiene aspecto de opa. Pude comprobar, la única vez que me animé a mirarlo a los ojos, que tiene un alma agitada, turbulenta. Ese cruce de miradas duró un segundo, lo que un rápido pestañeo porque, si lo mantenía por más tiempo, yo no podría estar sentada en este sillón, escribiendo un post. Tal vez parada, pero no sentada. Ya sabemos lo que sucede con los opas y las endorfinas...

-José iba al colegio. Era compañero de todos los pibes del barrio! Estudiaba en el secundario- me dijo, recordando con una sonrisa lo que fué y dejó de ser.
-Pero...era normal?- yo no sabía qué palabras utilizar para no ofenderla, después de todo, será el opa por el que me siento acosada, pero ella, es su madre.
-Siii! Todo estaba bien. Era solo un poco inmaduro, pero normal. Un día, llego de trabajar y, desde la puerta, escucho sus gritos, llantos, su pedido de ayuda. Entré corriendo muerta de susto y ahí estaba, hecho un bollito en el suelo, tapándose la cabeza con las manos.
-Qué le había pasado?
-Él dijo que escuchó unas voces que lo obligaron a hacerlo. Solo lloraba y se justificaba y pedía perdón.
-Pero qué había hecho???
-Puso una olla con agua sobre el fuego y, cuando entró en ebullición, se la tiró al perro. Lo quemó vivo al pobre... A partir de ahí todo se vino abajo. Nunca más se recuperó. Empezó a ir para atrás...para atrás...

Me confesó que la relación con su padre es insostenible desde entonces. Que cada vez que ella y el Loco discuten, el pibe se pone muy violento y, casi siempre, termina con una crisis, convulsiones y otras historias propias de su enfermedad.
Me admitió que teme que un día de estos, el chico ataque a su padre y lo mate, "vos no sabés la fuerza que tiene!", me dijo, "si le da una trompada a la pared, la perfora". Me quedé pensando en la palabra perforar y sentí un calorfrío en todo el cuerpo.

-Él se da cuenta de todo, sabés Sony?
-Cómo que se da cuenta. Él sabe que es... que es... (opa) diferente?
-Claro! Él ve a sus amigos del barrio, todos están casados, trabajan; algunos son profesionales. Todos fueron haciendo una vida normal y sufre porque sabe que nunca podrá ser como ellos.
-Mmmmhh... te lo dice?
-Si! Siempre hablamos del tema con su psiquiatra. Lo tendrías que escuchar, Sony... te pondrías recontenta!
-Por?
-Porque él le dice a la doctora que su sueño es casarse con vos, formar una familia, tener hijos. Él te adora!
-Umh....
-Sueña con vos. Te dibuja.
-Mirá vos...
-A tu marido, mucho que digamos, no lo puede ver.
-(Apa! Qué interesante...)
-Y sabés por qué no se anima a hablarte ni se acerca a vos?
-Por?
-Porque no quiere que te des cuenta de que tiene problemitas. Él cree que vos crees que es normal. Entendes, Sony?
-Sí, sí, claro que entiendo. Por eso! Creo que es mejor que siga pensando que yo creo que es normal. No te parece?
-Sí, si...mejor... mejor, Sony.
-Fijate acá, Lucy que ya me pasate la cera cinco veces por el mismo lugar de la pierna y creo que se me ve la tibia.
-Ay, si! Perdoname.
-No...está bien, Lucy. La piel se regenera...
marzo 11, 2009
La moribunda desahuciada que goza de excelente salud
Cuando la conocí, hace más de veinte años, estaba atravesando por una gran depresión debido a que su fecha de vencimiento ya estaba próxima.

"Tengo un grave problema en los pechos", me dijo aquel día en que me pidió que la acompañase a dar unas vueltas en su auto. Estacionó en cualquier calle, frente a cualquier casa y se puso a llorar apoyando su cara contra el volante. "Tengo cáncer y el tiempo contado".

Yo no sabía qué hacer, qué decir porque, qué se le dice a una persona a la que apenas conoces, que acaba de confesarte semejante fatalidad. Qué se le dice?: "lo lamento"?, qué cagada!"?, "la puta que vale la pena estar vivo"?
Como se pilotea una situación asi?

Le pasé la mano por la espalda y, acariciándola, preferí hacer silencio hasta que arrancó el auto y regresamos a su casa.
Al entrar, hizo lo posible para que los demás se enterasen de que había estado sufriendo hasta las lágrimas y, una vez que comprobó que todos la habían visto con los ojos hinchados y la nariz colorada, se metió en su habitación para seguir llorando.

Yo era nuevita ahí, hacía un mes que Marcelo me había presentado a su familia. Noté un clima enrarecido, todos estaban callados y serios. Ella llorando en la pieza y nadie se acercaba para consolarla o preguntarle qué le estaba sucediendo. Los presentes, no dejaban de mirarme asi que pensé "no creerán que yo la cagué a palos o algo asi, mientras estábamos yirando con el auto?". No sé por qué siempre tengo cola de paja.
De pronto, todos continuaron con lo que estaban haciendo, a hablar, a cantar, como si el tiempo se hubiese detenido y vuelto a arrancar, habiéndoles barrido de la memoria a cada uno, lo que acababa de suceder.

El tiempo fue pasando y ninguno, en esa familia, se comportaba como lo hacen quienes tienen un ser amado con una sentencia de muerte inaplazable. Ella tampoco, aunque a veces, aparecía con la nariz colorada y los ojos hinchados y luego, se metía en su cuarto para gemir y sollozar cerca de la puerta para ser escuchada.
"Lo sabrán?", me preguntaba yo. A Marcelo no le había contado acerca de aquella charla, aquel día, en aquella calle, en el auto. No sabía bien si debía. Era un tema tan de mierda! Pero él tampoco me hablaba sobre el asunto.
Era raro todo...

Un día, meses después, en que nos encontrábamos solas, con la mucama, en su casa, se acercó y me dijo "Tengo un grave problema", ("Otra vez sopa", pensé, "Y ahora qué?")

-Padezco una enfermedad en la sangre. Tengo una anemia galopante que va a llevarme a la tumba. Es terrible, porque ya no tengo fuerzas ni para levantar un plato de la mesa.
-Anemia? No será por el cáncer?
-Qué cáncer?
-El de mamas.
-Qué mamas? De quien?
-MMMMmmmmm!!!!- Con que por ahi venía, eh? Hipocondríaca, eh?

La lista de enfermedades terminales, adversidades, desgracias, contratiempos, averías físicas, etc, que mi suegra ha padecido en estos veintitantos años, es tremendamente extensa, pero gracias a la excelente salud que la vida le ha concedido, ha logrado sobrevivir aunque, insista en asegurar, que las acumula (o colecciona) a todas, aunque sean incompatibles entre sí.

Cada tanto, saca del closet de su cuerpo, alguna que recuerda haber denunciado tener, de acuerdo a las necesidades operativas del momento. Otras veces, agrega una que no se la había ocurrido antes y que oyó en la tele que alguien, en alguna parte del mundo, la padece.

Hace un par de días, sonó el teléfono.

-Hola?- dije mecánicamente
-ho o o o la- escuché del otro lado del tubo, una voz quebrada, como sotánica (de sótano).
-Quién es?
-Yo, soy Marta.
-Ahhh! Qué contás, Marta? Cómo estás?
-Maaaal. Muy mal. Hoy, que puedo hablar, te llamo para decirte que, el domingo, nadie se hubiese enterado si me moría, porque nadie me llamó.
-Qué te pasó?
-No te digo? Casi me muero el domingo!
-UUUhhh Qué feo es morir un domingo!
-Me agarró un golpe de presión arterial y casi me voy para el otro mundo. Y nadie se hubiese enterado!
-Siii! Cómo que nadie se hubiera enterado? Nos hubieran avisado los vecinos que había un olor feo saliendo de tu departamento o tu hijo, el que vive con vos, hubiese llamado para que alguien le hiciera algo para comer, ya que vos hacía días que no te levantabas del suelo. Y cómo supiste que era presión?
-Porque me la tomé. Yo tengo un tensiómetro y a cada rato me tomo la presión arterial a ver cómo anda.
-Pero Marta! Dejate de joder! No podés vivir tomándote la presión! Eso es una manía, una obsesión!
-Nononono; no es obsesión- estoy segura que había levantado el dedo índice y lo movía para un lado y para el otro- Mirá, si no me la tomaba ni me hubiese enterado de que tenía la presión tan alta y estaba al borde de la muerte.
-Ves?? No te hubieses enterado. Vos lo dijiste! Eso significa que estabas bien, que te sentias bien y que no corriste peligro alguno!
-No me comprendes porque sos sana. Si tuvieras mis problemas de salud, entenderías.

Le cambié de tema y charlamos un rato de otras cosas. No le gusta nada que no la compadezcan asi que el diálogo, de su parte, fue cortante y seco.

Se ve que se tomó unos días para pensar con qué me podía sorprender y volvió a llamar, asi, de repente.

-Hoo o o o la.
-Hola! Cómo estás?
-Y... en la lucha. Vos sabés que yo siempre tiro para adelante, no?
-Si. Todos lo hacemos.
-Nooo! Nonono- otra vez el dedo índice, seguro- Pero yo más. Imaginate que con este nuevo problema que tengo, igual saco fuerzas para cumplir con todas y cada una de mis obligaciones.
-Como todo el mundo, Marta!
-No, querida! Acaso todo el mundo tiene que operarse? eh? Porque te cuento que el problema que tengo en el brazo es quirúrgico y me van a tener que operar.
-Qué problema? Nunca supe que tenías un problema en el brazo?
-Ahhh! No lo supiste, porque yo jamás me quejo, pero hace mucho tiempo que tengo medio cuerpo casi paralizado por el dolor. Yo no debería hacer nada! Ni lavar los platos, ni pasar la escoba. Nada! Sin embargo, lo hago, de a poco, claro, pero sin chistar. El médico dice que cuando me abran el brazo no sabe con qué se puede encontrar!
-Mirá si se encuentra con otro brazo? Mirá si tenés una mamushka de brazos?
-No es gracioso. Yo, aunque no me queje, sufro y mucho porque me siento discapacitada.
-No, no, claro... vos nunca te quejás de nada...

Se me ocurre que aquellos que recién la conocen, deberán pensar lo mismo que pensé yo cuando me integré a la familia: "qué manga de desalmados. Pobre mujer... Ella tan enferma y los demás, como si no pasara nada..."
marzo 07, 2009
Muerte a los infames!
Cuando alguien me cuenta algo que me involucra o afecta directamente, pero antes, me hace jurar por uno de mis hijos o por Rod Stewart que jamás voy a revelar la fuente o peor aún, que jamás repetiré lo oído o leído para preservar su identidad, está encarcelándome en la peor de las prisiones.
Siento como si estuviese metida dentro de un estrecho tubo cerrado y debajo del agua (soy claustrofóbica).

Supongo que es una de las situaciones más angustiosas en las que se puede colocar a una mujer: contarle algo que la perturbe y prohibirle hacer algo al respecto, lo que se agrava mucho más cuando el trasmisor, luego o antes de clavarte la estaca, te aclara "te lo digo por tu bien". Por mi bien? Un corno! Acabas de cagarme la vida!

Una se siente como un cura quien, detrás del confesionario, escucha al confidente decir que acaba de violar a su madre (la del cura) y éste, obligado por el secreto de confesión y su investidura, no puede hacer otra cosa que sugerirle al canalla que rece unos padrenuestros, un par de avemarías y se arrepienta de sus pecados.

-... además, tenés que saber que la gorda anda diciéndole a todo el que quiera escuchar y creer que vos...
-Eso dice? Pero no es cierto! Eso es una injuria!
-Y si, pero eso dice.
-Y qué le hice yo a la gorda para que me ensucie de este modo? Yo nunca me metí con ella; por qué se mete conmigo?
-Y qué se yo! Acordate que jamás vas a contar todo lo que te estoy diciendo. Yo solo lo hago para que lo sepas...
-Si, ya sé que te juré por Rod Stewart que no diría ésto ni lo otro... Pero sabé que me estás inoculando dinamita en el tujes.
-...
-Por qué la gente se empeña en echar mierda a los demás para tapar las propias? Yo no puedo creerlo!
-Y sip. Es asi...
-Pero la gorda no era super católica y reza todos los días y le encomienda su alma a todos los santos?
-Si. Y?
-Y ya que no tiene miedo de que yo le haga un juicio por calumnias e injurias y daño moral, no siente al menos, temor por el castigo divino?
-Ya bastante castigo tiene con su complejo de inferioridad...
-No es suficiente! Ella no puede decir esas cosas! Y yo que siempre la defendí, la ayudé, la banqué, le hice la pata, le presté la oreja, le regalé mi tiempo...
-Y bueh...a veces nos equivocamos...
-Yo jamás dije ni mú sobre su vida. Siempre la respeté... Qué boluda! Me siento una tarada! Cómo pudo traicionarme de ese modo y pretender que me quede con los brazos cruzados?
-...
-Y los demás le creen?
-Nah... Muchos lo toman de quien viene y muchos ya le engancharon su jueguito esquizofrénico hace rato. Vos sabés que hay herramientas sofisticadas para descubrir ciertas fechorías.
-Pero qué hija de puta! Algo voy a tener que hacer...
-NI SE TE OCURRA! Yo te lo cuento por tu bien, para que sepas quién es quién y estés advertida.
-ELLA va a saber quien soy! Disculpame, pero no se si voy a poder cumplir con mi juramento sobre el almita de Rod Stewart. Seria la primera vez que no cumplo con una promesa. Lo siento; uno tiene la obligación de detener a los pérfidos, a los infames, a los mala leche. Esto no puede quedar asi.
-Ah! no...entonces no te cuento nunca nada más.
-Bueeeeno, está bien... Pero si un día me salta la térmica...
-Avisame, así me corro, nomás...

Dos son las estrategias infalibles para hacer que una mujer se sienta una porquería: decirle que hay otra mejor que ella y contarle un chisme que la involucre, obligándola a guardar el secreto.
Pero hay secretos que no pueden, no deben guardarse. O me equivoco...?
marzo 04, 2009
Laburás, te cansás y no ganás
En este pais es muy difícil enriquecerse en poco tiempo si no se es un político asociado con "los de arriba", y cuando digo "los de arriba", no me refiero a los del cielo (dioses, santos o angelitos) sino, a los que toman decisiones terrenales, es decir, los que tienen el sartén por el mango.

En los ochentas cualquiera hacía guita; bastaba con tener algo de viveza e inventar algún curro y la cosa caminaba sola. La gente consumía como si se les fuera a acabar el mundo, compraba sin mirar. El tema era gastar la plata.
Mi suegro, por ejemplo, fabricaba ropa de mujer, gracias a lo cual, consiguió amasar una pequeña fortuna aunque, tiempo después, de tanto amasarla, se le desintegró de entre las manos. Todo lo que hacía lo vendía como pan caliente. Recuerdo que, muchas veces, nos reíamos de los artículos terminados y pensábamos con mi marido, por entonces mi único novio, "quién mierda se va a poner esta porquería!". Sin embargo, la porquería se despachaba y hasta había que organizar un nuevo corte de la bazofia, a las apuradas, porque los comerciantes minoristas pedían más. Remeras a lunares con combinaciones de colores monstruosas (negro con rosa bebé, marrón con fucsia, pasteles con safaris), musculosas con estampados simil camuflado militar con un osito Wnnie Pooh en el medio, buzos con un rayado vertical u horizontal combinado con parches a pintitas... una estafa tácita! que el consumidor aceptaba con gusto. Cualquier grosería servía para llenarse los bolsillos de dinero.

Hoy, en cambio, no es tan fácil hacerse rico y está bien que asi sea.

Sin embargo, mi vecina, en poco tiempo, mostró un progreso económico inaudito.
Cuando regresamos de Italia, hace cinco años, contaba con su casita y un auto destartalado. De pronto, comenzaron a sorprendernos todos los días con algo nuevo: un coche para cada uno, de esos caros, soñados; moto enduro; cuatriciclos (uno pequeño, para la nena de cinco años); viajes a Europa; pilcha de primera marca; vacaciones mensuales...

-Te aviso que no vamos a estar por quince días, por si notás algo raro en casa. Nos vamos a esquiar a Las Leñas.
-Pero cómo que se van? Otra vez? Si se fueron el mes pasado?
-Bueno; nos vamos de vuelta!
-Y por qué no se quedaron allá?- le respondía yo muerta de envidia.

Cambiaron todo, hasta su mirada. Ella comenzó a caminar como si llevara un cuello ortopédico, de esos rígidos que te obligan a levantar el mentón (o, mejor, como si tuviese un palo en el culo). Él, que siempre midió unos 160 centímetros, ahora parece haber llegado al metro sesenta y cinco; supongo que el dinero hace que te vean más alto.

El otro día, nos comunicaron que se mudaban. Construyeron una casa en el mejor lugar de Ituzaingó, allí, adonde viven las estrellas de la tele y los políticos más corruptos. Nos invitaron a conocer su nueva morada.
Obligué a mi marido a acompañarme... Diosanto! Qué casa! Qué mansión! Qué opulencia! Qué rabia!
Las paredes de la vivienda son casi exclusivamente de vidrio templado y blindado.

-Uhhh! Qué trabajo vas a tener para limpiar todos los cristales!- fué lo único que se me ocurrió para tirarle abajo la moral.
-Noooo! Viene una empresa todas las semanas. Son tipos que se encargan solo de limpiar vidrios.
-Ahhh... - uno a cero- pero es muy grande la casa para ustedes tres solitos!
-Ja! Nooo, es el tamaño ideal porque pensamos tener más hijos ahora que tenemos espacio.- dos a cero.
-Che! Y no tenés miedo de vivir en un lugar tan apartado, en medio de tanta mansión?
-Tenemos seguridad privada. Contamos con alarma y cámaras hasta en los árboles. Además, está la policía montada que patrulla las veinticuatro horas. Hay tipos escondidos por todo el barrio, en lugares estratégicos, con el fin de cuidar la entrada y salida de quienes vivimos acá.-Tres a cero.
-Ohhh!... Che... con la declaración de ganancias, todo bien?
-Glup! Vení, vamos con los chicos; preparo un té...- Cien a tres! Le gané. Ahí estaba el punto vulnerable.

Por más que me rompo la cabeza y se la rompo a mi marido con preguntas sin respuestas, no encuentro el cómo llegaron hasta ese punto en una época de tanta misiadura general. Qué querés que te diga? No me cierra.
Miré hacia los cables de luz que hay en la calle de mi manzana y no encontré zapatillas colgadas a modo de señal para los consumidores de drogas; además, no creo que pase por allí el asunto.

-Marcelo, estás despierto?
-Mmmmhhh
-Mar...- me senté en la cama- qué es lo que da más guita en este pais?
-Quéee!!? Son las dos y veinte de la mañana, loca!
-Escuchame. Yo estuve pensando y, lo que da más dinero son tres cosas, la droga, la política y las putas. Estoy en lo cierto?
-Ay! No te puedo creer! En cuatro horas tengo que levantarme para ir a laburar y la sssseñora me despabila con una duda existencial!
-Y bueno! Yo tampoco puedo dormir.
-Si, pero vos, mañana podés quedarte en la cama si querés y hasta dormirte una buena siesta. Yo tengo que ir a trabajar y para eso, debo estar lúcido y descansado.
-Ese es el punto! No será que cuánto más trabajas menos posibilidades de ganar plata se tiene? No habrá llegado el momento de hacer laburar a los demás?
-Ahhh si? Y cómo es eso?- se levantó para servirse un vaso con agua mientras se sacaba el pedazo de calzón que se le había escondido entre las cachas.- Mejor que se te ocurra algo genial que justifique este desvelo.
-No... no se me ocurrió nada... eran solo preguntas.
-Un día de estos- me dijo metiéndose en la cama- vas a salir en los diarios
-Siii!- dije contenta- no que tengo ideas magníficas?
-No. En las necrológicas vas a salir...

A mi no me joden. En este pais, nadie hace guita laburando honestamente...
febrero 26, 2009
Cinco años y gratis
Este confesionario fué inaugurado el 28 de febrero de 2004. Me llevó apenas unos segundos decidir qué nombre le pondría. Sabía que cada vez que me sentara a contar algo sobre mi vida, o la vida de quienes me rodean, mis sensaciones o ideas o anécdotas, propias o ajenas, alguno de los pecados capitales estarían merodeando el relato. Es inevitable, si uno se propone abrirse y ser absolutamente sincero cuando cuenta algo, rozar con uno o varios pecados capitales, sobre todo, si el franco relator, es mujer.

No hubiese podido escribir mentiras; no hubiese durado más de una semana si hubiese querido usar este blog para hacerme "marketing" y vender a quienes no me conocen, una Sonia virtuosa, encantadora, complaciente, adorable, con una familia perfecta, una historia intachable, una vida soñada. Total, no hubiese habido modo de comprobar la veracidad de lo expuesto.
Podría haberme descrito como una hermosa mujer, llena de tetas (dos grandes o cuatro medianas), con nariz respingada y pies impecables. Podría haber fingido ser perfecta, la más inteligente, la más instruída, la más culturosa.
Pero como la finalidad de este confesionario no es la de levantar tipos o levantar mi autoestima o levantar mi cotización en el mercado o levantar mi trasero (algo, por cierto y a esta altura, ilevantable), decidí ser yo, escribiendo lo que siento, lo que quiero, lo que puedo, sin redes ni maquillajes. Es lo que hay y con eso, voy tirando, tal como lo hago cada día en la vida real, con los talones rajados por tanto andar descalza (que si te rozo con uno en el cuello, te corto la yugular), con tetas de adolescente, culo de hormiga galponera, voz de silbato de agente de tránsito y todos los defectos, las taras e imperfecciones de los que saco provecho tratando de combinar con algo de buen humor.

Estos cinco años me sirvieron para aprender, para conocer mundos y personas que jamás hubiese sabido que existen de otra manera. Hasta hoy, coseché solo satisfacciones salvo por un caso perdido y arrinconado ya en el container de la basura, de alguien que intentó hacerme daño (una vieja de mierda, hipócrita y deshonesta, que concentra todos los pecados capitales dentro de su corazón) y de la que escribiré alguna vez, contando con lujos de detalles, a mi manera, las idioteces e infantiladas a las que recurrió para que este blog quedase desierto de "amigos leales" (este concepto se lo robé a una de mis confesoras por entonces). Si no lo hice hasta hoy, fué porque todavía estoy esperando las disculpas que no llegan. Pero, por fortuna, fué el único episodio desagradable y, si lo tomo con la filosofía del "mechupaungüevo" por venir de quien vino, debo ser justa y reconocer que el resultado fué más que positivo.

Cinco años de gozo. Cinco años de placer. Cinco años de deuda que no sabría cómo pagar a quienes, a veces para cumplir, se dan una vuelta por esta casa y me dejan un cariño por cada palabra en los comentarios. Cinco años de retos, de enojos, de cagadas a pedos (usando un término bien argentino) de aquellos que, como mi suegro, me han llamado para comunicarme su disgusto por lo escrito o de mi mamá porque asegura que soy injusta con ella o las regañinas de mi marido por "ventilar" asuntos personales con tanto detalle.

El 28 de febrero de 2004 tomé la decisión compulsiva, impensada, espontánea de desnudarme tal como soy, y aquí estoy, todavía en danza, con mucho más para contar. Gratis.

Gracias por estar ahí, bancándome y haciéndome el aguante!
febrero 20, 2009
Mi marido está en casa cumpliendo con la segunda etapa de sus vacaciones, las cuales, decidió dividir en dos. La primera parte, graciadió, ya es historia.
Como no hemos podido viajar para respirar otro aire, decidimos hacer turismo in situ. Es por eso, que nos pusimos de acuerdo en que, cada uno de estos últimos quince días de febrero, haríamos todas aquellas cosas que no podemos, no queremos o hacemos con menor frecuencia durante el resto del año para lo cual, nos sentamos a negociar elaborando una lista cada uno. Una vez terminada la tarea, compararíamos las coincidencias, tacharíamos aquellas no lograban convencer al otro con ningún argumento y así, quedarían, por defecto, las actividades deseadas en común.

En lo único que coincidieron ambas listas, teniendo en cuenta que tendríamos veinticuatro horas diarias para aprovechar algún huequito libre de Valentina, libre de Fede, novia de Fede, amigos de Fede, visitas varias, llamados telefónicos, etc, fué aquella a la que yo decidí llamar "ñeque ñeque" y mi marido escribió como "fuqui fuqui", pero que en definitiva, eran lo mismo (aunque, de no ser por la cara de libidinoso y las cejas levantadas intermitentemente de mi marido al leer la opción, casi la tacho).

Es una lástima que hayamos tenido que eliminar algunas de las propuestas que se me habían ocurrido, como por ejemplo, que él lavase los platos todos los días, que él planchase toda la ropa que se iba acumulando, que él me hiciera cosquillitas con una pluma de ave en la planta de los pies todas las noches hasta que me quedase dormida.

-Vos sos una viva! Qué clase de vacaciones serían para mi?
-Ah! No sé para vos. Para mí serían fantásticas!

Otra cosa en la que coincidimos, fue en mirar todas las películas nominadas para los premios Oscar. Él, porque quiere saber a la hora de la entrega de las estatuillas, si coinciden los galardonados con sus propios favoritos y yo, para poder criticar a gusto refutando cada uno de los premios, esta vez, con conocimiento de causa. Él por una cuestión intelectual, yo porque soy asi de jodida, nomás.
Todas las películas vimos! Todas.

En la lista, cada uno podía elegir algo que hacer, independientemente del otro. Se trata de una actividad con objetivo final, aprovechando estos quince días para cumplir con una asignatura pendiente.
Marcelo decidió tomarse estos días para engordarme como a un pavo que se prepara para la Navidad. Me obliga a desayunar, a almorzar, a merendar y a cenar, con postre, como si yo fuese una persona normal y cada tarde, me obliga subir a la balanza para comparar cuánto se mueve la aguja hacia la derecha, respecto del último control.

-Yo te voy a sacar buena, a vos!- amenaza, como si ser flaca y destetada, fuese una obscenidad o un motivo de vergüenza ajena.
-Ojalá triplique mi peso y un día, cuando llegues de trabajar y no sepas si la que te recibe con un abrazo y un beso es mi vieja o soy yo. Vamos a ver si vas a estar conforme con este trabajito que te tomaste!

Yo, en cambio, decidí tomarme estos días para comenzar y terminar un libro que jamás pude leer más allá de la página cien: El Decamerón. Ya voy por la docientos trece y, si la salud me acompaña, llegaré hasta la setecientos tres sin necesidad de visitar al psiquiatra.

Uy! Disculpen; debo irme. Valentina está entretenida jugando con la pizarra y unas tizas de colores. Parece que eso la distraerá por un rato. Tal vez, sean cinco o diez minutos.
Tengo un ñeque ñeque que me está esperando...
febrero 12, 2009
Día de los enamorados
Para qué, por qué se festeja el Dia de San Valentín? Qué se supone que se debe hacer el 14 de febrero que no se hace, con el enamorado correspondiente, el resto de los días?

Yo, por mi parte, le tengo prohibido a mi marido que en el Día de San Valentin, se me aparezca con regalitos, florcitas, perfumitos y salude mirándome a los ojos y pestañeando como si tuviese conjuntivitis.
No vale hacer y decir aquellas cositas tiernas, que a uno lo sorprendería cualquiera de los otros 364 días del año, menos en esa fecha estipulada de antemano por uno o dos trasnochados de la Cámara de Comercio.
No vale llegar y abrazar a tu pareja, decirle cuánto la amás, darle besitos de esquimal, el día en que todos llegan y abrazan a sus parejas, le dicen cuánto la aman y les dan besitos de esquimal. No tiene gracia...

Ya le tengo dicho que regalitos, cualquier pelotudecita, besitos de esquimal y miradas con ojitos de miope, me los haga el 3 de Julio o el 29 de Octubre pero nunca un 14 de Febrero, cuando toda la gente, de pronto, se convierte en amante y cariñoso y balbucea bobadas como "cuchi cuchi" o "mi pipistrelo" o "ay! mi chuchuchita".
También le tengo dicho que si puede evitar los besitos de esquimal, las miraditas con ojitos de miope, mientras me acaricia como si fuese una enferma terminal y cambiar eso por un ataque sexual de improviso en el lugar menos pensado de la casa, sería mucho mejor.

Qué me tienen que decir cuándo festejar el día del amor?
Después de veintidós años de estar casada con el mismo hombre, todos y cada uno de ellos es motivo de festejo. A esta altura, los matrimonios hacen lo que los alcohólicos anónimos: cada mañana despiertan, se paran frente al almanaque y se juran "solo por hoy" y así, se va tirando.
A mí no me van a imponer un día de los enamorados! Bastante que aguanto que me impongan el día de los inmigrantes o el día de la lealtad peronista!
Y si yo tengo ganas de festejar el día de los enamorados en el día de todos los muertos? Qué? Alguien va a venir a decirme algo? Voy a ir presa por eso?

El 14 de Febrero, cuando todos los demás estén haciendo pavadas y cursilerías, yo voy a buscar la manera de asegurarme hacer todo lo contrario. Mientras todos estén riendiendo culto al día de los enamorados, mi esposo y yo, estaremos honrando el "Vaffanculo Day".
febrero 10, 2009
Algún día, Scarlet será vieja
Hay un lugar en el que me siento ostentosa, espléndida y es la oficina de la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES), el organismo oficial que se encarga de todo lo relacionado con las jubilaciones y pensiones de los trabajadores en retiro y personas con discapacidades.

Siempre que debo ir allí para hacer algún trámite representando a mi mamá, soy su apoderada, experimento la misma sensación que debe advertir Scarlet Johansen cada vez que entra o sale de algún sitio.
No es que yo sea una de esas mujeres hermosas que, cuando pasan, los hombres la ven caminar en cámara lenta, como en las publicidades de desodorante. Es que, la edad promedio de los que entran y permanecen en las oficinas del Anses, es de ciento tres años, como el Magiclic.

Ayer, me dirigí a la mesa de entrada y expliqué al empleado para qué había ido. Me dijo, muy amablemente que esperase en el sector 2 y me entregó un numerito, los mismos que se sacan del dispensador de números cuando se va a la carnicería o a la farmacia. Me había tocado el "78" e iban por el "36". Me senté a esperar mi turno.

Ya cuando ingresé al sector 2, noté que los empleados festejaban un acontecimiento que acababa de producirse: alguien joven, perfumado, erguido y caminando a un ritmo regular, sin ayuda de bastón, palo u acompañante, había entrado a las instalaciones de la entidad oficial. Ese acontecimiento, era yo.
Noté que había algunas diferencias en el trato hacia mi persona respecto al trato que tenían hacia los demás clientes.
En primer lugar, apenas apoyé mi pandero sobre la silla de la sala de aguante, un empleado me gritó estirando su cintura por detrás del mostrador:

-"Pasá, pasá".- Pasé.
-Caballero...?- avanzó una señora que llevaba puesto un turbante en el marote haciendo flamear el numerito que tenía entre los dedos artríticos- era mi turno. La señorita llegó recién y yo hace más de media hora que estoy esperando.
-Ya la van a atender, señora! Espere sentada.
-Por qué no respetan los números?
-SEÑORA!- le advirtió el muchacho con los dientes apretados- la chica ya vino tempranito esta mañana y salió a hacer unas fotocopias. Asi que solamente está continuando con el trámite que había ya comenzado. Espere por favor. Y si tiene alguna queja, vaya y hable con el gerente.
-Y dónde está el gerente?
-Ve ese pasillo? Al fondo.

El pasillo tenía un kilómetro de largo y la mujer del turbante, se quedó unos segundos mirando la lontanza. Supongo que habrá hecho la cuenta del tiempo que le llevaría llegar hasta allí y pensó que, probablemente, perdería su turno sin hacer negocio alguno, asi que volvió a sentarse resignada.

Me sentí muy mal, a pesar del halago. Giré, miré a todos esos viejitos con todo el tiempo adentro pero demasiado poco afuera, miré al empleado baboso y le dije, en voz baja "Eso no está bien. Vos y yo, alguna día, vamos a ser viejos", y me senté en el mismo sitio que había dejado vacante. El hombre, humillado, hizo un gesto de "andá a cagar" y llamó al número 37. Pasó la señora del turbante.

Mientras esperaba, me puse a observar. Todo.

Decenas de viejitos sumisos, sentados por todas partes aguardando a ser atendidos. Todos, querían ocupar la primera fila de silla, aquellas que se encuentran cerca de los escritorios pues, cada vez que un empleado gritaba el número del turno que tocaba, lo hacía de modo que lo oían solo los privilegiados que cuentan con un audífono de la Nasa. Al no ver movimiento de alguno que se hiciera cargo del llamado, el empleado, rápidamente, pasaba al siguiente número y asi, cuando estaban por el 60, por atrás aparecía un viejo sacudiendo su numerito al grito de "Yo tengo el 49! Cómo que van por el 60?".

Para entretenerlos, dispuestos estratégicamente por el gran salón, hay unas pantallas planas colgando del techo. El film elegido para distraer a los viejos, es de otros viejos haciendo trámites en otras sucursales para poder cobrar la pensión o la jubilación. "Poneles el noticiero o el National Geografic o a un pastor evangelista o al Papa, pero no los deprimas con esta bazofia, hijodeputa!", pensaba yo odiando al titular del Anses y a todo su equipo.

Más allá, unos empleados cuchicheaban frente a un monitor de computadora; se reían y parecía que estuviesen compartiendo algo de internet porque la que estaba sentada al mando del ratón, decía "...y miren ésto...y ésto...." Trabajar, no trabajaban. Mientras tanto, los viejos y yo, seguíamos esperando a que la cosa camine.

Los viejos afortunados que habían sido llamados en su correspondiente turno, duraban diez minutos sentados frente al empleado pues, luego de las explicaciones de rigor que lo habían llevado hasta allí, eran mandados a sacar fotocopias, a dos cuadras de la oficina. Mientras tanto, mientras el geronte iba y volvía con los duplicados, el empleado lo esperaba en su puesto, comiendo galletitas o hablando por teléfono con un amigo, sin que ocurriese el milagro de que, al administrativo se le pasase por la cabeza llamar a otro cliente para ir adelantando turnos. "Pero meté una fotocopiadora, hijodeputa! No podés mandar a los pobres viejitos a caminar después de haberlos hecho esperar horas acá adentro! No se puede ser tan desconsiderado!", pensaba yo, aumentando mi odio hacia el titular del Anses y a sus secuaces.

Más de un viejito se retiró sin haber comprendido ni media palabra de lo que el empleado le había dicho. Más de uno se fué sin haber podido acabar con el trámite. Más de uno, perdió su escaso tiempo en una espera fastidiosa solo para una cuestión que llevó no más de cinco minutos frente al mostrador.

Mientras esperaba, observé todo y me dolió.

Cuando debo hacer un trámite en Anses, me siento espléndida, me siento Scarlet Johansen en medio de tanto viejito pero también pienso en que algún día, seré uno de ellos porque Scarlet también se pondrá vieja y será descartable...
febrero 03, 2009
De gestos y ruidos
Si me cortaran los brazos quedaría muda. No sé qué haría sin ellos; no podría explicar nada, relatar nada y mucho menos describir nada oralmente.
Acompaño cada una de las cosas que digo con el movimiento de mis manos y mis brazos que resultan una gran apoyatura para mi discurso y, muchas veces, hacen de pié para que una palabra o frase que no recuerdo, al verla representada en la gesticulación, inmediatamente se me despegue de la punta de la lengua o, lo que me da más felicidad, pueda ser leída, en el manoteo, por mi interlocutor, adelantándose a nombrarla.
Mis miembros superiores hablan como los de la señora que aparece abajo, a la derecha, en el noticiero oficial, que les va traduciendo a los sordos aquello que el locutor va diciendo. La única diferencia es que ella puede darse a entender sin emitir sonido, en cambio yo, uso mis brazos para complementar y suplementar lo que hablo.

No podría decir nada sin mis brazos pero tampoco podría comunicarme con los demás si me prohibieran hacer ruiditos con la boca. Ésto, lo descubrí hace un par de semanas, cuando debí llevar a Valentina al médico porque, nuevamente, había comenzado con esa tos que nos desvela y preocupa a todos.

-Doctor, los pulmoncitos le hacen "brrr...brrrrr...brrrr"
-Ahá.
-Y, cuando se ahoga, en el momento crítico del broncoespasmo, respira haciendo "ajjjjgggrrr...ajjjjjgggrrrr"
-Ahá? Qué buena descripción! Vamos a agregarle un medicamento porque me temo que...

Cuando salí del consultorio me sentí satisfecha y orgullosa pues, mi descripción onomatopéyica, sirvió para que el galeno pudiese diagnosticar un síntoma que, en ese momento, no se presentaba. Obviamente que, si en mi lugar, hubiese ido mi marido, el doctor jamás hubiera conocido aquel importante detalle ya que sería incapaz de onomatopeyizar nada, por miedo al ridículo.

Comencé a prestarme atención y me sorprendí de la variedad de ruiditos que estoy dispuesta a imitar frente a un entendido en algo, para conseguir que deduzca la señal que ese rumor está dando.

*Al mecánico del taller de autos:

- ...solo cuando giro el volante hacia la izquierda, hace "trac trac" pero se oye detrás.
- La omocinética!

*A mi médica clínica:

-...acá, en esta zona, me hace "brum...brummm"
- Gases!

*Al técnico del lavarropas:

- hace un "pac", seco. "Pac. Pac..."
-El aro de un corpiño enganchado en el tambor.

*Al servicio técnico telefónico:

- El tono ahora ya no me hace "piiiiiiii"; ahora hace "piii....piiii...piiii".
- Es por el Adsl, señora.

*A mi marido, a la noche:

- Escuché un ruido! Un "bum! bum!" en la puerta de calle.
- Un chorro!!!!!!

Si me ataran los brazos y me prohibiesen onomatopeyizar los soniditos cotidianos, moriría de depresión. No encontraría modo de explicar nada. Se acabaría el diálogo; no habría manera de transmitir oralmente un hecho. Incluso, cuando me siento a escribir en este espacio o hago la lista del supermercado, también gesticulo, apoyándome en mis ademanes como si mis brazos y manos, fuesen un diccionario de sinónimos.

A causa de este hábito o vicio, según el resultado, el ferretero cree que le tiro onda y, cada vez que me ve, arquea las cejas, apoya un solo codo en el mostrador y me recibe con una gran sonrisa.
Mi marido me mandó a comprar un adaptador a rosca macho de metal. En el camino, por supuesto, olvidé el nombre pero no la forma del objeto, la cual, antes de salir, me describió con lujo de detalles. Al llegar a la ferretería, con absoluta naturalidad, miré al vendedor y le dije:

-Ay! Usted me tiene que ayudar! Es que me olvidé de cómo se llama; mi marido me lo dijo una vez, pero no lo recuerdo.
-Dígame de qué se trata.
-Necesito un... un...- y, mientras tanto, mostraba mis dedos pulgar e índice en "U", separados por quince centímetros.
-Ajá...qué interesante!
- Es el coso ese que tiene...- uní las puntas de los cuatro dedos de mi mano izquierda con la punta del pulgar, intentando formar un cilindro mientras que, con la otra mano hacía el ademán de enroscar y desenroscar algo en la parte superior- que sirve para meter... Lo único que recuerdo es que es macho.
- Mire usted! Siga, siga...
- Es para enchufar la punta de la manguera- hice un círculo con dos dedos de una mano e introducía en el centro el índice y el medio, figurando hacer fuerza para que entre- en el coso éste que no me acuerdo cómo se llama.
- Bueno... si yo le digo qué es lo que interpreté de su explicación, se puede enojar, linda.
- Mejor, vuelvo a casa y que venga mi marido. Después de todo, quien necesita el coso ese, es él.
- En ese caso, veremos si lo puedo ayudar...

Luego de ese mal entendido, cada vez que voy a comprar a la verdulería del boliviano, me anoto en letra con imprenta, clara y grande, la lista de lo que necesito. Sobre todo si, entre las verduras, preciso berenjenas o zucchini...
enero 27, 2009
Noticia bomba
Este año, Marcelo se autoasignó un mes de vacaciones que dividió en dos partes: mitad en enero y mitad en febrero.
Si bien viajar para descansar en otro sitio que no sea la propia casa, es siempre mejor en el primer mes del año por diversas razones (meteorología, etnias, ambiente, calaña, etc), nosotros elegimos irnos a mojar las patas en alguna porción del mar, en el mes de febrero, pues consideramos que, vacacionar cerca de la mitad del año, es como ganarle al cansancio, cortarlo al medio y pareciera que uno comienza el período laboral cuando ya han transcurrido algunos meses. Es decir, en pocas palabras, es una manera de engañar al almanaque de la saturación. Es algo así como tomarse un yogur descremado un rato antes del almuerzo para que, cuando uno se presenta ante la comida del mediodía, no se abalance como una piraña sobre las piernas de un pobre bañista descuidado.

Mi marido ha tenido un año duro de trabajo y acumuló suficiente estres como para comprenderlo cuando, en la mitad de la noche, despierta gritando cosas como "las mujeres y los niños primero!" o "esa mujer rubia y de tetas extraordinarias me acosa y no entiende que estoy felizmente casado!".
El pobre no da para más...

Hace diez días que lo tengo en casa, disfrutando de esta especie de tentempié, esperando a que llegue febrero para tirar la chancleta, calzarse el traje de baño (el que deberé ayudarle a sacar cortándoselo con una tijera), inflar el patito y lanzarse hacia las olas de un frío y oscuro Atlántico.

Hace meses que venimos juntando los pesitos para ese momento tan ansiado como necesario.

-Esto es para las vacaciones.
-Uy! Qué bueno! Treinta pesos más!
-No; son treinta y dos.
-Treinta y dos pesos más! IUPI!!!

Cada centavo representaba un pasito más que dábamos en el camino al descanso. El trayecto se hacía más y más corto. Ya estábamos casi, casi allí. Ya podíamos oler el efluvio marino. Ya podíamos tocar los caracoles con la punta de los dedos. Hasta ayer, en que nos desviaron de la ruta interbalnearia para dirigirnos al punto de partida de este auténtico juego de azar, que es la vida.

El agua de la piscina estaba caliente, había estado haciendo demasiado calor y quisimos refrescarla un poco. Abrimos el grifo, activamos la bomba sumergible, esa que está a setenta metros por debajo de nuestros talones y esperamos a que el chorro desembocase en la pileta.

-Sonia!!!!! Apagá!! Cortá la bomba!!! Cortá, cortala ya!!!- los gritos de desesperación de mi esposo legítimo, me preocuparon y corrí, rápidamente, a cumplir con su pedido.
-Qué sucedió? Por qué ese griterío?
-No ves? No tira agua; tira arena! Arena pura!

Era cierto. De pronto, el agua cristalina había quedado dividiva por una franja oscura que se iba precipitando hacia el fondo. Era como un fantasma que había salido de la boca del caño y ahora nadaba en la mitad de la piscina, intentando bucear.

-UUuuuhhh!- exclamé con cara de idiota, la única que me sale cuando no entiendo qué está pasando- Y ahora?
-Ahora nada, Sonia! Ahora hay que cambiar la bomba sumergible de mierda! No sé si es el encamisado, el pozo que se desmoronó o el aparato que se rompió.
-UUhhh! Esto sí es una verdadera noticia bomba! Eso significa que me van a arruinar el jardín?

Marcelo, me miró y descubrí en sus ojos un sanpakú que antes no tenía.

-Eso implica que deberemos llamar a un pocero que arruinarán el jardín y nuestras vacaciones.
-Por qué las vacaciones? Acaso les llevará un mes arreglar el asunto?
-No, tonnnnnta!- haciendo hincapié en la letra ene lo que, para él, significa muy tonta- les llevará un dia, pero todo el dinero que teníamos ahorrado! Tenés idea del costo de ese trabajo?
-Deberíamos exigir a la Municipalidad que lo pague. No es culpa nuestra no tener agua corriente como tienen los seres humanos dignos.

Otra vez, me dirigió la mirada con sanpakú, más sanpakú que nunca, esta vez, con el tema de la película Tiburón de fondo musical, asi que decidí alejarme y desaparecer dando por terminada la conversación. Instinto de supervivencia, que le dicen.

Nos quedamos sin mar. Nos quedamos sin patito inflable. Nos quedamos sin arena, sin cambio de aire, sin cambio de escenario. Eso significa que Marcelo, pasará su otra mitad de las vacaciones, otra vez, en casita y el sanpakú está empezando a aparecer en mi mirada.

En medio de su enojo con la vida y sus circunstancias, me pidió un favor:

-No se te ocurra contar este episodio en tu blog, eh? No es gracioso!
-No, no, no! Claro que no- le respondí obediente...
enero 21, 2009
El barrio de los deformes
El lunes, mi amiga Ginger y yo, nos reunimos a tomar un refresco en un bar, en el barrio de San Telmo. Nos acompañaron Julia, su hija y Valentina, la mia.
Hacía mucho calor asi que elegimos sentarnos en una mesita afuera, sobre la vereda de la calle Perú.
Siempre aseguré que no hay nada más educativo que sentarse en la mesa de un bar a observar a la gente que pasa. En unas horas, un espectador curioso, puede escribir sobre la vida social de una ciudad, con solo contemplar el tipo de personas que transitan por una vereda.

Mis primeros días en Italia, cuando me sentaba en algún bar de Piacenza y veía pasar a esos hombres y mujeres bien vestidos, siempre impecables, con sus sombreros y abrigos de marca, con sus zapatos nuevos, todo en armonía, buen gusto, con olor a recién estrenado, y sus antebrazos cargados con bolsas de los negocios exclusivos de la ciudad, podía deducir que en ese sitio, la gente tenía un buen poder adquisitivo, que vivía holgadamente y que les sobraba dinero para gastar en boludeces como la de combinar el cordón de los zapatos con el hilo de la costura del bolso y la campera.
Al principio me sorprendía porque era absolutamente contrario a los que estaba acostumbrada a ver desde la silla de un bar, en mi querido Ituzaingó, en donde pasan las mujeres con batones floreados o los hombres con pantalón de gimnasia y mocasines o una culona con pantalón blanco y bombacha negra o un octogenario con musculosa ballenera, de esas que se usaban en los años ochenta.

En Piacenza yo decía, sin temor a equivocarme: "Acá hay nivel".
En Ituzaingó, me he cansado de decir, sin temor a equivocarme "Acá no hay vergüenza!".

Valentina está desarrollando una personalidad que se percibe con una fortísima influencia materna. Ella observa, analiza y saca sus conclusiones temerarias. Igual que yo pero con ojos de niña.

Sentadas en una mesa de un bar de San Telmo, charlábamos de nuestras cosas y nos reíamos de nuestras vidas. A pesar de hablar periódicamente por teléfono o mantenernos en contacto via mensajitos de texto, nunca se nos acaban los temas de conversación.
Mientras tanto, Valentina examinaba a cada una de las personas que iban pasando y relataba a los gritos, todo lo que se le iba ocurriendo, las conclusiones que iba sacando, adjetivando, epitetando y señalando con su dedo índice al motivo de su descubrimiento asombroso.
A los cuatro años, todavía se puede dar el lujo de pensar en voz alta porque a esa edad, todavía, la única responsable de todo lo que dice y hace una criatura, es la madre, padre, tutor o encargado. Cualquiera, menos el pequeño demonio.

-Miren! Miren qué gorrrdo ese tipo! Miren que panzota! Ay! Qué feo! Qué impresión!- Y sí; era gordo, muy, muy gordo, pero no era necesario promulgarlo.
-Mamita, no digas esas cosas porque la persona puede ofenderse- le sugerí al oído. Le importó un bledo!

-Mamáaaa! Mirá! Mirá esa señora! Mirá cómo la llevan! Por qué la llevan asi, mamá?
-Callate! Bajá la voz y no señales! La mujer, está en una silla de ruedas.
-Yo quiero una de esas, mamá! Yo quiero que me lleves asi por la calle!
-No digas pelotudes, Valentina! Esa señora, no puede caminar y vos sí podés. La silla de ruedas es usada por las personas que no pueden andar solas, que no pueden mover sus piernas por algún motivo.- Me respondió con la misma mirada que usa cuando se frustra si no le compro algo que acaba de ver y desea.

Ginger y Julia, morían de risa. Valentina, seguía señalando "gente rara" y, la verdad, es que no pasaba media persona que no tuviese alguito que le llamase la atención.
Yo, intentaba explicar el porqué de cada caso y que no había necesidad de que todo el mundo escuche su opinión sobre el asunto.

-Mamá! Mirá la vieja ésta cómo está vestida! Juáaa! Qué ridícula!
-Es una turista alemana, Valentina. Los turistas alemanes, cuando vienen a este pais, se visten asi, como si fueran a un safari.

-Miren, miren a ese! Parece chino! Tiene cara de chino- siempre señalando hasta que el sujeto se perdía de vista.
-No es chino, es mogólico, Valu. Y bajá la vozzzzz! Es un señor con un problemita de salud. Los que nacen con síndrome de down tienen esas facciones.

-Mamá! éste viejo que está viniendo habla solo! Está loco y está vestido como un vagabundo!
-Te callás????!!!!- tironéndole del lóbulo de la oreja izquierda- Podés cerrar la boca? ES un linyera y está loco, por eso habla solo y si te escucha, va a venir a pegarnos a todas! Callate y dejate de decir cosas feas de la gente! Pensalo, pero no lo digas! Entendido?
-Si, mami...

Por allá, venía un pobre hombre, sentado en su silla de ruedas que era arrastrada por otro que lo acompañaba. Valentina lo miraba; no le sacaba los ojos de encima. Era un señor tullido por donde se lo miraba. Sus piernitas encogidas, se las podía deducir diminutas, flacuchentas, atrofiadas. Sus brazos, retraídos contra su cuerpo. Su cabeza, echada hacia un costado, casi apoyada sobre el hombro, no se podía sostener.
Cuando pasó por delante nuestro, la aprendiz de Mefistófeles, no pudo quedarse callada, tal como se lo había ordenado. Algo tenía que decir! Le resultó, seguramente, demasiado pasmoso ver a ese tipo sentado de esa forma, moviendo solo sus ojitos anteojados con culo de botellas, porque, como si fuese poca su desgracia, parece que era muy miope.
Algo tenía que decir! No pudo con su genio y debe haber buscado la o las palabras menos hirientes u ofensivas, sobre todo, para evitar el soplamocos que le había prometido.
Algo tenía que decir y no pude evitarlo:

-Mamá! Mirá éste señor. Debe tener languidez, no te parece?
-Y si, Valentina... Un poco de languidez, también debe tener...

Cuando regresábamos, en la combi que nos traía de vuelta a casa, Valentina y yo, mantuvimos una conversación concluyente:

-Mamá, cómo se llamaba el lugar al que fuimos?
-San Telmo, mi amor.
-Y en San Telmo, todas las personas son deformes?


Y... Es mi hija... Qué hago? La lobotomizo antes de que pueda abrir un blog?
enero 16, 2009
No te hagas el inocuo, pajarito...
Mi marido asegura de que los pájaros no sirven para nada. En realidad, afirma que sí sirven, para molestar. Dice que las aves son incompatibles con la vida urbana y que, si extermináramos a todas, ahorraríamos mucho dinero y malasangre.

1) Los pájaros son unos garcas.

Es común encontrar nuestro auto, limpito y lustradito, decorado con una abundante cagada de paloma o similar, del tamaño y consistencia de una masa fresca de crema o merengue italiano, estampada contra el vidrio del parabrisas, el techo o el picaporte, en el que debemos apoyar la mano para abrir la puerta.
En general, Marcelo, muy enojado, echa mano a lo primero que encuentra, casi siempre toma el trapo rejilla de la cocina, para limpiar el asquete, y, a veces, hasta lo tiene que rasquetear con un tenedor o un cichillo, lo que genera una discusión reincidente y el posterior desecho de MI herramienta de trabajo y el utensillo de cocina.

2) Los pájaros son testigos de jehová.

El único día en el que mi marido puede quedarse un rato más remoloneando en la cama, puesto que trabaja de lunes a sábado, es el domingo. A las siete de la mañana, comienzan a piar los pajaritos, apoyándose sobre la reja de la ventana de mi cuarto. Como hacen los testigos de Jehová o los mormones quienes, tempranito, se juntan en una esquina con sus maletines y sus libros sostenidos contra sus pechos, y hablan y hablan, poniéndose de acuerdo, seguramente, en cual casa le tocará joder a cada uno. Lo hacen a propósito!
Marcelo se levanta, los espanta con una puteada (a los pájaros y a los testigos de Jehová), haciendo flamear sus brazos, pero al rato regresan reforzados, con más pájaros y con más píopío. Cuando se aseguraron de que jodieron lo suficiente, se van pero, claro, ya estás despierto.


3) Los pájaros son envidiosos.

Mi esposo tiene una obsesión compulsiva con la pileta. La mantiene en invierno igual de limpia y transparente que en verano. La filtra todos los días, le controla el PH, le echa productos de todo tipo para asegurarse la pureza del agua. También, del mismo modo, se encarga de que las reposeras y sillones de jardín, estén impecables.
Basta que decida tomarse una tarde de piscina y sol, para encontrar, en cada lugar en el cual pretende apoyar el traste, una cagada de pájaro.
Caca en las reposeras, caca en el borde la pileta, caca en las colchonetas... Una reverenda cagada!, literalmente.

4) Los pájaros son asesinos.

Marcelo es un fanático de la aviación. Tiene tantas horas de práctica en simuladores de vuelo que ya está apto para conducir un Airbus A380, con los ojos cerrados y en zunga.
Siempre advierte la peligrosidad que puede comportar que una bandada de pájaros se interponga en las turbinas del avión en vuelo.

-Viste? Viste que los pájaros son buenos para nada? Podrían haber ocasionado un desastre!- me dijo, mientras mirábamos las noticias de lo ocurrido ayer, en Nueva York.

5) Los pájaros son ocupas.

Más de una vez, hemos tenido que subir al techo para reparar una teja por la cual, se filtraba el agua de lluvia provocando una gotera. Casi siempre, debajo de esa teja malograda, hemos encontrado un nido de ave.
Tampoco es raro encontrar un nidito escondido adentro de una maceta de geranios. Muchas veces, los pájaros me han hecho pegar flor de susto, saliendo a los aullidos pelados cuando me ha tocado remover la tierra, metiendo la mano entre las ramitas, entre las cuales, estaba escondido.
No podemos dejar de mencionar el drama que viven los habitantes de ciertos edificios metropolitanos, con la invasión de palomas, como si fuesen ratas o cucarachas. Son imposible de exterminar!

6) Los pájaros son unos pajarones.

Los ventanales de mi casa, esos que dan al parque, son inmensos y casi siempre están traslúcidos, claro, cuando Valentina no los ensucia apoyando sus manitos acarameladas o enchocolatadas. Hemos presenciado verdaderos estrolamientos contra el vidrio de pajaritos que venían planeando y no repararon que un duro obstáculo se les interpondría en el viaje.
Pam! y el pajarito, cae al suelo desmayado o muerto.

-Ves que son estúpidos? No sirven para nada!- sentencia mi marido.

Esos vidrios, varias veces, han aparecido con lindas cagadas de pájaro que me han hecho preguntar cómo corno hacen para cagar de costado y en vuelo? Un misterio porque no imagino a un pajarito levantando la patita y exclamando "Pio, tomá! te ensucié el vidrio! jodetepio".

A mi me gustan las aves. Siempre digo que, en la próxima vida, me gustaría ser pájaro. Sin embargo, no puedo dejar de darle la razón en muchas cosas de la que mi cónyuge legítimo dice acerca ellas.
Ensucian, molestan, rompen, asustan, ocupan y hasta pueden matar.
Marcelo, hace siempre unas pregunta, a las que no les encontré respuesta, todavía:

"Qué diferencia hay entre una cucaracha, una rata y un pájaro? Por qué los primeros provocan rechazo en las personas y los últimos no? También son plaga, pueden contagiar enfermedades graves a los humanos y ser sumamente nocivas y destructoras. Por qué la gente no mete en jaulitas a una cucaracha o una ratita, como hace con los pájaros, les da un nombre y los saca a tomar el sol para que sean felices? Por qué se siente placer en ver un pájaro posado en la rama de un árbol y se espanta si ve a una rata caminando por la medianera?".

La verdad, cuál es la diferencia?
enero 13, 2009
La vieca y la cota
Ella nunca pudo resolver las jotas.
Habla perfecto español, obviamente el italiano y muy bien el francés.
A veces, se olvida de agregarle la "ese" final a alguna palabra que la lleva porque, en su idioma madre, no existen las eses finales y los términos acaban siempre en vocal. Pero, en general, la pilotea bastante bien.

Es moderadamente culta, informada. Sus amigas adoran leer sus escritos porque es ocurrente, graciosa y tiene un estilo muy propio.

Mi temor cada vez que abre la boca, no es cómo va a decir lo que tiene para decir sino, qué es lo que tiene para decir. O sea, no temo pasar vergüenza por el cómo sino por el qué. Ella puede llenarte de metáforas para decirte que sos una mierda.
Sabe expresarse y puede alternar con eruditos sin apocarse.

Pero su grave problema es la jota.

Cuando era chica, me ha llegado a decir cosas como "Lavaste bien la caca del perro? Mirá que si no duerme en una caca limpia puede enfermarse, eh?", refiriéndose a la cajita en donde dormía Lila, mi perro pointer de cachorrita.

-A ver? Decí jota.
-Cota.
-Jajajaja! No. Jo-ta. Jjjjjjjota
-Cccccota.
-Decí jodete.
-Codete.
-Ajo.
-Aco.
-Mal. Decí caja.
-Caca.
-Nooo! Ca-Ja.
-Ca-Ca.
-No, no está bien. Decí... a ver... jacarandá.
-Cajarandá.
-Ay, mamá! Pusiste la jota en el lugar equivocado. Ja-ca-ran-dá.
-Cacarandá.

Probé haciéndosela decir mientras hacía gárgaras con agua y bicarbonato de sodio, pero no resultó.

La jota. La puta jota. La jota que, en Italia, no existe como letra del abedecedario pero que, si pinta en alguna palabra extranjera, la toman como una "i", porque jotear, no les sale ni a palos.

Cuando estuvo en Argentina, hizo varios paseos, por distintas provincias, con amigas de toda la vida. Cada vez que llegaba, descargaba sus fotos en la notebook y se las enviaba a sus parientes y amigos en Italia para compartir con ellos, las bellezas de este pais.

Un día, llamó Fiorina para agradecerle y expresarle cuan maravillada estaba con los paisajes del norte argentino.

-Ay! Romana- le dijo, obviamente, en italiano- Qué preciosas fotos me enviaste! Quedé anonadada con las de "IUIUY"- Fiorina, pobre, se refería a Jujuy, la provincia más septentrional con que contamos.

Mi vieja, la corrigió:

-Ma Fiorina! No se dice Iuiuy!
-E cómo se dice entonces?
-Se dice Cucuy. Cu-Cuy.
-Ohhh! Qué lindo é Cucuy...
-Viste qué lindo é Cucuy, Fiorina...

No sé para qué se metió a corregirle justo la puta jota!
enero 09, 2009
Los engaños de mi suegro
Hay personas que, para evitar encontrarse o cruzarse de algún modo con alguien, recurre a cualquier tipo de artimañas.

El Loco, por ejemplo, quien se fuma la vida sentado en el umbral de su casa, chusmeando lo que sucede en el barrio, cuando no quiere saludar a alguien que pasa caminando, se hace el dormido: cierra sus ojos, inclina la cabeza y calcula el tiempo que puede llevarle al otro transitar por delante suyo, para abrir un ojo y espiarle la espalda. Cuando el peligro ha pasado se incorpora y vuelve a hacerse el dormido, automáticamente, en la posición que sea, si la persona regresa por donde vino. Seguro que a ese, le debe dinero.

Yo, cuando quiero evitar saludar al opa, para no tener pesadillas por las noches y no despertar el síndrome paranóico que me provoca su sola mirada libidinosa de coté, tomo el celular, me lo clavo en la oreja y hago el simulacro de haber recibido una llamada importante, de esas que nunca recibo en el móvil y que merecerían toda la concentración de mi parte. Con la mano libre me tapo la otra oreja, miro al piso y comienzo a caminar en dirección opuesta a él, con el culito apretado, por las dudas.

Mi tia Dora alega que no ve de lejos, si la persona con la que no quiso cruzarse está lejos, o que no ve de cerca, si la persona en cuestión está cerca. Que no oye bien, si aquella la saluda a los gritos o que ha perdido la memoria, si se le aproxima y se le pone delante.

Es que hay gente, cuya presencia nos molesta, nos fastidia o, simplemente, nos aburre. También, puede pasar que uno, ese día, no tenga ganas de cruzarse con alguien y mucho menos con ESE que está llegando.
Está bien que asi sea; cada cual tiene derecho de tener un día carajeado y de haber elegido hacer abstinencia de diálogo.

Pero la treta a la que echó mano de mi suegro para evitar cruzarse con mi suegrastra por las mañanas, es desopilante. Le funcionó bien, hasta que Sandra, la semana pasada, lo descubrió.

Alberto, mi suegro, es un desayunomaníaco. Toda la vida, hizo del desayuno, una especie ritual automático en el cual, cada paso que va dando, está minuciosamente pensado para que encaje, milimétricamente, en el siguiente paso.

Paso I

Se despierta, va hacia la cocina, prepara la cafetera, la coloca sobre el fuego, toma la misma taza siempre, le sirve la misma cantidad de leche, siempre, la coloca dentro del microondas que programa, con la misma cantidad de minutos, siempre.

Paso II

Mientras se pone en marcha el proceso del café y se va calentando la leche, va a hacer pis.
Dentro del baño, no puedo asegurar qué es lo hace, si se lava los dientes o se rasca la pelada un rato, pero sí puedo decir, sin temor a equivocarme, que se pasa dentro la misma cantidad de tiempo. Siempre.

Paso III

Cuando sale del baño y, mientras el café y la leche están en producción, saca el pan fresco de la heladera y lo corta en rodajas, siempre del mismo grosor y las coloca sobre la tostadora de pan, de esas de lata negra. Siempre sobre la misma fuerza de llama y sobre la misma hornalla.

Paso IV

Toma un chop de cerveza, de esos de vidrio esmerilado y con asa; siempre el mismo.
Saca de la heladera cinco naranjas, cinco siempre. Las exprime en un exprimidor de esos de acero que parecen morsas y deja las cáscaras dentro de la pileta de la cocina, siempre.

Paso V

Una vez que las tostadas están a punto, acomoda todo, taza de café con leche ya azucarado, pan y jugo, sobre la mesa y abre el periódico.
Devora las noticias a la vez que el jugo, el café con leche y las tostadas. Siempre.

Paso VI

Deja todo tirado para que su esposa lo levante y se va a bañar. Siempre.



Esta ceremonia, prefiere, por supuesto, practicarla solo, sin que nadie le hable, lo moleste ni lo desconcentre.

Mi suegro y mi sugrastra, se casaron el 19 de septiembre de 2008. Hasta entonces, desayunaban juntos. El 20 de septiembre, comenzó a engañar a Sandra con una triquiñuela un tanto conocida, pero que le dió buenos resultados y le permitió, hasta la semana pasada, tener sus desayunos en paz y soledad.

Mientras mi suegrastra dormía, él se levantaba despacito, casi levitando de la cama, sin mover un hilo de todos lo que tejen las sábanas. Tomaba unas almohadas y las colocaba en su sitio, en el sitio que él acababa de dejar vacío. Las acomodaba y las tapaba, de manera que el gran bulto, simulase su gran cuerpo aún en reposo.
Sandra, entre sueños y oscuridad, sentía la gran masa a su lado y decidía quedarse un rato más acostada, al menos, hasta que su compañero decidiese levantarse y juntos, comenzar la mañana.

Cuando mi suegro terminaba de rendirle pleitesía al desayuno solitario y silencioso, regresaba al cuarto, retiraba con mucho cuidado las almohadas sustitutas, se recostaba y, entre mimos y arrumacos, despertaba a su recién esposada ofreciéndole, desvergonzadamente, desayunar juntos.

Dado a que las mujeres somos tarderas, es decir, que tardamos en reaccionar primero y en incorporarnos luego, Alberto, aprovechaba esa lentitud para representar "un apurado" y, cuando Sandra entraba a la cocina, encontrándose con todo el desparramo, él le reprochaba:

-Y bueno, estaba con mucho apuro, te lo dije. Mientras te levantabas, te lavabas los dientes, hacías pis, te limpiabas la cachufleta, yo debí desayunar solo. La próxima vez, apurate.

Y se iba dejando a Sandra con sentimiento de culpa por no haberse esmerado en poner prisa para acompañar a su esposo en el ritual del desayuno.

Ya fue descubierta su estratagema. Veremos cómo se reinventa.
Con él, nunca se sabe...
enero 06, 2009
Sacar provecho de una mentira
Me siento mal. Muy mal.
Hace quince días que vengo mintiendo descaradamente, sosteniendo un engaño y luego otro, representando una parodia, metiéndome, solita, en un lugar de cómplice y partícipe necesario de una farsa en la cual, la sociedad entera está implicada, avalando, incitando y reforzando, estas mentiras colectivas, por las que me estoy dejando llevar y que hoy tanto me angustian.

Pobre Valentina! Recibe dobles mensajes permanentemente.
Yo, que trato de inculcarle que mentir es malo; que el mentiroso jamás podrá ser libre pues, para mantener una falsía es imprescindible montar un escenario y sostener una estructura cuyas partes deben estar bien ensambladas porque, si se desprende un pedazo, hace que caiga todo con efecto dominó. Demasiado trabajo como si ya tuviésemos poco con vivir.
Para mentir hay que tener ganas de complicarse la existencia y yo no sé porqué corno me involucro, cada año, en esta puta ficción.

"No hay que decir mentiritas, Valu, porque si mentis, te crece la nariz, te salen arrugas, celulitis y, a veces, hemorroides".
Y si... esta mañana mirándome al espejo, sentí lástima de mi cara; efectivamente, tengo la nariz más larga y se me profundizaron las líneas de expresión del rostro. De los hemorroides, aún no tengo noticias pero ya se van a hacer sentir y, de la celulitis no me preocupo porque, qué le hace un agujero más al gruyere?.

Hace un mes que estos asuntos, no menores, de Papá Noel y los Reyes Magos, me obligan a sostener una estructura mentirosa que me provoca un enorme estres, además de una fisura en la tarjeta de crédito. Es que son mentiras onerosas.

Anoche, mientras preparábamos el pastito para lo camellos, las papas fritas, el salamín y la botella vino Uxmal para los reyes (porque si vamos a mentir, mentimos bien y la hacemos completa), Valentina quiso conocer la historia.

-Mami, quienes son los Reyes Magos? Por qué regalan cosas a los nenes? Me contás?

Mi marido me clavó la mirada y, amenzante, me advirtió sin despegar los dientes: "Ojo con lo que le decis a la nena! No le vayas a contar esas versiones bizarras que se te ocurren cuando estás constipada neurológicamente! Es chiquita y no las puede procesar. Ta claro?".
Estuvo claro asi que me limité a relatar la mentira en la que todos parecen haberse puesto de acuerdo en apoyar, claro, con algunos detalles "de la casa".

Esta mañana, al despertar, lo primero que hizo Valentina fue correr a buscar las sorpresas que los mugrientos y hediondos reyes (vaya uno a saber cuánto hace que no se lavan debajo de esas togas!) le habían dejado sobre sus zapatitos dorados. Entusiasmada, abrió los paquetes exclamando de alegría. Cuando acabó de desparramar los moños y los papeles, tomé conocimiento del daño irreparable que le había provocado. Comprendí que, para que una mentira pueda ser sostenida hay que creérsela y continuarla para que no decaiga:

-Sabés, mamá? Anoche, escuché cuando vinieron los reyes!
-Si? Cómo es eso? Contame.
-Entraron por la ventana. Los camellos se quedaron afuera porque no pasaban por las rejas y uno de ellos, cagó en el pasillo.
-Cagó en el pasillo???? Y ahora tengo que ir a limpiar?
-No!! Elchor - (Melchor)- ya limpió todo; no te preocupes. Escuché cuando Altasar-(Baltasar)- le dijo a los otros que no quería vino, que quería Coca, asi que abrió la heladera y tomó del pico de la botella! Es un maleducado, mamá! Después se fueron a la casa de Paloma y el otro camello le cagó en el jardín.
-A la mierda! Y vos viste todo eso?
-Si. Los espié.
-Y ellos te vieron?
-Si y me dejaron igual los regalitos! Cuando se fueron me pasé a tu cama.
-Mal hecho, Valentina. Si los reyes te veían pasarte a mi cama, seguro que se llevaban todos los regalos.
-Noooo! Ellos me dejaron. Les pregunté si podía y me dijeron que si....

Esta pendeja entendió muy bien el juego o los Reyes Magos anoche estuvieron en casa y los camellos cagaron en el pasillo...
enero 02, 2009
Día uno: primera baja
Siempre me pregunto cómo hacen algunas personas para que todo les salga bien. La respuesta es siempre la misma: hacen las cosas bien.
Las admiro, las envidio. Quisiera ser y hacer como ellas, pero no puedo. No me sale.
Soy tan desprolija en mis actitudes cotidianas que, si los resultados son óptimos, es por pura casualidad y no porque haya sido precavida y minuciosa en dar los pasos correctos para asegurarme un final feliz.
Soy imprudente, informal, atolondrada, descuidada, tarambana. En una palabra, soy un desastre.
Mi marido me advierte cuando me ve venir en falsa escuadra: "No hagas esto así porque te puede suceder aquello" y yo, hago exactamente lo contrario que el enunciado de la observación me sugiere. De puro insurrecta, nomás.


El primer día del año me sorprendió con una baja: mi teléfono celular.

Hacía años que Marcelo venía recomendando que dejase de llevar mi telefonito en el bolsillo trasero del pantalón. "Se te puede caer"; "Te lo pueden manotear"; "Lo vas a terminar perdiendo".
Canchera, desafié durante mucho tiempo los presagios, metiéndome el aparato en el bolsillo de atrás, dejando ver tan solo, asomándose colgada, la cadenita con una simpática mariquita o vaquita de san antonio con cascabel, que Luisa me regaló para que enganche en el celular.
Como soy de caminar balanceando el panderete pa un lado y pal otro, como si lo tuviese lindo, al moverme, se escuchaba, apenas perceptible, el ruidito del pendorchito cascabelado y eso me permitía comprobar, sin tener que hurgar dentro de la cartera, que no me había olvidado el teléfono móvil sobre la mesa y que, sin embargo, lo traía conmigo.

Ese sonajero tintilando en mi trasero, era una tranquilidad; significaba cuatro cosas: que no había dejado olvidado el celular en cualquier parte; que permanecía en su sitio y aún no lo había perdido o no me lo habían robado; que no se perdería ninguna llamada pues, se puede no escuchar el ring tone pero no se puede evitar sentir el vibrador sobre una cacha y que mi marido era el mismo agorero de siempre, que su teoría acerca de que el aparatito en mi traste corría peligro, era exagerada y pesimista.

Ayer fuimos a recibir el primer día del año a casa de mi cuñada; un corderito asado nos esperaba crocante sobre la parrilla.
Estábamos jugando al Pictonary (ganaba mi equipo gracias a las trampas a las que mi cuñado Gustavo y yo, recurrimos descaradamente), cuando ya no pude posponer esa necesidad fisiológica que a las mujeres no nos permite estar más de una hora sentadas y en un mismo lugar.
Ya agotadas todas las técnicas femeninas a las que solemos apelar cuando no queremos levantarnos para ir a hacer, al fin, ese pis que puja por ser libre de nuestro cuerpo, (sentarse bien erguida estirando el tronco; cruzar las piernas, primero la derecha y luego la izquierda, bien apretaditas; pararse y dar saltitos flexionando las rodillas alternadamente), corrí en dirección al toilette, pidiendo antes a Gustavo, que escondiese las pruebas del delito del engaño prepetrado para ganar el juego.

Ya dentro del baño, me aflojé... Nada hay más placentero en la vida que rascarse cuando algo te pica o hacer pis cuando la vejiga está por reventar. Nada que produzca más gozo.
Cuando me incorporé, rapidito para salir de allí y poder seguir jugando, giré medio cuerpo para apretar el botón que activa el agua que desagota el inodoro, y allí lo ví, ahogándose, contaminándose, en el fondo.

-Laputaquemeparió!- exclamé mientras buscaba algo alrededor para poder rescatar al celular del fondo del inodoro- Con qué mierda lo agarro? Qué asco! Yo no meto la mano ahí!

Se me ocurrió tomar un cepillo de dientes para tratar de pescarlo con el mango enganchándolo por la cadenita de la vaquita de san antonio. Pero el inodoro era muy profundo y el cepillo de dientes demasido corto.

-Qué hago??? Ay! No hay un puto palo en este baño?- claro, qué va a haber un palo dentro de un baño! Para qué?. Busqué una sopapa; siempre hay una sopapa por si se tapa el inodoro, pero no encontré. Se ve que, en lo de mi cuñada, todos tienen tránsito normal. Se ve que es médica y alimenta saludablemente a su familia.

Afuera, mis compañeros de juego reclamaban mi presencia: "Eeeeh! Qué estás haciendo? Estás descompuesta?". Me daba bronca y vergüenza que creyeran que estaba haciendo "lo segundo" pero no podía salir a pedir ayuda, me daba más vergüenza que todos entraran a ver a mi pobre celular, en el fondo del agua servida.

-Ma si! Yo tiro la cadena a ver qué pasa...- y apreté el botón. Todo se tornó muy confuso en el fondo del sanitario y, cuando las aguas se calmaron, el aparato se dejó ver, ya con síntomas de haber entrado en crisis por hipoxia y septicemia. Cerré los ojos, inspiré profundo, estiré mi brazo y metí la mano para rescatarlo.
No podía dejarlo ahí e irme haciendo de cuenta de que nada había sucedido. El próximo que entrara al baño lo vería y sabría de inmediato que el celular es mio; solo un teléfono mio puede tener una mariquita con cascabel colgando de una cadena y estar en el fondo de un inodoro. Una no tiene derecho de andar tapando retretes en casas ajenas y hacerse el gil. Hay que hacerse cargo!
Lo atrapé, con mucho asco y, una vez afuera, no supe qué hacer primero: si desarmarlo sacándole la batería y el chip o cortarme la mano derecha o vomitar. Creo que hice todo junto.

Haciéndome la estúpida, salí del baño y apoyé el teléfono sobre una maceta, esperando a que ventile y se seque solito para ver qué pasa. Comenté lo sucedido y, por supuesto, nadie quiso probar a ver si funcionaba; todos sintieron asco y desprecio por el telefonito accidentado.

Solo mi marido, como esperaba, me reprendió con esas palabras que detesto escuchar cuando resulta tener razón en algo que me viene avisando de antemano: "Yo te dije que algo asi te iba a pasar, cabezadura!".

Hoy, mi teléfono celular, hace lo que puede: llama solito a números de mi agenda sin que nadie se lo ordene; se enciende, se apaga, hace ruiditos; activa el bloototh, saca fotos... Es como si quisiera congraciarse conmigo desde su lecho de muerte, pero haciendo locuras fuera de contexto. El pobre está agradecido de que lo haya rescatado y quiere, agónicamente, recompensarme. Es como si llorase lágrimas de pis. Manda y recibe mensajitos de texto pero, algunos, llegan con símbolos extraños o se reenvían a otros integrantes del directorio, quienes no comprenden qué me está sucediendo.

Cómo hace la gente a la que todo le sale bien? Hace las cosas bien. No se mete, por ejemplo, el teléfono móvil en el bolsillo trasero porque se lo pueden cagar, en todos los sentidos de la palabra...
diciembre 30, 2008
FELIZ 2009 PARA TODOS!!! (pero más mejor, para quienes dejen un comentario en este blog)
La gente se queja durante todo el año pero en diciembre se queja más.
No recuerdo un año, en toda mi vida, en el que no haya escuchado a alguien decir, en el mes de diciembre, que espera ansioso a que llegue el año nuevo porque el que se está yendo resultó una tortura. "Que se vaya pronto este año de mierda!"; "no veo la hora de que se acabe éste y comience el otro a ver si mejoran las cosas".

Cada diciembre, de mis cuatro décadas, es lo mismo: las personas, en general, reciben ansiosas al año nuevo como si, en este juego de vivir, se tratase de barajar y dar de nuevo o, lo que es mejor, cambiar de naipes para ver si si esta nueva baraja trae, al fin, una buena racha.

Cuando pregunto a los quejosos por qué consideran que el año que se está por ir resultó tan terrible, al punto de esperar impaciente a que se extinga por fin, me responden haciendo una lista de eventos negativos sucedidos a través de los meses. Inmediatamente, caigo en la cuenta, que esas mismas personas son las que siempre, todos los fines de año, todos los diciembre, se lamentan por las mismas u otras cosas diferentes. Pero es que no han habido años buenos? No han habido detallecitos que hicieron equilibrar la balanza de los resultados finales? Si llegaron hasta acá, no es razón suficiente para que el balance dé, al menos, empatado? Si esos momentos difíciles fueron superados o resistidos, no se les ocurre evaluarlos como positivos?

Qué manía tiene la gente de quejarse por el año que se va! Qué manera de ser ingrato!
Seguramente, ellos, dentro de mucho tiempo, compararán y dirán, pelotudamente, que este año fué infinitamente mejor que aquel que están dejando ir con esperanzas de que el próximo sea diferente.
Somos enroscados los seres humanos...

Tenemos que aprender a encontrar el costado positivo a los percances.

1) Si perdiste el trabajo y estás desocupado:

Acaso no te quejabas de que estabas necesitando unas buenas vacaciones y tiempo libre? Ahí las tenés; todas para vos. Podés levantarte a la hora que quieras, ver los programas de chimentos que dan por la tarde; andar en short y ojotas por la casa; dormir siesta y tenés todo el tiempo del mundo para arreglar esos cueritos de las canillas, engrasar las bisagras de las puertas y cambiar el sifón de la pileta de la cocina que siempre se tapa.

2) Te entraron a robar un día en que no estabas y encontraste la casa revuelta.

No era hora de que tiraras todas esas porquerías que acumulabas en los placares? Acaso, no aprovechaste para hacer una limpieza de chucherías que, si no fuese por los ladrones que te las dejaron desparramadas por el suelo, ni te acordabas que las tenías? No te queda, ahora, más espacio en la casa, en los cajones o los estantes?

3) Todo aumentó, menos tu sueldo. No te alcanzó el dinero y te las pasaste haciendo malabarismos para llegar a cada fin de mes.

Gracias a eso, aprendiste a valorar lo poco que tenés. Además, pusiste en práctica, al fin, aquello que te enseñaron en el colegio secundario y que siempre te preguntabas para qué mierda te serviría en la vida: contabilidad y matemáticas; el debe y el haber, pasivo y activo, deudores y proveedores, balances parciales, cartas documento, morosidad...
El ejercicio mental que hiciste durante todo el año, contribuyó a foguear tus neuronas y eso es muy bueno para retrasar el alzheimer.

4) Te separaste.

Peor hubiese sido que tu cónyuge quedase viudo/a! Estas vivo y tenés una nueva oportunidad. No cualquiera tiene segunda chance de rahacer su vida.
Ahora, podrás comer y dejar los platos acumulados sin que nadie te reprenda por eso. Podés dejarte el mismo calzón por días, bañarte cuando se te canta, tirar la ropa al piso y pasar caminando por sobre ella sin que una voz te reproche por lo desconsiderado que sos. Podés comer papas fritas en la cama, fumarte un porro, dejar de cortarte las uñas de los pies...
Claro, todo esto, hasta que consigas un (o una) candidato al puesto vacante.

5) Tu hijo fuma paco.

Peor sería que fuese ladrón o del grupo quebracho o emo o skinhead.
Cambiáselo por un salamín con queso y compartan una rica picada. En los momentos difíciles es cuando se estrechan los vínculos más fuertes.

6) Descubrieron que tenés una enfermedad crónica e incurable.

Ahora vas a ver la vida de otro color. Vas a encontrar la belleza en cada cosita, el encanto en cada persona. Vas a vivir y a aprovechar cada minuto con la plenitud que deberías haberla vivido siempre. También, comenzarás a recibir la visita de aquellos que, creías, te habían olvidado. Vas a ser el centro de atención. Todos te verán bueno y bonito.


De todo lo malo puede sacarse el aspecto positivo. Depende de vos encontrarlo...




Pensamiento en voz alta.

Mis deseos para el 2009 se solidarizan con aquellos que sí tienen motivos para pensar que éste 2008, fué un año de mierda. Son las únicas personas que tienen derecho a tener deseos extorsivos para el año que viene.

Que aparezca Sofía y todas las Sofías.


Que se mueran los feos.

Un milagro...
diciembre 23, 2008
A la memoria de Chi y Vito (Q.E.P.D.)
Una mañana de enero de 1971, mi nonno y mi papá aparecieron con una sorpresa que, mi hermana y yo, creímos, era un regalo de Reyes.
Qué felicidad teníamos! Nunca, la presencia de dos seres vivos, nos había dado tanta alegría. Saltábamos, corríamos, gritábamos, cantábamos alrededor de los recién llegados que habían venido para quedarse con nosotras.
Desde el primer momento, Coca y yo, nos organizamos para atenderlos y cuidarlos. Eran tan chiquitos, mimosos, tiernos que solo nos inspiraban abrazarlos y besarlos hasta que, fastidiados, comenzaban a mover el cuello y menear la cabeza intentando zafarse del martirizante cariño que no hacía más que asfixiarlos.

Nosotras estábamos convencidas de que nos llamaban "mamá".
-Mamáaaaaa, mamáaaaaaa...-gritaban ellos con un vibrato mal impostado.
-Ves? Me dijo mamá! Ay! Qué cosita linda; mi chiquitito precioso...- decía, abalanzándome sobre uno de ellos, colgándome de su cogote.

Los vecinos del barrio, se asomaban, asombrados, a chusmear y no podían creer que tuviésemos esas cosas ahí, en el terreno baldío que estaba al lado de nuestra casa, en una zona residencial.
Para nosotras, no resultaba una situación extraña: mi familia siempre tuvo actitudes excéntricas, quizás, a causa del trauma post guerra o tal vez, porque, simplemente, estaban todos locos.
Mi padre tenía un gran jaulón con perdices, faisanes, pigmeos, búhos, palomas buchonas; habíamos tenido cuises, comadrejas, conejos, gallinas y, en una época, tuvimos un pingüino, que nos trajo un primo desde el sur. El pobre murió calcinado pues, lo habían dejado en el mismo terreno baldío, sobre una chapa y, por más que lo manguereábamos por turnos con un chorrito de agua para refrescarlo, no pudo soportar el calorón porteño.
Por eso, la llegada de los chivitos, esa mañana de enero, nos fascinó porque se agregaban unas mascotas adorables a nuestro zoológico casero de locos, pero nunca se nos ocurrió pensar que eran animales, al menos, singulares como para domesticar en una casa de familia.

Ya ni recuerdo el nombre que le habíamos puesto. Posiblemente, dadas las limitaciones intelectuales, mi papá nos habrá sugerido algo como Chi y Vito y es probable que no nos hayamos opuesto a semejante genialidad.

Chi y Vito eran, definitivamente, unos chivos felices. Mi hermana y yo pasábamos mucho tiempo jugando con ellos; habíamos desarrollado un peculiar instinto maternal que hacía que nos derritiéramos de amor, cada vez que uno de ellos nos llamaba "mamáaaa", con el vibrato sostenido mal impostado.
Cuando comenzaron las clases, Coca y yo, llorábamos porque no queríamos dejarlos solitos por tantas horas pero, ni bien volvíamos de la escuela, corríamos a abrazarlos, pisando el campo minado de cagaditas, esas que son redonditas y oscuritas como arándanos, empastando la suela de nuestros zapatos. No nos importaba nada; los adorábamos.

Pero un día como el de hoy, exactamente un día 23 de Diciembre, mi nonno y mi papá, se convirtieron en monstruos y marcaron nuestras vidas, la mía y la de mi hermana Coca, para siempre.

Esa mañana, estábamos jugando en el terreno baldío minado, con nuestras amadas mascotas. Nunca habían repetido la palabra "mamáaaa", en vibrato sostenido mal impostado, tan seguido, tan claramente como ese día. Coca, agachada frente a ellos, insistía en enseñarles a decir "papá", cuando los vimos llegar, con los ojos inyectados en sangre, munidos de sogas, grandes cuchillas y bolsas de rafia.

-Salgan de acá. Vayan a su casa- ordenó mi nonno en dialetto piacentino
-Por qué? Estamos jugando- pregunté inocente
-Porque si. Porque con tu papá, tenemo un trabaco que hacer.
-Qué trabajo? Vayan a otro lado a trabajar!- replicó la Coca
-No, nena! El trabaco é acá, con lo chivo. Váyanse! Marche a casa!- y de una patada en el upite nos impulsó en dirección a nuestro hogar.

Sin embargo, mi hermana yo, nos quedamos, detrás de un pilar de cemento, espiando. Queríamos ver qué le harían a nuestros juguetes cornuditos. Y vimos... Vimos todo, llorando en silencio, con sufrimiento afónico...
Qué dolor! Qué desconsuelo! y, a la vez, qué odio, qué desprecio...

La Nochebuena fue una mierda. Los adultos comían como fieras, haciendo ruidos desagradables, haciendo comentarios acerca del sabor de cada presa, (podrían haberlos evitado). Nos daba asco verlos comer. Nos irritaba que fuesen tan felices con el banquete que no era cualquier banquete.
Mi hermana y yo hicimos ayuno. Una abstinencia por angustia, por tormento, por desconsuelo. Varios días ayunamos; sentíamos náuseas, amargura, tristeza. No podíamos creerlo.

Fué la única vez que le deseé la muerte a alguien; yo era demasiado pequeña para pensar en eso y me asusté.
Mi mamá, ya pipona de tanto comer, se acercó para contenernos y explicarnos, a su manera:

-Ma déquense de corobar! Basta de pavadas, estúpidas! A los animales hay que matarlos para comerlos o no lo sabían? Ustede no saben lo que se están perdiendo; está de riiicoo... Déquense de hacerse las víctimas y siéntense a la mesa que hoy es Nochebuena y mañana Navidá. Taradas!

Fué una suerte que mi vieja diera con las palabras justas en el momento indicado...
diciembre 21, 2008
No transa
-Vení, Valu, vamos a escribirle la cartita a Papá Noel.
-Bueno, mami. Quiero una guitarra, una pandereta, un vestido de princesas...
-Esperá, Valentina! Primero, hay que escribirle un encabezado.

"Querido Papá Noel:
mediante la presente, te saludo y aprovecho para decirte que te quiero mucho y te agradezco por todos los regalitos que me traes cada año..."



-Escribile que quiero la guitarra, la pandereta, el traje de...
-Esperá! No seas ansiosa. Antes de pedir hay que saludar, ser amable, atento.
-Por qué?
-Porque sí! Porque no es de persona bien educada pedir y pedir sin dar nada a cambio. Sigamos, dale:



"Querido Papá Noel:
mediante la presente, te saludo y aprovecho para decirte que te quiero mucho y te agradezco por todos los regalitos que me traes cada año.
Si considerás que me porté lo suficientemente bien como para merecer regalos este año..."



-Nooo! No le pongas eso!
-Por qué? Qué tiene de malo?
-Y... que no me porté bien. Que me sigo pasando a la cama de mis papás y si le escribis eso entonces no me va a traer nada!
-Pero él ya sabe que no dormís toda la noche en tu cama, Valu.
-Y entonces para qué querés que le haga la lista? No me va a trer nada!
-Bueno... pero la idea de la cartita es prometerle, además, que a partir de ahora, vas a dormir toda la noche en tu cuarto, sin pasarte ni joder a nadie.
- .....................................
-Seguimos escribiendo?
-No. No me conviene. Que no me traiga ningún regalo! Yo quiero seguir pasándome a tu cama. Rompé esa carta de porqueria!
-Glup...
diciembre 18, 2008
De todo se aprende.
Coherente con mis conclusiones al final de cada año, mantengo la teoría de que el año nuevo no será diferente al que se va porque nosotros no seremos distintos. Asi que, con ese panorama advertido de antemano, ya sé que no habrá grandes sorpresas agradables en 2009, aunque en el fondo a la derecha, conservo la ilusión de estar equivocada.

Pero como soy una convencida de que cada uno es responsable de su propio destino y, muchas veces, arrastra al destino ajeno con las estupideces que se manda, antes de cada doce de diciembre, insisto en predicar aquellos objetivos que yo misma me procuro como norte, intentando contribuir a la transformación humana no perecedera, que tanto anhelo.

Para eso, estuve pensando cuales fueron los hechos importantes de 2008, actitudes llevadas a cabo por algunas personas que consiguieron trascender, modificando algunas cosas y dejándonos, a veces involuntariamente, un gran mensaje o aprendizaje, a quienes tuvimos ganas de prestarles atención.

Mensaje nº 1: "Siempre se puede estar bien aunque estés mal"

Me dirijo a las mujeres que se quejan por el paso del tiempo y los estragos físicos que los años hacen con nuestras partes humanas, agravado por la ardua tarea de tener que ocuparse del hogar, el trabajo fuera de casa, los hijos, los padres, los vecinos, los esposos y ex esposos, etc. A aquellas mujeres que se entregan a la resignación, dejando de arreglarse, de ocuparse de su aspecto exterior; que prefieren las chancletas a los zapatos con tacos, los batones a la ropa sexy, los pijamas de franela y los zoquetes a los babydolls o muculosa de algodón sin corpiño.
A ellas les digo, aprendamos de Ingrid Betancourt!, que luego de seis años y cinco meses de estar secuestrada en una selva colombiana, sin esperanzas y ya sin proyectos de vida, se presentó, el día de su liberación, con un cutis de porcelana, el cabello brillante y un peinado femenino, con sus trencitas simétricas, prolijas y delicadas.
No te victimices: ponete linda pues nunca se sabe cuando llegará y cómo te encontrás el día de tu liberación.

Mensaje nº2: "No se queje si no se queja"

Ya estamos repodridos de escuchar lamentos, protestas de los criticones por el descontento que provoca la actitud de fulanita o la decisión de menganito. Todos estamos hartos de que venga uno a vituperar a otro, que por otra parte, no se encuentra presente, y estar obligados a oir una perorata improductiva, basada en chismes y murmuraciones.
Cuando esto suceda, hagamos lo que Rey Don Juan Carlos a Hugo Chávez, en la XVII Cumbre Iberoamericana, cuando el mandatario venezolano, arrancó con vuelta y media de manija y no había quien lo frene en su recriminación hacia ex presidente José María Aznar: gritémosle "Por qué no te callas!" y, si tenemos ganas, podemos agregar un "carajomierda!".
Hay que terminar con los chismes; nunca se sabe cuándo vas a ser la víctima...

Mensaje nº3: "Juegátela y bancate las consecuencias"

No hay que hacer lo que nos dicen que debemos hacer. No hay que ir en contra de nuestras íntimas convicciones. Hay momentos en la vida en los que hay que tomar determinaciones radicales, de esas que cambian el curso de nuestro barco y que, a veces, pueden hacernos naufragar. No debemos aceptar presiones ni sugerencias, solo debemos estar seguros de lo que decidimos, caiga quien caiga, pero también, debemos atenernos a las consecuencias.
Si sos macho o macha, hacé lo que sientas y creas que es lo correcto. Si sos cobarde, aprendé de Julio Cobos y recurrí a la frase que quedará en la historia: "Mi voto no es positivo. Voto en contra. Que la historia me juzgue" y salí rajando lo más rápido que te den las piernas.

Mensaje nº4: "Zapato que huye sirve para otro zapatazo"

Quién no ha tenido ganas de estrangular a una persona que nos resulta desagradable?
Quién no ha pensado, alguna vez, la frase "Ay! Si tuviese un día de impunidad..." para poder cagar a trompadas a una persona nefasta.
Cuando a alguien que merece repudio, lo tenemos a tiro, mansito, para atacar, mejor que golpearlo y ensuciarse las manos tocándolo, es ridiculizarlo.
Por eso, aprendamos de Al Ziadi, el periodista irakí quien le tiró un zapatazo oloroso a Jorge Bush mientras le gritaba "perro", dejándolo en un franco y justo (demasiado poco para mi gusto) hazmerreír, delante del mundo entero.
Claro, si estamos dispuestos a burlarnos de un ser inmundo y poderoso, procurémonos una huída rápida ya que, al pobre irakí le ha quedado como resultado de la protesta, una mano y varias costillas rotas, hemorragias internas y una herida en un ojo, a consecuencia de los golpes que ha recibido tras ser detenido por los secuaces del repulsivo Jorge.
Al Ziadi, tu causa no será en vano!

Hasta aquí, los cuatro mandamientos para el 2009.

1- Seamos agradables por dentro y por fuera. Siempre es grato que una buena persona, además, esté limpita y prolijita. Seremos más estéticos y la estética es contagiosa.

2- No permitamos el teléfono descompuesto de los chismes. Cuando hay alguien ausente que no puede replicar ni defenderse, no es justo que se permita que se hable mal de él. Todos seremos mejores.

3- Seamos nobles con nuestras convicciones. Hagamos lo que nos dicte nuestra conciencia y nuestro corazón en sociedad. Seremos más felices y, la felicidad es pegadiza.

4- Demostremos desprecio por los despreciables crónicos e incurables, pero con humor. Llegará el día en que, los que queden, no tendrán otra alternativa que cambiar pues quedarán solos y ridículos.
diciembre 15, 2008
Mamografía
La semana pasada me tocó realizar el control anual de mamas.

Unos días antes de tener que someterme al estrujamiento, comienzo a inquietarme, porque solo yo sé cómo se complica la escena, dado el tamaño de mis pechos, que caben cómodamente en una mano (la de un manco).

Al entrar al cuarto de torturas, ya sé todo lo que va a suceder. Siempre es lo mismo:

1) la técnica encargada de efectuar el exámen, recitará de memoria y sin pensar, los pasos que deberé dar obediente, para poder realizar la radiografía:

-Por favor, desvístase de la cintura para arriba. Allí hay percheros en donde puede colgar su ropa. Colóquese frente al mamógrafo, colocando los pies en donde está la marca en el piso. Gire levemente el cuerpo hacia la izquierda. La cabecita levantada.

2) Se me acercará diligente, decidida a agarrarme la teta derecha para colocármela sobre la superficie plana de acrílico, creyendo, ingénua, que pronto pasará al siguiente paso, como sucede con las tetas normales de las mujeres normales. Cuando mi mamita ( no me refiero a mi madre, sino a mi pequeña mama), está servida en bandeja, la radióloga aprieta con su pié el pedal que activa el compresor, ese que sirve para prensar, aplanar el tejido mamario. Mientras ella se concentra en esa tarea, mi teta se escurre, se desliza, se escapa.

3) La técnica vuelve a subir el compresor y ataca nuevamente a mi lola, pretendiendo expandirla sobre la bandeja inferior. La amasa, la estira como puede, hasta que parece que quedó en posición. Aprieta el pedal y, mientras el estrujador va bajando, mi teta se va escapando una vez más.

4) Aquí es donde intervengo y le advierto que no lo hago adrede, que mi pecho apenas llega a cubrir el borde de la bandeja y que, por más que la estire e intente alargarla tirándome de la punta con un gancho de esos que se usan para colgar las medias reses de novillito en los frigoríficos, la teta tiende a volver a su posición normal que es la de estar pegadita al cuerpo, nomás.

5) La radióloga ya, perdiendo la paciencia aunque no dándose por vencida, se sitúa de manera de poder realizar las maniobras pertinentes para ganarle a la pequeña rebelde. Toma aire y me pide que me ponga en puntitas de pié, intentando llevar el tórax lo más adelante posible. En tanto, ella sostiene mi menguada mamita entre sus palmas, con las que hace movimientos como si estuviese presentando un truco de magia. Cuando la suelta, finalmente, apoyándola sobre el contenedor transparente, aplastándola otro poco para que se pegotee sobre el acrílico, aprieta fuertemente el pedal, intentando no perder esos segundos, en los que la teta aprovecha, y comienza a caminar sola, marcha atrás, para regresar a su punto de partida.

6) Tanto, tanto me la estira que, al momento en que el compresor termina de bajar y la aprisiona, al fin consigue atrapar un pedacito que, por otra parte, no es mucho más de lo que queda afuera del mamógrafo.

7) La mujer, dirigiéndose a la parte trasera del aparato, unos pasos más allá, me indica que no me mueva, que no respire, hasta que ella haya tomado la radiografía. "Qué me voy a mover! Qué voy a respirar", pienso mientras tanto, "Si lo hiciera, volveríamos al punto cero!"

8) La técnica regresa a por la otra teta, pero ahora, con cara de desafío.

9) Repite de memoria y sin pensar lo mismo que antes, pero indicándome que gire mi cuerpo hacia la derecha. Así lo hago.

10) Baja lo más que puede la bandeja y me empuja con violencia hacia el aparato, "póngase bien, bien cerca, por favor". Obedezco. Se posiciona abriendo las piernas para asegurarse estabilidad, se escupe las palmas de las manos y luego se las frota entre sí, inspira profundo, aulla un grito de guerra mapuche y se abalanza sobre mi teta izquierda, estrujándomela, como quien está tirando de la soga para arrastrar a un equipo de cincuenta gordos contrincantes. Por suerte, tiene manos chiquitas.

11) "Ey! Me duele!, le digo. "No hay otra manera, aguante.", me responde enojada, como si yo hubiese llevado, deliberadamente, tetas chiquitas para fastidiarla.

12) Baja el compresor, mientras yo rezo pidiendo a los santos paganos que permitan que todo acabe pronto, que no haya necesidad de recurrir a una tenaza, una pinza o un pico de loro.

13) Cuando la sesión tortuosa termina al fin, la mujer me invita a sentar en el hall, a la espera de saber si las placas radiográficas salieron bien. Nunca, hasta ahora, debí rehacer la mamografía. No sé si es porque siempre tuve la suerte de que todo resultó okay o porque las radiólogas no quisieron repetir la odisea, por trabajo insalubre.

De todos modos, no comprendo para qué me mandan a hacer semejante epopeya si, total, cualquier bultito se vería a simple vista pues sería, sin dudas, mucho más grande que mis tetas, por más pequeño, imperceptible que éste sea...
diciembre 09, 2008
El mantel de la discordia
El "Mechupangüenvo" funcionó. Funcionó para ella y para mí. 
Estos meses de convivencia resultaron más fáciles, más gratos de lo que temía.

No sé si tuvieron que ver la distancia y el tiempo que nos mantiene remotas; si influyeron sus setenta y tres y mis cuarenta y pico; si el autogobierno en los momentos que calificaban para una buena pelotera; si la buena predisposición; si el cansancio de tanto dialogar utilizando un idioma en el cual, las mismas palabras tienen para cada una, distintas definiciones, sino opuestas. No sé si habrá habido un acuerdo tácito o un pacto silencioso. No sé si fué el "mechupangüenvo".
Solo sé que, esta vez, funcionó.

En cuatro meses, tuvimos que putearnos mutuamente, una sola vez. Fué por un mantel.

Mientras estuvo en casa, todo lo criticó: el cajón que elegí para guardar los cubiertos; la cantidad de gaseosas que consumo por semana; la comida que cocino; la sopita que nunca hago; la poca verdura que obligo a comer a mis hijos; las bombachas que uso; la falta de conciencia en el ahorro de energía; el vocabulario con que me dirijo a Valentina; la ropa con que me visto; la manera y lugar en que guardo las ollas y cacerolas; el escurridor de platos; los vasos que le parecían demasido largos; la tapa del inodoro; la cera que le paso a los pisos; que fumo; que no como; que tengo los dientes torcidos; que uso el flequillo demasiado largo; que no visito a los parientes; que no consumo "iógur"(yogurt); que no uso delantal para cocinar...
Me cambió de lugar las cuchillas, los bols y recipientes de plástico, las especias, la azucarera, los repasadores. Tiró a la mierda aquellas cosas que creía innesesarias y, casi la ahorco con el bretel del corpiño, cuando la pesqué queriendo deshacerse de las trecemil recetas de cocina que jamás consulto.

Pero el día del mantel, el día en que nos debimos putear para marcar los límites y, de paso, practicar el ejercicio que sospechábamos descuidado, el del pugilato verbal, fué absolutamente necesario para reconocernos. Si ese episodio no hubiese ocurrido, ella no era mi madre y yo no era su hija.

Tengo un mantel blanco, rústico, pesado, que utilizo, en general, para cubrir la mesa del quincho, aquellos días en que hacemos asadito. Me encanta ese mantel! Lo adoro. Sin embargo, mi madre, lo odió desde la primera vez en que lo vió, como odió la tapa del inodoro, las recetas de cocina acumuladas y olvidadas en un cajón y el tacho de basura a pedal. Ciento cinco veces me dijo que no debía utilizar ese mantel, que parece un cubrecamas, que no era práctico y que, en cambio, debería utilizar uno de plástico, porque son más fáciles de limpiar y luego, no hay que plancharlo.
Ciento cinco veces le dije, educadamente, que no me hinchara las pelotas, que aquel mantel me gusta y que los de plástico son de tanos inmigrantes sin el mínimo sentido del gusto, la estética, la ética y el olfato, ya que dan olor a podrido.
Ese día, el de la discusión, mi madre sacó del ténder el mantel limpito y sequito, utilizado el domingo anterior en ocasión de una cena con amigos y noté que hizo con él un gran bollo, como quien prepara un trozo de algo para tirarlo a la mierda. Por lo bajo, la oí decir cosas como "Esta porquería no va más..." y " No es práctica, no sabe economizar el tiempo" y, la frase que consiguió "deschupagüevizarme": "Se lo voy a tirar asi no lo usa más".
Mi mamá, tiene la honesta desgracia de pensar en voz alta, de pelearse con mi hermana, con su hermano, conmigo, con el vecino sin la necesidad de tener a ninguno de ellos presente; discute sola, les, nos dice lo que tiene ganas de decir y, suponiendo las respuestas, les, nos responde enojada, asegurándose siempre el éxito de la disputa virtual. A veces, termina con un "Tomá! Te lo dije", sin habérselo dicho nunca a nadie.

-Qué dijiste? Que me vas a tirar qué?- pregunté buscando roña.
-Esta porquería de mantel. Yo no sé qué tenés en la cabeza vó! No te das cuenta que este mantel no va? No es práctico?
-Por qué no es práctico?
-Porque es pesado. Porque es fastidioso. Incómodo. Las mujeres con dó dedos de frente no tienen manteles asi-dijo, atizando el magma de mi memoria colérica.

Hacía un rato que no teníamos una agarrada tan enérgica. Yo me limitaba a hostigarla preguntándole y repreguntándole los porqués, buscando su mirada, parada tan cerca de su mejilla que parecía tener la intención de morderle un cachete, como el malo de la película de Cabo de miedo que personificó Robert De Niro a la chica fea que se había llevado a la cama. Ella se negaba a responder y solo repetía que soy una mala hija, que siempre ando buscando motivos para guerrear.

Chequeé que era, definitivamente, mi mamá y que yo era Sonia.
Sirvió para descargar y, parece, fue suficiente, casi como hacer un pis largo, después de haber retenido muchas horas o tallarse la cruz con una uña, sobre la picadura de insecto que pica y pica, para que no pique más.

En cuatro meses, tuvimos un solo combate, por un mantel. 
Ahora, no sé si hacerlo un bollo y tirarlo a la mierda o guardarlo como souvenir.

diciembre 03, 2008
Catalepsia selectiva
Muchas veces, pongo en autos a mi marido sobre las novedades de algún tema que le mencioné en otra ocasión. Siempre me sorprende con su sorpresa:

-Aaaah! No sabía nada! Mirá vos!
-No sabías QUÉ COSA, Marcelo?- el "qué cosa" lo digo enfatizando la q y la c y, sobre todo, el acento en la e.
-De lo que me estás diciendo. No estaba enterado.
-Te lo conté el martes.
-No me lo contaste.
-Si te lo conté. Estuvimos hablando sobre el tema.
-No. Nunca me contaste nada. Vos crees que me lo contaste pero no.
-No me prestás atención! Yo hablo y pasa Scarlet Johansen desnuda por la cocina.
-Ojalá! Pero no pasó la Scarlet desnuda y tampoco me dijiste nada. Es que hablás tanto tanto tanto todo el tiempo, que perdes la cuenta de las cosas que decis y a quien se las decis.


Yo se lo dije.Estoy segura. Si hasta recuerdo adonde estábamos parados y qué estaba haciendo: doblando ropa recién sacada del ténder.

Siempre es lo mismo, desde hace veintitrés años; le cuento cosas que me resultan interesantes para compartir y él, ahí parado, me mira con ojos sin alma, simulando escucharme. Yo, entusiasmada, pierdo el tiempo relatándole detalles del asunto y, aprovechando que no interrumpe, porque no tiene nada que decir pues no tiene idea de qué corno le estoy hablando, parloteo hasta agotar el tema o agotarme yo. Al divino botón.

Encuestando a mis amigas, descubrí que el 90% de los esposos, manifiestan la misma sintomatología cuando sus mujeres les hablan acerca de un tema que a ellos no les interesa en absoluto. Los otros, los que pertenecen al 10% restante, son maridos polleduros.
Los síntomas que presentan estos hombres en el momento en que comienza el relato sin trascendencia son:

rigidez corporal
no responden a estímulos
la respiración y el pulso se vuelven muy lentos
la piel se pone pálida
los párpados se resisten a caer

Es una especie de estado catatónico en el cual, el marido que parece escuchar atentamente, en realidad, es un muerto vivo o un vivo muerto.
Hay casos que resultan más graves aún, en los que el marido hasta pierden el control de esfínteres.
El síndrome dura lo que dura el relato de la esposa y el hombre recupera la apariencia de normalidad, apenas la mujer deja de hablar. Milagro! Milagro!

De lo dicho durante el trance, está científicamente comprobado, no queda nada o, a los sumo, alguna palabra suelta.
Lo pude constatar ayer, cuando decidí hacerle a Marcelo, la prueba del "muertito pero no tanto".
Probé meterle, en medio de la narración de una anécdota ajena, una frase que, en cualquier otro momento, en otro contexto, le hubiese molestado u ofendido o enojado.

"...y entonces yo le dije a Ginger que qué idiota la tipa, que cómo no resolvió la situación de inmediato, sabiendo que había personas mayores sin luz y sin agua, sobre todo en los pisos superiores. Y Ginger me respondió que ya se habían puesto de acuerdo todos los copropietarios y que mi marido es un salame con cara de pánfilo y yo le dije que tenía toda la razón. Así no se puede vivir! No te parece?"

-Y...si...
-Sí, QUÉ?- poniendo énfasis en la q y el acento en la e.
-Que sí. Que si! Que tenés razón...

A confesión de parte...



diciembre 01, 2008
El opa y las endorfinas
Hace cuatro días que salgo de mi casa tomando la precaución de mirar hacia ambos lados antes de apoyar un pie en la vereda.
Hace cuatro días que salgo de mi casa cubriendo mi rostro con anteojos negros para el sol, aunque esté lloviendo, porque no quiero que se vea para donde se dirige mi mirada.
Hace cuatro días que, cuando salgo a la calle, lo hago llevando un bolso resistente de cordura conteniendo un ladrillo que puede servirme a modo de arma defensiva en el caso que deba utilizarlo para golpearlo mientras le pateo las pantorrillas.
Hace cuatro días que salgo de mi casa calzando zapatos deportivos cómodos por si tengo que salir corriendo.


El día de mi cumpleaños me levanté a las seis de la mañana porque la tradición exige que las viejas deben estar muy temprano en pié para aprovechar el día y hacer que valga el doble. Asi, uno experimenta la sensación de que vive la vida en 2x1 y pareciera que dura más de lo que queda.
A las ocho, bordeadora en mano, estaba cortando el pasto en la vereda. Por el rabillo del ojo, veo acercarse a Lucy, mi vecina, mi depiladora, la esposa del Loco, la madre del Opa.

-Ay, Sonia... Ayer le dije a mi hijo que hoy era tu cumpleaños y, desde ese momento, no paró de insistir en que debíamos hacerte un lindo regalo! Está entusiasmadísimo. Casi no durmió pensando en qué podía regalarte, hasta que se le ocurrió y esta mañana temprano, tuve que ir hasta la casa de Fina, que vende productos de Avon, para comprártelo. Ahora te lo traigo. Esperame acá...- y se fué corriendo para el lado de su casa.

Quedé sosteniendo la bordeadora, sorprendida. Un hombre no había podido dormir pensando en mí... Un opa tenía que ser!
Lucy regresó con una bolsita de cartón azul francia brillante y me la entregó.

-Tomá, Sonia. Éste es el regalito que Josecito quiso hacerte- y, mientras yo abría el paquete, ella continuaba con el relato de cómo había sido toda la situación, para que imaginase el escenario y conseguir, supongo, emocionarme hasta las lágrimas- Él repetía "es que es taaaan buena; es taaaan linda....". Vos sabés que mi hijo no es demostrativo y que le cuesta mucho expresar sus sentimientos, pero con vos, no sé qué le pasa. Te adora! Tiembla cuando habla de vos o cuando te ve! No hay sesión con la psiquiatra en la que no te mencione. Espero que te guste y que lo aprecies, porque, te juro, él lo eligió...

Era un perfume; un Sweet Honesty, de Avon.
Ay, madre mia! Qué fatalidad! Qué desdicha! Qué calamidad! Qué contratiempo! Qué asco...!
Había leído, una vez, que cuando los hombres se sienten enamorados, regalan chocolates o perfumes. Parece que ambas cosas, son estimulantes directos de las endorfinas, unas moléculas liberadas por el Sistema Nervioso Central, que actúan a nivel cerebral produciendo experiencias subjetivas, que son sensaciones intensas y contribuyen a la producción de hormonas sexuales.

-Ahhhh! Qué leeendo...- No sabía qué corno decir. Con el frasquito en la mano, solo se me representaba la imagen del opa, liberando y transpirando endorfinas, mientras pensaba en el momento en el cual recibiría su regalito especial.- Gracias, Lucy... Decile que le agradezco, que aprecio enormemente este gesto.

-Se lo podés decir personalmente, si querés. Mirá, ahí está, en la puerta de mi casa. No se animó a venir.- Giré la cabeza hacia mi izquierda y lo ví, paradito, derechito como si tuviese un palo tutor en el upite. Sonriente.
Qué se suponía que debía hacer? Ir a darle un beso? Ni en pedo! Abrazarlo? Ni loca!
Sin darme cuenta, de puro nerviosa que estaba, apreté el botón que activa la bordeadora con los cuatro dedos de la mano y comenzó a funcionar haciendo girar la tanza sobre la capellada de mis zapatillas. Pegué tal grito de dolor (me dolió en serio), que parece haber asustado al muchacho quien entró corriendo a su casa, desapareciendo de escena y evitándome asi, el mal momento de tener que estarle frente a frente, y darle argumentos para sus futuros ejercicios motrices con miembros superiores, estimulado por la hormona del placer y la felicidad.

-Bueeeeno- me dijo Lucy conciliadora- en otra ocasión se lo decís. No sabés lo contento que se va a poner!


Hace cuatro días que soporto esta inquietud, este temor de cruzármelo casualmente o que me espere en alguna parte, escondido, para que liberemos endorfinas juntos...

noviembre 27, 2008
cuarenta y tres...
...y la tipa no sienta cabeza. Pasan los años y se sigue comportando como una adolescente. Hasta tetas de adolescente tiene! Si hasta conserva los incisivos torcidos porque dice que hay tiempo para colocarse los brackets, que ya los va a corregir, cuando sea el momento. Qué tiempo? Hoy cumple 43 y, dentro de poco, más que aparatos de ortodoncia van a tener que hacerle la dentadura postiza!
No le llega el agua al tanque o es una inconsciente. Todo le divierte, todo le resulta gracioso, hasta las situaciones más dolorosas. Y no es que no tenga sentimientos. Los tiene, porque da cátedra cuando se trata de advertir a los demás cuando se deben arrepentir o lamentar de un hecho desafortunado y es experta en hacerte sentir una mierda cuando fuiste una mierda. Ella sabe distinguir las diferencias entre un entorno triste, uno jocoso, uno serio, uno solemne. Pero actúa siempre igual, jugando y, a veces, desubicándose y desestabilizando a los demás.

Es de esa clase de personas a las que no sabés qué edad calcularle. Por su comportamiento; por su culo inquieto; por el vocabulario que utiliza para dirigirse a cualquiera. A veces, parece una retardada. Otras, parece la madre de su madre.
Insiste en vestirse como si aún tuviera veinte años violando el pacto que, a los veinticinco, hicieron con su amiga Marcelita, en el cual se comprometieron que a los cuarenta comenzarían a vestirse como mujeres de cuarenta. (Bueh! Marcelita tampoco le da pelota al pacto).

Su esposo ya no sabe cómo encarar una discusión para que sea una discusión. Ella no quiere discutir; solo escucha o hace que escucha y, de inmediato, cambia de tema. Lo mismo hace con su hijo mayor quien insiste en aconsejarle que crezca de una buena vez.
Ella no quiere crecer.
Tampoco quiere responsabilidades. Ni preocupaciones. Pareciera como si se cagara en todo.
Jamás asume culpas (pero las echa y cómo!).
Ella, cuando está en aprietos dice "ya va a pasar" y espera a que pase. Y siempre pasa.
Cuando el aprieto dura más de lo esperado dice "Bueeeeno, algún culo va a sangrar..." y nunca es el suyo. Y pasa también.
Porque es una descerebrada! Porque no tiene los pies apoyados sobre la tierra! Por eso!

Pero no le importa nada. Es feliz asi y, no sé cómo hace, siempre se sale con la suya. Tiene suerte.

Antes era peor. Antes, todo lo anterior estaba agravado por su impulsividad desmedida. Decía lo que tenía ganas de decir y hacía lo que tenía ganas de hacer. Así, como caía la cosa, quedaba.
La madre le gritaba " A vó, se te escapan las palabras como los pedos al burro!", porque no tenía límites.
Ahora, también dice y hace lo que quiere pero cambió el método, el modo de decir y hacer. Entendió que el efecto tiene relación directa con la causa.
Bueno, un poco creció, parece...

Se olvida de todo lo mediato pero se acuerda de los detalles infinitos de algo sucedido años luz atrás. Aunque sea importante, se olvida y, si le dicen que es una boluda por no haberlo recordado, ella se ríe y asiente. Prefiere que piensen que es una boluda, encogerse de hombros y, que aquello importante, lo termine resolviendo otra persona. Se hace la boluda... pero se olvida de verdad.

A veces, parece autista: de la nada, saca conclusiones sobre un tema que descuelga de una nube y del que nadie puede participar, porque no se entiende de qué corno está hablando.

Es de esas clase de minas que te caen rebien o te caen como el traste. Lo sabe. Tampoco le importa. Ella insiste que la química es algo que no se puede modificar porque, si pretendés agregarle o sacarle principios activos para forzar la situación, puede volar todo al carajo.

Y ahí está; con sus cuarenta y tres recién plantados, creyéndose de veinte, con tetitas de catorce, pantorrillas de cuatro, actitud de dieciseis pero un pelito rebelde que cada tanto le sale en la barbilla, como si tuviese ochenta (qué lo tiró!).

Ella parece ser una descerebrada, una inconsciente, una rebelde sin causa, una adolescente eterna, una vaga, una bohemia, una cabezadura pero el sábado, cuando sople la velita, el día del festejo junto a sus amigos y su familia, va a pedir, seguramente, los siguientes deseos:

"salud, trabajo y felicidad para todos los seres que ama, pero sobre todo, para su esposo, asi ella puede seguir viviendo como una descerebrada, una inconsciente, una rebelde sin causa, una adolescente eterna, una vaga y una bohemia".



PD: ahora, encima de todo, le agarró el Síndrome Maradona; habla en tercera persona. Lo que le faltaba! Cagamos...
noviembre 20, 2008
Cuatro gatos locos
Si hubiese podido, se incorporaba solo un poco dentro del cajón para regañar a su hija, como siempre hacía, por haberla expuesto a semejante bochorno:

-Pá qué me hiciste velorio si sabías que nadie iba a venir? Esto es un gastadero de plata al divino botón! Esta hijita mia que no sabe adónde está parada. Despué se queja de que no tiene una moneda... Hay que pensar bien las cosas antes de hacerlas!

Lila falleció a las cinco menos cuarto del día martes aunque, sospecho con inmenso dolor, ya estaba muerta desde hacía un año. Mi suegra decidió despedirla con todas las rutinas de la tradición post mortem que un cuerpo cristiano parece merecer, asi que contrató un servicio fúnebre en una casa velatoria de Castelar a la medida de su presupuesto, es decir, ni muy muy, ni tan tan.
El féretro con lo que quedaba de la abuela, llegó a la una de la tarde en punto y, las únicas cinco personas que a esa hora pudimos postergar nuestras ocupaciones para dar el presente en esa cita ineludible, llegamos unos cinco o diez minutos más tarde. Hasta en esa ocasión, Lila fué más puntual que el resto.

El lugar era inmenso, limpio y, de no ser porque sabíamos que en una habitación contígua estaban los despojos de la pobre abuela, parecía más la sala de espera de un consultorio médico que el recinto de una funeraria.
Al lado de cada sillón, había mesitas de mármol y, sobre ellas, unos ceniceros amurados para evitar que algún deudo se los afane y unos platitos con caramelos surtidos. También había carpetas con folios que contenían indicaciones, consejos y sugerencias, como por ejemplo, los beneficios de contratar en vida un buen funeral con todos los chiches, comenzando a pagarlo en cómodas cuotas mientras uno goza de buena salud. Además, en la última página, una información a modo de aviso, subrayado y con letras negritas, advirtiendo a los familiares del difunto que no pretendan reclamar haberes jubilatorios luego del deceso del óbito. Supongo que esto último, debe haber sido motivo de exclamación de algún pariente de otro velorio, claro, maldiciendo al pobre muertito por haberse ido: "Al final, nos servía más cuando estaba vivo. Al pedo lo dejamos morir!"

Los cinco, durante horas, charlamos de cualquier cosa para dejar correr el tiempo sin pensar.
Por supuesto, el récord del uso de la palabra, fué mio, pues, me sentía sumamente incómoda, triste, afligida por esa despedida tan poco concurrida.
De los hermanos de Lila, solo una queda viva y está enferma y lejos. Parientes, quedaron pocos y están desperdigados por todas partes. Solo estábamos los tres nietos, su única hija y yo.
Pero en la sala contígua, había otro velatorio; ese sí era bien participativo. Yo veía que la gente entraba y entraba y nunca salía. Me preguntaba si se morían allí dentro, si había espacio para tantos. Me moría de envidia!
Había momentos en los que alguno de los invitados del velatorio vecino, se confundía y asomaba la cabeza cogoteando adonde estábamos nosotros cinco, sentaditos y desanimados.

-Acá velan a la Señora Hilda?
-No. Es al lado, pero si gusta, puede pasar a hacernos compañía. Le servimos un café...
-No, está bien, gracias. Tal vez en otra ocasión.

"No habrá otra ocasión", pensaba yo, "es ahora o nunca". Y se iban.

Unas horas más tarde, llegó Emilio, ex Pelusa, el primo hermano, odontólogo, de mi suegra. Ya éramos seis. Seis es mejor que cinco...
Emilio nos hizo el aguante un buen rato.

En la pequeña cocinita, había una cafetera automática que nadie sabía cómo usar aunque, seguramente, y gracias a las quejas de los concurrentes de velorios anteriores, dejaron la alternativa del frasco de café instantáneo, horrible por cierto, pues, ellos saben, en ese contexto, nadie se fija la etiqueta de la marca ni el sabor de lo que ingiere.
Noté que en una alacena, había una docena de tacitas y platitos y, en tren de evitar reflexionar en cosas serias para no recordar el porqué de esa reunión atípica, se me ocurrió pensar que, después de todo, era mejor que fuésemos solo seis personas pues sino, no alcanzaría la vajilla. También pensé que debíamos manipular la porcelana con cuidado; me acordé de un velorio al que concurrió hace unos días la Coca, mi hermana, en el que la única hija de la fallecida, debió pedir dinero prestado para pagar el servicio y también, para pagar las tazas y vasos que se le rompieron gracias a un movimiento brusco; hubo que hacer una "vaquita" entre los presentes y, nosotros, éramos tan pocos...

Un rato después, llegó Gustavo, mi cuñado. Éramos siete, todo un número.
De todos modos, seguíamos invitando a pasar a los que entraban equivocados para ir a acompañar a los deudos de Doña Hilda, la de al lado.

A las cinco, debí irme para retirar a Valentina del colegio. Detrás de mí, se fueron Emilio y Gustavo. Quedaron cuatro. Cuatro para velar a una mujer que vivió ochenta y cinco años al servicio de los demás.

Afortunadamente, en el lapso en que la madre y sus tres hijos quedaron solitos en esa amplia sala de espera, llegó Alberto, mi suegro, en calidad de ex yerno, de padre de los nietos y abuelo de los bisnietos de Lila.
Como siempre, la presencia de mi suegro, no es una circunstancia más: él tiene que hacer o decir algo que deje huella; también en los velorios.
Mi marido, hasta ese momento, no había querido entrar a ver a su abuela; deseaba quedarse con la imagen de su sonrisa, de sus ojos vivarachos. Una decisión respetable, razonable, defendible. Pero mi suegro, como yo, necesita cómplices y víctimas en sus transgresiones, asi que, insistió e insistió a su hijo para que pasase junto con él al lugar adonde estaba el féretro y, diciéndole "Ves que no pasa nada?", lo impeló a que la viese, asi, como estaba, sin anestesia.

"Ves que no pasa nada?", le dijo. Y qué iba a pasar? Nada! Tal vez, un traumilla pequeño por haberlo invitado a reemplazar una imagen plácida y confortable por un recuerdo desgarrador y triste. Nada!
Pero por suerte, Marcelo parece no haber reconocido, en ese cuerpecito inerte, a la que, en vida, fué su abuela querida, porque de no haber sido asi...

En un momento, quedaron los cinco originales de una familia ya desarticulada.
"Fue bizarro", me comentó luego mi marido, "Hacía muchísimos años que no estábamos los cinco juntos. Me sentí raro...".
Pero llegué yo, para romper aquella armonía que solo un velatorio podía conseguir. Supongo que de haber sido otro el escenario, alguno de los cinco no hubiese estado.

Eran las siete de la tarde. Éramos demasiado pocos. Alberto, tomó la iniciativa y sugirió que se cerrase el lugar hasta la mañana siguiente y que, cada uno, fuese a descansar a su respectiva casa.

Al velorio de al lado, seguía llegando gente mientras que, al de Lila, los cuatro gatos locos, nos íbamos yendo..
noviembre 08, 2008
De porqué no hay mukis en mi vida.
Mi casa es grande y yo soy una tarada. Me creo suficiente para encargarme de todo porque, presumo, nadie puede hacer lo que hago mejor que yo.

Mi casa tiene tres habitaciones en la planta baja, dos baños, un quincho, jardín adelante, jardin detrás, comedor y cocina. En la planta alta, un play room, otro baño y el escritorio. Rejas, ventanales inmensos, patios, pasillo, escalera, plantitas, dos güevones, una gurisa y un blog.
Todo lo limpio y ordeno solita; de todo me encargo yo misma sin aceptar que nadie meta mano, porque me gusta hacerlo y me encanta quejarme luego de todo lo que debí hacer.

Yo lavo, yo cocino, yo plancho, yo corto el pasto, yo baldeo, yo encero, yo, yo, yo...

-Por qué no contratás a alguien que te ayude? No sé cómo hacés con todo.
-Porque no sirvo para mandar, no tengo autoridad con el personal doméstico. Es plata tirada. Me angustio.

No sirvo, lo asumo.
Cada vez que he tenido una señora para que me alivie las tareas domésticas, me han sacado la ficha de inmediato y siempre acababa siendo yo la "chica que limpia". Me someten.

Dora:

Esta mujer, venía a trabajar con su sobrino, de quien se había hecho cargo pues su hermana, deficiente mental, había fallecido en el parto. Me daba mucha pena la situación, asi que le permitía traerlo para que, de paso, jugase con Fede, quien era también un niñito por entonces.
El nene era un auténtico malcriadito, caprichoso y nerviosito, rompía todo lo que tocaba y vivía cagando a trompadas a Federico a quien se le había impuesto la prohibición absoluta de defenderse porque, le explicaba, el chico estaba en inferioridad de condiciones por lo que había que ayudarlo y contenerlo y no ajusticiarlo. Por esta razón, mi hijo lo odiaba y no comprendía el porqué, en su propia casa, él debía ceder siempre a los antojos de un pendejo que no era siquiera su vecinito y dejarse pegar sin poder reaccionar en consecuencia.

Dora llegaba siempre tarde y se tomaba una hora para desayunar junto a su sobrino, mientras miraban los dibujitos en la tele. Entretanto, yo, ventilaba los cuartos, cambiaba las sábanas, recogía la ropa para lavar y ordenaba algunas cosas. Cuando los "invitados" terminaban su desayuno, la mitad de los quehaceres, estaban resueltos.

El los días de mucho calor, Dora siempre traía un bolsito extra con el traje de baño de ambos y el patito inflable del nene. Eso sí, los toallones nunca los olvidaba. Apenas llegaban, el mocoso comenzaba a preguntar insistentemente: "Ya podemos ir a la pileta? Ya podemos ir a la pileta? Ya podemos ir a la pileta?" , mientras devoraba el paquete de galletitas que había manoteado de la alacena, y su tía, ubicadísima, le respondía que después del almuerzo y luego de haber hecho la digestión.
Claaaaro! Ya tenía el día organizado en el único club del mundo en donde se le pagaba para que fuese a refrescarse en la piscina.

Un día, me confesó de que estaba embarazada. De cinco meses.

-Por qué no me lo dijiste antes, Dora?- le pregunté asombrada mientras ella tomaba unos mates y yo sacudía las almohadas.
-Y... porque tenía miedo de perder el trabajo...
-Vos crees que yo soy una desalmada capaz de echarte porque estás esperando un bebé?
-Y... la mayoría de las patronas lo hacen- me sentí una miserable. No contaba el aguante que había tenido hasta allí?

Cuando nació la nena, Dora comenzó a venir con el sobrino y la bebé.
Ya no solo debíamos comprender los impulsos y caprichos del borrego sino que ahora, se agregaban los tiempos que la flamante madre le dedicaba a la nenita para cambiarla, darle la teta, acunarla para que se duerma y entretenerla un rato para que no rompa las pelotas. Y Fede, ahora además, debía hacer silencio para no despertarla...

Cuando la bebé ya tuvo edad como para traerle su bolsito con el traje de baño y el patito inflable, mi casa, en las tardes de verano, se convirtió en la colonia privada de los tres morochos, quienes, probablemente, no hubiesen pasado la revisación médica de los hongos entre los dedos de los pies y los piojos en donde había un pelo incipiente.

Un día, Dora me dejó por otra "patrona" y yo respiré, me sentí libre.

No me animaba a cortar con esa situación de abuso y, las únicas dos formas de deshacerme de ella y los mocosos eran, que renunciara amistosa y voluntariamente o que se muriera.
A los seis meses, regresó para ver si todavía tenía el puesto vacante, pero ya era tarde...


Rosa:

me dió mucha pena contratarla pues, era una señora mayor y veía en ella a mi madre. Pensaba "Pobre mujer, a esta edad, tener que ir a limpiar la casa de otros para ganarse unos pocos pesos..."

Siempre fui una blandengue y, aprovechando mi compasión y ese sentimiento culposo que me anula cuando estoy en superioridad de condiciones respecto de alguien, la mina me manejó como quiso.

A veces, venía haciéndose la renga:

-Me duele el tobillo... creo que me lo esguincé ayer cuando me bajé de la silla al limpiar tus alacenas- A esto llaman los entendidos un perfecto manejo de la culpa sobre un objetivo demasiado fácil.
-Uhhhh! qué pena...
-El médico me dijo que ya no tengo edad para andar haciendo malabarismos con mi cuerpo, asi que, si no te molesta, no voy a poder hacer ciertas cosas.
-Como qué?
-Como baldear los patios, limpiar las alacenas, sacar los ventanales, agacharme para ordenar la heladera o pasar el trapo al piso.

Lo más grueso; aquello para lo cual, yo andaba necesitando ayuda.
Cuando Rosa venía, todo eso mencionado lo hacía yo y, a ella, le dejaba lo más ligth: barrer, pasar el plumero o la franela a los muebles, cebar mates o limarse las uñas.

Otras veces, venía diciendo que tenía temperatura o parásitos o diarrea y siempre, pero siempre, tenía una excusa para no hacer aquellas tareas que no le gustaban.

La "patrona" terminaba reventada y la doméstica, se iba fresquita como una lechuga (lechuga fresquita) y con la platita en el bolsillo.


Una tarde, me pidió dinero adelantado, exactamente el pago completo de un día no trabajado aún, porque precisaba comprarse un remedio. No vino nunca más.
Me sentí liberada, una vez más...

También, como con el caso de Dora, yo rogaba para que ganase el premio mayor de la lotería convirtiéndose en millonaria para que dejase de "trabajar" o que, si no había otra opción, le cayera un rayo justo en la mollerita y se fuera para el otro mundo. Todo, porque jamás me atreví a ponerle los puntos.

Otras:


En el medio, hubieron otras a las que permití me tomaran el pelo.
Liliana, por ejemplo, se daba respiros cada media hora para fumarse un cigarrillo. O Carla, a quien el marido la cagaba a trompadas porque sospechaba que le era infiel con el pastor de la iglesia y se la pasaba llorando y relatándome los cómos, los cuándos y los porqués de cada episodio, mientras yo limpiaba sin olvidarme, cada tanto, de alcanzarle un pañuelito de papel. O Raquel, la que aprovechaba para hacer llamados a larga distancia, a su madre y hermanas que vivían en Tucumán.

Pero la que más me hizo trajinar, sin dudas, fue Paula.
Ella "trabajó" en mi casa, durante tres años.
Además del sueldo que se llevaba por simular que hacía algo, le pagué el curso de depiladora porque quería convencerla de que podía ganar dinero, administrando su tiempo, sin dejar tantas horas solitas a sus tres hijas preadolescentes.
Qué se yo! Me daba tristeza saberla joven y llena de proyectos y ganas e intenté ayudarla a cambiar su vida con los pocos elementos con los que contaba.

Paula llegaba a casa y, lo primero que hacía, era encender la tele. Ponía el noticiero de TN a todo volúmen para informarse mientras limpiaba.
Habitación en la que entraba, habitación en la que prendía el televisor. Miraba el programa de Mirtha Legrand, las novelas y, en el momento de las publicidades, tomaba el control remoto y hacía zapping, dejando de lado aquello que estaba haciendo.

De vez en cuando, la encontraba en alguna actitud sospechosa: abriendo los cajones de los cuartos o husmeando dentro de los placares.

-Oia! Qué es este aparatito que estaba en la pieza de Fede?
-Ah! Un mp4.
-Uhhh! Qué bueno! Se lo trajo de Italia, verdad? Porque acá no hay de estas cosas.
-Pse.

Y me pedía detalles de cómo funcionaba.

-Yo quiero uno asiiii...- me decía mientras se enchufaba el auricular y toqueteaba los botoncitos, mientras el baño esperaba para ser tenido en cuenta.

-Qué lindo el celular! Es nuevo?
-Adónde lo encontraste?
-Estaba en el escritorio. Lo encontré mientras limpiaba el bordecito del cajón, para lo cual, debí abrirlo...- y se ponía a juguetear con el aparatito mientras que yo, fregaba los vidrios repartidos de la ventana de la cocina.

Un día, desapareció el Mp4 y, aunque todos pensamos en Paula, no podíamos acusarla. No es correcto incriminar a alguien cuando no se tienen pruebas.
Otro día, desapareció una cámara de fotos que estaba en desuso.
Otra vez, se esfumó el artefacto que sirve para enchufar la tableta antimosquitos.
En otra ocasión, unos Cds vírgenes que mi marido tenía en una "torta", sobre el escritorio.
Y así, comenzamos a prestar atención y a buscar aquellas cosillas que estaban abandonadas u olvidadas en algún rincón de la casa y descubrimos que no estaban donde debieran ni en ninguna otra parte.

Mientras ella miraba su novela de las tres con cara de asombro por lo que el Luis Alberto había sido capaz de hacerle a Carlos Pedro y mientras yo limpiaba las hornallas de la cocina, dele que dele con la virulana, la observaba y pensaba "Habrá sido capaz de robarme las cosas, además de atreverse a robar el dinero del tiempo en el que viene a NO limpiar?"

Descubrí que mentía, que cuando faltaba porque decía tener a su abuelo enfermo, en realidad, estaba acumulando descanso para poder ir a un recital de Damas Gratis por la noche. O que, cuando hacía llamar a su esposo para avisarme que tenía la casa inundada, la luz cortada o el gato sobre el tejado, la verdad era que estaba sobrevellando una resaca que traía de un festejo del día anterior.

Me dolía, pero no fuí jamás capaz de decirle nada, de encararla con cara de "patrona" y pedirle explicaciones por cada una de mis sospechas y las certezas que tenía.

Paula sabía muy bien que yo sabía muy bien, pero se hacía la estúpida y mentía sobre lo mentido, a pesar de mi cara de culo de la que no acusaba recibo.
Me sentía impotente y después, me la agarraba con mi marido.

Un día, la enganché con las manos en la masa: me había comentado que una de sus hijas volaba por la fiebre y que, de todos modos, había venido a trabajar. Yo, imbécil y sensible a las necesidades ajenas, quise creerle y le permití retirarse a mediodía, cuando la casa estaba en el quilombo máximo de despelote. No me animé a dudar; y si la nena estaba enferma de verdad?
Dos horas después de quedarme sola, con todo para hacer, dejé el trapo rejilla y me saqué el plumero de entre los cantos y llamé a su casa con la excusa de conocer el estado de salud de la pendeja. Un viejo, supongo que su abuelo, ingenuo y sincero el pobre, me dijo que Paulita no estaba, que había salido con las nenas para hacer la cola, desde temprano, para sacar las entradas para el recital del gordo Luis Miguel.

No hay nada feo que un culo feo y así, fea como un culo bien, bien feo, se presentó mi cara el día siguiente, en el que llegó, muy oronda, con su walkman a todo volúmen y cantando "Usted es el culpable" o una inmundicia similar.

-Vos sos una turra!- la erre la marco bien cuando me enojo- Sos una turra, mentirosa y desfachatada!- no lo dije; lo pensé al abrir la puerta y ella escuchó mi pensamiento.

-Sonia, tengo que hablar con vos- se adelantó y esperé a que desembuchara la verdad. Tal vez, la disculpaba y todo- Tengo que avisarte que no voy a venir a trabajar más. Te doy tiempo hasta que consigas a otra chica y, cuando la tengas, me voy.

Eran las ocho de la mañana y yo estaba caliente como una pava caliente, casi a punto de fundirse sobre el fuego.

-No. No esperes a que consiga nada. Andate YA mismo de esta casa. Me cansé de vos, de tus mentiras, de mi desconfianza, de tus abusos, de mi imbecilidad, de tus hijas, de tu abuelo, de Luis Miguel, del Mp4, del sobrino de Dora, de Rosa, de los llantos de Carla y del pastor evangelista! Así, tal como llegaste, girá sobre tus talones y tomátelas de acá antes de que me arrepienta de reprimir mis ganas de cagarte a trompadas- y le cerré la puerta debiendo empujar con ella a su culito para impulsarla a que diera el paso que no terminaba de dar, por la sorpresa.


Nunca más quise tener ayuda. Decidí arreglármelas solita. Aprendí que no sirvo para mandar, para establecer diferencias, para marcar límites, para dar órdenes, para asumir un cargo de autoridad.
No sirvo cuando se trata de tener una empleada a mi cargo, aunque, según mi esposo, todo eso lo llevo a cabo muy bien, con mucha seguridad y fuerza, cuando se trata de imponerme ante las personas equivocadas, por ejemplo él.

Es por eso que acá estoy, feliz, teniendo un buen motivo para quejarme por todo lo que tengo para hacer, cada día, en esta casa, la que ya me queda demasiado grande.
noviembre 05, 2008
Querido Papa Benedicto XVI:



me atrevo a escribirle porque hay algo muy importante que, siento, debo decirle...


No. "Querido Papa" suena a que lo quiero, a que le tengo un mínimo de afecto y le estaría mintiendo desde el principio.


Señor Joseph Ratzinger:

le escribo pues tuve el impulso de hacerle una sugerencia y, como soy una persona que suele dar rienda suelta a sus impulsos, creí que, en este caso menos que en ningún otro, no debería abortar esta necesidad de...

No. Si le escribo la palabra abortar no va a querer seguir leyendo.


Excelentísimo Sumo Pontífice:
(eso le va a gustar)


me dirijo a Usted porque entiendo que la Santa Iglesia, sigue meando fuera del tarro tal como lo viene haciendo desde los principios de su creación.

No se preocupe; no quiero, en este caso, debatir el tema de la libertad a la planificación familiar, ni quiero mencionar lo que pienso acerca del antinatural celibato que intentan simular ante los giles, ni el origen y los porqués de la frase "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago" que atribuímos a los sacerdotes.

No se asuste; mi carta se debe a que me siento en la imperiosa necesidad de sugerirle, de proponerle, de advertirle que, si la Iglesia no cambia ciertas tradiciones inútiles y las transforma en costumbres productivas en pos del beneficio de la humanidad, algún día, ocurrirá una desgracia y, posiblemente, el autor y responsable de dicho desastre, sea yo, aunque el culpable, de hacer caso omiso a esta humilde advertencia, sea Usted.

Tengo entendido, y le pido me corrija si me equivoco, que el propósito de convocar a un multitudinario grupo de personas que comparten la misma fe, invitándolas a caminar por horas a lo largo de kilómetros y kilómetros (setenta, concretamente), desde la Iglesia de San Cayetano hasta llegar a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, es la de mostrarle al mundo cuan unidos están los fieles y cómo se asocian sosteniendo un único lema el cual, en la última peregrinación fué "Madre, que veamos a Jesús en cada hermano", y, de paso, ver si esa energía mística, consigue "contagiar" a otros indecisos que se sienten conmovidos por la fuerza de la fe colectiva.



No soy mujer de fe, por lo que nunca, y entiéndame bien, NUNCA comprendí qué es lo que lleva a que miles de personas, cumpliendo tal vez alguna promesa, se sientan seducidos a andar y andar durante un día entero para llegar a un sitio en el cual se termina todo sin hacer nada que los ennoblezca.


No sería mejor acaso que, en lugar de perder el tiempo haciendo un sacrificio ocioso y estéril, se convocase a tooooda esa gente a hacer una verdadera obra de bien? Pintar escuelas públicas, donar sangre, atender a enfermos que no tienen familia, leerles cuentos a los niños en los hospitales, limpiar los geriátricos, podar las plantas o levantar las cacas de los perros en las veredas de la ciudad, no son mejores propuestas que enllagarse los pies y faltar al trabajo al día siguiente con la excusa de "Fuí a la peregrinación a Luján, fuí" o "Estoy hecho bosta por tanto peregrinar".



ME TIENEN REPODRIDA LOS PEREGRINOS!
Por su caprichito, cada vez que hay una procesión de este tipo, cortan la avenida principal y obligan a quienes NO queremos participar, a hacerlo de todos modos, teniendo que dar vueltas y vueltas hasta encontrar un paso libre para atravesar la calle que ellos toman por asalto. Y no solo eso, ocupan a los policías de los barrios, para "organizar" el tránsito, cuando deberían estar cuidando nuestra seguridad, la de los católicos, los musulmanes, los judíos y los que leen a Osho.



ODIO A LOS PEREGRINOS! Siempre me complicaron la vida pero en tres oportunidades se pasaron de rosca, una de las cuales, en que debía llevar un medicamento que no podía romper la cadena de frio para ser aplicado a mi hijo Federico con urgencia, casi acabo presa por querer atravesar la Avenida Rivadavia, llevándome por delante a unos cuantos fieles, luego de haber tardado más de una hora en hacer un trayecto que, en situaciones normales, no hubiese sido de más de quince minutos, con semáforos y viejas cruzando lentamente incluídos.
Cabe aclarar que, el plasma inyectable que llevaba debí tirarlo a la basura pues, el médico sospechó que, luego de tanto tiempo bajo una temperatura de más de 30º, constituía un riesgo más que un beneficio.



QUE VAYAN A LABURAR! Los detesto, me tienen podrida y, sobre todo, me encolerizan pues, la mayoría de las veces en que los veo pasar, me dedico a observarlos, uno por uno y, encuentro la triste coincidencia de que, muchos de ellos, llevan botellas de cerveza, equipos de música portátiles que suenan cumbias a todo volúmen y, cuando me quejo por la privación ilegítima de libertad de tránsito, me putean o me desafían con frases como "Andá a cagar, fierita!" o "Chupame ésta", expresiones que deberían estar reñidas con el escenario y el propósito que los convoca.




Es por eso que le escribo, Señor Ratzinger, porque creo que, las promesas que la gente hace para que se le cumplan ciertos pedidos a través de la gestión de determinados santos, deben constituír un sacrificio propio y no ajeno.
Yo no tengo porqué hacerme cargo de que doña María, ofreció a la virgencita ir caminando hasta Luján, si el hijo conseguía trabajo o si la nuera se convertía en un hongo.
Yo no tengo porqué hacerle la pata a doña María en su cruzada.



Sería mejor que Usted, le sugiera a ella y los otros, que no molesten a los demás, que no hace falta hacer grandes bardos para sostener una gran obra.

Sería mejor que les haga ver a sus fieles que, si son tan filántropos como pretenden demostrar y si tantas ganas tienen de caminar, que lo hagan con un escobillón en la mano, asi de paso, limpian esta ciudad a la que ellos, cuando pasan en procesión, dejan más sucia de lo que comunmente es.

Que si quieren ser respetados, que respeten. Que den el ejemplo. Que si a cada grupo de personas a los que los une una afinidad en común, se le ocurriese cortar las calles, adueñarse del espacio de todos y molestar a los vecinos con altoparlantes que emiten sonidos incomprensibles y cantan canciones que ni ellos conocen, el mundo sería un caos y, supongo, que no es eso lo que Ud quiere, verdad?



También, hágales saber que no serán más buenos por caminar setenta kilómetros para llegar a ninguna parte (y cuando digo "ninguna parte" me refiero a hacer algo productivo). Dígales que sean generosos y humanitarios, que hay gente que lo necesita, que está sola, enferma o desesperada y que tal vez, está en la esquina de su casa, no en Luján.

Dígales que no gasten dinero en llevar gaseosas o cerveza o comida a las peregrinaciones; que donen el equivalente a alguna fundación, anónimamente y que, luego de hacer ese acto de bien, se queden en su casa a rezar diez mil padrenuestros si lo prefieren o, simplemente, llamen a un amigo para decirle cuánto lo quieren.



Sin más, por ahora, saluda atte,




Sonia





PD: hubiese querido firmar esta carta con mi viejo nick (Diablita) pero supongo que lo va a tomar a mal y no quiero que sienta que soy una enviada de la contra.
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