Pecados Capitales
by una ama de casa dignamente mediocre
mayo 19, 2008
Qué fué primero, el pollo al horno o la gallina?
Mi marido siempre dice que tengo un exceso de imaginación y mi hijo traduce esa frase, asegurando que lo que padezco es un serio problema de maduración mental.
Básicamente dicen lo mismo pero como cada uno tiene un compromiso diferente conmigo y, el efecto que puede provocar cualquier juicio hacia mi persona les afecta de un modo distinto, ambos llegan al mismo sitio transitando atajos desiguales.
Es por eso que Marcelo es más sutil para decirme lo que Fede me dice directamente: que soy una pelotuda que hace pelotudeces permanentemente.

A mi no me interesa nada. Soy feliz siendo como soy y siempre les digo que, el día en que ya no esté, van a recordarme por esas cosas que hoy me critican.
Es lo mismo que sucedió con mi viejo a quien si hubiésemos podido esconder en un baúl, como a Chirolita, mientras había visitas en casa, para evitar que hiciera o dijera estupideces vergonzantes, lo habríamos hecho y, sin embargo, hoy, que no está, extrañamos cada una de su taradeces y no te imaginás la falta que nos hacen!

Muchas veces, estamos comiendo y Federico me señala que, en mi frente, tengo un cacho de lechuga pegada. Él lo hace discretamente, con el propósito de que me lo quite de ahí pero yo, rebelde, me lo dejo y siempre aprovecho para hacer apologías de los pedazos de lechuga que a uno se le pegan cuando come.

-Si la lechuga está ahí, por algo es. Nada en la vida es por casualidad de manera que, dejémosla a ver qué mensaje quiere transmitirnos y adonde quiere llegar.

Fede dirige la vista hacia su padre y ambos, se muerden el labio inferior y cierran los párpados. Yo sé bien qué quiere decir ese gesto asi que, levanto la apuesta para irritarlos y entretenerme un rato. Tomo otro pedacito de lechuga y me lo ubico en otra parte de la cara

-Para que tenga compañía. No es bueno que la lechuga esté sola...

Y asi comienzan los improperios que, asumo absolutamente, busco y busco hasta que los encuentro. Y me los banco. Y me divierten.
"Pero mamá! Sos grande para hacer esas pavadas! Es un asco que tengas pedazos de lechuga pegadas por toda la cara! Sacate eso!" Mientras mi esposo, menea la cabeza, diciendo sin decir "no hay solución. Está todo perdido..."

A veces, mis elecciones a la hora de divertirme, se pasan del límite. Lo que ocurrió el viernes no sé cómo repararlo.
Valentina está enferma desde hace diez días y tal vez, haya sido el cansancio de mi neurona lo que me llevó a hacer una salvajada que, como madre, no tiene retorno ni perdón.

Había descongelado dos pollos chicos y los estaba limpiando. La gordita andaba cerca mio, pidiéndome upa, porque no se sentía bien. Yo tenía que cocinar y, para entretenerla y que se dejara de joder por un rato, se me ocurrió hacerle una función de títeres con los cadáveres de las aves.
Los tomaba por las alitas e improvisaba diálogos:

-Hola gallinita! Cómo estás? Querés jugar conmigo?- decía un pollito y, agarrando al otro, continuaba la obra.
-No, no quiero jugar. Estoy un poco deprimida.
-Por qué estas triste?
-Porque estoy toda desplumada y me van a cocinar y yo no quiero que me cocinen.
-Uhhh! A mi también me sacaron todas las plumas! Ufa! Y ahora, cómo vamos a hacer para volar?
-Las gallinas no volamos, estúpida. Por eso es que somos presa fácil para la cacerola o el horno.
-Tenés razón, amiga. No lo había pensado...

Muy copada estaba yo con mi obra de teatro, cuando, de pronto, giré la cabeza y noté que Valentina estaba llorando en silencio. Largué los pollos a la mierda y me acerqué a la nena para preguntarle qué le sucedía.

-Pobres gallinitas, mamá...buáaaaaa!-y me abrazó con fuerza- yo no quiero que cocines las gallinitas...buaáaaa! Pobrecitas, mamá...pobrecitas las gallinitas...buáaaa!

Yo solo quería entretenerla un rato y lo que conseguí es que descubriera que, los pollos tan ricos que suele comer, no son más que esas gallinas felices que suele ver en las granjas o en algunas casas del pueblo en donde vivimos.
Quise reparar la burrada cometida y volví a los pollos. Creo que la embarré peor.

-Bueno, pollitos, ahora la mamá de Valentina les salvará la vida. Les pegaré las plumas nuevamente y los dejaré libres para que puedan jugar con otras gallinitas.- Tomé a uno por las alitas y continué con la parodia.
-Gracias!! Ahora podremos ser como todas la gallinas! Gracias por no cocinarnos. Gracias por querernos! Gracias por...- y otras estupideces más que ni me acuerdo.

Valentina seguía llorando, con más fuerza.

-No tienen cabeza!!! Buáaaaaaaaaaaaaaaa!

Le expliqué, culposa, que en realidad no eran gallinas, que eran como el arroz o el jamón crudo, una cosa que no tenía vida y que, dada la forma que tenían, yo había aprovechado para hacerlas pasar por gallinitas solo para el teatro de títeres.

No quedó muy convencida. No me creyó.

A la noche, mientras comía la pata que tanto le gusta, me preguntó si eso que le había servido era la patita de la gallinita. Quedó traumada la pobrecita. Le expliqué que no, que era un modo de llamar a ese trozo de comida, asi como se llama hipotéticamente al "culito del pan" o al "cuello de botella" o a la "boquita de dama".

Y bueno, che! Bastante que todavía vengo conteniéndome y no le dije que Papá Noel es el padre y que el INDEC no dice la verdad cuando tira las cifras de la inflación.

Es verdad que soy una inmadura y que hago pelotudeces, pero es lo que hay.
Después de todo, la culpa de que tengan una madre como la que tienen es de mi suegro. Que le reclamen a él!
mayo 15, 2008
El opa que me ama
Cuando me mudé a esta casa solía dejar la ventana del comedor, la que da a la calle, abierta de par en par, para permitir que el aire corra y ventilar por algunas horas.

Nunca pasa nada en mi calle asi que fue fácil advertir que, cada vez que esa ventana se abría, un tipo montado en una bicicleta, pasaba una y otra vez mirando hacia el interior sin disimulo.
"Pero este tipo es pelotudo?", gritaba para que escuchase y le cerraba la ventana, pero siempre que la abría, el mirón regresaba.
El frente de mi casa tiene unos diez metros; esos diez metros eran los que transitaba el tipo de ida y de vuelta, una y otra vez, en línea recta, pa la derecha y pa la izquierda, sin cansarse y siempre cogoteando hacia el interior. Tan despacio pedaleaba esa bici, que no se cómo hacía para no perder el equilibrio.

Es costumbre popular que, cuando uno quiere insultar a un mirón sinvergüenza, no se le grite palabras como "inteligente" o "sobresaliente" o "genial", sino por el contrario, le vocifera cosas como "idiota", "imbécil" o "pelotudo de puta". Eso hacía yo, apuntar a su coeficiente mental porque solo un tarado podía insistir con esa actitud. Me salía del alma.

Tiempo después supe que ese tipo era el hijo de Lucy, mi depiladora, y el loco y supe tambien que el muchacho es retardado.

Se llama José, tiene unos treintaypico de años pero una mentalidad de ocho, a veces menos.
Su aspecto físico, si no habla, parece el de un hombre normal. Camina derechito, apretando las cachas, con pasitos cortos, rápidos y decididos. Tiene los pies chiquitos, confirmando, una vez más, mi teoría de que a las personas que tienen los pies cortos en relación a su altura, le faltan cinco para el peso y, a veces más.

Eso de parecer normal le juega en contra. Lucy me contó que el otro día, en un colectivo, un tipo lo cagó a trompadas. Resulta que el agresor estaba con su novia, sentados en el último asiento y José, quien se siente atraído por las jóvenes en edad de merecer, clavó la mirada en sus pechos y no le sacó la vista hasta que recibió un par de piñas que le cerraron los ojos compulsivamente. Claro, el novio de la tetona, no tenía idea de que José es un chico deficiente y creyó que era un degenerado que andaba buscando roña, además de tetas.

Está de más aclarar que me da mucha pena su condición de disminuído mental, pero igualmente lo hago, para quienes crean, con lo que contaré a continuación, que soy una desalmada que se burla de un pobre tonto que no tiene culpa de haber nacido con un par de lamparitas apagadas.
Aclarado este punto, continuaré con libertad de expresión.

José se enamoró de mi desde el momento en que descubrió que sería su nueva vecina. Me lo contó su madre. Ella dice que no hace más que repetir, siempre que me ve, que soy la mujer más hermosa que ha conocido y parece que hasta hace dibujitos en los que aparezco tomada de su mano o dándole besitos.
Lucy me cuenta esto, supongo que pretendiendo inspirarme ternura pero la verdad, es que me da asquito, sobre todo, porque se que los retrasados mentales, tienen la sexualidad exacerbada e imagino que, cuando piensa en mi, no utiliza la mano precisamente para escribirme poemas.

Cada vez que salgo a la vereda a cortar el pasto, José, casualmente, sale a sentarse a la puerta de su casa y se me queda mirando de reojo. Mientras yo hago mi trabajo, él hace el suyo: se rasca o se acomoda los genitales metiendo una mano dentro del bolsillo del pantalón. A veces, noto que entra corriendo, desaparece por diez minutos y vuelve a salir a la vereda, como más tranquilo y ya sin picazón o huevo que se le desacomode.

Lucy armó en el garage de su casa, una especie de gabinete para depilar a las vecinas; con eso se gana la vida, la pobre. Es una sala de tres por dos y, en la pared del fondo, hay una ventana que da al interior de su casa. Justo ahí, pegada a dicha ventana, está la camilla en donde me acuesto para que me pele como a una gallina. Siempre que voy, tengo la sensación de que hay alguien espiando detrás de esa abertura y el otro día, lo confirmé; estaba yo recostada sobre la camilla, en ropa interior, cuando veo que la cortina comenzó a moverse como si alguien estuviese sacudiéndola con movimientos rápidos y cortos.

-Se mueve la cortina, Lucy!
-Ah! Debe ser el perro, quedate tranquila.
-Si, claro. Debe ser el perro...

A juzgar por cómo se movía la tela, el can estaba con un ataque de epilepsia o estaba temblando de frio.
"Y bueno...", pensé, "ya estoy acá. Que lo disfrute... Qué va hacer!". Y me tranquilicé pensando que estaba haciendo la buena acción del día haciendo feliz a alguien que lo necesita más que yo.

El perro, al que acusan ser quien espía detrás de la ventana del gabinete, es Beethoven y era mio. Cuando me deshice de algunas cosas, al decidir irme a vivir a Italia, regalé ese perro San Bernardo a Lucy pues no podía llevármelo. Durante años, sonaba el timbre de casa para pedirme que le permitiese a Josecito acariciarlo. El pibe adoraba a Beethoven y supuse que, dándoselo en adopción, tal vez contribuiría a su desarrollo emocional.
Cuando regresé, la madre me rogó llorando, que no le pidiera que devolviese al perro, ya que todos los avances que José había hecho gracias a su compañía, retrocerían al punto cero si sufría esa pérdida.

-Come junto a él, duerme con él. Desde que tiene a Beethoven, no sabés cuánto progresó en la motricidad fina de las manos.

Ay! Qué desagradable la escena mental que se me presentó cuando Lucy me contaba eso.

-Es increíble cómo lo ayuda, Sonia. Cuando Josecito está inquieto, se encierra con el perro un rato en su habitación y sale tranquilo, sedado. Es milagroso lo que Beethoven puede hacer con mi hijo!

Yo no quiero que me cuente esas cosas. Soy demasiado hija de puta, con buenos sentimientos, pero hija de puta al fin y siento náuseas con el relato y las imágenes que se me van ocurriendo.

La cosa es que, desde hace un tiempo, trato de evitar cruzar mi mirada con la del muchacho. Siento vergüenza, culpa. Siento como que si lo miro o le hablo, lo provoco y, la verdad, es que no es mi intención promover alguna actividad física del chico inspirada en mi persona.
Me da mucha pena pero también me da asquito y un poco de miedo.
Muchas veces, sus ojos son tan expresivos que percibo una mezcla de lascivia y odio que me dejan temblando como a la cortina epiléptica de Lucy. "Ya te voy a agarrar", perece que quisieran decirme. Los opas tienen mucha fuerza.

Dos personas se han enamorado de mi: uno, es mi marido, hace veintetrés años y el otro, es un retardado. No me hace muy feliz la conclusión...

Ojalá que el pobre Beethoven le dure muchos años más. El día que no esté, le regalo otro perro, para quedarme tranquila e ir zafando.
mayo 12, 2008
Yo no soy supersticiosa pero...
La gente supersticiosa me causa mucha gracia y me inspira burla pero, una vez que se me pasa la risa, me da miedo.

La superstición es una práctica paleolítica y no puedo creer que, en la era de la pildorita del día después, la criocirugía para solucionar el tema de hemorroides y el Wi Fi, haya personas que estén pendientes de los detalles de lo que ocurre a su alrededor, para tomar decisiones sobre los pasos que deberán dar para tener suerte o evitar la desgracia.
Yo desconfío de los supersticiosos porque, si de casualidad, encuentran en uno, cierta característica que pueda favorecerlo o, por el contrario, perjudicarlo, te sentencian a cargar con la condición de amuleto viviente o de yetattore y, una vez que te instalan el emblema, cagaste, porque no tenés vuelta atrás.

Reconozco que tengo mis prejuicios acerca de ciertas características de las personas. Por ejemplo, pienso que la gente que tiene labios muy finitos es desconfiable o que, quienes revolean los ojos cuando hablan y te miran la frente en lugar de los ojos, mienten. Tambien creo que los petisos son soberbios y que los que tienen los pies muy cortos en relación a su estatura, son estúpidos o les falta caramelos en el frasco. Pero eso no hace que vaya por la vida mostrándole cruces o patas de conejo porque crea que han llegado para arruinarme la existencia.

Sin embargo, el jueves pasado, tuve una experiencia que me avergüenza tener que confesar.

En la fila para pagar unos impuestos, delante de mí, había una mujer diminuta que cargaba con una joroba a modo de mochila.Como la cola avanzaba lentamente, tuve tiempo suficiente como pensar pelotudeces acerca de la protuberancia que la petisa ostentaba.
Pensé, por ejemplo, que la naturaleza se equivoca muchas veces en el reparto de carnes. "Si eso que tiene esta mujer en el dorso, lo tuviese yo en el frente y doble, ella no tendría de qué avergonzarse y yo tendría un buen par de tetas para presumir".

Es común encontrarse con gente con ganas de jorobarle la vida a una pero no es común encontrarse con un jorobado auténtico hoy día; en la edad media, era más habitual.

Esa deformidad caprichosa, para los supersticiosos, es un símbolo indiscutible de buena suerte.
Pensé que la petisa, entonces, debía ser una mujer de mucha fortuna ya que tiene un amuleto portátil incorporado que se puede tocar cada vez que lo necesita. Estuve tentada en preguntarle.

Me contaron una vez, que en el Casino de Montecarlo, hay una fila de jorobaditos que, puestos de espaldas, permiten a quienes están por entrar a apostar, que les toquen la giba con las fichas, por diez euros la tocada.

Pensé que tal vez, algo de cierto había en esa cábala y que, con probar, no costaba nada. Es que últimamente vengo con tanta mala pata que...
La joroba estaba ahí, delante de mi, como servida en bandeja.
Cómo tocarle la protuberancia sin que nadie se diera cuenta y, mucho menos su portadora?.

La fila avanzaba muy despacio asi que, simular un tropezón por el apuro y frenarme justo en su espalda, no hubiese sido creible.
Se me ocurrió que podría hacer de cuenta que buscaba compulsivamente algo dentro de mi bolso y, en la torpeza, rozarla con él. Después de todo, son cosas que pasan, no?. No estaba segura pero supuse que era con la mano que se debía proceder y no podía desaprovechar la oportunidad. A ver si, todavía, hacer las cosas mal, se me volvía en contra?

Pensé, pensé, pensé.
Había estado ya demasiado tiempo mirándole la joroba que ya se me había convertido en una especie de obsesión y supuse que alguno de los que estaban en la cola, se habría dado cuenta.

"Tiene que ser una tocada limpia, rápida y efectiva". Pero cómo?

De pronto, junté valor y, apoyando la palma de mi mano sobre la montañita de carne, incliné la cabeza para encontrarme con su cara:

"Señora, disculpe. No sabe si acá cobran la moratoria municipal?"

El pequeño dromedario humano me miró y, como con dificultad para hablar, antes de que pudiese articular palabra, como si también tuviese una jorobita en la lengua, un hombre de la fila, se adelantó y respondió que si.
Agradecí a ambos, retiré mi mano de la espalda-amuleto y me quedé piola, contenta, esperando mi turno para pagar.

Volviendo a casa, tirado sobre la vereda, un billete de dos pesos, dobladito y abandonado, con un Bartolomé Mitre que me miraba como pidiéndome que lo hiciera mio, me sorprendió. Nunca, nunca en la vida, había encontrado dinero sin dueño tirado en la calle.
Lo tomé, lo metí en el bolsillo de mi bolso y llegué a casa sonriendo.

Habrá sido la joroba?
Espero que no se me haga costumbre...
mayo 09, 2008
Veintiuno = cero
Todo listo!

Después de dedicar unos días a la elección del lugar que me parecía más adecuado para la ocasión, finalmente, reservé una mesa para las 11 de la noche.
No quería que fuese un sitio cualquiera, asi que recurrí a los consejos de gente confiable y de mundo, y escuché sugerencias (gracias Big Jim y Gustavo! a los que involucré en la cruzada).
Escogí, finalmente, un restaurante en Palermo Soho, que me sedujo por la decoración calentorra, luz ténue, escenario sicalíptico, propicio para comenzar a cachondear el ambiente.
Reservé exactamente el apartado de la foto que muestro acá abajo:





Para después, la idea era ir a tomar un cafecito a un resto-bar temático muy famoso en Buenos Aires: "Te Mataré Ramirez" , en donde todo lo que hay, todo lo que se toca, todo lo que uno se lleva a la boca, es afrodisíaco, impúdico y lujurioso.

Yo se bien que, de haber conocido el itinerario previamente, Marcelo lo hubiese abortado o, al menos, criticado un poco. Estoy segura que me hubiese dicho "Dejate de joder con esas pavadas! No necesitamos tanto espectáculo obsceno para pasarla bien!". Asi que decidí darle la sorpresa pues, una vez allí, no había vuelta atrás. Le iba a terminar gustando la propuesta!

Desde ayer, tengo la ropa separada y las botas lustradas para esta noche.
Valentina ya sabía que se quedaría a dormir en casa de sus primitas y estaba contenta. Federico, se las arreglaba solo (seguramente también tendría su noche de lujuria con la pendeja, aprovechando la ausencia de sus padres hasta la mañana siguiente).

Todo listo. Todo bajo control.

Veintiún años de matrimonio, no se cumplen todos los días en mi casa, asi que el evento merecía un festejo bien pulenta.

Todo listo, pero un imprevisto ahogó las fantasías. Valentina enfermó anoche. Comenzó a manifestar dolor en el cuerpo, en la garganta, temperatura y pasó la noche vomitando.
Me cache en dié! Será posible?
Para qué una trae hijos al mundo? Para que le arruinen los planes?
Para qué una es buena y cariñosa con ellos y les da de comer y les limpia el culo cuando lo tienen sucio? Para que le paguen así, ingratamente?
No podía haberse enfermado mañana?
Esta mocosa no conoce lo que es el sentido de la oportunidad.


Ya me carajeé.
Cancelé las reservas, tiré la ropa dentro del placard y, cuando acabe de escribir este post, me daré una ducha de agua fria para templar las calenturas.
mayo 07, 2008
Mi primera vez
Hace veinte años que manejo y no había estrenado una multa por infracción de tránsito hasta la semana pasada.
No es que yo me comporte correctamente porque soy una santa. Lo que pasa, es que soy tan turra, tan compleja, que no me gusta que me pesquen en algo que después me puedan reprochar y asi, con el legajo intacto, adquiero una especie de autoridad para la queja y puedo reprobar las malas actitudes de los demás, poniéndome como ejemplo.

Tipo diez de la mañana, un tipo con una carpeta entre sus manos, hizo sonar el timbre de mi casa. Asomo mi cabeza por la celosía del comedor, desconfiada, y le pregunto qué andaba buscando.
-La señora Sonia...
-Soy yo.
-Tiene una citación del Tribunal de Faltas del Municipio de Ituzaingó, señora.
-Qué??? Tribunal de Faltas? Adonde falté que no supe que me hubiesen invitado?
El hombre sonrió y me explicó que se trataba de una multa por mal estacionamiento. Me entregó un papel y me hizo firmar el recibo correspondiente.

La citación decía, mas o menos, que mi auto, el día 3 de marzo, a las 18 hs, se encontraba estacionado sobre la mano izquierda, en la Calle Soler y Pasaje Villalonga, por lo que se me había labrado un acta de infracción, que había sido dejada en el parabrisas, y que se me ofrecía un pago voluntario de $172,75, entre los próximos cinco días hábiles, transcurridos los cuales, el importe ascendería a $185,82. De no presentarme, sería obligada a hacerlo por la fuerza pública, etc etc etc.

Ayer, a primera hora, me apersoné, hecha una fiera, en la dirección que figuraba en el papelucho.
El Tribunal de Faltas de Ituzaingó, es una vergüenza. En primer lugar, hay que subir unos veinte escalones empinados, sin la opción de ascensores, ni rampas, siquiera una jabalina para aquellos que no pueden usar escaleras. Una vez arriba, un hall hediondo, con paredes pintadas a la humedad y un techo que se caía a cachos.

-Sentémonos acá, Valentina, que parece que este pedazo de techo es más seguro y asi evitamos un traumatismo de cráneo. No te apoyes en la pared, mi amor, que podés pescarte una neumonía. No toques nada; no ves que está todo escupido y lleno de mocos pegados? Tratá de respirar lo justo y necesario porque este olor a humedad nos advierte que en el ambiente, hay líquenes que pueden provocar alergias respiratorias. No hables, que cualquier cosa que digas puede ser utilizado en nuestra contra...

Esperé más de una hora para ser atendida. Había mucha gente y un solo empleado detrás de una ventanilla. Cuando tocó mi turno, entregué al bigotudo la citación.

-Necesito que me muestren la boleta labrada con mi firma, por favor.
-No hay boleta con su firma. Se la dejaron en el parabrisas.
-Entonces, solicito que me muestren la foto con mi auto mal estacionado.
-No hay fotos, señora.
-Entonces quiero hablar con el juez. No me hago cargo de esta infracción. Son ustedes quienes tienen que presentarme las pruebas.

El hombre debe haber percibido, por mi tono y mi actitud, que estaba dispuesta a todo y, como el techo y las paredes del recinto estaban tan frágiles, queriendo evitar el desmoronamiento material de la oficina pública, me hizo pasar para hacer mi descargo frente a un secretario, casi de inmediato.

El empleado me invitó a sentar junto a él, en un escritorio desordenado y rengo. Me advirtió que podría hacer mi descargo patrocinada por un abogado.

-No necesito abogado. No maté a nadie.

Se atajó diciéndome que él tenía la obligación de hacerme saber mis derechos y me explicó que escribiría todo lo que yo quisiera relatar para justificar mi falta.

-No vine a justificar nada, señor. Quienes deberán justificar son ustedes.

En una computadora vieja, con un monitor tan pequeño que parecía uno de esos de los porteros visores de los departamentos, comenzó a tipear con dificultad para encontrar las letras, con dos dedos. Mientras yo hablaba, iba leyendo lo que el hombre escribía. Tenía tantas faltas de ortografía y tantas dudas para armar las frases, que le sugerí "Quiere que le dicte?" a lo que el tipo respondió que si.

-Escriba, por favor. Respecto al Acta de Infracción, no reconozco el cargo que se me imputa...
-No; no. Tiene que estar expresado como si lo escribiese yo. "No reconoce tal y tal". Sería... en tercera persona, no?
-En tercera persona. Okey. No reconoce el cargo que se le imputa. Que manifiesta que si tiene que estacionar por la zona, lo hace en la plaza, en diagonal, en el sitio permitido o, eventualmente, en el estacionamiento público que se encuentra sobre la calle Villalonga. Que solo un estúpido puede detenerse en ese lugar, sobre todo, porque hay un estacionamiento gratuito a diez metros de donde, se supone, se cometió la infracción... Y yo no soy estúpida, sabe?
-No me parece correcto que haga un juicio de valor, señora...
-A mi sí. Siga, siga. Que cree que esta multa tiene fines únicamente recaudatorios para lo cual, hacen boletas buscando dominios cuyos domicilios sean de la ciudad de Ituzaingó...
-No, señora. No le conviene poner esto. Es una acusación.
-Y ustedes acaso no están acusándome a mi? Por qué yo no puedo acusarlos a ustedes? Ah! Qué vivos! Así es fácil.
-Bueno...pero espere un poco porque yo tengo que poner la palabra "dicente" en alguna parte. Es protocolar, entiende?
-(Aggrrr qué pánfilo!) Ponga entonces, que la DICENTE opina, además, que pretender cobrar 173 por una infracción de mal estacionamiento en Ituzaingó, es una falta de respeto. Que ni estacionando en la punta del obelisco se paga semajante cifra.
-Espere, espere... Eso no lo pongo porque me parece que es agresivo.
-Pero entonces dígame usted qué es lo que tengo que decir! Escriba que no me hago cargo de esta infracción, que son ustedes quienes deben demostrar que mi auto estuvo en ese lugar, ese día y que pienso llevar esto hasta las últimas consecuencias.
-Está segura?
-Estoy MUY segura. Agregue, también, que no he tenido que pagar una multa en toda mi vida y que no pienso estrenar mi carpeta con una mentira.
-Es verdad; es la primera hoja que tiene su legajo.
-Por eso mismo. No registro antecedentes y espero que sea tomado en cuenta. O no sirve de nada portarse bien en este pais? O todos somos metidos en la misma bolsa?
-No, no. Si tiene razón...

El salame, cuyo texto en el Word estaba prácticamente subrayado en su totalidad por líneas rojas, de las que avisan las faltas ortográficas, acabó con un " ante mí, de lo que doy fe", y me lo hizo firmar.

En veinte días, dijo, tengo la decisión del juez.
Va a ser mejor que me sea favorable porque sinó, hasta el Tribunal de la Haya, no paro.

Descargué mi bronca y fuimos con Valentina a un bar para desayunar.
Una señora, sentada en una mesa, me previno que tenía un chicle pegado en el pantalón, en el cachete izquierdo del culo. Seguramente, lo traje del Tribunal de Faltas, único sitio en el que estuve sentada esa mañana.
Un día nefasto, de vergüenzas propias y ajenas. Lo que se habrá reído el secretario pusilánime, cuando me levanté de la silla, después de hacerme la canchera exponiendo mi descargo con implacabilidad! (Yo me dí cuenta de que me miraba el traste cuando caminaba hacia la puerta). Seguramente habrá pensado "tomátelas, culo sucio!" o algo por el estilo.

Cuando el juez me cite, se lo agregaré a las quejas y a las costas.
mayo 05, 2008
Little Italy
Tuve la gran suerte de haber crecido en Caseros. De otro modo, no hubiese podido amasar esta gran fortuna de recuerdos y anécdotas que hace que me sienta una de las mujeres más ricas del planeta.
No necesito ir al cine para que otro me muestre historias de inmigrantes. Me basta con cerrar los ojos y apelar a mi memoria.



Caseros es la "Little Italian Inmigrant Town", en el corazón del conurbano bonaerense, en el partido de Tres de Febrero, ni un día más.

Primero, uno del sur de la península que se animó a traer a su familia. Luego otro del norte que trajo a la suya. Luego otro más, que le avisó a sus amigos que en ese pueblo se estaba bien y vinieron con los parientes, y asi, Caseros, en las décadas del cincuenta del siglo pasado, se fue llenando de personajes variopintos que, aunque todos partes de la misma bota, parecían llegados de zapaterías diferentes.

Los chinos que vienen a la Argentina en la actualidad, traen a sus familiares, amigos y vecinos y los meten a laburar en sus supermercados con rejas azules. Los italianos que llegaron a este pais a mitad del siglo pasado, se comportaron casi casi de la misma manera, aunque, entre los chinos y los gringos de entonces, existe una diferencia que no puedo soslayar: los chinos, entre ellos, se comprenden perfectamente cuando hablan y, quienes no entendemos un cazzo lo que dicen, somos los seres humanos. En cambio, los italianos, no eran comprendidos por los argentinos y tampoco se entendían entre ellos. Cada grupo hablaba en un dialecto pueblerino cerrado y solo las puteadas eran palabras mas o menos comprendidas por la mayoría, sobre todo, porque se acompañaban con gestos que no hacía falta traducir.

Asi y todo, Little Italian Inmigrant Town, o Caseros, se fue organizando como un auténtico gueto, gracias a que todos pudieron ponerse de acuerdo en el modo de vivir: trabajar; desconfiar; trabajar; no abandonar las costumbres; trabajar; hablar si es posible a los gritos; trabajar, trabajar y trabajar.
Caseros, se fué poblando poco a poco, de personajes casi circenses, sin demasiada educación académica pero con una cultura del laburo a los que los argentinos no estaban acostumbrados. Ellos vinieron a hacer lo que acá nadie estaba dispuesto, por poca guita y poco descanso.

Ellos, igual que los judíos y su manía de hacer valer el derecho de admisión, fundaron clubes, lugares de reunión exclusivos para italianos. Así, Caseros y alrededores, se llenó de pequeñas uniones o asociaciones barriales, en donde solo ellos y sus descendientes, podían participar. El Italiani Uniti, El Club Molisano Monforte, El Tiro al Segno, se convirtieron en iglesias donde se reunían para hablar pelotudeces.
Se hacían bailongos, se jugaba a la bríscola, se organizaban grandes comilonas y así, se armaron un microclima y un escenario que recreaba un poco la historia y la geografía que habían dejado atrás y muy lejos.

En mi casa, cuando se referían a algún vecino, no lo hacían por el nombre sino por el gentilicio. "El veneto", "el calabrés", "el bolognes", "el siciliano" y, si el tipo era del mismo pueblo, se lo llamaba por el apellido y, por supuesto, se lo trataba de usted.
Puertas adentro, se los nombraba por características físicas: "el culón", "la pistulita", "el pistulón", etc. Tan acostumbrada estaba yo a estos sobrenombres, que muchas veces, metía la pata delante de ellos:

-Mamáaaaa, te busca el culón...- y mi vieja, se acercaba con su mejor cara de boluda para después, cuando el hombre se iba, cagarme a sopapos por maleducada.


Rosario, el culón, era el marido de María la calabresa. Nunca conocí a un hombre más deforme en toda mi vida. Tenía la cabeza chiquita pero un culo tan, tan grande, que parecía un dibujo que Botero había hecho bajo los efectos de alucinógenos. "El culón", iba y venía en bicicleta cuyo asiento, estaba suplementado con un enorme almohadón que se perdía entre esas cachas monstruosas.
Él y su mujer, siempre tenían olor a transpiración. Cuando hablaban, yo deseaba que no se les diera por gesticular con los brazos porque era imposible disimular la náusea. Para colmo, eran calabreses cariñosos y les gustaba demostrar su afecto, abrazándo y besuqueando a quien no conseguía escapar de la agresión provocada por su hediondez.
Eran muy tacaños. Mi mamá decía que era por el trauma de la guerra pero yo siempre supuse que, en realidad, estaban mal de la cabeza. Usaban los escarbadientes y luego los lavaban asi nomás bajo el agua y los ponían a secar al sol, para reciclarlos. Cenaban a las seis de la tarde para aprovechar la luz del día y no tener que encender una lamparita, pero luego, deambulaban por las casas de los vecinos, para tomar el cafecito del postre y poder mirar los programas nocturnos que la tele de entonces ofrecía. Terminado el paseo post-cena, usando la luz de las casas ajenas, se iban a dormir sin haber gastado más que el mínimo necesario en la electricidad de su vivienda.

Leonardo, era "Il barbero". Un marquillano (de Le Marche) fino y delicado. Era prolijito y tenía aspecto de hombre acicalado, sin embargo, era un asqueroso. Se dejaba crecer la uña del dedo meñique de su mano derecha; la mantenía a unos tres centímetros y bien puntuda porque, cuando cocinaba los estofados, entre corte y corte del cabello de los paisanos, la utilizaba para pinchar la carne y asi, conseguir el fondo de cocción. Sin lavarse las manos, por supuesto.

"La Pistulita", era una mujer muy muy gorda y muy, muy tetona, que nunca pudo aprender a hablar bien el español y creo que tampoco hablaba bien el italiano. Le quedó ese nombre porque una vez, en una reunión vecinal en la vereda, de esas que hacían para tomar fresco, en la que cada uno se llevaba su banquito, contó que debía operarse el culo pues el médico le había encontrado una fístula:

-Agora tengue qui operarme ahí abaco perqué il dotore me dic' que tengue una "pistulita". Por culpa de la pistulita non puedo durmí ni stare asentada. Tengu que mañá parata. Pistulita di merda!


El "Gambadileño" (pierna de madera), era un albañil sumiso, petisito y de pocas palabras. Había perdido su pierna izquierda, una mañana, camino al trabajo. Pasó a buscar a mi nonno, bien tempranito, como todos los días, para ir juntos a la estación y tomar el tren. Esa mañana, mi nonno no fué, estaba descompuesto asi que el petiso, partió solo. A la altura de Saenz Peña, el tren descarriló y provocó un trágico saldo: hubo muertos y varios heridos. El hombre, perdió su pierna y se la reemplazaron por una de madera, mal hecha, más larga que la otra.
Decían que al gambadileño, la mujer lo fajaba y que, la muy turra, utilizaba como objeto contundente para pegarle, la pata de palo del marido.



De tener nada, la mayoría consiguió un bienestar económico y, lo que para ellos fue el objetivo más importante, mandar a sus hijos al colegio y ayudarlos a estudiar carreras universitarias.
La cultura de trabajo y la honestidad con la que se movieron los inmigrantes de Caseros fué bastardedada por el comportamiento opuesto con el que desenvolvieron sus hijos. Con ellos, aparecieron los garcas, que supieron combinar la fuerza y la inteligencia aprehendida de sus padres y la piolada criolla. Pero eso es otra historia.

Cada vez que visito Caseros siento como si estuviese en esas visitas guiadas de los escenarios de Hollywood, que pertenecieron a películas famosas, en donde ofrecen parodias de las partes más importantes y conocidas del film.
A María, la calabresa, y al culón, los voy a buscar especialmente. Su olor a transpiración, además de ser repulsivo, es como un elixir que me transporta a mis dias de la infancia. Siguen tan tacaños y roñosos como siempre pero también, tan cariñosos.

Yo no quiero que mi mamá venda esa casa...
mayo 02, 2008
Señor juez: yo no sabía lo que hacía; soy mujer.
Hay tres cosas que uno no puede decidir en esta vida: nacer, el contexto y la familia en la cual se nace, y el género o sexo.
Es decir que yo no pedí venir al mundo, no me dieron la posibilidad de elegir a mis padres y no tengo la culpa de haber nacido mujer. Asi que, el hecho de existir y de ser como soy, no es para nadísima, responsabilidad mia, por lo tanto, jódanse todos los que deben padecerme y a llorar a los velorios!.


Cuando la partera anuncia a una madre que acaba de parir una mujercita, le está informando mucho más que el género y que la recién nacida tendrá vagina y tetas (tetitas, en mi caso); le está comunicando que acaba de traer al mundo a un ser sumamente complejo, con ambiguos vericuetos emocionales, pensamientos enredados, puntos de vista anfibológicos y actitudes impredecibles, sobre todo, cuando se encuentra satanizada por el síndrome premenstrual o menopáusico.

Si para los hombres resulta difícil, si no imposible, mantenerse constante, coherente, razonable y despejado ante una relación, cualquiera que sea, entablada con una mujer, cuánto más difícil resulta entonces para nosotras, las féminas, siendo que llevamos una mujer dentro nuestro, vinculación imposible de desacoplar.
Por eso, sean pacientes y compasivos.

Nadie viene al mundo con el manual de instrucciones, pero las mujeres venimos con un cartel de advertencia implícito, como los paquetes de cigarrillos que, al costado y chiquitito, traen la leyenda "El fumar es pejudicial para la salud".
Ahi tá!; la mujer es como el cigarrillo.
Los fumadores empedernidos sabemos que consumir tabaco hace mal, pero lo hacemos igual y luego, cuando nos dignostican que nuestro cuerpo se ha desgastado a causa del vicio, nos arrepentimos y nos sentimos unos boludos por haber llegado a ese punto habiéndolo podido evitar.
Con las mujeres sucede algo parecido: los hombres saben que pueden meterse en problemas pero nos siguen consumiendo y no pueden prescindir de nosotras, aunque, del mismo modo, a la larga, muchas veces se arrepientan y se sientan unos boludos por haberlos podido evitar.

La vagina y las tetas, que es lo que más les interesan a los hombres de nosotras, vienen con una mujer pegada y, por ahora, no hay modo de desvincular esas cosas, asi que, al que le guste el durazno, que se banque la pelusa, el carozo y el jugo, que mancha y no sale.

Porque nací sin haberlo pedido; porque mis padres fueron los que fueron, porque soy mujer y no tengo la culpa, mi marido sabe que, cada una de las macanas que me mande y, sobre todo, las pelotudeces que diga, están justificadas por todas esas "desgracias" juntas. Pobre de mi!
Encontré la excusa perfecta para zafar de mis actitudes dolosas y presentarlas, ante sus ojos, como culposas, por el solo hecho de ser mujer.

Mientras tanto, con este recurso de inimputabilidad, la paso bomba.
abril 30, 2008
Qué suerte para la desgracia!
Valentina, llegó con una nota en el cuaderno de comunicados.
Todos los días llega con notas, avisos, publicidades, información intrascendente. Al comenzar las clases, entre otras cosas, pidieron que los nenes llevasen un cuaderno de cien hojas forrado de color amarillo con pintitas blancas. "Cien hojas?!!!", me pregunté en aquel momento. Y ahora comprendo porqué cien. Se ve que contrataron a una boluda exclusivamente para escribir boludeces en el word, imprimirlas y pegarlas en el cuadernito como para enrostrar a los padres de los alumnos, que los mormones no dejan pasar una mosca sin informarla. Así uno, que tiene hijos en esa escuela, puede decir con tranquilidad que existe comunicación permanente desde el colegio hacia la comunidad.

Pero la nota de ayer no era cualquier nota. No se trataba de "Papi y mami, queremos contarles que ya comenzamos a trabajar en un nuevo proyecto al que llamamos "Amigos de los animales"..." Tampoco se trataba de "Familia: la Seño Mariela, profesora de música, quiere informarles que en esta etapa del año compartimos canciones, música, conocemos instrumentos...". Y sí, pelotuda! si sos la profe de música, hace falta que aclares que con vos, los nenes, van a aprender música?

No. Esta vez no se trataba de una nota cualquiera.
Esta vez, el papel pegado en el cuadreno decía, en su encabezado, algo que me estremeció:

".... por eso, deseamos llegar a Uds. para informar un hecho sucedido en Nivel Inicial.... se ha producido un caso de meningitis viral que no nos fué comunicado en tiempo y forma por la familia del niño..."

Lo primero que se me vino a la mente, fue la imagen de mi marido. "Cagamo", pensé; sin la ese final, porque cuando lo decís sin la ese final es como que cagamos peor. "Cagamo; cuando Marcelo se entere, Valentina dejará automáticamente de pertenecer a las filas de educandos mormones".

En la puerta del colegio, mientras tanto, se armó un gran revuelo.
Las mamás, indignadas y preocupadas por la situación, se hacinaron en la entrada y golpeaban las puertas del Jardin, pidiendo un Cabildo Abierto a la directora.

Según la explicación ofrecida por las autoridades, la boluda de las notitas del cuaderno de comunicados incluída, parece que, a principios de abril, a un compañerito se le diagnosticó un cuadro de meningitis y, sus papás, decidieron no avisar al colegio y mentir cuando, desde la institución, llamaban para pedir información sobre su estado de salud.

-Eso no se hace!-decía una gordita.- Estoy indignada con el comportamiento de esos padres.
-Quienes son? Quienes son? Quien es el nene? Cómo se llama?- insistía otra que jamás pudo obtener medio dato respecto de la identidad del reo.
-Qué hacemos? Dejamos de traer a nuestros hijos? Hay que darles antibióticos?-preguntaba la rubia arrepentida
-Habrá que sacrificarlos!- le respondí en voz alta, queriendo hacer una broma que fue muy mal recibida por todas. No hablé más. Una se da cuenta cuando se desubica.

Parecían gallinas cluecas; todas hablaban al mismo tiempo. Nunca vi tantos dedos índices levantados a la vez. Daba impresión.

-Yo propongo que firmemos un pedido de expulsión del chico en cuestión. Ese nene no puede seguir viniendo a este colegio dado que sus padres quebraron una regla fundamental a la que todos nos acogimos cuando decidimos mandar a nuestros hijos a esta escuela. Todos nos hemos comprometido a informar los casos de enfermedad y, quien no cumple con esta norma, deberá ajustarse a una condena ejemplificadora.- gritó una mamá y todas asintieron.

"Eso! Sacrifiquémoslo!", pensé y no lo dije porque estoy loca pero no como vidrios. Dado los ánimos caldeados como estaban, preferí seguir la corriente de la turba embravecida.

Concluída la reunión, volví a casa y allí comenzó mi verdadera preocupación: Marcelo.
"Cómo se lo digo?" " Qué palabras y qué tono me conviene utilizar para que lo tome con tranquilidad y sensatez?" "Mejor, le hago una introducción para ablandarlo" "Tal vez, me convenga decírselo desnuda, con un par de portaligas y zapatos de taco aguja, para distraer su atención".
Juro que, en ese momento previo a darle la información, sentí como si tuviese que comunicarle que yo estaba esperando un hijo de otro hombre y que era él quien debía hacerse cargo del crio.

(Es que, en el mismísimo momento en que el nene en cuestión, compartía la salita y los juegos con Valentina, incubando la enfermedad, la nena, comenzó a tener los mismos síntomas que luego, supimos, había manifestado el compañerito. Solo que a Valentina, se le suministró un antibiótico de inmediato, gracias a que no dejé pasar ni un día desde que comenzó a acusar dolor en el oído.
Me pregunto qué hubiese pasado si, esa noche, no corría al médico con mi hija a cuestas...)

Con tacto y puntería, le conté.

Al final, no fué para tanto! No dijo lo que esperé que dijera. No amenazó con llevarse a la nena lejos o encerrarla en una cámara de oxigeno, como la de Michael Jackson. No tuvo el impulso de tomar como rehén a un mormón hasta que el brote de meningitis pase junto con el frío.
Solo me dijo, muy tranquilamente, que, ante el próximo caso que se informe, Valentina dejará de ir al Jardin de Infantes, hasta la mayoría de edad, mas o menos. Tal vez más.

Y cerró el soliloquio con una frase que, pensé, se la escucharía decir dentro de algunos años:

"Prefiero que llore ella por no ir al jardincito, unos días hasta que se olvide, que llorar yo toda la vida".
abril 29, 2008
Valentina, la granja y el pato criollo
Hoy, será un día crítico para mi marido. Al menos, hasta las cinco y media de la tarde.
Valentina irá de excursión con los nenes del Jardín a una granja educativa.
Hace quince días que nos lo comunicaron y, hace quince días que Marcelo está intranquilo por este asunto.

-Con qué van?
-Con un micro.
-Y quién es el chofer? Es confiable?
-No, Mar, es borracho y drogadicto perdido. Claro que es confiable! Es el que lleva a los nenes del colegio a todas las excursiones desde hace años.
-Mmmmh...

-La granja es grande?
-No se. Parece que sí.
-Los animales están sueltos?
-Si. Y hay Tiranosaurios Rex.
-Dale, boluda! En serio! Los animales están sueltos? Y si la nena es atacada por alguno?
-Marcelo, mi vida. En primer lugar, los animales NO están sueltos y, en segundo lugar, son animales de granja. De qué tenés miedo? De que la ataque un pato?
-Y...si... le puede sacar un ojo...

Anoche, recostados en la cama grande, Valentina y su papá, estaban de charla seria y, al pasar por allí, de casualidad, escucho la siguiente conversación:

-Mi vida. Cuando mañana vayas a la granja, no te separes de la señorita, eh?
-Por qué, papá?
-Porque podes perderte y si te perdés no vas a ver nunca más a papito.
-Por qué no te voy a ver nunca más?
-Porque cuando los chicos se pierden, se pierden. No se encuentran.
-Y si me pierdo, me buscan.
-No lo digas ni en joda, Valentina! Vos no te separás de la maestra y así no te perdés. Entendido?
-Pero si la señorita tiene las manos ocupadas con otros nenes?
-Te agarrás del guardapolvos de la seño, o de la pierna, pero te pegás a ella y no te separás de su lado. Las manitos no se deben despegar del cuerpo de Eugenia.
-Y si me quiero rascar?
-Te rascas rápido con una mano y enseguida volves a agarrarte de la seño.
-Y si se pierde la seño?
-No me metas más preocupaciones en la cabeza porque sino, no vas.


Anoche, Marcelo, durmió muy mal. Antes de apagar la luz, me pidió que le advirtiese a la maestra que cuidara mucho mucho a su princesa, que no la perdiese de vista.
En lo que va de la mañana, ya llamó cinco veces para saber si la nena manifestaba síntomas de no tener ganas de ir al jardin hoy por la tarde.

-No la fuerces si no quiere ir, eh?
-No, Marcelo, al contrario. Lo primero que preguntó al despertar es si hoy iba a la granja con los compañeros.
-Pero mirá que hace mucho frio...
-La abrigo bien.
-Pero mirá que estuvo enferma y puede tener una recaída. El lugar debe ser abierto y...
-Bueno, basta ya! Disfrutá de esta anécdota! Es su primer salida con chicos de su edad! Relajate. Pensá que ella va ser muy feliz hoy.
-Bueno, Está bien. Pero es que a veces, la felicidad de ella implica intranquilidad para mi.
-Dejate de joder!

No quiero imaginar qué sucederá el dia en que Valentina salga, por primera vez, con un chico.

Pobre hija!
Pobre chico...!
abril 25, 2008
Paralelismo cruel
-Me llamo Taina y acabo de nacer en Buenos Aires, Argentina.
-Me llamo Jessica Solange y acabo de nacer en Buenos Aires, Argentina.


-Mi papá es Alejandro Gravier y mi mamá, Valeria Mazza, es conocida en todo el mundo.
-Mi papá es un enfermo Grave de la cabeza y, cuando conoció a mi mamá, le dio masa para que tenga y guarde .



-Mi mamá tiene treinta y seis años pero gracias al trabajo de los cirujanos, parece de veinte.

-Mi mamá tiene diecinueve años pero gracias a su trabajo de ciruja parece de cincuenta.



-Apenas nacida, mi mamá me presentó en una rueda de prensa. Es una grande!

-Apenas nacida, mi mamá me metió adentro de una rueda de auto y me tapó con una hoja del diario La Prensa porque son bien grandes.



-Tengo otros tres hermanitos. Todos varones! Seguramente, me enseñarán a jugar a la pelota. Qué suerte tengo!

-Tengo otros once hermanitos que seguramente no me darán ni cinco de pelota. Qué mala suerte tengo!




-Mi papá quería tener una hija mujer y no abandonó el trabajo hasta conseguirlo.

-Mi papá tuene otros hijos con otras mujeres. No tiene trabajo y los abandonó a todos.



-Dentro de la panza había oscuridad pero ahora, todo es luz y color.

-Dentro de la panza todo era oscuridad pero afuera está más oscuro todavía.



-Lo primero que hice al nacer, fué prenderme a la teta de mi mamita. MMMh! Qué rico perfume! Debe ser francés.

-Lo primero que hice al nacer fue prenderme a la teta de mi mamá. Puaj! Qué baranda! Debe ser transpiración!



-Me llamaron Taina en honor a los indios tainos que fue lo primero que vio Cristobal Colón cuando pisó América. La sociedad, seguramente me llamará Tai.

-Me pusieron Jessica Solange y me cago en Cristóbal Colón! La sociedad me llamará "che, negrita".



-Yo tengo una expectativa de vida de ochenta años.

-Mi vida es toda una expectativa.



-Ojalá algún día, encuentre a la cigüeña que me trajo, posada sobre un palo. Quiero darle las gracias por haber nacido!

-Si encuentro a la cigüeña que me trajo, la empalo. Haber nacido es una desgracia!
abril 24, 2008
Carta al vecino- Con copia al blog
Señor vecino:

Le pido un minuto de su atención para poder concentrarse en lo que tengo para decirle, puesto que ésta será la única vez y el único modo en que me comunicaré con usted.
Decidí escribirle esta carta ya que resulta cómodo para mí manifestarme por escrito y para usted, ya que podrá leer una y otra vez el texto de la misma, sin tener que escuchar que, con mi voz aguda y chillona, repita la regañina que estoy por escribir, emitiendo algún que otro improperio o palabrota que mi vehemencia pueda despedir impulsivamente hacia su persona.

Tengo dos hijos; uno de casi veintiuno que trabaja y se comporta como si fuese un ser humano y una niñita de tres, que es nuestro solcito.
Después de tanto tiempo de haber sido madre de un hijo único, por absoluta convicción, el día en que decidí realizarme el Evatest, para descular el motivo de porqué no me indisponía desde hacía tres meses, y al ver las dos putas rayitas que indicaban que estaba un poquito embarazada, propuse a mi marido que reemplazáramos al bebé por un lindo perrito, cariñoso y simpático. Pero él se negó rotundamente justificando su decisión al respecto con una larga exposición filosófica sobre la moral, los sacramentos, la ley Divina y la mar en coche, mezclando, cada tanto, ciertos insultos que ya olvidé. Hoy, debo reconocer que tenía razón.

Usted se preguntará por qué le cuento estos detalles tan personales de mi vida. Pues lo hago a modo de introducción para que vaya comprendiendo los motivos de lo que será el final de esta carta que ahora está leyendo.

Le decía anteriormente que, propuse a mi esposo cambiar al bebé por venir por un perrito o cualquier mascotita a su elección y que, gracias a que él no dió lugar a negociación posible, esta chiquita anda por la casa alegrándonos la vida. Es una verdadera suerte de que mi marido nunca me lleve el apunte.
La causa de mi propuesta se basaba, fundamentalmente en la siguiente teoría:
"ya que debo atender a un ser vivo y hacerme cargo de sus cacas, al menos, que sea uno que no me quite libertad, independencia y horas de sueño".
Creo que era justo; al menos, atendible.

Cuando mi panzota y yo, habíamos aumentado unos treinta kilos y no había vuelta atrás, una tarde de lluvia, en que el cable estaba cortado y no tenía nada para ver en la tele, me puse a pensar en los pro y los contras de esta nueva empresa que se estaba moviendo dentro de mí.
Llegué a la conclusión de que, cambiar al bebé por una mascota, no hubiese sido buena idea, realmente. Los bebés crecen algún día y comienzan a ser autónomos y, lo más importante, aprenden a limpiarse el culo solitos. En cambio un perrito, salvo que se coma las heces por estar enfermo de Coprofagia, nunca dejará de cagar dejando el regalito para que una se haga cargo.

Concluí que, a la larga, ganaría habiendo renunciado a la idea de cambiar bebé por mascota. Y asi fué.

Es importante también que usted sepa que adoro mi casa, que la disfrutamos desde el primer día. Que gasto mucho dinero y tiempo para mantenerla prolijita y limpia. Tengo la costumbre de cortar el pasto, personalmente, al menos dos veces por semana y trabajo duramente para que las plantas tengan un buen aspecto y estén siempre vivas.
Enseñé a mis hijos a colaborar con el cuidado de estos estupendos seres vivos que no hablan, no acusan, no se quejan y, sin embargo, nos dan tantas satisfacciones.
Federico, mi primogénito, nunca pudo jugar a la pelota con sus amigos en el jardín trasero pues, sabía que bastaba con que rompiera la rama de alguna plantita para que yo, inmediatamente, le rompiera una pierna, asi sabía lo que se siente al ser tan torpe con los pobres vegetales.
Valentina, mi bebé, tiene su regadorcito verde de plástico, con el que me ayuda a mimarlas y también, una cucharita con la que remueve la tierra cada tanto. Si usted la viera! Es un primor.

Espero haber sido clara y que haya comprendido cuales son los datos que quisiera que su mente tuviese muy en cuenta:
"que no tuve perro para no tener que hacerme cargo de sus cacas de por vida y que adoro mi jardín, el de adelante que se ve desde la vereda y el de atrás, que vemos solo nosotros".

Ahora bien, llegó el momento en que debo concluir esta carta, luego de haberle dado, encantada, tanta explicación privada. Sospecho que a este punto, deberá estar ansioso por saber de qué se trata. Pues ahí va, señor vecino:

Su gato, el puto, oloroso y antipático gato negro y blanco, ese que anda con la chapita con su dirección colgada por si se pierde, hace más de un año que viene a cagar justo delante de la ventana de mi habitación, sobre el pasto que tanto cuido y tanto aprecio. Todos los dias de mi vida, debo salir a levantar el excremento, que no siempre se presenta con la misma consistencia, enfundada en decenas de bolsas de residuos y papel de diario, soportando el hedor y la repugnancia que ese trabajo implica.
Si quiere tener animales, téngalos, carajomierda! pero adentro de su casa y enséñele, alguna manera debe haber, que el jardín de su vecina no es un inodoro público. Usted puede tener jirafas, si le gustan, pero yo no tengo porqué enterarme y mucho menos involucrarme con ellas.
Por eso le advierto, señor vecino, que se guarde a su gatito dentro de su propiedad; que le cosa el culo; que le enseñe a defecar lejos de mi vivienda o le revoleo el felino al cinturón ecológico y, encima, le mando a mi marido a que le cague en su jardín.

Sin otro particular.
abril 22, 2008
SUSCEPTIBLES (Sociedad de Responsabilidad Limitada)
Los susceptibles me tienen podrida.

Ahora, parece que está de moda acusar de discriminatoria a cualquier expresión u opinión respecto de una persona o una minoría. Hay que cuidarse de hacer una broma ante una situación en particular o de adjetivar a alguien que tiene cierta característica, porque hoy, como están las cosas, te enchufan una denuncia y te inventan un problema donde no lo hay.

Se está empezando a confundir la injuria, el sarcasmo, la burla, el chiste, la queja pura, con la discriminación y, aquellos, a quienes nos gusta bromear o socarronear, andar molestando a las personas con el pellizquito en el culo, se nos está haciendo muy difícil sacar el cuero o reírnos de los demás. No nos dejan hacer el trabajo de groseros en libertad!

Ya no se puede insultar a nadie recriminándolo por alguna bestialidad cometida porque, enseguida, es tomada como una ofensa por su condición.
Yo quiero que el vituperio vuelva a ser tomado como lo que es, un insulto y que no le den vueltas al asunto complicándolo.

A los extranjeros que viven y trabajan de lo que sea en este pais, no se los puede nombrar con el gentilicio, porque les resulta una expresión xenófoba. Es decir, no le podés decir "boliviano" al boliviano si no conocés su nombre, porque el tipo percibe un tono hostil y se siente herido en su amor propio. Ni que hablar si lo llamás "culón" o "petiso"!

A los chorros que vienen de la villa miseria, drogados y con intención de despojarte de tus cosas, moliéndote a palos o matándote, si lo creen conveniente, hay que llamarlos "clase marginal", "excluídos del sistema". No podés decirles "hijos de puta", porque, si por casualidad, su madre es o era una mujer de vida fácil, te acusan de discriminar doblemente: al pobre tipo que no conoce otro modo de vida que el de delinquir y a la pobre mujer cuyas oportunidades no fueron las mismas que las de uno.

Casi todas la plazas de Capital Federal, por las noches, se convierten en callejones tenebrosos sin salida. Si no apreciás tu vida y estás pensando en el suicidio sin animarte a la autoeliminación, pasar de madrugada silbando bajito por alguna de ellas, es éxito de muerte o una buena cagada a palos aseguradas.
En plaza Houssay, por citar una, frente al Hospital de Clínicas, hay un grupo de personas que han tomado el espacio como vivienda con parque. Allí viven familias enteras, con hijos pequeños que protegen debajo de cartones y cajas de madera. Comen, duermen, hacen pis y caca en la plaza. Hace un tiempo, se les ofreció abandonar ese lugar público para trasladarlos a algún sitio, con techo, en la Provincia de Buenos Aires y, los indigentes, se plantaron en una negativa al grito de "Nosotro queremo vivir en Capital Federal. A nosotro no nos van a mandar a la provincia, porque para eso, nos quedábamo en Misione". Chupate esa mandarina! Los tipos, tienen exigencias: una casa en Capital o le seguimos cagando la Plaza.
Lo primero que se me pasa por la cabeza cuando escucho este tipo de cosas, es la expersión "Qué negros cabeza! No pueden exponer a sus hijos a este tipo de vida y no pueden hacerse propietarios de un lugar que es de todos porque si todos hiciéramos lo mismo, esto sería un caos". Nunca faltan los hipócritas que me censurarían diciéndome que, "esta pobre gente no tiene opción y que el sistema...bla bla bla". Ma qué sistema ni sistema! Que vayan a laburar al puerto! Yo también quisiera vivir en Palermo Soho o en la mismísima Casa Rosada y no por eso, voy a ir a cagar la Plaza de Mayo! (Sobre todo, porque es de D' Elia y el único que la puede cagar, es él).

Uno no puede protestar. Todo es discriminatorio. Todo es exclusión. Todo, es una cortina de humo pues, en tanto y en cuanto el Estado no se ocupe de emprolijar las cosas, prohibirnos decir lo que pensamos es ganar tiempo para no avivar giles. El estado es el primer discriminador que excluye a ciertos grupos desprotegiéndolos de sus derechos aunque, protegiéndolos de las quejas de la gente ( a ver si se enteran...).

En el conurbano bonaerense, hay tipos que, con tal de no resignar moverse de un lado para el otro en automóvil, andan por la calle con catraminas del año del pedo, cuya carrocería a veces, no se logra deducir a qué modelo de auto corresponde. Sin luces, sin amortiguadores, sospechosamente sin frenos y, por supuesto, con una evidente incapacidad de reacción ante una situación imprevista, estos sujetos, no solo, suben a su familia, arriesgándola a un posible accidente, sinó que muchas veces, los usan para trabajar de remis. Ni patente tienen pero no les importa nada, no renuncian a él.
Esos autos no pueden, no deben circular por la calle. Son un inminente peligro. No obstante, existen de a miles y se los ve a cualquier hora por la autopista, por las avenidas o por las esquinas de cualquier barrio.
Quienes deciden manejar un coche con esas características no están bien de la cabeza o son asesinos potenciales.
Pero no se los puede putear ni se los puede poner en evidencia diciéndoles, por ejemplo "No podés andar con esa basura! No te das cuenta que es un peligro para la comunidad? Llevá esa porquería a un desarmadero y viajá en tren o en bondi, infelí!". No se puede. La palabra "infelíz", del final de la frase, es lo que menos importa en este caso. Lo tremendo, lo ofensivo, lo imperdonable, es decirle al imbécil que él no tiene derecho a circular con lo que puede, porque lo toman como una evidencia a su inferioridad.
Ma vaffanculo!

Mientras tanto, uno tiene que cuidar de hablar como de pisharse en la cama.
Al ciego no hay que decirle no vidente, porque se enoja.
Al gordo, hay que llamarlo obeso o referirse a él como "persona un tanto excedida de peso".
Al chorro y delincuente, hay que decirle "víctima de la marginación social".
Al violador de chicos, no hay que desearle la muerte, hay que desearle felices fiestas.
Al pan, vino y al vino, pan.

La susceptibilidad es el modo más barato y eficaz de cerrar los ojos y eludir las soluciones a los problemas.
abril 17, 2008
Si estás por dejar a tu mujer por otra, atendeme un momentito:
Si mi marido me dejara para irse con otra persona, lo aceptaría con dignidad, lo comprendería con el respeto que merecen sus decisiones personales y hasta lo perdonaría, siempre y cuando esa persona no sea otra mujer.

Él lo sabe; se lo dije miles de veces a solas y frente a testigos, que ante una situación de esas, que a veces son inesperadas y que llegan para girar el rumbo de nuestras vidas, puedo resignarme a cualquier sorpresa excepto, a que sea otra mujer la que me ocupe mi lugar.

No tiene que ver con el amor que una pueda sentir por su pareja ya que, si la cuestión pasara por allí, el solo hecho de tener que alejarse del ser querido, por cualquier circunstancia y por cualquier motivo, implicaría una tragedia. Pero lo que los hombres tienen que entender de una buena vez, es que, no hay nada peor para una mujer que saberse reemplazada por otra mujer.
Es una cuestión de amor propio, de orgullo femenino que, cuando se lastiman, las minas reaccionamos como un jabalí malherido por un cazador: el animal no se rinde hasta que no acaba con el agresor. Sépanlo.

Si Marcelo me confesara que se enamoró de otro hombre, seguramente, sentiría una gran decepción pero sobre todo, una enorme tristeza por él, por pensar que el pobre estuvo manteniendo una fachada todo este tiempo, cosa que debe haberle causado una inmensa angustia. Lo ayudaría a superar la turbación acompañando el proceso con naturalidad y confianza. Lo defendería de aquellos que le griten "puto de mierda" explicándoles que no es puto quien quiere sino quien pude.

Si, en cambio, se me presentase con la novedad de que, quien ocupará mi lugar de ahora en adelante, será un travesti, se sorprendería del alivio y la alegría que me causaría.
Cuando un marido deja a una mujer por un travesti, es, además de una situación bizarra y hasta divertida, digna de admiración hacia él ya que hay que ser muy guapo para asumir que tu chica tiene manija.
En este caso, me provocaría ternura y creo que hasta podría ser muy buena amiga de mi contrincante, aconsejándola y confesándole todos aquellos detalles que fui aprendiendo a lo largo de los años junto al impecable señor que se está llevando de mi lado y que, seguramente, ganó en competencia limpia.

Pero si me dejara por otra mujer... si me dejara por otra mujer... hablaríamos y acabaríamos en otros términos. Acá no habría comprensión, ni ayuda, ni resignación, ni transigencia, ni contención, ni una mierda! Desataría la ira de todos los demonios! Sería una auténtica declaración de guerra en defensa del propio territorio en la cual, las únicas rehenes que sufrirán verdaderas torturas e infracciones graves, serán las pelotas de mi marido.
Si la tilinga en cuestión se trata de una señora mayor que yo y fea, puede ser que se salven de padecer crímenes de guerra, no estoy muy segura de eso, pero de lo que sí estoy convencida es que, muchísimo más cruento y despiadado será el combate, si la mujer, "la puta", como se la llamará en adelante a partir del conocimiento de la situación, es linda, joven y tiene tetatazas!

Cualquier cosa, un perro, una largatija, un gay, un travesti relleno de siliconas de avión, un pedazo de peceto, pero jamás aceptaría que mi marido, me dejase por otra mujer que cuente con ciertos atributos naturales con los que no puedo competir y esté segura que pueda ganar.

Asi que, está advertido en privado, en público y ahora, por medio de este blog, que si no quiere terminar cantando en un coro gregoriano junto a un grupo de eunucos, nunca, NUNCA, me reemplace por otra mujer.



A los hombres: estas seguro de que tu esposa no piensa como yo? Ojo al piojo!
abril 15, 2008
6 horas
Yo quiero saber cómo se llama, quién es el trasnochado al que se le ocurrió inventar los años bisiestos y por qué decidió agregarle un día más a Febrero y no, por ejemplo, a Noviembre. Acaso no hubiese sido mejor, más justo y más coherente, si tan imprescindible era meter un día más cada cuatro años, hacer un mes de un solo día?

Cómo surge el dia descolgado?

Parece que, concretamente, un año del calendario juliano, no dura 365 días, sino, 365 + 6 horas.
Como no se puede decir que un año se compone de 365 y 6 horas porque:

a) sería poco serio ante los demás calendarios a los que no les sobra ni les falta nada.
b) los fabricantes de almanaques y agendas estarían perdidos ya que no se pondrían de acuerdo en cómo presentar a esas 6 horas restantes, si en una hoja más pequeña al final de todo o en un papelito aparte.

Entonces, a alguien se le ocurrió guardar esas 6 horitas sobrantes y olvidarse de ellas hasta que, juntando unas cuantas seis horitas más, se conviertan en algo presentable, por ejemplo, un día entero, de 24 horas, como dios manda. Es decir que, cada 4 años se sacan las 6 horitas guardadas y, al juntarlas, se convierten en 24.

Pregunto: No hubiese sido más coherente, juntar las 6 horas colgadas y, cada 28 años agregar una semana más en el almanaque?. O lo que resultaría más cómodo aún, juntar las mismas 6 horas durante 112 años y regalarles un mes más a los afortunados que coinciden en estar vivos para entonces?*

Por otra parte, no quiero que me quiten esas 6 horas de más que tengo al año. Por qué? si son mías! Por qué debo esperar cuatro años para cobrar, sin intereses, esas veinticuatro horas que me retuvieron sin consultarme? Y si las necesito? Y si no las pudiese vivir porque muero antes?
Si al menos decretaran feriado ese día de más...

Fue Julio César, no? Me cago en Julio César, entonces! Italiano tenía que ser!

Yo quiero que me den mis 6 horas cada año y las administro como se me da la gana y ajustándolas a mis necesidades.
Si quiero, las tiro. Si quiero, las regalo.
Si quiero, las junto y las uso todas a la vez la noche anterior a cumplir los cuarenta y cinco o los cincuenta así, dilato un año más, un rato más.
Si quiero, las agrego después de un domingo asi el lunes tarda más en llegar.
Si quiero, las utilizo cuando la estoy pasando muy bien, para que mi alegría no termine pronto.
Si quiero, las yuxtapongo con las que ya pasaron en una mañana de trasnoche, para poder dormir un poco.
Si quiero, se las doy a alguien que tenga las horas contadas y compito con la muerte.
Si quiero se las agrego a mi suegra.

Yo exijo esas horas al año que me corresponden.
Ustedes, hagan lo que crean conveniente.

*Las cuentas las saqué yo misma, asi que, como seguramente son inexactas, no repitan estas cifras ante menores de edad. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Los datos son meramente ilustrativos (pa' dar una idea, nomás).
abril 14, 2008




El tema del fin de semana fue, por supuesto, Rod Stewart y el recital. No hablé de otra cosa. Estaba, estoy, tan feliz y es tanta la excitación, que aún me dura, que el único argumento al que la neurona responde con rapidez y sin hacer burbuja de aire, está relacionado con aquel hombre que, por ochenta dólares, me dió felicidad para que tenga y guarde.

La presentación fué en la noche del viernes y, a partir del sábado a la mañana, mi teléfono no paró de sonar. Todos mis amigos y parientes, querían saber en qué estado emocional había quedado después pasarme dos horas y media, tan cerca del tipo que más admiro desde que tengo capacidad de admirar.

Mi tia Dora, llamó, descolgada, para ponerse al dia sobre el estado de salud de Valentina y yo, después de responderle secamente "tiene mucha tos, pero está bien", le dejé la oreja hervida de tanto hablarle de Rod Stewart, tema que supe enganchar aprovechando la última palabra de la frase. Me escuchaba en silencio y, cuando acabé mi monólogo emocionada, ella, al borde de la náusea y evidentemente mareada y descompuesta, me preguntó "Ma quiné ese, nena?". Decepcionada, comprendí que algunas personas, como Dora, llegaron a cumplir ochenta años al pedo, sin conocer cuales son los nombres de las personas que cambiaron el rumbo su vida mejorándoles la calidad, sin que se dieran cuenta.

Todavía no puedo creerlo.
Fue una noche en la que todos los sentimientos y sensaciones pasaron por mi cuerpo.
Estuvo ahí, en frente de mi, en vivo y en directo, seduciéndome, complaciéndome, fascinándome...

Yo estaba como loca! pero mi radar saurópsido, aún en medio del ruido y la agitación, pudo detectar una onda negativa que, casualmente, provenía de la butaca de al lado. Era Marcelo, a quien descubrí escondiéndose y haciéndose cada vez más chiquitito. Sentado en la silla contígua a la mia, cada vez que yo me paraba para gritar, bailar, aplaudir, su cuello iba desapareciendo dentro de su cuerpo y, por más esfuerzos que hizo para invaginar su cabeza dentro del tórax, no consiguió que sus orejas se destrabasen de las clavículas. Después supe que lo que sentía era vergüencita por mi estado de excitación y, parece que en un momento, hasta tuvo el impulso de arrojarse al vacío desde la platea, cuando le grité tres frescas a la mujer que estaba sentada detrás de mi, quien me tironeaba del borde inferior de la campera pidiéndome que me sentara porque mi culo no le permitía ver el espectáculo. Aproveché el entretiempo de diez minutitos para arreglar el asunto:

-Usted tendrá que disculparme- le dije a la vieja tironeadora de campera- pero toda la vida estuve esperando este momento. No pretenderá que ahogue mis emociones, no? Suélteme la camperita, querida y no rompa los huevos, quiere?

Después de poner en caja a la desubicada, seguí con Marcelito, la tortuga humana. Ya estaba comenzando la segunda parte del show del escocés más famoso junto con el whisky, Arthur Conan Doyle y las faldas tableadas a cuadros, lo que me obligó a decirle lo que tenía para decir a mi marido, rapidito y de corrido:

"Este hombre fue capaz de componer temas tan maravillosos bajo los efectos de estupefacientes duros y alcohol y VOS, el que ahora se esconde y permanece en posición fetal sobre la butaca, porque se avergüenza de mi estado de exaltación provocado por la inmensa felicidad que siento en esta noche, bebés dos copas de vino y hablas pelotudeces hasta que se te pasa la resaca sin poder obtener media frase coherente. YO debería sentirme avergonzada!Pst!"

(A pesar de mi comportamiento, Marce también disfrutó del espectáculo. Dijo que valió lo que costó y más aún).

Ni la lluvia, ni el frio, ni la vieja, ni el pesado que gritaba y gritaba en mi oído derecho, ni la envidia que me provocaba ver a la gente que estaba tan cerquita del escenario, ni el bochorno que sentía mi marido, pudieron con mi noche.

Rod Stewart, sin saberlo, me devolvió con creces, en dos horas y media, toda la incondicionalidad, lealtad y fidelidad que le entregué en esta primera mitad de mi vida.
Él no tiene idea de la felicidad que me traje y que, seguramente, durará hasta la próxima vez, en la que iré sola y me sentaré en la primera fila, cueste lo que me cueste.
abril 10, 2008
El garronero
Mi suegro colecciona amigos.
Hace rato que consiguió ganarle de mano a Roberto Carlos quien, allá por los 70's, anhelaba tener un millón para poder cantar más fuerte y no se qué. Mi suegro lleva superada esa cantidad ampliamente.

En cualquier parte del mundo, siempre hay alguien que lo recibe con los brazos abiertos y alegría.
Al hombre lo conocen todos; por bien o por mal, es un tipo célebre.
Tiene esa capacidad de caer bien y meterse en el bolsillo a todos aquellos que lo cruzaron alguna vez por la vida, aunque el motivo del cruce haya sido una cagada que se mandó o el lugar del primer encuentro hayan sido los tribunales.
No hay modo de hablar de él y que el interlocutor no exclame en algún momento de la conversación "es un personaje!".

Su nombre verdadero es José Alberto, pero él se hace llamar Joseph Albert y así se presenta, sin empacho ante cualquier persona. Después, cuando lo conocen bien, todos coinciden en referirse a él como "el loco", porque a pesar de que la edad lo haya aplacado un poco, sigue dando la nota siempre que puede con sus excentricidades.

Mi suegro es capaz de cruzar una avenida importante, en un lugar indebido, y detener la marea de autos que marchan a toda velocidad, haciéndose el rengo con pata de palo y pidiéndo disculpas por los trastornos ocasionados. Todo, con tal de no caminar veinte metros, perder tiempo esperando el semáforo verde y cruzar, como corresponde, por la senda peatonal.
Una vez, en la ruta 2, camino a Mar del Plata, lo detuvieron en un puesto policial porque había cometido la infracción de exceso de velocidad. Le gusta correr asi que es habitual que eso ocurra. Como buen caradura, el tipo prueba a mandar fruta en una situación en la que se encuentra en off-side; si le sale bien, bien; si le sale mal, mala suerte. Pero prueba. Asi que, en esa oportunidad, bajó del auto y mostró al agente su mejor cara de indignación.

-Señor, Usté no me puede parar. Estoy viajando a Mar del Plata de apuro porque me mandó a llamar el DOTOR Fraraccio, para hacer una AUTOSIA urgente. Soy DOTOR legista y es importante que llegue rápido y, si usté me retrasa, lo voy a denunciar. Todo allá me están esperando pá empezar a abrir al muerto y hacer la AUTOSIA. No puedo quedarme ni un minuto má. Asi que buena tarde y mucho gusto.

Lo dejaron ir sin antes pedirle, de todas las formas posibles, perdón por haberlo molestado. No entiendo cómo se creyeron el cuento del médico legista, con todas las eses que se llevó puestas en la expresión! No quiero saber el nivel académico de los uniformados si mi suegro les pareció un profesional importante.

Mi suegro, Joseph Albert, tiene amigos de todos los colores y de todas las condiciones socio-económicas. Con aquellos que son pobres, es generoso. Con los ricos, es garronero*.

Luis, es su amigo de Brasil. Es recontra-millonario. Acaba de comprarse una casa, una mansión, a orillas del mar, en una playa llamada Maresias, en San Sebastian.
Cuando Joseph Albert conoció la noticia, ni lerdo ni perezoso, se invitó a pasar unas vacaciones de quince días, en aquel lugar paradisíaco. Luis, no tuvo otra opción que la de aceptar y, supongo, lo habrá hecho gustoso.
Mi suegro y la rusa ( mi suegrastra) y otro matrimonio amigo, viajaron en febrero con la intención de quedarse quince días en ese edén, en el que hasta mucama las veinticuatro horas tenían.
En el aeropuerto, compraron una botella de un whisky muy caro y una de licor también costoso, ambos importados, para no llegar con las manos vacías. El anfitrión, quedó encantado con el regalo y guardó las bebidas en un mueble del fastuoso living.

Mi suegro, además de todo, es un tipo con suerte. Luis, el amigo millonario al que le habían ido a usar la casa nueva, decidió dejarlos difrutar de su playa privada y su mansión en soledad y les avisó que llegaría para compartir con ellos, el último día de la estadía.

-Hagan de cuenta que la casa es de ustedes. Dispongan de ella. Los dejo solos para que disfruten.

Asi que, durante catorce días, los cuatro garroneros, gozaron de una vida de ricachones gracias a ese caballero bondadoso quien, a cambio, recibió tan solo dos botellas de alcohol.

Joseph Albert y sus secuaces, cada día desayunaban a metros del océano y luego, se echaban a orillas del mar, sobre unas valiosísimas reposeras de rattán, con mullidos almohadones que debían ser de plumas de Archaeopteryx (ave extinguida en la era jurásica). Sus tardes, también eran soñadas: recibían el ocaso y los sorprendía las noches, con la música que el mar tocaba solo para ellos.

Solo un día fueron corridos de la playa por un fortísimo viento al que Alberto, en ese lenguaje tan particular en en cual lo que no sabe lo inventa, describió como un "TUSAMI", queriendo decir "tsunami". El resto, fueron realmente ideales, en todo sentido.

Mientras exclamaba "Puta que vale la pena estar vivo!", con las patas remojadas en en agüita atlántica, el caradura de mi suegro, día tras día, se llevaba un vasito con whisky o con licor, ese, que habían comprado en el aeropuerto para regalarle a Luis, para que el placer fuera completo. Sin darse cuenta, al décimotercer día, las botellas quedaron totalmente vacías.

Cuando el millonario regresó, tal como lo había prometido, para unirse en la última jornada a sus amigos, ofreció un brindis y fué en busca del whisky y el licor importados. El buen anfitrión comparte el regalo recibido. Lo que este buen anfitrión no calculó es que sus huéspedes iban a comportarse como depredadores, echando mano hasta al obsequio comprado especialmente para agradecer su hospitalidad.

Pero a Joseph Albert se le perdona casi todo.

En unos meses, prometió regresar a Maresias y no tengo dudas que lo hará y con las manos vacías.






*Garronero: en lunfardo, hacer que otro pague los gastos de uno. Vivir a costa de otro.
abril 09, 2008
Disney por $1,25
Sin un firme propósito consciente de atrofiar el crecimiento natural de Valentina, pero sí para impedir exponerla a cualquier tipo de riesgo producto de la relación con la enferma sociedad y para conseguir que la niña viva en un mundo de fantasía, felicidad, inocencia, inmaculabilidad y limpidez de cuerpo y alma permanente, Marcelo pretendería que su hija permanezca protegida dentro de una burbuja de material aislante de todo peligro y sufrimiento. Es por eso que hay ciertos puntos en la educación de la gorda que están establecidos con fuerza de decreto- ley y no hay modo de negociarlos.

Al principio, traté de apelar a la sensatez y la cordura que mi marido tenía antes del 27 de agosto de 2004, fecha en la cual, sospecho, una grave indisposición relacionada con el nacimiento de nuestra hija, hizo que perdiera la capacidad de comprensión en todo lo que respecta a un tema puntual y único: Valentina. Pero renuncié a la lucha dada la resistencia de mi marido a comprender que su nena no es especial y que el mundo no está unido en una causa en su contra para cagarle la vida.

Entonces, haciendo uso de la viveza femenina, asumí que algunas cosas deberé conseguirlas de "sotamanga", es decir, hacerlas sin consultarle o metiéndolas de prepo con mi mejor cara de pelotuda y otras, deberé hacerlas a escondidas comunicándoselas cuando ya se trata de una cosa juzgada sin vuelta atras.

Asi es como ayer, Valentina pudo experimentar una de las aventuras mundanas más extravagantes y excitantes que, con un costo de $1,25, seguramente no olvidará: viajar en colectivo.

Qué felicidad tenía la pendeja!
Cada vez que el bondi frenaba bruscamente o sacudía a los pasajeros con efecto látigo en las cervicales con peligro de fractura en la base del cráneo, la nena gritaba excitada, como si estuviese en la montaña rusa del ItalPark sin mantenimiento:

-Iuiju!! Mami, qué divertido es el colectivo!

Los demás viajeros la miraban y sonreían. Todos se dieron cuenta de que mi hija era una bacana que jamás había subido a un transporte público.

Pobre Valu! Las cosas que se pierde por haber nacido en esta casa.
Sentí felicidad al verla tan contenta con la experiencia de juntarse con la plebe. Hacía días que no se reía tanto puesto que está enfermucha, con una posible infección urinaria.

Al llegar a Castelar, era tanto el gozo con que latía su corazón...

-Mamá, estoy re contenta! volvemos a casa en colectivo?
-Sí, mi vida. Está bien. Dejamos el pis en el laboratorio y, si querés, volvemos en colectivo.
-Bueno, entonces vamos a festejar a un bar. Querés un tostado y una Coca?
-Me parece que sos vos quien quiere eso. Y, decime, quien va a pagar?
-Yo!- y sacó unas moneditas de su bolsillo. Las había rescatado de su chanchito come-monedas.

Cuando el mozo se acercó para cobrar, ella abrió su manito y se las entregó. Por supuesto, debí poner el 90% de la cantidad que debíamos pagar.

A la noche, cuando Marcelo regresó del trabajo, Valentina lo atajó en la puerta para contarle la experiencia vivida.

-Qué? Cómo? En colectivo fuiste?- desde la posición cuclillas, levantó la mirada para encontrarse con mis ojos y una explicación.
-MMmmmmsip, viajamos en colectivo.
-Por qué?- preguntó como pidiendo los detalles de los motivos de un grave incidente.
-Porque me pareció que sería instructivo y didáctico.
-Te parece instructivo y didáctico exponerla a un riesgo absolutamente evitable? No había, en el video club, un DVD que muestre cómo es un viaje en colectivo que resulte igual de instructivo y didáctico?

Yo lo único que se, es que mi hija ayer se sintió como en DisneyWord y me costó solo $1.25.
abril 02, 2008
El pozo
Me salió largo. Bueno, che! A veces sale largo y a veces, corto.
Después no digas que no tenés qué leer!


Quién es Páride?

Mi nonno Aldo, el Superhonesto, era uno de los mayores de once hermanos, entre los cuales estaba Páride.
Mi nonna Ida, tenía nueve hermanos, entre ellos, Rina.
Aldo e Ida estaban casados y parieron a mi mamá y los mellizos Franco y Franca.
Páride y Rina, estaban de novios, muy enamorados.

A qué viene toda esta explicación de una rama del árbol genealógico familiar, a lo Antiguo Testamento? Pues para que conozcas la anécdota en la cual, mi nonno y su hermano se engancharon con mi nonna y su hermana, quedando todo en familia.
Pero antes de que todo cierre así como lo conté, redondito, cual historia de Disney, esta familia ha debido pasar por situaciones especiales, extravagantes, como no puede ser de otra manera en una familia en la cual todos los componentes son personas poco normales.

Dónde y cómo

En 1943, plena Segunda Guerra Mundial, Italia estaba atestada de alemanes con los que se había asociado para demostrarle al mundo quienes eran los más malos, y éstos manejaban la situación interna de la península. Había germanos por todas partes y los tanos sabían muy bien que con ellos no se jodía.
Los soldados alemanes eran duros, implacables, insensibles, despiadados, déspotas, bestiales. Bastaba una mirada de un uniformado teutón parado en frente de cualquier paisano, para que el pobre se hiciera pis encima.
Ellos se divertían así, intimidando a los pueblerinos italianos que nada tenían que ver con el asunto y que, sin entender el idioma, deducían por el tono, qué se les estaba ordenando.

Mi nonno y mi madre me contaron muchas historias acerca del comportamiento de los mercenarios alemanes e italianos para con la gente común. Además de la miseria, el hambre, la pérdida de seres queridos, el pánico, las sirenas nocturnas, los estruendos, los recuerdos más tristes que se trajeron a América tienen que ver con la patética diversión de los soldados, abusando de la licencia para matar, que los ponía a la altura de los dioses.
A veces, cuando un grupo de mujeres se encontraba charlando en la puerta de alguna vecina, los soldados alemanes, aburridos del trabajo tedioso de buscar desertores en los pueblos, se acercaban al grupo y se entretenían obligándolas a bailar, humillándolas y riéndose de ellas.
Otras, la diversión pasaba por toquetear a la esposa de un campesino, delante de él, sus hijos y sus padres.
Muchas veces, llegaron más lejos aún. Crímenes de guerra.
Nadie se animaba a quejarse, ni hombres ni mujeres, pues conocían cómo terminaba esa fiesta para pocos si alguien hacía siquiera un gesto. No tenían ningún reparo en agujerear el cráneo o masacrar a palos a quien osara mostrarse en desacuerdo con sus actitudes.
Eran bien jodidos!

Enterrar a Páride.

Todos los hombres de más de dieciocho años fueron llamados a formar parte de las filas de combate y, por supuesto, en mi familia, no hubo excepciones.

Mi tío Páride, había apenas cumplido la edad justa para morir y matar en cumplimiento del deber. Pero no quiso cumplir con ese tipo de deber. Se empacó e hizo saber su decisión de no presentarse al llamado del gobierno y dijo que prefería morir por no haber matado que matar para poder seguir viviendo.
Fué claro y contundente el petiso (medía más de un metro noventa).

Todos lloraron mucho porque ser desertor en plena guerra, no traería buenos augurios para la familia. Seguramente sería torturado y, posiblemente, sería enviado "al confine"*, destinado a morir sin ser nadie.
Debatieron una noche los miembros adultos del grupo familiar, qué deberían hacer con el hermano insurrecto.
Uno, cagón, sugirió pegarle hasta que se presente pues, con su actitud, estaba en juego la seguridad de todos en esa casa.
Otro, dijo que lo mejor sería que se vistiese de mujer para confundir a los alemanes buscadesertores, previo cortarle el miembro viril para que la puesta en escena fuera más real.
Hasta que a mi bisabuela, la madre de todos aquellos hombres que estaba resignando entregar a una muerte temprana que no les pertenecía, se le ocurrió la brillante idea de enterrarlo hasta que la guerra finalizara. Es a las madres a quienes se les ocurren las mejores ideas cuando de salvar a un hijo se trata.

-Ma cómo enterrarlo? Vivo?-preguntó Renzo.
-Sí; yo ya dije que había que matarlo antes de que entren los nazis y los fascistas y nos maten a todos nosotros! Pero enterrarlo vivo me parece un poco mucho...-exclamó Franco, el que le seguía a Páride en edad.
-Ma no, estúpidos!-explicó la madre-Lo que hay que hacer es esconderlo en un pozo, abajo de la tierra y dejarlo ahí hasta que la guerra termine. Todas las veces que vengan a buscarlo, nosotros juramos, bajo tortura, que no sabemos dónde está y aguantamos así hasta el final. Pero el pozo debe ser en esta casa, porque si se esconde en algún otro lugar, corremos el riesgo que algún vecino lo descubra y delate.
-Pero mamá, si hacemos un pozo todos sabrán que estuvimos cavando y es peligroso!
-No hay que cavar. El pozo, ya está hecho!- y clavó la mirada en el piso de cemento de la ampliación del comedor, que habían terminado con esfuerzo dos años atrás, viéndose obligados a hacerla por razones de espacio; la familia seguía creciendo y en alguna parte había que ubicarla a la hora de comer.
Debajo de la carpeta de cemento, estaba el viejo pozo ciego, aquel que habían anulado cuando lo reemplazaron por otro más grande debido siempre a las necesidades del grupo familiar.

Todos comprendieron la sugerencia de la madre y ninguno pudo evitar la arcada.

-Con la merda?
-Hay que ponerse a trabajar ya mismo! Abriremos discretamente el pozo, bajaremos a limpiarlo, lo pintaremos con agua y cal y lo prepararemos para que Páride pueda vivir allí hasta que el peligro haya pasado.

Así lo hicieron. Pronto, terminaron de acondicionar el pozo ciego que, en vez de "la casita del árbol" era una suerte de "casita de mierda".

Desertore di merda!

Páride pasaba la mayor parte de la semana metido dentro del pozo. Se le permitía salir solo cuando no había peligro y, para asegurarse de que no hubiera "moros en la costa" o mejor, nazis buscabosta", cada vez que el muerto vivo ascendía a la superficie, alguno de sus hermanos debía quedarse de campana en la puerta de la casa.

La situación era dramática: cada tanto, aparecían soldados italianos y alemanes y hacían un allanamiento dentro y fuera de la propiedad y también en casas vecinas, en busca del "desertore di merda". Todos sabían bien que, de encontrarlo, matarían a toda la familia por ser cómplices de un delito federal.
Pero Páride, estaba bien guardado. Tapando el agujero de acceso al escondite, habían puesto una alfombra, sobre ella, un sillón de dos cuerpos y, sobre éste, al perro y al gato.

Cartas de amor, locura y muerte

Dicen que el amor se hace más fuerte cuando respira tragedia y que al fugitivo difícil se lo caza siempre cuando, de tanto extrañar a su amada, se le acerca para buscar un beso que lo envalentone.
Páride y Rina, no podían verse porque sospechaban que ella estaba siendo controlada por algún vecino buchón quien tenía la orden de esperar día y noche a que Páride aparezca finalmente.
Pero no. La perspicacia de la madre llegó a planificar hasta el último detalle:

-Rina deberá llorar todo cuanto pueda delante de los demás y ambos deberán aguantar las ganas de estar juntos. Si Rina aperece por acá, la cago a patadas y si Páride siente que ya no puede estar sin verla, lo meto en el pozo, le saco la escalera y a esperar a que se le pase! Noticias de una y otro, no faltarán.

El único modo de tenerse cerca, de olerse, de abrazarse, era por medio de cartas.
Pero, cómo podrían escribirse si la vieja prohibía cualquier contacto material que pudiera poner a todos en peligro?

Un día, Páride, desde la profundidad del pozo, llamó a mi madre quien entonces tenía ocho años (porque mi mamá, alguna vez, fue una niña inocente, aunque resulte increíble). Le entregó un papel y le pidió, llorando, que se lo entregase a Rina, "pero que nadie, NADIE se entere y mucho menos tu nonna".
Mi mamá corrió temerosa hasta la casa de su tia y, en un momento oportuno, se lo entregó.
Regresó con otra carta en respuesta de la recibida.

Los tortolitos, le tomaron el gustito a ese contacto epistolar y, a juzgar por los ojos inyectados en sangre con los que ambos recibían a mi madre, se supone que no todos los párrafos se referían exclusivamente al amor y las novedades sociales.

Asi fué cómo mi mamá iba y venía varias veces a la semana con los papeles prohibidos escondidos bajo su bombacha.

La orina salvavida

Una tarde, en que cumplía su rol de postino furtivo, escuchó un "Alto" contundente. Eran tres soldados, dos alemanes y uno italiano que hizo de traductor.
Parece que uno de ellos, sospechó de los pasos apurados de la niña (su culito apretado y asustado la delató).
La rodearon y observáronla durante unos minutos. Ella permanecía con la mirada hacia el suelo.

-Frugëneyyeguene- algo así le dijo un milico germano.
-Pregunta adonde vas- tradujo el italiano buchón.
-Voy a visitar a mi tia.
-Da. Zu, was Sie gehen
-A qué vas?
-A tomar la merendina-mintió mamá muerta de miedo
-Sie nehmen etwas irgendwo versteckt?
-Llevas algo escondido en alguna parte?
La que sería mi madre después de muchos años, comenzó a temblar y solo movió la cabeza dando a entender un "no" que bien interpretaron como un "ay!si, laputaqueloparió! me descubrieron!".
-lassen Sie uns es wiederholen!
-Vamos a revisarte- y los tres se acercaron dispuestos a echar manos sobre el cuerpo de la pobre pendeja que estaba colorada como un tomate.

Apenas uno de ellos se inclinó para comezar a revisarla, mi mamá, presa del pánico, se orinó encima.

-Ke asken!-gritó el alemanote y no hizo falta traducción. Hizo un gesto y los tres se alejaron de la postina pishona.

Cuando llegó, llorando y temblando, por supuesto, sacó de entre su ropa interior la carta y se la entregó, chorreando, a la tia Rina. Estaba ilegible pues la orina, había diluído la tinta y borrado las palabras y junto con ello, la esperanza de nuevos papeles portadores de amor y felicidad.

El amor es una amenaza en tiempos de guerra

Cuando la madre del desertor conoció los detalles de lo sucedido, puso el grito en el cielo y nuevas normas. Retiró a Páride la lapicera y las hojas en blanco y decidió que únicamente subiría a ver la luz del sol una vez por semana. Mientras tanto a Rina, la visitó una noche para exigirle que se metiera la cama haciéndose pasar por enferma y que todo el pueblo creyera que, en cualquier momento, moriría de tristeza.
A partir de ese momento, Rina no paró de recibir regalos y visitas de los vecinos que se solidarizaban, intentando cambiarle el humor y ayudarla a salir del pozo, sin saber que lo que ella más quería en el mundo, era bajar al pozo. Hasta propuestas de matrimonio tuvo!

Páride, que a esta altura ya se había arrepentido de no presentarse a combatir ya que, pensaba, seguramente la estaría pasando mucho mejor que en esa cueva subterránea, tuvo la brillante idea de hacer de mi mamá una carta parlante.
Como ya no tenía la posibilidad de escribir, hacía que la chica, memorizase frases que luego debía recitar a Rina con la cadencia que merecía la ocasión.

-Repetí: Rina, amada mia; mis dias y mis noches son iguales de oscuras; no porque no pueda ver el sol, sinó que me