Mi amiga Chachi está atravesando por un momento raro en su vida. Está en un punto en el cual no sabe bien lo que quiere, ni cómo lo quiere ni porque.
El momento bisagra fue cuando comenzó a prestar atención a unos llamados, al teléfono celular de su marido, en horarios estrafalarios, siete u ocho de la mañana y, muchas veces, cuando se encontraban de vacaciones. Obviamente, cuando el móvil de un esposo que, casualmente es el propio, tiene una actividad anormal, la pregunta que se hace una es, indefectiblemente, "quién mierda llama a ésta hora y en un día como el de hoy?". Asi que decidió aguzar los sentidos y hacerle un seguimiento al aparato (al celular y también al aparato del marido).
Descubrió que la llamada entrante provenía siempre del mismo número, otro teléfono móvil y, cuando eso sucedía, su esposo, con su mejor caripela de gil, se retiraba para hablar de modo que ella no pudiese oir lo que decía. Al preguntar, él respondía que se trataba de un asunto de trabajo pero Chachi, por supuesto, nunca le creyó. Lo bien que hizo!
Una mañana temprano, mientras, su esposo se estaba duchando, sonó el teléfono y Chachi, desde la cama, atendió. Del otro lado, una mujer, a quien reconoció de inmediato. Era un viejísimo "asunto" de Martin, su marido, que ambos por vocación al amor y los bienes gananciales pudieron superar.
Al colgar, Chachi, enajenada, fué donde Martin, enjabonado y, aprovechándose de su inferioridad de condiciones, lo atacó pegándole con el teléfono celular en la cabeza. Lo cagó a telefonazos mientras el otro, sin saber qué es lo que estaba sucediendo, trataba de protegerse, tapándose los genitales con la esponja y el rostro con el antebrazo. Ese momento fue un remedo involuntario de la escena tan famosa de la película Psicosis, en la cual, el trastornado disfrazado de la vieja mata a cuchilladas a Marion Crane, tomándola por sorpresa, mientras ésta se lavaba las partes pudendas bajo la ducha.
-Te vas de casa!- exageró la petisa- Te vas ya! Agarrás tus cosas y te vas.
-Pero cómo me voy a ir? Están los pintores... Al menos, dejá que te explique...
Los pintores habían sido contratados para hermosear toda la casa, un caserón impresionante, inmenso, por lo que debieron venir en cuadrilla. Eran como diez tipos subidos a estructuras de madera que les llevó un día completo armar y asegurar. Habían comenzado con el trabajo de pintura propiamente dicho, esa misma mañana.
Como corresponde, Chachi le dió derecho a réplica a su esposo, permitiéndole espacio para que explicase un poco la situación:
-Resulta que...
-Listo! Ya expiró el tiempo. Quedó todo más que claro! Ahora agarrás tus cosas y te vas.
-Pero si no dije nada!
-Para mi fue más que suficiente. Te vas YA!
-Y los pintores?
-Te los llevás adonde decidas ir! Yo no quiero a esos tipos acá! Les decis que se vayan y, con ellos, te vas vos.
Mientras esto ocurría, los hombres que estaban colgados de los andamios, escucharon la discusión. Se miraron y decidieron bajarse y comenzar a desarmar el maderamen, recién acabado de montar, pues, si Martin demoraba un rato en salir y comunicarles la decisión tomada, ellos perderían el día de trabajo desmontando las piezas. Si total, a como venía la mano, los dueños de casa, tarde o temprano, suspenderían o abortarían la operación.
En el momento en que la brigada de pintores comenzó con el prolijo y silencioso operativo de desmonte de tablas, salió al parque Brunilda, la mucama de la casa. Cuando la paraguaya vió lo qué estaba sucediendo, se acercó al jefe del grupo para hacerlo entrar en razones y decirle que era conveniente que esperasen a oir una decisión oficial. Bruni tiene puesta la camiseta de la casa y defiende a muerte a sus patrones de cualquier amenaza de ofensa o desacato hacia alguno de ellos.
-Qué é lo que ustedes están haciendo si se puede saber?
-La patrona quiere que nos vayamos, no la oyó? Está a los gritos dentro de la casa diciendo que no nos quiere asi que nos vamos antes de que nos echen.
-Usté no te vas nada de acá! Esperás a que el patrón te lo diga.
-No, no... Hay muchos trabajos que nos esperan y no podemos darnos el lujo de perder un tiempo precioso.
-Vos no te vas. A usté el patrón te contrató para trabajar y si nadie te dice lo contrario, usté te quedás trabajando.
El jefe del equipo desoyó las palabras de Brunilda y les hizo un gesto a su compañeros dándoles la orden de continuar con el desarme de las maderas.
Bruni se puso loca.
-Vó no me escuchas a mi? É que yo hablo para las plantas? Eh?- la mucama, ante la desatención de los muchachos, comenzó a trepar y se sentó en uno de los tirantes, bien arriba.- A ver ahora cómo te la arreglás? Tirame de acá si sos macho?
-Bajáte, loca!
-Loca? Tu madre!- gritaba enojadísima, sosteniéndose de un palo que el hombre sacudía para hacer mover la estructura y asustar a la mujer atrincherada.
-Bajate o te tiro!
-Yo de acá no me bajo nada!- respondía la empecinada mucama cuyas piernas cogaban de lo alto dejando ver las medias tres cuarto de streech y los mocasines marrones, uno de los cuales, colgaba del dedo gordo del pié derecho.
Chachi y Martin postergaron la discusión para más tarde cuando oyeron el alboroto. Se asomaron por la ventana de su cuarto y vieron la escena patética de Brunilda abrazada al andamio gritando como una urraca y los pintores insultándola mientras desarmaban todo.
Muertos por la vergüenza de saber que todos ellos habían sido testigos presenciales de la pelea conyugal, se miraron un buen rato echándose, con los ojos, la culpa mutuamente.
-Qué hago con los pintores?
-No sé... decidí vos.
-Les digo que se vayan- y Martin, salió al fin a dar la cara e informarles que debían suspender el trabajo.
Mientras hablaba con uno de los hombres, en tanto que los demás seguían desarmando el andamiaje, por detrás, apareció Chachi.
-Cambié de idea. Que se queden. Quiero que se queden-dijo segura, desautorizando a su marido y terminando por enloquecer a Brunilda y a los pintores.
Y asi está desde entonces. Que si...que no... Que toma una decisión y la cambia por la opuesta.
No sabe decirme si lo hace para fastidiar al marido o si es ella quien no sabe qué corno quiere de la vida.
Lo cierto, es que Martin, supongo que porque tiene cola de paja, soporta todas sus idas y vueltas caprichosas y todo aquello que ella desea él procura conseguirlo, aunque después, Chachi lo rechace o desprecie.
Los pintores continúan trabajando sobre los andamios.
Brunilda, fiel a la causa, les niega la palabra y, como venganza por la trifulca del otro día, le inhabilita los baños para que los hombres no puedan pasar a hacer lo primero o lo segundo, hasta el último momento de la dura jornada laboral.
Martin, tiene costras en la cara, debido a los telefonazos proferidos.
Chachi, está perdida, triste, angustiada porque sospecha que el marido la engañó con otra. Sospecha... porque todavía hoy, después de una semana, no permitió a Martin que le explicase quién mierda lo llamaba a esa hora de la mañana, estando de vacaciones, y para qué.
No se anima. Teme que la explicación no justifique su reacción y las consecuencias.
En casa habría que pintar pero antes de contratar al pintor, creo que debería aprovechar lo sucedido a mis amigos para sentarme a charlar con mi marido y que me blanquee esos llamados entrantes o salientes cuyo número no conozco.
Los mios? Ni en pedo! Los que me llaman no se levantan antes de las doce del mediodía! Además, no tengo mucama...
Aviso: si no tienen nada para leer cuando van al baño a hacer "lo segundo", consigan la revista Oblogo que reparten por el centro de Buenos Aires. Los (ir)responsables publicaron un post mio. Se ve que agotaron todo lo digno que anda publicándose en la red como para echar mano a los bodrios que escribo.
http://oblogo.com/