¨Cuando te morí te lloran dó día...tré con suerte. Al cuarto, se empieza a pasar la tristeza y, un mé despué, ya nadie se acuerda de que una vé esististe¨.
Según el peón de albañil que colaboraba con mi viejo, esas fueron las últimas palabras que pronunció.
Estaban trabajando en casa de una vecina; habían sido contratados para hacer un baño a nuevo y en eso andaban. Mi papá, metido dentro de la bañera, colocando los cerámicos en la pared, hablaba solo, reflexionaba en voz alta.
El petiso, su ayudante, me contó que estaba triste y que de lo único que hablaba esa mañana era de la muerte. También me dijo que, cuando acabó de decir aquella frase, de pronto, comenzó a caer hacia atrás, de espaldas, tomámdose el pecho y que chau, no habló más, nunca más.
Si se mira bien, alrededor de la tragedia, bailan, como odaliscas socarronas, el patetismo y la comicidad.
Cuando una situación dramática nos sorprende los hombres somos capaces de cometer las acciones más absurdas...
Estaba bajo la ducha cuando sonó el teléfono. Fede, recuperándose de las paperas, corrió a atender. Le dijo a mi prima que yo no podía hablar con ella, que estaba bañándome, pero Patricia insistió en que debía pasarme el tubo inalámbrico. De inmediato supe que algo grave había sucedido porque, cuando alguien se empecina en que lo atiendas a pesar de haber sido oportunamente avisado de que estás enjabonado bajo el chorro de agua tibia, es porque es estúpido o porque lo que tiene para decir es sumamente importante. Así que accedí a atenderla.
Comenzó dando vueltas, diciendo que bueno, que mi papá estaba trabajando en lo de Marlene, que parece que había sucedido algo, que porqué mejor no me tomaba un remis e iba hasta allá porque...
-Patricia, vos intentas decirme que falleció mi viejo?- y no tuvo más remedio que contestar afirmativamente. Las cosas me gustan directas, sin circunloquios, al pan pan, para no perder el tiempo si total, no se puede modificar la realidad.
Corté con ella e, inmediatamente, marqué el número del trabajo de mi hermana. Me atendió centelleante, divertida; parece que había un ambiente dicharachero en la oficina y allí estaba yo, en el teléfono, para troncharle el cachondeo.
-Hola So! Cómo estas hermana? Qué hay de nuevo?
-Murió papá- le dije sin anestesia. El grito que pegó la Coca, me perforó el tímpano izquierdo.
-Quéeeeee????- ese "qué" sostenido y chillón, jamás lo olvidaré, sobre todo, porque fué el causante de mi sordera en ese oído- Vos estás loca? Cómo me vas a dar una noticia de ese tipo, de esa manera? Vos no me podés decir que murió papá asi, de sopetón!
-Bueeeeno, qué preferías que te lo dijera con rodeos como el viejo chiste del gato que se sube a la azotea?
- Y siiii! Claro que si!
- Bueno, está bien... Coca, papá se subió a la azotea...
-Sos una pelotuda!
Y nos pusimos de acuerdo para encontrarnos en el lugar del hecho.
Al llegar, unos cuantos vecinos ya estaban amontonados en la vereda, cogoteando hacia adentro de la casa de Marlene para ver si podían ver al muerto. Nos abrimos paso a los codazos y entramos por un pasillo directamente al baño.
Allí estaba él, con las piernas todavía metidas en la bañera y el cuerpo tirado en el piso, como quien hace abdominales con las rodillas flexionadas.
La dueña de casa, no paraba de persignarse y preguntar cuándo vendría la ambulancia que llevaría el cuerpo y si había llegado el cura.
-Gracias, Marlene, por haber tenido la prolijidad de llamar a un sacerdote para bendecir a mi padre.
-No!!! No es para bendecir a Duilio! Es para bendecir el hogar! Quiero que se lo lleven pronto de acá! No vamos a poder dormir esta noche si no viene el cura para limpiar la casa de espíritus!
Mi hermana cambió la puteada que creyó que la vieja merecía por una pregunta.
-Qué fué lo que pasó, Marlene? Cómo sucedió?
-Yo no tengo nada que ver! Yo solo le serví un cafecito a las once de la mañana porque hacía mucho frio, pero el café estaba bueno, eh? Todos tomamos y solo Don Duilio murió! Solo él. Y la taza estaba limpia, lo juro!. Yo no tengo nada que ver! Ay!! Cuándo se lo llevan?
Marelene solo estaba preocupada por desligarse de la responsabilidad de lo sucedido y porque se llevaran al muerto de su casa para poder echar, rituales cristianos mediante, al espíritu tremolante de su hogar.
Mientras tanto, mi viejo seguía tirado en el piso. Su ayudante no sabía qué hacer, si continuar con el trabajo para evitar que le reprochasen el tiempo ocioso y la demora pues, después de todo, había sido contratado para picar y sacar los viejos azulejos, o si quedarse a un costadito, maza en mano, esperando a recibir órdenes de alguien; pero de cual alguien?, si su único jefe se había visto en la obligación de renunciar súbitamente.
Entre mi hermana y yo, destrabamos las piernas de nuestro padre y lo colocamos en una posición digna, porque asi, como estaba, era un tanto chocante, parecía, más bien, que se hacía el muerto para descansar un rato.
Yo lo abracé, lo besé como nunca lo había hecho y le hablé como si me escuchase. Le pregunté cosas mías, que no vienen al caso pero que, de todos modos, no me respondió sino después de mucho tiempo a través de la reflexión, la deducción y el pensamiento.
Coca, mi hermana, comenzó con sus dudas estrafalarias: "Y si no está muerto?¨, ¨Y si no está del todo muerto?¨, ¨Y si tiene un ataque de catalepsia o algo asi?¨...
Más tarde, consiguió supererarse a sí misma, haciendo preguntas totalmente fuera de ubicación en espacio-tiempo, supongo que presa de la conmoción y el atontamiento que le había provocado la inesperada y tristísima noticia:
-Y si lo dejaron morir a propósito?
-Cómo que a propósito? No me asustes, Coca.
-Y si la vieja tardó en llamar a la ambulancia para no tener que pagarle el trabajo? O si el petiso que lo ayudaba avisó cuando ya había pasado un buen rato y no había nada que hacer, para llamar a la ambulancia?
-Para qué? Con qué motivo?
-Y... para quedarse con las herramientas de papá!
-Coca, andá a tomar aire. Yo me encargo...
-No me trates como loca! No es decabellado pensar que pudo haber sido un complot! Por algo la vieja está tan preocupada por ¨limpiar¨su conciencia con un cura!
-Andá, andá... Yo me encargo...
La ambulancia de la funeraria llegó justo en el momento en que entró el sacerdote.
-Gracias a Dios, padre! Llegó a tiempo! Espere a que se lleven al fallecido para comenzar a bendecir mi casa. Yo me anticipé y encendí velas blancas para ir adelantando trabajo. Quiere un cafecito?
La gente, afuera, había estado hablando pelotudeces mientras esperaba, ordenadamente, a que sacaran el cuerpo de mi viejo y verlo, aunque sea, tapado con una manta. Los morbosos sienten orgasmos cuando están cerca de la víctima.
Primero, pasaron los muchachos arrastrando la camilla hacia la ambulancia. Detrás de ellos, mi hermana y yo, caminamos a traves del corredor humano que habían hecho los vecinos chismosos, como esos que se arman cuando sale la novia de su casa, por última vez soltera, para ir a la iglesia a celebrar su matrimonio. Solo faltaron los aplausos y el arroz...
Dentro de la casa, Marlene y el cura echaban a los espíritus intrusos mientras el albañil, siempre con la maza en la mano, seguía esperando indicaciones de cómo seguir la cosa.
Lo que siguió, fue la noche más bizarra de mi vida, que ya relaté
(acá), alguna vez.
Ese día aprendí que se puede estar muy, muy, muy triste y sin embargo tener ganas de reír...