Me salió largo. Bueno, che! A veces sale largo y a veces, corto.
Después no digas que no tenés qué leer!
Quién es Páride?
Mi nonno Aldo,
el Superhonesto, era uno de los mayores de once hermanos, entre los cuales estaba
Páride.
Mi nonna Ida, tenía nueve hermanos, entre ellos, Rina.
Aldo e Ida estaban casados y parieron a mi mamá y los mellizos Franco y Franca.
Páride y Rina, estaban de novios, muy enamorados.
A qué viene toda esta explicación de una rama del árbol genealógico familiar, a lo Antiguo Testamento? Pues para que conozcas la anécdota en la cual, mi nonno y su hermano se engancharon con mi nonna y su hermana, quedando todo en familia.
Pero antes de que todo cierre así como lo conté, redondito, cual historia de Disney, esta familia ha debido pasar por situaciones especiales, extravagantes, como no puede ser de otra manera en una familia en la cual todos los componentes son personas poco normales.
Dónde y cómoEn 1943, plena Segunda Guerra Mundial, Italia estaba atestada de alemanes con los que se había asociado para demostrarle al mundo quienes eran los más malos, y éstos manejaban la situación interna de la península. Había germanos por todas partes y los tanos sabían muy bien que con ellos no se jodía.
Los soldados alemanes eran duros, implacables, insensibles, despiadados, déspotas, bestiales. Bastaba una mirada de un uniformado teutón parado en frente de cualquier paisano, para que el pobre se hiciera pis encima.
Ellos se divertían así, intimidando a los pueblerinos italianos que nada tenían que ver con el asunto y que, sin entender el idioma, deducían por el tono, qué se les estaba ordenando.
Mi nonno y mi madre me contaron muchas historias acerca del comportamiento de los mercenarios alemanes e italianos para con la gente común. Además de la miseria, el hambre, la pérdida de seres queridos, el pánico, las sirenas nocturnas, los estruendos, los recuerdos más tristes que se trajeron a América tienen que ver con la patética diversión de los soldados, abusando de la licencia para matar, que los ponía a la altura de los dioses.
A veces, cuando un grupo de mujeres se encontraba charlando en la puerta de alguna vecina, los soldados alemanes, aburridos del trabajo tedioso de buscar desertores en los pueblos, se acercaban al grupo y se entretenían obligándolas a bailar, humillándolas y riéndose de ellas.
Otras, la diversión pasaba por toquetear a la esposa de un campesino, delante de él, sus hijos y sus padres.
Muchas veces, llegaron más lejos aún. Crímenes de guerra.
Nadie se animaba a quejarse, ni hombres ni mujeres, pues conocían cómo terminaba esa fiesta para pocos si alguien hacía siquiera un gesto. No tenían ningún reparo en agujerear el cráneo o masacrar a palos a quien osara mostrarse en desacuerdo con sus actitudes.
Eran bien jodidos!
Enterrar a Páride.
Todos los hombres de más de dieciocho años fueron llamados a formar parte de las filas de combate y, por supuesto, en mi familia, no hubo excepciones.
Mi tío Páride, había apenas cumplido la edad justa para morir y matar en cumplimiento del deber. Pero no quiso cumplir con ese tipo de deber. Se empacó e hizo saber su decisión de no presentarse al llamado del gobierno y dijo que prefería morir por no haber matado que matar para poder seguir viviendo.
Fué claro y contundente el petiso (medía más de un metro noventa).
Todos lloraron mucho porque ser desertor en plena guerra, no traería buenos augurios para la familia. Seguramente sería torturado y, posiblemente, sería enviado "al confine"
*, destinado a morir sin ser nadie.
Debatieron una noche los miembros adultos del grupo familiar, qué deberían hacer con el hermano insurrecto.
Uno, cagón, sugirió pegarle hasta que se presente pues, con su actitud, estaba en juego la seguridad de todos en esa casa.
Otro, dijo que lo mejor sería que se vistiese de mujer para confundir a los alemanes buscadesertores, previo cortarle el miembro viril para que la puesta en escena fuera más real.
Hasta que a mi bisabuela, la madre de todos aquellos hombres que estaba resignando entregar a una muerte temprana que no les pertenecía, se le ocurrió la brillante idea de enterrarlo hasta que la guerra finalizara. Es a las madres a quienes se les ocurren las mejores ideas cuando de salvar a un hijo se trata.
-Ma cómo enterrarlo? Vivo?-preguntó Renzo.
-Sí; yo ya dije que había que matarlo antes de que entren los nazis y los fascistas y nos maten a todos nosotros! Pero enterrarlo vivo me parece un poco mucho...-exclamó Franco, el que le seguía a Páride en edad.
-Ma no, estúpidos!-explicó la madre-Lo que hay que hacer es esconderlo en un pozo, abajo de la tierra y dejarlo ahí hasta que la guerra termine. Todas las veces que vengan a buscarlo, nosotros juramos, bajo tortura, que no sabemos dónde está y aguantamos así hasta el final. Pero el pozo debe ser en esta casa, porque si se esconde en algún otro lugar, corremos el riesgo que algún vecino lo descubra y delate.
-Pero mamá, si hacemos un pozo todos sabrán que estuvimos cavando y es peligroso!
-No hay que cavar. El pozo, ya está hecho!- y clavó la mirada en el piso de cemento de la ampliación del comedor, que habían terminado con esfuerzo dos años atrás, viéndose obligados a hacerla por razones de espacio; la familia seguía creciendo y en alguna parte había que ubicarla a la hora de comer.
Debajo de la carpeta de cemento, estaba el viejo pozo ciego, aquel que habían anulado cuando lo reemplazaron por otro más grande debido siempre a las necesidades del grupo familiar.
Todos comprendieron la sugerencia de la madre y ninguno pudo evitar la arcada.
-Con la merda?
-Hay que ponerse a trabajar ya mismo! Abriremos discretamente el pozo, bajaremos a limpiarlo, lo pintaremos con agua y cal y lo prepararemos para que Páride pueda vivir allí hasta que el peligro haya pasado.
Así lo hicieron. Pronto, terminaron de acondicionar el pozo ciego que, en vez de "la casita del árbol" era una suerte de "casita de mierda".
Desertore di merda!
Páride pasaba la mayor parte de la semana metido dentro del pozo. Se le permitía salir solo cuando no había peligro y, para asegurarse de que no hubiera "moros en la costa" o mejor, nazis buscabosta", cada vez que el muerto vivo ascendía a la superficie, alguno de sus hermanos debía quedarse de campana en la puerta de la casa.
La situación era dramática: cada tanto, aparecían soldados italianos y alemanes y hacían un allanamiento dentro y fuera de la propiedad y también en casas vecinas, en busca del "desertore di merda". Todos sabían bien que, de encontrarlo, matarían a toda la familia por ser cómplices de un delito federal.
Pero Páride, estaba bien guardado. Tapando el agujero de acceso al escondite, habían puesto una alfombra, sobre ella, un sillón de dos cuerpos y, sobre éste, al perro y al gato.
Cartas de amor, locura y muerteDicen que el amor se hace más fuerte cuando respira tragedia y que al fugitivo difícil se lo caza siempre cuando, de tanto extrañar a su amada, se le acerca para buscar un beso que lo envalentone.
Páride y Rina, no podían verse porque sospechaban que ella estaba siendo controlada por algún vecino buchón quien tenía la orden de esperar día y noche a que Páride aparezca finalmente.
Pero no. La perspicacia de la madre llegó a planificar hasta el último detalle:
-Rina deberá llorar todo cuanto pueda delante de los demás y ambos deberán aguantar las ganas de estar juntos. Si Rina aperece por acá, la cago a patadas y si Páride siente que ya no puede estar sin verla, lo meto en el pozo, le saco la escalera y a esperar a que se le pase! Noticias de una y otro, no faltarán.
El único modo de tenerse cerca, de olerse, de abrazarse, era por medio de cartas.
Pero, cómo podrían escribirse si la vieja prohibía cualquier contacto material que pudiera poner a todos en peligro?
Un día, Páride, desde la profundidad del pozo, llamó a mi madre quien entonces tenía ocho años (porque mi mamá, alguna vez, fue una niña inocente, aunque resulte increíble). Le entregó un papel y le pidió, llorando, que se lo entregase a Rina, "pero que nadie, NADIE se entere y mucho menos tu nonna".
Mi mamá corrió temerosa hasta la casa de su tia y, en un momento oportuno, se lo entregó.
Regresó con otra carta en respuesta de la recibida.
Los tortolitos, le tomaron el gustito a ese contacto epistolar y, a juzgar por los ojos inyectados en sangre con los que ambos recibían a mi madre, se supone que no todos los párrafos se referían exclusivamente al amor y las novedades sociales.
Asi fué cómo mi mamá iba y venía varias veces a la semana con los papeles prohibidos escondidos bajo su bombacha.
La orina salvavidaUna tarde, en que cumplía su rol de postino furtivo, escuchó un "Alto" contundente. Eran tres soldados, dos alemanes y uno italiano que hizo de traductor.
Parece que uno de ellos, sospechó de los pasos apurados de la niña (su culito apretado y asustado la delató).
La rodearon y observáronla durante unos minutos. Ella permanecía con la mirada hacia el suelo.
-Frugëneyyeguene- algo así le dijo un milico germano.
-Pregunta adonde vas- tradujo el italiano buchón.
-Voy a visitar a mi tia.
-Da. Zu, was Sie gehen
-A qué vas?
-A tomar la merendina-mintió mamá muerta de miedo
-Sie nehmen etwas irgendwo versteckt?
-Llevas algo escondido en alguna parte?
La que sería mi madre después de muchos años, comenzó a temblar y solo movió la cabeza dando a entender un "no" que bien interpretaron como un "ay!si, laputaqueloparió! me descubrieron!".
-lassen Sie uns es wiederholen!
-Vamos a revisarte- y los tres se acercaron dispuestos a echar manos sobre el cuerpo de la pobre pendeja que estaba colorada como un tomate.
Apenas uno de ellos se inclinó para comezar a revisarla, mi mamá, presa del pánico, se orinó encima.
-Ke asken!-gritó el alemanote y no hizo falta traducción. Hizo un gesto y los tres se alejaron de la postina pishona.
Cuando llegó, llorando y temblando, por supuesto, sacó de entre su ropa interior la carta y se la entregó, chorreando, a la tia Rina. Estaba ilegible pues la orina, había diluído la tinta y borrado las palabras y junto con ello, la esperanza de nuevos papeles portadores de amor y felicidad.
El amor es una amenaza en tiempos de guerraCuando la madre del desertor conoció los detalles de lo sucedido, puso el grito en el cielo y nuevas normas. Retiró a Páride la lapicera y las hojas en blanco y decidió que únicamente subiría a ver la luz del sol una vez por semana. Mientras tanto a Rina, la visitó una noche para exigirle que se metiera la cama haciéndose pasar por enferma y que todo el pueblo creyera que, en cualquier momento, moriría de tristeza.
A partir de ese momento, Rina no paró de recibir regalos y visitas de los vecinos que se solidarizaban, intentando cambiarle el humor y ayudarla a salir del pozo, sin saber que lo que ella más quería en el mundo, era bajar al pozo. Hasta propuestas de matrimonio tuvo!
Páride, que a esta altura ya se había arrepentido de no presentarse a combatir ya que, pensaba, seguramente la estaría pasando mucho mejor que en esa cueva subterránea, tuvo la brillante idea de hacer de mi mamá una carta parlante.
Como ya no tenía la posibilidad de escribir, hacía que la chica, memorizase frases que luego debía recitar a Rina con la cadencia que merecía la ocasión.
-Repetí: Rina, amada mia; mis dias y mis noches son iguales de oscuras; no porque no pueda ver el sol, sinó que me