Todos los días cae alguno o varios. En Buenos Aires la gente común, la gente de laburo, esa que no molesta a nadie, siente paranoia, está asustada, despierta, cada día, con la sensación de que será el próximo en caer y que, ese que camina detrás suyo, es el que se la va a dar.
Nos matan por veinte pesos, por un celular viejo, por un par de zapatillas usadas y con olor a queso.
Nos matan pibitos quienes, en situaciones normales, deberían ponerse a llorar avergonzados en el rincón, zona universal para cumplir una penitencia por haberse querido pasar de listos.
Nos matan chiquitos, que deberían estar jugando al ring-raje u organizando carreras de camioncitos Duravit en la vereda.
Nos matan y nosotros, la gente común, la que labura, la que no jode a nadie, tenemos dos opciones ante esta situación: nos dejamos matar o intentamos evitar que nos maten.
Hay que echar mano a la Ley natural de adaptación.
Al menos yo, prefiero adaptarme a la situación a que me adapten a la forma de un cajón con manijas.
Por eso, estuve buscando algunos tips que puedan servir para ayudarme a conservar mi vida en caso de ser la próxima en caer en manos de estos mocodelincuentes que proliferan como mosquitos dengue en verano.
Me resultaron sumamente interesantes, los consejos de un criminalista reconocido acerca de qué se debe hacer si un pibito te sorprende mientras caminas distraído por la plaza u otro lugar público. Él expresa que lo más importante, cuando te apuntan con un arma, es que el único que debe sentirse amenzado debe ser uno y hacerse cargo y que, el delincuente, debe sentir que tiene el control absoluto de nuestros esfínteres.
Los movimientosJamás, cuando te piden el dinero, debemos meter la mano dentro del bolsillo como una acción mecánica porque el chorro puede asustarse y creer que vamos a sacar un revólver, un cuchillo o un Raid y ahí, es donde se produce la confusión en la cual el pobre muchachito, intenta defenderse y nos liquida con un balazo en la cabeza. Lo que hay que hacer en estos casos, es advertirle que el dinero está en el interior de nuestro saco o cartera:
-Mire, la plata que usted me está solicitando, está dentro del bolsillo interno del gabán- siempre mirando hacia abajo- Me la saca usted o quiere que la saque yo?
El ladrón sentirá tranquilidad con nuestra actitud y es posible que nos pida que le entreguemos el dinero nosotros mismos. El criminalista éste, remarca que, siempre hay que pedirle permiso antes de realizar cualquier movimiento:
-Mire señor, me pica el culo. Me lo rasca usted o puedo rascármelo yo?-
RutinaLa mayoría de los robos son aquellos a los que acostumbramos a llamar "al voleo", es decir, que el delincuente no ha hecho una inteligencia previa sino que agarra al primer gil desprevenido que sale o entra de su casa o camina de lo más campante con la bolsa del almacén o se detiene a atarse el cordón de los zapatos. Sin embargo, el criminalista aconseja cambiar todas las rutinas posibles, por si hemos estado siendo observados por algún reo un poco más organizado. Lo ideal, sería poder tomarlo por sorpresa y asi, malograr su plan.
Por ejemplo, si cada mañana, acostumbramos a tomar el colectivo de la línea 136, porque nos deja en Primera Junta, a dos cuadras del trabajo, pues deberíamos alternar y, cada tanto, subir al 135 que va a Merlo, para el lado opuesto o el 53 que termina en Lujan (pudiendo optar por el servicio diferencial si se puede), aunque nos quede a 25 km del lugar al que debemos presentarnos para cumplir con nuestras obligaciones laborales.
Lo importante, es despistar.
También, hay que modificar las rutinas dentro de nuestra casa. Si solemos tomar una ducha, todos los santos días antes de ir a dormir, pues habría que bañarse una vez a la semana, en días y horarios diferentes. El resto de las noches, en lugar de meternos en la bañera, donde presupone el ladrón que deberíamos estar, quedarse detrás de la puerta con un palo en la mano, por si entra convencido de que nos estamos duchando.
Para aquellos que tienen la dicha de evacuar cada día a la misma hora, deberán pensar en cómo van a cambiar esa rutina; quizás, la solución podría estar en ingerir pastillas de carbón para constiparse e intercalar con aceite de ricino para purgar y asi, desorganizar el ritmo evacuatorio para desconcertar al enemigo (y de paso, comprenden lo que yo padezco..)
Llegar a casaLos asaltantes saben que el momento más vulnerable de una persona o una familia, es el momento de llegar al hogar. Generalmente, las mujeres, sacamos las llaves cuando estamos en la puerta. Craso error! Las llaves se deben tener en las manos desde el momento de salir hasta el preciso instante en que se llega a la casa, es decir, por las dudas, siempre hay que tener las llaves a mano, en la mano y no importa si debemos ir a jugar tenis (la raqueta deberá tomarse con la mano desocupada) o si tenemos que encontrarnos con un señor en un hotel alojamiento (con una mano es más que suficiente).
DineroSiempre hay que tener dinero para satisfacer las necesidades del ladrón. Es muy frustrante salir a robar y encontrarse con que, en la casa o en la cartera de la víctima, no hay un mango. El delincuente siente que su trabajo ha fracasado y, nosotros, no queremos eso porque sabemos que puede cundir el escarmiento.
Por eso, siempre hay que tener una buena cantidad de dinero encima o guardado en algún lugar de la casa para que el chorro sienta satisfacción.
Hay que buscar un sitio que no signifique mucho trabajo encontrar el botín. Nada de meterlo en el freezer ni en una bolsita de nylon adentro de la rejilla del baño. Primero, porque las bolsitas de nylon no son biodegradables y ya que se trata de cuidar nuestra integridad fisica, pensemos también en eso y, segundo, porque la idea es que el bandido, acabe rápido con su labor para que se vaya lo antes posible.
Hay que juntar bastante dinero para conformarlos y, si no tenemos capacidad de ahorro porque nos resulta imposible que haya un sobrante a fin de mes, hay que salir a robarlo, pero siempre tener platita para los mocochorros!
TaxisMuchas veces, los taxistas son delincuentes rodados que esperan a que suba una víctima para despojarla de sus bienes y sus males. Otras veces, los taxistas están en connivencia con los asaltantes y entregan a su pasajero a cambio de una parte del botín. La mayoría de las veces, los taxistas son delincuentes en sí mismos pero por otras razones y con otras metodologías que no vienen al caso.
Cuando se sube a un auto de alquiler, antes que nada, fijarse si, en la habilitación municipal que va colgada detrás del respaldo del asiento delantero, su foto coincide con la del conductor. Si notamos que el chofer es un señor de bigotes, desdentado, con nariz aguileña y un ojo tapado con un parche y, en cambio,en la foto de la habilitación hay un recorte de la revista Gente con la cara de Ivo Cutzarida, hay que bajarse del auto inmediatamente y buscar un agente de policía. No, mejor no buscar un agente de policía; mejor salir corriendo y esconderse detrás de un palo.
En el taxi, una vez chequeada la coincidencia entre la cara del conductor y la de la foto de la habilitación, cerrar las puertas con el seguro y subir el vidrio de las ventanillas. Si hay olor dentro del habitáculo, a bancárselo.
Siempre hay que pactar el trayecto que uno quiere que el chofer realice para llegar a destino. Por ejemplo, si se sube en Av Nazca y Avellaneda y se quiere ir hasta Av Nazca y Rivadavia, hay que exigirle al conductor que agarre por Juan B Justo hasta Gaona y que doble en Lope de Vega hasta General Paz.
El viaje que debería haber acabado en cinco minutos, puede llegar a durar una hora y cien pesos pero, lo importante en este proceder, es que le quitamos la posibilidad de que el tipo nos lleve por el camino en donde, supuestamente, lo están esperando sus cómplices.
Si el tipo se niega y, a pesar de tu insistencia toma el trayecto que él quiere, relájate y goza. Nunca putees a un taxista!
Visitas inesperadasSi algún integrante de tu familia, por ejemplo, tu marido, fué interceptado en la puerta de tu casa por un maleante que lo apunta con un arma y lo obliga a abrir para meterse junto con él, cerrá con siete llaves y, asomándote por la ventana gritale:
-Otra vez borracho, Carlos? Siempre que estás en pedo te equivocas de casa! Vos vivis al lado, pelotudo!- y escondete debajo de la cama tapándote los oídos.
Eso sí, si sobrevive, no abras nunca más la puerta porque en cuanto tu esposo se libere del ladrón...
ResistenciaEl experto en crímenes aconseja también que jamás hay que resistirse ni negarse a la demanda del delincuente, de lo contrario, puede enojarlo mucho y es posible que tome represalias.
Uno tiene que entender que lo nuestro ya no es más nuestro; es de ellos y lo tenemos prestado por un rato. Comprendido éste punto fundamental, será más fácil desprendernos de los bienes materiales cuando debamos entregárselos.
Una buena salida, cuando estamos en plena escena delictuosa de la cual somos la víctima y se nos cruce por la cabeza la idea de negar la entrega de determinada cosa, insultarnos y pegarnos nosotros mismos para que el ladrón vea que estamos siendo colaboradores y que estamos incondicionalmente de su parte. También, podemos aprovechar y cagar a palos a nuestros cónyuges o a nuestros suegros o a cualquiera que esté presente y haya sido tomado como rehén:
-Tomá! No querés cooperar con el señor? Tomá hijueunagranperra! - y mirando al ladrón- Deje que de éste me encargo yo misma!- y asi, demostraremos al tipo que podemos ser más duros que él y le inspiramos confianza.
Hay que adaptarse a los tiempos que corren. Es el único modo de sobrevivir o, al menos, procurar sobrevivir.
Pienso poner en práctica cada uno de estos consejos. Es más, ahora mismo pienso comprar una cartulina y un fibrón indeleble color rojo para escribir un cartel que colgaré en la entrada de mi casa que diga:
"Usted es bienvenido. Siéntase como en su casa. Todo lo que hay, es suyo".
Y no voy a estar diciendo más que la verdad...